DISCURSO PRONUNCIADO POR EL COMANDANTE FIDEL CASTRO RUZ, PRIMER SECRETARIO DEL COMITE CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA y PRIMER MINISTRO DEL GOBIERNO REVOLUCIONARIO, EN EL DESFILE MILITAR y CONCENTRACION EFECTUADOS EN LA PLAZA DE LA REVOLUCION, CON MOTIVO DEL VIII ANIVERSARIO DE LA REVOLUCION, EL 2 DE ENERO DE 1967.

 

(DEPARTAMENTO DE VERSIONES TAQUIGRAFICAS DEL

GOBIERNO REVOLUCIONARIO)

 

Señores invitados;

Compañeros del Comité Central de nuestro Partido (APLAUSOS); Trabajadores: 

 

Hoy la naturaleza ha sido más benévola, aunque si bien privándonos de la posibilidad de ver desfilar a nuestra fuerza aérea, nos ha dado un día bastante fresco y con bastante sombra que, en lo que se refiere a ustedes, hará que pasen un poco menos de calor.  Porque algunos me preguntan cómo es posible el soportar mucho tiempo en una tribuna, y todavía sería mucho más interesante saber cómo se puede soportar tanto tiempo dentro de una multitud tan grande como esta (APLAUSOS), por parte de personas que en muchas ocasiones nosotros sabemos que vienen a la Plaza de la Revolución antes del amanecer, para ocupar un lugar en las proximidades del desfile o de la tribuna. 

(DEL PUBLICO LE DICEN:  Desde anoche”) 

Hay uno que dice que está aquí desde anoche y, por lo que veo, hay bastantes que están desde anoche.  Bueno, no se vayan a dormir los que están desde anoche. 

(EXCLAMACIONES DE:  ¡Nunca!”) 

Hace hoy ocho años de la toma del poder revolucionariamente (APLAUSOS), es decir, ocho años de poder revolucionario.  Muchos de ustedes recordarán aquellos días de enero; muchos de los que están presentes también, evidentemente jóvenes, posiblemente no hayan podido vivir personalmente la experiencia de aquellos días y de los tiempos que la precedieron.  Pero cuando aquel hecho tuvo lugar hace ocho años, en el mundo tal vez muy pocos podían imaginarse cuanta trascendencia habría de tener en los tiempos que sobrevendrían.  Tal vez creyeron muchos que se trataba de una de las tantas “revoluciones” —entre comillas—; mas tal vez pensaron muchos que aquello terminaría como por lo general terminaban muchas de las llamadas revoluciones en los países de nuestro continente, que el aburguesamiento se apoderaría de los revolucionarios, que el entusiasmo duraría solo algunos meses, y que no tardarían en claudicar, enriquecerse y dedicarse a la politiquería los hombres que habían promovido e impulsado aquella revolución. 

Al cabo de ocho años es que podemos tener conciencia de cuánto se diferenciaba aquella revolución de las demás llamadas “revoluciones”, cómo iba a tener lugar una verdadera revolución en todo su sentido.  Y hoy ese hecho tiene ya trascendencia que rebasa las fronteras de nuestro país, tiene trascendencia en toda la América Latina y trascendencia en todo el mundo. 

En estos ocho años ha habido una doble influencia de la Revolución:  primero, una influencia en el propio pueblo y, luego, una influencia en otros pueblos. 

Por lo general la Revolución no se detiene a hacer recuentos de obras, porque si en el pasado cualquier alcalde municipal inauguraba un parque, le hacían más propaganda que lo que la Revolución le hace a cualquiera de las incontables obras, cuyo valor es de millones o decenas de millones de pesos, que constantemente se terminan. 

Pero es que para el político tradicional una obra no la hacía el pueblo, la hacía él; para la Revolución una obra no la hacen los gobernantes, la hace el pueblo (APLAUSOS).  Y el pueblo trabaja sin detenerse a contemplar lo que se ha hecho, sino pensando en lo que todavía falta por hacer. 

Pero si hacemos, si pasamos la vista sobre las cosas, los cambios y los hechos ocurridos en estos ocho años, desde el punto de vista de las cuestiones que interesan y afectan directamente a la vida del pueblo, ha sido grande el trecho recorrido, tanto en el campo de la economía, como en el campo de la cultura, o como en el campo de los servicios. 

Hay algunas cifras que resultan muy elocuentes acerca de lo que una revolución puede significar para la vida de un país.  Es, por ejemplo, el índice de personas que mueren anualmente por cada millar de habitantes.  Y aquí hay unas cifras que ningún calumniador ni detractor de nuestra Revolución podrá negar, y es el hecho de que en nuestra patria morían, anualmente, 13 personas por cada mil habitantes.  Esto, según los datos aceptados en las Naciones Unidas.  Y actualmente en nuestro país esta cifra de mortalidad por año ha disminuido a 6,8 por millar de habitantes (APLAUSOS).  Esto significa que, como consecuencia del fenómeno revolucionario y del cambio en las condiciones del pueblo, cada año que pasa se salvan ya más vidas que todas las vidas que se perdieron durante el largo período de la lucha revolucionaria (APLAUSOS). 

Pero no solo eso, sino que el índice es ya el más bajo de toda la América Latina, y es —incluso—, según tenemos entendido, más bajo que el de Canadá, un país cuyo considerable desarrollo ustedes conocen.  Otros países de los que están más próximos a nosotros, pero ya con un nivel más alto, es decir, con una cifra de mortandad más alta, son:  Argentina, con 8; Costa Rica, con 8,9; Chile, por ejemplo, tiene 12.  Es decir, que de 13, uno de los países que tenía una cifra alta, se ha reducido a 6,8. 

Algo similar ha ocurrido, por ejemplo, con los niños que perecen en el primer año de edad; que antes de la Revolución eran más de 60 cada       1 000, y que en la actualidad se ha reducido a 37.  Otros países de los que estaban más próximos a nosotros eran:  Costa Rica, con 77,6; Argentina tiene 61; Chile tiene 111 por 1 000 —es decir, una cifra tres veces mayor que la de Cuba. 

Como consecuencia de las mejores condiciones de vida del pueblo, del increíble desarrollo de nuestra medicina; como consecuencia de la cadena de hospitales que se han ido construyendo y desarrollando en todo el país y que han elevado el número de camas de 20 000 a más de 40 000 en estos años de Revolución; como consecuencia de campañas sistemáticas contra las epidemias y de las medidas preventivas —que ya es un saldo neto de la Revolución—, cuenta nuestro país hoy día, cuenta nuestro pueblo, con el mejor servicio médico de entre todos los países de América Latina (APLAUSOS). 

Cualquier ciudadano del pueblo, no importa donde viva, sea un obrero, sea un campesino que viva en apartados rincones, siente con esto una inmensa seguridad:  la seguridad de que en cualquier hospital creado por la Revolución recibirá la asistencia médica más esmerada que pueda brindarse, superior a la que antes recibía una minoría privilegiada del país. 

Los servicios educacionales, no solo la erradicación total del analfabetismo, los cursos de seguimiento, los cientos de miles de obreros en todo el país luchando por alcanzar el sexto grado...  Podríamos preguntar aquí, por ejemplo, en esta multitud, cuántos están haciendo estudios de superación, cuántos están luchando por alcanzar el sexto grado (EXCLAMACIONES).  Es que, prácticamente —como dijo un compañero—, todo el mundo.  Porque otros habrán aprobado ya el sexto grado, otros estarán haciendo otros estudios. 

No quedó un solo lugar del país sin escuela ni maestro, no quedó un solo niño sin esa oportunidad, sin esa bella posibilidad de educarse. 

Nuestras universidades crecen.  El número de institutos tecnológicos que se han creado es impresionante también.  Y decenas y decenas de miles de obreros y de estudiantes jóvenes cursan estudios técnicos.  La composición de nuestra masa estudiantil cambió.  El número de estudiantes que se dedican hoy a las carreras técnicas y científicas es un porcentaje considerablemente superior al que lo fue en el pasado.  El número de estudiantes becados que reciben todos los gastos para estudiar, para hacerse ingenieros, para hacerse médicos, o para hacerse técnicos de nivel medio, o para cursar los estudios secundarios y universitarios, y en muchos casos enseñanza primaria, rebasa ampliamente la cifra de 150 000, y alcanzará aproximadamente, en este año de 1967, unos 200 000 jóvenes y niños (APLAUSOS). 

¿Acaso podría compararse semejante realidad educacional con el pasado, donde unos pocos cientos de niños o de jóvenes recibían esta oportunidad, y eso, con mucha propaganda?  En algunas escuelas y, por supuesto, en la famosa Casa de Beneficencia, había que ser huérfano, había que ser huérfano para recibir una beca, para recibir alguna ayuda.  Y, desde luego, no todos los huérfanos ni mucho menos, sino una insignificante parte de los huérfanos, podían recibir esos beneficios. 

Por eso, hoy podemos afirmar que en nuestra patria no hay ya huérfanos (APLAUSOS), como en nuestra patria no hay ya pordioseros, nadie se encontrará —como en tiempos pasados— decenas, cientos, miles de ancianos durmiendo en los portales, extendiendo la mano para vivir de una limosna, ni se encontrará niños vagabundos y abandonados por las calles. 

¿Cómo podría compararse esto, cómo podría compararse el sistema antiguo de formación de maestros, con el sistema creado por la Revolución, que ya en estos últimos dos años ha graduado los primeros contingentes, que ya en estos últimos años recibe en número no inferior a 7 000, todos los años, a los jóvenes que comienzan a estudiar la carrera del magisterio?  Igualmente, miles y miles de mujeres se han convertido en enfermeras, o auxiliares de enfermería, y el número de personas que trabajan en la salud pública, que se han formado en las escuelas de la Revolución, ha incrementado en varias veces el número de los que había antes de la Revolución. 

Los servicios, en general, de comunicaciones, de transporte, se desarrollan.  Hablando de transporte, nuestro país puede ya exhibir prácticamente una flota mercante (APLAUSOS), cuyo tonelaje es más de seis veces superior al que había antes de la Revolución, porque siendo nosotros una isla que depende esencialmente del intercambio de sus productos con el resto del mundo, esta isla no tenía, prácticamente una flota mercante. 

Y hoy día, un número considerable de mercantes de gran tamaño, llevando la bandera de nuestra patria navegan por todos los mares del mundo (APLAUSOS). 

Y ese programa seguirá adelante, seguirá desarrollándose hasta el máximo de nuestras posibilidades. 

Pero no solo se ha desarrollado una marina mercante, se está desarrollando una gigantesca flota pesquera (APLAUSOS).  Y hay algunos indicios, algunos hechos que resultan alentadores, como por ejemplo este mensaje que hemos recibido —que es uno de los mensajes recibidos—, de la tripulación de uno de nuestros arrastreros, y que dice así:  “La tripulación cubana de la moto-pesquero ‘Guasa’, en unión de los especialistas soviéticos (APLAUSOS), que en tan señalada fecha nos encontramos a más de 4 700 millas de nuestra patria, saludamos a usted y a nuestro pueblo por el nuevo aniversario de nuestra irreductible Revolución socialista, y sentimos cómo, después de concluir nuestra faena frente a la Patagonia, arrancándole a las entrañas del mar alimentos para que nuestro pueblo sea el mejor alimentado del mundo, nuestros corazones, en un día como este, nos abandonan y se sitúan allí, en medio del calor de la magna asamblea del pueblo de Cuba (APLAUSOS), para decirle con orgullo a todos que hemos sobrepasado nuestra meta de 450 toneladas de pesca (APLAUSOS)  en menos del tiempo planificado, y para asimismo ratificarle a usted que nuestra invencible bandera ondeará en los mares del mundo, pregonando a todos que los hijos de un país chiquito, pero valiente, sabemos cumplir con nuestro deber donde nos sitúe la patria (APLAUSOS), para obtener mediante nuestro sacrificio un alimento más para nuestro pueblo.

“Sepa usted que nosotros, en nombre de todos los marinos cubanos y los especialistas soviéticos que laboramos juntos, le decimos:  Cuando sea, como sea, donde sea, lo que sea, ¡Comandante en Jefe, ordene! 

 “¡Viva el Partido Comunista de Cuba! 

 “¡Viva el VIII aniversario de nuestra invencible Revolución socialista! 

“¡Patria o Muerte!   ¡Pescando también venceremos!” (APLAUSOS) 

¡Pescadores cubanos frente a la Patagonia, a casi 5 000 millas de la patria, al cabo de solo ocho años de Revolución! 

¿Quién iba a decirlo? 

¡Pescadores cubanos en arrastreros cubanos, pescando bacalao en las proximidades de Groenlandia, en los mares glaciales, al cabo de solo ocho años de Revolución!  (APLAUSOS.)  ¿Quién iba a decirlo? 

¡Pescadores cubanos en el Océano Pacífico!  ¿Quién iba a decirlo? 

¡Quién iba a decirlo de un país que, a pesar de su condición insular, solo poseía barquitos, en su inmensa mayoría de remos, para pescar en la plataforma de nuestras costas!  Muchos pensaban que como no había una tradición pesquera de mares abiertos, una tradición pesquera oceánica, sería imposible que nuestro país llegara a tener rápidamente tripulaciones, trabajadores del mar capaces de adaptarse a estas faenas y cumplir estas tareas. 

Por eso el optimismo más que justificado, porque todo, todo lo que se quiera, todo de lo que pueda ser capaz cualquier pueblo, cualquier hombre, por difícil que parezca, de eso será capaz también nuestro pueblo, nuestros trabajadores. 

Y por eso en estos días decenas de barcos con sus tripulantes —se calcula unos 2 000— han pasado esta Nochebuena y este fin de año pescando en los océanos (APLAUSOS).  Mas no solo pescando, sino pescando con qué espíritu, con qué fervor, con qué orgullo, con qué conciencia revolucionaria.  Y en la misma medida, en estos días numerosas unidades de nuestra marina mercante se encontraban prestando sus servicios en distintos océanos. 

Por eso, en nombre de todo el pueblo, a nuestros pescadores oceánicos y a los tripulantes de nuestra creciente marina mercante, nuestra felicitación más calurosa en el día de hoy (APLAUSOS).  Y que aunque ellos se encuentran lejos de la patria, que aunque como ellos dicen sus corazones están aquí con el pueblo, hay que decirles que el corazón del pueblo está también con ellos en el día de hoy (APLAUSOS). 

El deporte es hoy, al cabo de ocho años, una actividad de prácticamente la inmensa mayoría del pueblo que participa directamente en él, y de la totalidad del pueblo en el sentido de disfrutarlo de una forma o de otra.  Algunos auguraban que la desaparición del deporte profesional liquidaría el deporte, le arrancaría los mejores estímulos al deporte.  El estímulo al deporte era la posibilidad de adquirir un contrato en el extranjero por decenas de miles de dólares, de adquirir grandes sueldos como profesionales.  Se erradicó el deporte profesional y, sobre todo, se erradicó en aquel deporte, que era uno de los más populares, la pelota.  Y jamás se soñó que una masa tan enorme de ciudadanos practicara ese deporte, que se pudiera alcanzar en tan breve tiempo tan extraordinaria calidad.  Pero lo más interesante es que jamás ningún deportista profesional, cuyo negocio era el deporte, jugó con tanto entusiasmo, con tanta entereza, con tanto coraje, como el que llevan a cabo nuestros deportistas, que no son profesionales. 

Y esto es una lección, una lección no solo deportiva; es también una lección política que demuestra cómo se puede desarrollar un hombre mejor sin que necesariamente tengamos que meter en la cabeza de cada hombre o mujer del pueblo la idea vulgar del dinero.  Porque este hecho en el deporte lo demuestra.  Y demuestra que el hombre que nosotros debemos tratar de formar en la Revolución, no es ese hombre semejante al capitalista, que todo lo que hacía, bueno o malo, lo hacía siempre con la idea del peso en el cerebro.  Y nosotros tenemos que formar un pueblo que cada día se aparte más de ese tipo de hombre, o no llegaremos a formar ese hombre superior capaz de vivir en el comunismo (APLAUSOS). 

Y la comprensión que las masas tienen cada vez mayor de este problema es alentador.  En el deporte —prosigo— se han obtenido enormes éxitos.  En el año que acaba de transcurrir tuvo lugar la olimpiada centroamericana, y es conocido de todo el pueblo el papel destacadísimo, sorprendente, de nuestros atletas en esas olimpiadas.  Se efectuaron también competencias en Ciudad México, y fue brillante el papel de nuestros deportistas.  Y ya a nuestros deportistas se les respeta y se les toma en cuenta en cualquier evento internacional. 

Ultimamente se efectuó la olimpiada de ajedrez, y a juzgar por la opinión de todos los participantes, ningún evento de esa naturaleza había tenido tanta organización, había habido tanto entusiasmo, que jamás en ningún sitio se encontraron una participación tan masiva del pueblo en ese deporte, o lo que pudiéramos llamar deporte mental. 

La educación física se enseña ya prácticamente en todas las escuelas.  Y del Instituto de Educación Física del INDER saldrán miles de instructores deportivos, que seguirán impulsando hasta sus infinitas posibilidades a los deportes y a la educación física en nuestro país.

Nuestras fuerzas armadas, que ustedes acaban de ver desfilar hace unos minutos con increíble perfección y marcialidad, con absoluto dominio de las armas y de las maniobras; ese ejército era, hace apenas ocho años, el ejército de barbudos guerrilleros, que llegó a la capital en el mes de enero (APLAUSOS); era el ejército de barbudos guerrilleros cuyas primeras columnas, al mando de nuestros gloriosos comandantes, Camilo Cienfuegos y Ernesto Guevara (APLAUSOS PROLONGADOS) ocuparon aquel primero de enero en nombre de la Revolución las dos fortalezas más poderosas que sostenían a aquel régimen, Barbudos entre los cuales no había uno solo que hubiese estudiado en alguna academia militar. 

Ese ejército, en estos ocho años de constante desarrollo, de constante enfrentamiento, de constante tensión, a través de sus cursos, a través de sus escuelas, ha ido formando miles y miles de cuadros, ha ido desarrollando una eficientísima organización, ha ido creando la concepción revolucionaria de la defensa de la patria, que es la concepción de que todo el pueblo debe ser y es guardián de la patria, soldado de la patria; es el ejército hoy capaz de encuadrar en sus filas y dirigir, en caso de agresión, a todo el pueblo combatiente.  ¡Eso tan solo en ocho años! 

En ocho años grandes cambios de orden social han tenido lugar.  En ocho años, como consecuencia de las leyes primeras de la Revolución, una inmensa parte de la población ya no paga alquiler por la vivienda (APLAUSOS).  Y nosotros también podríamos preguntar aquí cuántos de los aquí presentes, en virtud de las leyes de Reforma Urbana, dejan ya de pagar el alquiler.  Entre los que están aquí presentes, que levanten la mano (UNA GRAN CANTIDAD DE PUBLICO LEVANTA LA MANO).  Es, prácticamente, una mayoría de la población. 

Y en los años venideros, como hemos explicado en otras ocasiones, en virtud de esa misma ley y en virtud de nuevas leyes que se proyectan en el futuro, ya para 1970 ninguna familia —me refiero, naturalmente, a las familias que cumplen con las disposiciones y las leyes— (APLAUSOS)  pagará alquiler. 

Es decir, que vamos cambiando totalmente la concepción individualista de la vida, la concepción individualista de los bienes necesarios al hombre, la concepción individualista del dinero, por una concepción superior, por una concepción que aportará a la sociedad humana incomparablemente mayores beneficios, por una concepción colectiva de las necesidades y de los bienes. 

¿Y el pueblo por qué comprende mejor la Revolución cada año?  ¿Por qué el entusiasmo no decae al cabo de estos ocho años?  Porque lejos de decaer —y esto es lo más impresionante y alentador de nuestro proceso revolucionario— ¡cada año que pasa, en vez de disminuir el interés, el entusiasmo y el fervor revolucionario, crecen!  (APLAUSOS) 

Y si nuestros actos multitudinarios no son mayores es porque resulta físicamente imposible, es porque no hay lugar donde pueda reunirse una muchedumbre mayor ni hay forma de poderle hablar a una muchedumbre mayor.  Muchas veces nosotros, aquí, vivimos una curiosa experiencia, y es que al cabo de unos segundos, o de un segundo después de pronunciar algunas frases desde esta tribuna, la escuchamos de regreso de los altoparlantes que están en el fondo.  Tengo entendido que el sonido camina a una velocidad, si mal no recuerdo —creo que los compañeros de la aviación que manejan equipos supersónicos me lo pueden recordar—, de unos 330 metros por segundo...  (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO)  Trescientos cuarenta dijo un obrero que seguramente está en la superación, en los cursos de superación; a lo mejor está ya en la universidad estudiando ingeniería (APLAUSOS).  Y como de aquí al fondo, donde están los últimos micrófonos, habrá tal vez algo más que esa distancia, a los dos segundos de terminar aquí vuelve el eco hacia acá. 

Y se hace difícil, muchas veces es un milagro técnico lograr una buena audición, porque es que me imagino que todas esas bocinas participan casi simultáneamente, pero cuando esta de aquí está pronunciando el comienzo de una palabra, la de allí va por la mitad de la palabra anterior. 

Pero este esfuerzo que hemos estado señalando carecería de base sin el esfuerzo en aquel campo —mucho más difícil— de nuestra economía.  Y también podemos decir que apenas a ocho años del triunfo de la Revolución nuevas y gigantescas plantas termoeléctricas se han inaugurado y están ya prestando servicios en nuestro país (APLAUSOS). 

Nuestra industria textil, nuestra industria siderúrgica, nuestra industria mecánica, en estos años ya ha podido contar con nuevas y enormes unidades. 

Y en otros muchos campos numerosas inversiones se están llevando a cabo, como en la industria del vidrio, la industria del cemento, la industria de fertilizantes, y otros renglones que en los años venideros podrán contar también con modernas unidades de producción.

Y esto, no obstante que uno de los problemas más difíciles para la industrialización es la falta de personal técnico, la falta de ingenieros, la falta de obreros altamente calificados, en cuya formación ha trabajado arduamente fa Revolución en estos años. 

Para el año 1968 estarán terminadas unidades de producción de cemento, tan indispensables para el desarrollo social y económico de nuestro país, que prácticamente duplicará las cantidades de cemento que se producían cuando triunfó la Revolución.  Estas fábricas han llevado años en construirse, desde los proyectos, la adquisición de las máquinas y las instalaciones, tanto civiles como militares; pero no está lejano el tiempo en que ya podremos contar con el doble del cemento con que habíamos estado contando hasta hoy.  Con cemento se hacen todo tipo de construcciones sociales, económicas y familiares; las viviendas están limitadas por las cantidades de cemento; las instalaciones agrícolas están limitadas, y necesitamos cemento para todo eso, además del que necesitamos para la defensa de nuestro país en fortificaciones. 

Grandes obras, como el puerto pesquero que ustedes conocen, con todos sus talleres, a un costo de 37 millones de pesos, están terminadas (APLAUSOS).  Ya tenemos una base donde apoyarnos para el desarrollo de nuestra flota pesquera.  En otros puertos, como el de Cienfuegos, se construyen gigantescas instalaciones para embarques de azúcar a granel; ciudades como Cienfuegos y Nuevitas están siendo transformadas y convertidas en importantes centros industriales del país como consecuencia de las inversiones que allí se están haciendo, teniendo en cuenta las características de esos puertos. 

Pero el más grande esfuerzo, el más gigantesco esfuerzo, es el que se está haciendo en el campo de la agricultura.  Ya algunos de los logros son considerables.  Ustedes recordarán que para el año 1965 se lanzó la consigna de alcanzar una producción de 60 millones de huevos con           4 millones de gallinas productoras.  Todos los cálculos, sin embargo, quedaron cortos; se sobrecumplió esa meta y sin embargo todavía, a pesar de haber 4 millones de gallinas en las granjas estatales y la producción estar por encima de los 60 millones como promedio, en el año 1965, al final del año hubo que establecer cierta limitación.  Sin embargo, ya este año en ningún mes hubo que establecer limitaciones de ese tipo, porque este año, en este momento, hay ya 5 800 000 gallinas ponedoras (APLAUSOS), sin contar la avicultura de los campesinos; es decir,             5 millones que mantendrán una producción promedio por encima de los  90 millones de huevos mensuales, y que en algunos meses del año alcanzará entre 110 y 120 millones, como demostración de lo que se puede hacer con una buena organización, con el empleo de la técnica, con un personal calificado, en cualquier renglón de la economía. 

En la ganadería se han alcanzado también logros impresionantes en la aplicación de la técnica.  Hace apenas 20 meses solo había 60 000 vacas en el plan de inseminación artificial, y a fines del mes pasado, al concluir el año, había 1 200 000 vacas en este plan (APLAUSOS).  Plan que continuará en desarrollo, que mejorará increíblemente en pocos años nuestra masa ganadera, y que nos permitirá alcanzar niveles de producción de leche y de carne verdaderamente altos, emulando con los pescadores que se esfuerzan en elevar los niveles de producción de ese alimento.  Posiblemente, si en los mares hay enormes riquezas todavía no explotadas, de donde los pueblos pueden obtener alimentos, las riquezas potenciales sobre nuestra tierra, que en nuestros campos poseemos, son increíblemente grandes. 

Esto, al cabo de ocho años de Revolución.  Porque creíamos que al triunfo de la Revolución había unos 203 técnicos inseminadores, y según me informaron recientemente los compañeros que están al frente de ese trabajo, al triunfo de la Revolución no había un solo técnico inseminador, y ya tenemos 2 000 en este momento (APLAUSOS), y tendremos 5 000 en 1970.  Y el número de vacas en el plan para fines de este año deberá aproximarse a los 2 millones de vacas (APLAUSOS). 

Y naturalmente que los efectos de ese esfuerzo no se ven de manera inmediata.  Tampoco podía hacerse un esfuerzo de esta magnitud en los primeros tiempos de la Revolución puesto que no había personal técnico.  Se han formado los técnicos, y ya en ese campo, con esa fuerza, se ha incrementado muchas veces el programa, se ha multiplicado, y ya en tiempos no lejanos comenzaremos a percibir los frutos de ese trabajo. 

En nuestros campos, en estos próximos dos años, para obras hidráulicas, para desbrozamiento de terreno y para construcción de caminos, entrarán más equipos en solo dos años, que todos los que habían entrado anteriormente desde que se fundó la república (APLAUSOS). 

Calculen ustedes lo que eso significa en el impulso que tomará nuestra agricultura; calcúlenlo por el hecho de que, por ejemplo, en el próximo año se sembrarán unas 15 000 caballerías de caña y unas 20 000 caballerías de pasto artificial.  Es decir, solo en dos renglones 35 000 caballerías, sin contar los incrementos en todos los demás renglones de la agricultura.  Algunos de ellos, como la fruticultura, calcúlenlo por el hecho de que solo en Isla de Pinos tendremos plantados ya, el año que viene, más cítricos de los que tiene Israel, que es uno de los mayores exportadores de cítricos del mundo (APLAUSOS).  Y que un plan similar se está llevando a cabo, un plan de la misma magnitud, en el occidente de la provincia de Pinar del Río.  Es decir, dos planes de la misma magnitud, aparte de los planes que se están llevando a cabo, en este renglón, en el resto de la isla. 

Las cantidades de nuevas tierras que se pondrán en producción en el próximo año rebasarán amplísimamente cualesquiera de los años anteriores; las cantidades de fertilizantes igualmente.  ¡Y no quedará una sola caballería de caña sin fertilizar!  Mas no solo las cañas:  los pastos, las viandas, recibirán fertilizantes. 

Las cantidades que en un solo producto, el café, se aplicarán en este período, en el período de este año, rebasan la cifra de 100 000 toneladas.  Antes de la Revolución ningún campesino aplicaba fertilizante, antes de la Revolución ningún cafetal conocía lo que era una libra de fertilizante.  Hoy ya es una práctica generalizada, hoy ya los campesinos han adquirido conciencia de su importancia.  Ante los efectos increíbles del fertilizante en el café, ¡cómo han rejuvenecido sus cafetales!  según dicen ellos—, y cafetales que ya prácticamente eran improductivos, ellos expresan que parecen como nuevos. 

Mas no solo se trata de los cafetales que van a recibir esas 105 000, o están recibiendo desde el pasado mes de octubre hasta el próximo mes de junio esas 105 000 toneladas de fertilizantes, sino que entre 1967 y 1968 se sembrarán tantas matas de café como el total de matas que hay en todos los cafetales del país actualmente (APLAUSOS). 

De manera que no solo podremos abastecer nuestras necesidades a un nivel que será el doble de lo que se consumía antes de la Revolución, sino que dispondremos de excedentes para crear una divisa más, la divisa cafetalera. 

Y esto es posible por otro fenómeno de la Revolución, que es la incorporación de la mujer al trabajo (APLAUSOS).  Sería imposible llevar a cabo este plan sin las decenas de miles de mujeres que atenderán los viveros de café, porque en esos viveros de las plantaciones que se van a hacer en 1967 y en 1968 —se hacen ahora los viveros— tienen que trabajar decenas de miles de mujeres.  ¿Y cómo podríamos en medio de la zafra llevar a cabo semejante programa sin la incorporación de la mujer al trabajo?  Eso que tardó en verse, pero que se vio, eso que es otro de los fenómenos de la Revolución, nos permite el desarrollo de muchos otros planes para los cuales careceríamos de fuerza de trabajo. 

En ocho años de Revolución se han plantado más de 300 millones de árboles maderables, ¡más de 300 millones!, en un país donde el capitalismo arrasó con las maderas, donde el capitalismo no plantó un solo árbol.  De manera que en estos tiempos tenemos que ser importadores de grandes cantidades de madera, importar pulpa de madera también para nuestros libros, para nuestros periódicos. 

Sin embargo, con estos planes, ya tampoco estarán lejanos los tiempos en que empezaremos a cortar los primeros de esos árboles, cuyo crecimiento vamos a acelerar mediante la aplicación de fertilizantes.  Y pensamos de aquí a 1970 aproximarnos a los 1 000 millones de árboles maderables (APLAUSOS), que la Revolución siembre en estos años 1 000 millones, que serán cerca de 50 000 caballerías, cerca de 50 000 caballerías de tierra repobladas de nuevo, donde no había quedado un solo árbol (APLAUSOS). 

Y si bien es cierto que en estos instantes todavía no podemos recibir los frutos de algunos trabajos como este, en los años venideros, el pueblo, los niños y los jóvenes de hoy comprenderán y agradecerán el esfuerzo que en ese sentido, para enriquecer nuestra tierra, para aumentar nuestros recursos naturales, para preservar nuestros suelos, ha hecho la Revolución, y lo mirarán con agradecimiento, de la misma manera que, nosotros miramos hoy con tristeza, con dolor, cómo nadie se ocupó de sembrar un árbol en este país, de manera que hoy, que tantas necesidades tenemos de madera, una gran parte de esas maderas hay que importarlas, y a veces cuesta trabajo conseguirla en el mercado. 

Nuevos renglones, cultivos que nunca se habían hecho en nuestro país en gran escala, como la fresa, uvas, espárragos, cebolla, están desarrollándose con increíble ritmo.  Y seguiremos desarrollando los demás renglones de la agricultura, algunos de ellos, para mantener ciertas tradiciones, como es el cultivo de granos y, especialmente, el cultivo del arroz. 

También se incrementa considerablemente el cultivo de algodón, se introducen las leguminosas en la agricultura, en la ganadería; se incrementará notablemente también, con técnicas nuevas, la producción de frijoles y, en fin, no quedará un solo renglón de nuestra agricultura, en la medida de nuestras posibilidades naturales, sin desarrollar. 

En las montañas de Oriente se sembrarán ya, en la próxima primavera, en total, 200 caballerías de vegetales de verano, de esos vegetales que no aparecían, porque en el llano no se pueden producir sino en estos meses. 

Todos ustedes han podido ver cómo el tomate y otros vegetales se presentaban en estos meses, y es porque en el llano no se pueden cultivar en los meses de primavera.  Pero se han escogido tierras con microclimas especiales, y ya se verá abundantemente los vegetales en el próximo verano, como consecuencia de ese esfuerzo. 

Este año ya tendremos una zafra buena, este año ya superaremos en la producción de azúcar a cualquiera de los cinco años anteriores.  Los compañeros del MINAZ y, en general, hacen cálculos conservadores sobre eso, porque si se equivocan prefieren que haya más azúcar de la calculada a que vaya a haber menos de la calculada.  Pero es alentador el hecho de que ya en el mes de diciembre se han producido más de 300 000 toneladas de azúcar (APLAUSOS); es alentador el hecho de que aún habiendo empezado la zafra a fines de noviembre, el porcentaje de rendimiento en azúcar ha estado por encima de diez, lo que nos demuestra que trabajando con una buena fertilización, escogiendo las variedades de madurez temprana adecuadas, podremos comenzar la zafra prácticamente a mediados del mes de noviembre, porque hubo cañas que a fines de octubre tenían ya más de diez, cañas de algunas variedades. 

Esto nos permitirá usar nuestras instalaciones azucareras, nuestro transporte azucarero, aproximadamente seis meses y nos permitirá, a la vez, cumplir nuestra meta ambiciosa de producción de azúcar para 1970. 

Unos 50 centros de acopio nuevos ya comenzarán próximamente a funcionar en Camagüey, incrementando el rendimiento.  Es decir, en todos los renglones de la agricultura hay un enorme incremento, y esto garantizará el éxito total de nuestra Revolución. 

Esperamos ya para 1970 duplicar, tener el doble de producción agrícola total de lo que había en 1959, al triunfo de la Revolución; producción agrícola cuyos frutos, cuyos recursos, los recibirá toda la población por igual.

Se me olvidaba señalar el especial esfuerzo que se está haciendo también en el cultivo del tabaco, cuya producción se incrementará notablemente, y para el cual existen magníficos mercados en todo el mundo.  Las perspectivas de este orden son óptimas para nuestro país

Y, junto al desarrollo de la agricultura, el desarrollo de la industria mecánica, de la industria de maquinarias agrícolas, para ir mecanizando cada vez más nuestra agricultura, de manera que nunca nos falte la fuerza de trabajo, nunca nos falte la fuerza de trabajo necesaria para llevar a cabo estos planes. 

Hay que decir algo que nos contaba el compañero Carlos Rafael Rodríguez (APLAUSOS), que representó a nuestro país en la conferencia de la FAO en Uruguay, y es que todos los países de América Latina han recibido, como préstamos para la agricultura, préstamos exteriores para la agricultura, 125 millones; todos los países juntos.  Y Cuba sola, Cuba sola ha recibido, de préstamos exteriores para el desarrollo agrícola, una cantidad igual a todos los demás países de América Latina (APLAUSOS):  equipos que nos llegan del campo socialista y equipos que nos llegan también de algunos países del campo capitalista. 

Ahora, ¿qué ocurre en América Latina?  Que hay en los últimos años un retroceso en la producción de alimentos, de manera que ahora tienen un 4% menos per cápita de lo que tenían hace algunos años.  Es una triste realidad la que sufren muchos de esos pueblos hermanos, un verdadero retroceso en algo tan fundamental como es la agricultura, como es la producción de alimentos. 

Calculen ustedes invirtiendo nosotros en maquinaria agrícola, en inversiones agrícolas en general, recursos exteriores iguales a los de todos los demás países de América Latina juntos, cómo no lograremos, cada año más y más, reducir el índice de mortalidad infantil, el índice de mortalidad por millar de habitantes, la prolongación de los promedios de vida de cada ciudadano. 

Y les decía que, junto a ese desarrollo agrícola, el desarrollo de la maquinaria agrícola y de la industria de los fertilizantes.  Les explicaba a los estudiantes de los tecnológicos hace unos días cómo nosotros, para 1971 aproximadamente, o 1972, estaremos aplicando a nuestra agricultura más nitrógeno que el total de nitrógeno que aplica hoy día a su agricultura uno de los países agrícolamente más desarrollado de Europa, que es Francia, con una población como de siete veces más habitantes que nosotros. 

¡Calculen qué niveles de técnica, qué niveles de productividad alcanzaremos en nuestros campos!  Y considérenlo más, si se tiene en cuenta, unido a un vasto programa de construcción de obras hidráulicas, de embalses para incrementar la superficie de regadío, de manera que nuestra agricultura se independice cada vez más de las eventualidades del tiempo. 

Y este dato lo doy, tomado del profesor de Mauleon, que es un competente autor francés y experto en cuestiones agrícolas, y del cual hemos extraído nosotros las cifras del total de nitrógeno sintético que se aplica en ese país. 

Ahora, ¿qué hace el enemigo?  ¿Esto acaso podemos hacerlo así, cómodamente, sin problemas, sin tropiezos?  ¡No!  Lo hacemos venciendo montones de dificultades, lo hacemos encontrando montones de procesos derivados de la política criminal del imperialismo yanki. 

Y para dar una idea, traje un cable aquí de hoy, de hoy, que se refiere al problema de la industria de fertilizantes, y que dice así:

“Por Lewis Gulick —me perdonará ese señor si no sé pronunciar mejor su nombre en inglés—, Washington 1, AP.-  Se informó hoy que los británicos están considerando el ofrecimiento de una garantía de crédito para la adquisición por Cuba de una gran planta de fertilizantes de la Gran Bretaña.  Los círculos oficiales de Estados Unidos dijeron que se está tratando el asunto con los británicos y, al parecer, no se ha llegado a una decisión final.

“Estados Unidos se opone enérgicamente a dicha transacción, porque estima que abriría una gran brecha en el esfuerzo continuo que realiza para aislar al régimen comunista de Fidel Castro.

“Washington, tratando de mantener una intensa presión económica sobre Castro, a fin de promover el descontento interno contra su régimen y hacer que resulte más oneroso para el bloque comunista apoyarlo, convenciendo a otros países latinoamericanos de que el comunismo no es el camino que lleva a un nivel de vida más elevado...”

¡Qué cinismo!  ¡Qué cinismo!  Creen que con eso, es decir, presionando, bloqueando, entorpeciendo al máximo el esfuerzo de un pequeño país subdesarrollado como el nuestro, van a demostrar que el comunismo no eleva el nivel de vida.  ¡Lo que demuestran es el cinismo y la desvergüenza, el espíritu criminal de los imperialistas, el descaro de los imperialistas!  (APLAUSOS PROLONGADOS.)  Lo que demuestran es precisamente todo lo contrario:  cómo el enemigo del nivel de vida de los pueblos es el imperialismo, cómo el enemigo del desarrollo de los pueblos subdesarrollados no es el comunismo, sino el imperialismo, ¡ese imperialismo que practica abiertamente una política tan criminal como es esforzarse por todos los medios para impedir que un pequeño país subdesarrollado, que explotaron durante 50 años, alcance niveles de alimentación más altos para el pueblo!  (APLAUSOS y CONSIGNAS REVOLUCIONARIAS)  Demuestran que no es el comunismo quien se opone al desarrollo del intercambio comercial entre los distintos países, tan beneficioso para todo el mundo.  No es el comunismo quien obstaculiza el desarrollo económico. 

Porque estas plantas de fertilizantes nunca se preocupó de establecerlas en nuestro país el capitalismo.  Porque todo lo que hicieron, en uno de los tantos negocios de los batistianos, fue, el intento de hacer una fabriquita de nitrógeno, de 30 000 toneladas de nitrato de amonio, que no la terminaron, y que recién ahora, después de muchas dificultades para adquirir los equipos adecuados a esa fábrica y a la tecnología de esa fábrica, comenzará a producir este año.  Treinta mil toneladas de nitrato de amonio era toda la aspiración del capitalismo; un millón de toneladas es la aspiración de la Revolución como mínimo, es decir, más de 30 veces (APLAUSOS). 

No se ocupó el imperialismo —ni podía ocuparse— de desarrollar industrias de fertilizantes para que se alimentara nuestro pueblo, y se ocupa ahora de hacer lo indecible, presionar enérgicamente, para imponerle su política a otro país que necesita del comercio, a fin de evitar que en Cuba, para la alimentación de nuestro pueblo, se desarrolle esta industria. 

El cable sigue diciendo:

“Los británicos, que necesitan el comercio internacional para sobrevivir, siguen una política general de disociar el comercio exterior de los fines políticos, y en el pasado vendieron a Cuba autobuses y otras cosas.  Se cree saber que los círculos oficiales norteamericanos fueron informados por los británicos hace una semana de que la Gran Bretaña está considerando un crédito de garantía de cinco años para la planta de fertilizantes que el Gobierno de Cuba está interesado en adquirir.

Se ha dicho que el Gobierno de Castro trata de destinar hasta una suma de 30 millones de dólares para facilidades de abonos químicos que reforzarían la producción agrícola del país.  Desde el punto de vista británico, la hacienda de Cuba puede ser lo suficientemente fuerte para justificar una operación de este tipo.

“De modo general, los círculos oficiales de Estados Unidos, que han tenido éxito hasta ahora en sus esfuerzos de disuadir la concesión de créditos de países no comunistas a Castro, sostienen que dicho trato con la Gran Bretaña tentaría a otras naciones occidentales también, a la apertura de créditos al Gobierno de La Habana.

“Dichos círculos estiman que si los gobiernos occidentales ofrecen garantías sobre dichos créditos, el régimen de Castro hallará mucha mejor disposición, por parte de las firmas de occidente, para venderle lo que necesita.”

¡Créditos a Castro!  Como si Castro fuera a consumir el abono químico que produzca una fábrica de fertilizantes (EXCLAMACIONES).  Pretenden disimular con eso la verdadera intención, que es privar al pueblo de esos recursos, privar a nuestro pueblo de esos recursos.  ¡Qué les importa si un niño tiene menos leche de la que debe tener, o un anciano cubano tenga menos de lo que una buena dieta necesita y que nosotros con nuestra agricultura y nuestro trabajo podemos brindarle!  Esta es la cínica concepción de una política que consiste en tratar de llevar el hambre a las masas con el bloqueo, para destruir un régimen revolucionario. 

Pero eso creen los imperialistas:  que van a llevar el hambre a las masas, ¡y se equivocan!  En primer lugar, no la llevarán; y, en segundo lugar, antes que morirnos de hambre —que no nos moriremos— preferimos morirnos combatiendo contra el imperialismo en cualquier lugar del mundo (APLAUSOS). 

Y los que no entiendan por qué los pueblos tienen que solidarizarse, por qué los movimientos revolucionarios tienen que solidarizarse, esta es una buena prueba.  Porque ningún país podrá vivir en paz, ningún país podrá disfrutar de su esfuerzo, de su trabajo, ningún país podrá aspirar a construir en paz un porvenir, si el imperialismo yanki no es derrotado (APLAUSOS). 

Porque hoy a uno, mañana a otro, el imperialismo yanki nos ha ayudado a los pueblos a adquirir conciencia internacionalista.  En la misma medida que tenemos un enemigo común, en esa medida adquirimos conciencia del deber y de la necesidad de la práctica del internacionalismo consecuente y el porqué la política de Cuba, y el porqué la política exterior de nuestra Revolución, y el porqué esa firme e invariable política de apoyar al movimiento revolucionario en Asia, en Africa y en América Latina (APLAUSOS). 

Y sabemos que esa política interpreta el sentimiento de nuestro pueblo revolucionario, la vocación revolucionaria internacionalista de nuestro pueblo.  Y si hiciera falta una prueba, a esta multitud le podríamos preguntar si está o no de acuerdo con esa política, la política exterior, la política internacionalista de nuestro pueblo, de nuestro gobierno y de nuestro Partido (APLAUSOS PROLONGADOS). 

Es decir, que nadie podrá pretender que un grupo de hombres desde el poder le imponemos esta política —que entraña riesgos— a nuestro pueblo, sino que un grupo de hombres, sólidamente integrados con el pueblo, los dirigentes de la Revolución absolutamente identificados con el pueblo, interpretan los sentimientos, la voluntad y la conciencia de ese pueblo. 

Y es para nosotros una gran suerte que nuestro pueblo, en solo ocho años, haya adquirido esta conciencia.  Por eso, si nos preguntaran cuál ha sido el efecto más importante de la Revolución, cualesquiera de estas cosas y éxitos que hemos enumerado anteriormente, diríamos:  ¡La más extraordinaria consecuencia de esta Revolución es la increíble conciencia revolucionaria que ha desarrollado en el pueblo! (APLAUSOS.) 

Y los imperialistas hoy atacan a uno, mañana atacan a otro, o a varios a la vez, y son enemigos jurados de los pueblos, enemigos jurados del bienestar de los pueblos. 

¿Lograrán persuadir al gobierno inglés?  Lo dudamos.  No creemos que por muchas presiones que ejerzan puedan obtener ningún resultado.  ¿Por qué?  Porque ningún pueblo puede prescindir del comercio, porque esa política es criminal, porque esa política es absurda, esa política crea conflictos y problemas en el mundo y ninguna nación soberana se dejará imponer semejante presión.  Y a título de información debemos decirles que estuvieron presionando también al gobierno italiano, estuvieron presionando a firmas italianas.  Porque nosotros estamos haciendo gestiones en varios países y hay que decir que son muchos los interesados en vendernos plantas de fertilizantes (APLAUSOS), y que pensamos instalar por lo menos tres en los próximos 4 ó 5 años, de no menos de 200 000 toneladas de amoníaco por año, independientemente de la planta que se construirá en Nuevitas, adquirida en Francia a través de la Unión Soviética (APLAUSOS). 

Europa quiere ser cada vez más independiente de Estados Unidos y son muchos en Europa los que tienen confianza en Cuba, son muchos los que quieren venderle sus productos a Cuba. 

y precisamente esas 100 000 toneladas al café, ese programa de aplicación de fertilizante a todos los cañaverales este año, con vistas a la producción de 1968, es posible por firmas europeas que nos venden fertilizantes, nos dan créditos para adquirir fertilizantes, e incluso ha habido conversaciones sobre la posibilidad de dar créditos no a un año sino a dos años.  Y dispondremos de fertilizantes para todo, para la caña, algo para los pastos, para los frutales, para las viandas, para los granos.  Y no nos moriremos de hambre, porque esa torpeza imperialista, esa criminal política imperialista no podrá más que la necesidad vital de Europa de comerciar con el mundo. 

Y hay algo que el caso de Cuba les está enseñando a los países europeos, y es que si hay revoluciones en América Latina, ellos tienen muy poco que perder y mucho que ganar (APLAUSOS), porque el imperialismo yanki mantiene un dominio económico sobre este continente, posee tarifas preferenciales y es el que pone las condiciones, y muchos de estos países tienen que ir a buscar dólares a Europa para pagar mercancías yankis, para pagar intereses yankis.  Y el ejemplo de Cuba le está enseñando a Europa que lo que más conviene a Europa industrializada es la independencia revolucionaria, es decir la revolución independentista y liberadora de los pueblos de América Latina (APLAUSOS).  Y hay que decirles a los países europeos:  no se dejen engañar por los imperialistas.  La revolución en América Latina a quien afecta verdaderamente es a los intereses de los monopolios imperialistas de América Latina, no al pueblo; a los monopolios imperialistas de Estados Unidos, no al pueblo de Estados Unidos.  Porque el pueblo de Estados Unidos es víctima de esos monopolios, de sus guerras, de sus barbaries, de sus crímenes.  No digo el pueblo.  El pueblo de Estados Unidos sin imperialismo podría beneficiarse también del proceso revolucionario en el mundo subdesarrollado, pero el pueblo de Estados Unidos es víctima de ese imperialismo. 

Y si el pueblo de Estados unidos no está en condiciones todavía de liberarse de ese imperialismo, Europa sí está en condiciones de liberarse del odioso y repugnante tutelaje yanki.  Porque no en balde les tienen tanto odio en cualquier parte del mundo.  Cualquiera diría:  odian a los imperialistas yankis en Cuba, en Viet Nam, en Corea...  Pero no:  es un odio universal.  Habla uno con un griego y odia a los imperialistas yankis, habla con un francés y odia a los imperialistas yankis, habla con un español y sienten un odio feroz hacia el imperialismo yanki.  Están cansados de humillaciones, de marines, haciendo horrores e injurias en todas partes. 

Y por eso nosotros estamos serenos, tranquilos, porque sabemos que Europa no podrá ceder en estas cuestiones a las presiones de los imperialistas yankis. 

Un poco de agua nos está amenazando (EXCLAMACIONES), pero ustedes dirán si termino...  (EXCLAMACIONES DE:  ¡No!”).  ¡Bueno, entonces nos mojamos!  (APLAUSOS.) 

Esto es lo que la Revolución ha hecho, cómo lo ha hecho, con qué métodos, cómo se ha creado esta conciencia, cómo se lleva a cabo la obra, por qué caminos.  En estos ocho años se produjo la unión de todo el pueblo revolucionario.  En estos ocho años se fundieron... 

(COMIENZA A LLOVER...  EL COMANDANTE FIDEL CASTRO SE QUITA LA GORRA y LA CHAQUETA.  EL PUBLICO COMIENZA A PEDIRLE QUE SE LAS VUELVA A PONER) 

No hay que preocuparse, porque si llueve voy a tener una situación más privilegiada que ustedes.  En todo caso, si me mojo, me pueden traer un coñac aquí. 

(EL COMANDANTE FIDEL CASTRO SE PONE LA GORRA) 

Vamos a ver los que resisten ahí a pie firme el aguacero (EXCLAMACIONES).  Vamos a ver los de “Patria o Muerte” ahora aquí frente a este aguacero (EXCLAMACIONES).  Está bien que los aviones no puedan volar por un aguacerito, pero que nosotros no vayamos a tener nuestra concentración por un aguacero, eso sí que es inaceptable.  Además, eso le viene bien a los pastos, porque estamos en un período de seca (EXCLAMACIONES). 

Les decía que esto se había logrado por la unión del pueblo.  ¿Tenía acaso el país una organización que comprendiera todas las fuerzas revolucionarias?  No.  Una de las cosas importantes de la Revolución en estos ocho años es que unió en una organización a todas las fuerzas revolucionarias, y creó para el pueblo un aparato de unión y de dirección revolucionaria.  Y así en nuestro Comité Central están representados los hombres no de las organizaciones, porque ya nosotros no hablamos de antiguas organizaciones, sino los hombres que en uno y otro frente lucharon por la Revolución y lucharon por las ideas revolucionarias. 

Se unió el pueblo, se unieron sus fuerzas, se creó una organización, se creó esa organización a la vez que una conciencia en las masas. 

Y eso ha sido una de las cosas que ha hecho posible el avance del pueblo. 

Nunca en la historia de nuestra patria se había logrado una unión mayor, una unión revolucionaria, de clase, es decir, una unión de los humildes, la unión de los oprimidos, la unión de los explotados por primera vez en la historia de nuestro país.  Y este ha sido un factor importante y lo será cada vez más en el futuro.  Se ha establecido una verdadera alianza obrero-campesina. 

¿Por qué?  Porque se hizo sobre bases revolucionarias, sobre bases marxistas, sobre bases leninistas.  Y a los campesinos se les liberó de la explotación y no se les impuso ningún modo de producción por encima de su voluntad.  Recibió las tierras gratuitamente, dejó de pagar rentas de cualquier tipo.  Y ese campesinado, compuesto de más de 100 000 familias en los campos y sobre todo en las montañas del país, es una clase sólidamente unida a nuestro proletariado. 

La Revolución los ha ayudado por todos los medios posibles:  les ha dado créditos, les construye caminos, les da facilidades, les da técnica, les brinda asistencia médica, los educa, educa a sus hijos. 

Y hay que decir al cabo de ocho años que nuestra clase obrera tiene un magnífico aliado, un magnífico compañero de lucha revolucionaria en nuestros campesinos.  Son esos campesinos cuya mejor representación son esas milicias serranas que liquidaron a los bandidos organizados por la CIA (APLAUSOS), y que también desfilaron hoy por aquí en una de las unidades.  Esa alianza sólida es indestructible porque se basa en una política revolucionaria, en una política verdaderamente marxista-leninista. 

Y esos campesinos a los que trataban de confundir los grandes terratenientes y los burgueses diciéndoles que les iban a quitar la tierra, saben y tienen absoluta confianza en la Revolución; saben que, ya se hicieron las dos leyes agrarias que había que hacer y saben que en los años venideros habrá un proceso evolutivo.  

¿Qué hacemos con un campesino que está viejo ya y no puede trabajar?  Le compramos; en muchos casos le damos una parte y además le damos una pensión.  ¿Qué hacemos cuando un campesino tiene ya todos sus hijos que están estudiando técnica?  Le compramos, lo ayudamos.  ¿Qué hacemos en el caso de un campesino de las montañas cuyas tierras han perdido toda su fuerza por la erosión?  Le compramos también, y en muchos casos si es viejo le damos una pensión y repoblamos de árboles esas tierras. 

Nos explicaba el compañero Pepe Ramírez que en la Sierra Maestra han adquirido más de 1 000 pequeñas fincas en esos casos, de campesinos viejos, campesinos cuyos hijos ya están todos estudiando, campesinos cuyas tierras no les producen nada porque han sufrido mucho con la erosión. 

¿Cuánto durará este proceso?  Veinte, 30, 40, 50 años.  Con el tiempo, progresivamente, cada vez que un campesino venda iremos adquiriendo esas tierras, se irán incrementando las tierras nacionales.  Y sobre la base de un respeto absoluto a la voluntad de los campesinos, a su modo de producir. 

Nosotros hemos hecho una reforma agraria diferente, nosotros hemos hecho una reforma agraria nueva.  Las tierras comprendidas por las granjas del pueblo, es decir, las tierras nacionales, las tierras que pertenecen a toda la sociedad, las tierras donde se llevan a cabo esos planes de repoblación forestal, donde se realizan en gran escala grandes planes, constituyen el 70% de las tierras. 

Nosotros no dividimos las tierras de los latifundios.  Eso habría sido suicida para la Revolución, ninguno de los planes en gran escala que hoy hacemos habría sido posible.  Pero tampoco íbamos a convertir al proletariado agrícola en campesino, eso habría sido un paso atrás.  Y esa medida es la que nos permite hoy día, es la base social que nos permite pensar en los planes que estamos llevando a cabo.  Pero, a la vez, trabajamos con el pequeño agricultor, le damos créditos, le damos ayuda técnica, tratamos de elevar su productividad; en algunos renglones como el tabaco o el café tienen un peso muy grande, en la ganadería también tienen una parte considerable de la masa ganadera del país. 

Ahora, no hemos promovido la unión de las tierras de los campesinos.  Se han promovido, espontáneamente, las cooperativas de créditos y servicios para el uso de la técnica, el empleo de maquinarias, pero se ha respetado, de una manera absoluta, la voluntad de esos campesinos; subjetivamente su conciencia mejora, su conciencia se desarrolla.  Nosotros hemos tenido un ejemplo reciente en Pinar del Río.  En un plan que estamos llevando a cabo en un valle de 300 caballerías, donde viven 900 familias, estamos haciendo un programa de tecnificación de la producción y estamos construyendo escuelas y círculos infantiles para la totalidad de la población infantil:  para los recién nacidos, los de la enseñanza primaria, los de la enseñanza secundaria. 

Ya el día 28 de enero tendremos la satisfacción de organizar, de extender el plan ya, es decir, de inaugurar varios círculos y dos escuelas del plan—plan que se terminará ya para fines de este año—, de manera que toda la población infantil ya estará en la escuela, desayunará, almorzará y comerá en la escuela; dormirán en la escuela los de primaria y secundaria, es decir, de lunes a viernes; irán a los círculos infantiles (APLAUSOS)...  Es decir, que esa comunidad estará a nivel de 1975. 

Y cosa curiosa:  hacía falta un pedazo de terreno para construir un círculo en determinado lugar, un pedazo para construir las lavanderías de los círculos o un pedazo mayor para construir una escuela más grande, y ha sido imposible convencer a ninguno de que acepte que se le pague el pedazo de tierra que brindan para eso (APLAUSOS).  Han tomado conciencia de lo que esa obra beneficia a sus hijos, beneficia a toda aquella colectividad.  Y es increíble el efecto subjetivo que ha creado en esos campesinos.

Porque hay cosas dentro de la sociedad humana que todavía están por ver, y hay que ver cómo se comporta una sociedad humana donde las necesidades vitales de la familia estén absolutamente resueltas de manera óptima y el dinero vaya perdiendo cada vez más sentido. 

Hay quienes creen...  Porque hay dos tipos de seres humanos:  los optimistas y los pesimistas.  Muchos de los revolucionarios, por lo general, estamos afiliados al partido de los optimistas; los escépticos, los que no creen mucho en el hombre, se afilian al partido de los pesimistas.  Hay quienes creen que cuando una comunidad reciba todo eso:  vivienda gratuita, luz eléctrica gratuita, que sus hijos reciban la ropa, los zapatos, la alimentación, todo, en las escuelas, esa comunidad donde el dinero tenga cada vez menos y menos valor, reaccionará convirtiéndose en abúlica, indiferente, perezosa. 

Hay quienes piensan que solo el látigo de la necesidad, solo el látigo del hambre, hace que el ser humano trabaje, hace que el ser humano produzca.  Nosotros, sinceramente afiliados al grupo de los que creen en el hombre, al grupo de los optimistas, pensamos que ese es un concepto muy pobre del ser humano y que los que así piensan ignoran toda la inmensa capacidad de desarrollo moral del hombre, que por algo es hombre, ¡que por algo es hombre y no animal!  (APLAUSOS.) 

Y nosotros creemos que se irá variando el concepto del trabajo, y creemos que el hombre será cada vez mejor.  Y creemos que en la medida en que el trabajo deja de ser una necesidad para que no se mueran de hambre los hijos, la mujer; en la medida que el trabajo deje de ser para el hombre —como ya dejó de serlo en nuestra patria— un medio de explotación; en la medida en que el hombre vea el trabajo como esa maravilla que crea el bienestar, que crea las riquezas, que crea la felicidad, tendrá un concepto superior del trabajo y sentirá por el trabajo un amor cada vez mayor. 

Por eso nosotros no tememos, por eso seguimos este camino.  Y tenemos derecho a ser optimistas, porque ¿qué dicen los que no creían en el pueblo?, ¿qué dicen los que creían al pueblo guiado por instintos primarios?, ¿qué dicen de ese sentido y esa conciencia de la solidaridad?, ¿qué dicen de esa generosidad capaz de hacerlos ofrecerse para dar la vida por otros pueblos, como por ejemplo el pueblo de Viet Nam?  (APLAUSOS PROLONGADOS) 

De ese sentimiento noble y generoso, de ese sentimiento solo es capaz el hombre.  ¿Y qué no puede esperarse del hombre que es capaz de dar hasta la vida —el don más preciado de una criatura viva—por algo, por un sentimiento de justicia, por un sentimiento moral?  ¿Cómo no esperar las cosas mejores y superiores?  Y los revolucionarios cubanos, los que hemos participado en esta Revolución, tenemos sobrados derechos a ser optimistas, tenemos sobrados derechos a enfrentarnos a los pesimistas; porque la experiencia ha confirmado que el optimismo no era infundado, que el optimismo tenía una base en la condición humana, en la capacidad de desarrollo moral e intelectual del ser humano. 

Nosotros hemos dicho que somos marxista-leninistas (APLAUSOS).  Y ser marxista-leninista implica, en primer lugar, tomar del marxismo su esencia creadora, su esencia dialéctica, sus principios fundamentales, y aplicarlos con un criterio revolucionario, aplicarlos con un sentido dialéctico también a una realidad concreta.  Nosotros respetamos las interpretaciones que otros den a sus realidades en cuanto a la forma y al modo de construir el socialismo y el comunismo; en cuanto a la forma y al modo de aplicar las ideas marxistas. 

Cuando nosotros decimos marxista-leninistas como revolucionarios, es que adoptamos una posición profundamente revolucionaria y desarrollamos nuestras vías, desarrollamos nuestros caminos, aplicamos las ideas a nuestras situaciones.  Y hay que decir que estamos optimistas, hay que decir que estamos satisfechos de la forma en que marcha la Revolución, de la forma en que se desarrolla la conciencia, de la forma en que se demuestra que es correcta nuestra interpretación de las ideas marxista-leninistas.  Como demuestra también la importancia que ha tenido para esta Revolución el contacto con el pueblo, el contacto estrecho de la dirección con las masas, que es condición indispensable para la marcha óptima de un proceso revolucionario.  Eso nos ha enseñado mucho. 

Tenemos un pueblo que ha adquirido una gran conciencia; un pueblo que ha adquirido un gran espíritu y lo desarrolla; un pueblo que participa activamente de los problemas, de las inquietudes; un pueblo con una extraordinaria vocación revolucionaria y con una extraordinaria vocación internacionalista, que se desarrolla más cada día. 

Estos actos han contribuido, en estos ocho años.  Es bueno también hablar de esto; es bueno que analicemos, conforme marcha la Revolución, también nuestros actos multitudinarios.  Estos actos no se prestan mucho para el razonamiento sereno, es muy difícil, no siempre se logra; esta tribuna multitudinaria se presta mejor para agitar que para razonar.  Se razona mejor en un teatro, se razona mejor en un acto como el de la escalinata universitaria; no es fácil razonar, crear las condiciones que se requieren para ir al análisis profundo en un acto de esta magnitud. 

Hacemos muchos actos grandes; unas veces son los jóvenes, enormes movilizaciones en Artemisa, en distintos lugares; y tenemos que ir modificando algunos de los métodos acorde con las situaciones nuevas.  Voy a poner un ejemplo:  los desfiles militares.  Estamos considerando la conveniencia de hacerlos cada dos años o más.  ¿Por qué?  Ustedes lo comprenderán, porque se los voy a explicar.  Nosotros estamos enfrascados en un esfuerzo enorme por el desarrollo económico del país, concentrado fundamentalmente en la agricultura.  En la próxima primavera movilizaremos 150 000 jóvenes seis semanas a los campos; pero movilizaremos decenas de miles de soldados, movilizaremos tecnológicos.  Este mismo año movilizamos casi 30 000 soldados y milicianos de Oriente, después del ciclón que nos pasó por la provincia, que si bien no fue como el “Flora”, atravesó las zonas cafetaleras cuando todavía estaban ~n plena cosecha; no nos ocasionó un desastre, afortunadamente, pero hizo algún daño, hizo algún daño a las plantaciones.  No queríamos que eso afectara nuestro programa.  ¿Qué hicimos?  Movilizamos casi 30 000 soldados y milicianos para un plan de rehabilitación inmediata, de limpia y fertilización de los cafetales. 

El año que viene, o este año, en todos estos planes de siembras de árboles maderables, de café, en las distintas tareas, necesitamos mucha fuerza de trabajo.  Y los soldados están participando cada vez más; los compañeros de la fuerza aérea serán responsables de fertilizar unas       70 000 caballerías de caña en avión con nitrógeno; los compañeros de ingeniería del ejército están haciendo ahora los caminos de Las Villas, están incluso ayudando con sus equipos durante esta sequía a desbrozar terreno.  Ya el año que viene tendremos más equipos, los equipos de fortificaciones seguirán en fortificaciones; pero ahora los equipos de fortificaciones de las fuerzas armadas han estado en la agricultura también haciendo caminos y desbrozando terrenos. 

Los compañeros de las fuerzas armadas tienen que invertir mucho tiempo preparando su desfile para lograr esa marcialidad, esa coordinación, todas las unidades; numerosos cuadros tienen que invertir mucho tiempo.  Destruimos muchas calles, esos tanques son muy pesados; en las prácticas los tanques destruyen mucho el pavimento; hay desgaste de material, de piezas; hay gastos de combustible; y, sobre todo, gasto de esfuerzo de nuestros cuadros y de nuestras fuerzas armadas. 

Si nos vamos a dar por entero al incremento, cada vez mayor, del esfuerzo creador de la Revolución, bien podemos hacer los desfiles cada dos años, y después pues puede ser que cada tres, o cada cuatro, o con motivo del décimo aniversario o del decimoquinto aniversario (APLAUSOS). 

¿Dejar de conmemorar la fecha?  ¡No!  Pero nosotros podemos, por ejemplo el año que viene, que desfilen por aquí los institutos tecnológicos obreros, que desfilen por aquí nuestros institutos tecnológicos en general, que desfile esa juventud dedicada al estudio y que, además, también es una juventud preparada para la guerra.  Y podemos ir alternando. 

Tenemos muchas más cosas que exhibir.  Es verdad que nos sentimos orgullosos de nuestras fuerzas armadas, de su disciplina, de su técnica; es verdad que eso demuestra a los enemigos que no estamos desarmados; es verdad que eso alienta al pueblo, que se siente cada vez más seguro.  Pero debemos tomar en cuenta estos factores, y que desfilen los compañeros cada dos años o cada tres, o cuando sea necesario, y hagamos cosas nuevas.

Unas veces exhibimos nuevas armas —por ahí  pasó una armita nueva, un tipo de artillería coheteril nueva.  La gente sabe cuáles son, porque ya conoce los desfiles y cada vez que hay algo nuevo no habría que decírselo aquí, porque lo sabe. 

Pero también podemos exhibir nuevas máquinas agrícolas:  las combinadas de caña, las chapeadoras.  Que también nos esforcemos por hacer desfilar por aquí, un año sí y un año no, todo lo que hemos adelantado en la mecanización de nuestra agricultura (APLAUSOS), y creemos que ustedes comprenden eso, y seguramente estarán de acuerdo con eso (EXCLAMACIONES DE:  ¡Sí!”) 

Los actos multitudinarios...  Se inaugura —como les decía— el 28 en San Andrés aquel plan.  Nosotros les hemos pedido a los compañeros de la provincial:  No hagan una concentración grande, no hace falta.  Que vayan los vecinos, porque es mejor para poder explicar las cosas.”

Los jóvenes no tienen la obligación de hacer esa enorme movilización todos los años.  Se gasta en recursos, se gasta combustible, se gasta transporte, se gasta esfuerzo.  Debemos de concentrar eso en las tareas de la producción, en el impulso del trabajo creador de la Revolución. 

No estamos ya en los primeros tiempos.  En los primeros tiempos había que dar muchos actos, había que estar constantemente hablando por la televisión y por todas partes. 

¿Las concentraciones multitudinarias en distintas fechas?  Bueno, resulta imprescindible:  el 1º de mayo, el 26 de julio, el 2 de enero, y recordamos en estos años cuántas concentraciones multitudinarias, recordamos incluso qué esfuerzo tremendo, es el esfuerzo que hay que hacer para poder hablarle a una concentración de la magnitud de las concentraciones que tienen  lugar aquí.  ¡Hemos pasado tantas veces por esa experiencia!  Y cambian los años.  Los de agitación van quedando atrás, para dar lugar, cada vez más, al razonamiento, al análisis profundo de los problemas.  Todos los años —muchas veces en mi caso—:  el 2 de enero, el 1º de mayo, el 26 de julio, el 28 de septiembre, más otros muchos actos que aparecen. 

Y queremos también, no voy a decir que suspender las conmemoraciones, pero sí es una necesidad ya, del pueblo y de nosotros, que vayamos cambiando un poco el sistema.  Son ocho años de Revolución, siete años de lucha contra la tiranía de Batista, 15 años transcurridos de ardua lucha:  parte en el exilio, lucha en las montañas, lucha en Girón, lucha contra el imperialismo, lucha contra todo.

Y, desde luego, esto no quiere decir que estemos cansados, pero sí creemos que debemos cada vez más repartir las tareas revolucionarias (APLAUSOS).  Nuestra Revolución tiene una cosa magnífica:  a la vez que ha unido ha dividido; a la vez que ha unido al pueblo, ha ido dividiendo funciones.  Surgen más cuadros.  A pesar de que son muchas las tareas, a pesar de que en nuestras fuerzas armadas se quedó una gran parte de los compañeros de la Sierra, de los compañeros que participaron en la lucha por la conquista del poder, que han tenido que permanecer allí, hay cada vez más y más cuadros. 

Y decía que une al pueblo y divide funciones en los distintos hombres de la Revolución, y eso no puede ser eterno.  No solo hay que dividir las tareas administrativas, políticas, militares, económicas; hay que distribuir esta tarea también de orientación, de conversación con el pueblo.  Y esto lo podemos plantear un día como hoy.  A los ocho años de Revolución debemos cada día más dividir las funciones, cada día más hacer un trabajo de tipo colectivo, cada vez más y más hombres preparados para todas las tareas.  Y así también con nuestras concentraciones:  otros compañeros deben venir también a hablar (APLAUSOS).  Un día viene Fidel, otro día viene Raúl, otro día viene el compañero Dorticós, otro día viene otro compañero, otro día viene Almeida, otro día viene Ramiro, otro día Guillermo y otro día viene Armando (APLAUSOS).  El Comité Central, en dos palabras —como dicen ustedes (APLAUSOS). 

Y ya otro día se van cambiando las consignas y en vez de la consigna “todos con Fidel”:  Todos con el Partido”, “todos con el Comité Central del Partido” (APLAUSOS). 

Tenemos que irnos acostumbrando a eso; nada puede ser más importante, más saludable que eso y, además, nada más justo.  ¿En qué sentido justo?  ¿En el sentido de que los compañeros vean como un privilegio usar la tribuna?  ¡No!, en otro sentido.  Porque 15 años han tenido que dedicar los compañeros, muchos compañeros de la Revolución, a esa actividad práctica diaria.  ¿Cuánto tiempo para estudiar en esos 15 años? 

Sobre los hombros de un puñado relativamente pequeño de dirigentes ha caído un peso muy grande.  Corremos el riesgo de atrasarnos, corremos el riesgo de quedarnos atrás.  Y mientras más se dividan las funciones, más experiencia colectiva se acumulará; mientras más se dividan las funciones, los compañeros podrán dedicar más tiempo también a su propia superación.  Se supera el obrero, se supera toda la masa, debe superarse también toda la dirección. 

Hay compañeros en las fuerzas armadas que han tenido que estar estudiando, comandantes, internados meses enteros; los compañeros del Buró Político, los compañeros Almeida y Guillermo García (APLAUSOS), acaban de terminar un curso de un año estudiando en una escuela disciplinadamente, todos los días, por la mañana y por la tarde, estudiando cuestiones militares.  También tienen los dirigentes que estudiar cuestiones políticas, cuestiones económicas, cuestiones técnicas; otros compañeros miembros del Buró tienen que estudiar.  Raúl y Sergio del Valle tienen planeado un curso de estudios también este año. 

Y, a propósito de Raúl, me encargó que les pidiera a ustedes que excusaran su ausencia aquí hoy, donde él suele participar (APLAUSOS).  Y es que los compañeros también practican deportes y, entre ellos, el compañero Raúl —creemos que es una buena costumbre— y sufrió una pequeña distensión del ligamento externo de la rodilla.  Y eso pasa frecuentemente —ustedes vieron ayer en la pelota cómo sacaron en camilla a dos peloteros, a Urbano y a Tony González; pienso que muchos de ustedes van también al estadio—, y por eso no ha podido estar aquí presente. 

(DEL PUBLICO LE DICEN:  ¿Cómo se llama el año?”)

Va dentro de un rato (RISAS).

Estas cosas que estamos planteando significarán un avance, y los dirigentes revolucionarios podrán dedicar también más tiempo a su propia preparación, y nuevos cuadros se enfrentarán a estas tareas y a estos problemas.  Esto que les digo no representa sino el espíritu dialéctico, dinámico, revolucionario, de este proceso, porque no somos conservadores ni en los hábitos que en la propia Revolución hemos ido creando.  Tenemos que revolucionar nuestros hábitos, tenemos que ser permanentemente revolucionarios y tenemos que ser revolucionarios dentro de la Revolución; tenemos que superarnos en todo constantemente. 

Y, si enumerábamos los éxitos alcanzados, otras veces hemos expuesto también, con acritud, las críticas, los errores, las dificultades. 

No nos imaginemos, ni mucho menos, que todo está hecho; no nos imaginemos, ni mucho menos, que dejen de faltar tareas.  Cada vez serán más las tareas, cada vez será más rico el contenido de la Revolución, cada vez será más profunda su obra, cada vez será más colectiva.  Y debemos avanzar en todos los órdenes. 

Este aniversario se ha conmemorado bajo, o teniendo muy presente, el recuerdo de queridos compañeros, como Camilo (APLAUSOS PROLONGADOS), cuya estampa legendaria ha presidido estos actos, y el comandante Guevara (APLAUSOS PROLONGADOS), cuyos retratos han presidido también esta conmemoración; conmemoración revolucionaría, conmemoración transida de espíritu de solidaridad hacia los pueblos que luchan, conmemoración de la primera revolución socialista de América Latina, conmemoración del hecho que creó las esperanzas y dio aliento a los combatientes del continente. 

Por eso, nuestro mensaje de solidaridad y aliento a los combatientes revolucionarios de América Latina (APLAUSOS PROLONGADOS), nuestro mensaje de solidaridad al heroico combatiente, comandante Douglas Bravo (APLAUSOS), cuyo gesto decidido, firme y profundamente revolucionario, contribuyó a salvar la revolución venezolana de la crisis; nuestro mensaje a Luben Petkoff (APLAUSOS), a Prada (APLAUSOS), a todos los combatientes guerrilleros de Falcón y de El Bachiller (APLAUSOS). 

Hay quienes pretenden negar a estos combatientes revolucionarios, hay quienes los calumnian de manera miserable.  Pero nosotros, que conocemos esta experiencia, sabemos que algún día la historia ni siquiera se molestará en consignar los nombres de los calumniadores y detractores, ¡porque los hombres que con los pueblos hacen la historia barren calumnias y calumniadores!  (APLAUSOS.) 

Y nosotros no ocultamos que, frente a posiciones claudicantes y traidoras, nuestro Partido y nuestro pueblo apoyan moralmente a los heroicos combatientes guerrilleros de Venezuela, que han salvado la bandera revolucionaria de ese hermano país y la han llevado a su más alta expresión (APLAUSOS). 

Nuestro saludo a los guerrilleros colombianos (APLAUSOS), a Fabio Vázquez y a sus compañeros del Movimiento de Liberación Nacional (APLAUSOS), al magnífico combatiente y jefe guerrillero Marulanda (APLAUSOS). 

Nuestro saludo cálido y fraternal a César Montes, el sustituto del heroico combatiente Turcios Lima al frente de las FAR (APLAUSOS). 

Han caído valiosos combatientes, pero no han caído ni caerán jamás las banderas revolucionarias que enarbolaron (APLAUSOS). 

¡Y nuestro mensaje especial y cálido, porque nos nace de muy adentro, de ese cariño nacido al calor de nuestras luchas; nuestro mensaje, en cualquier sitio del mundo donde se encuentre, al comandante Ernesto Guevara y a sus compañeros!  (APLAUSOS PROLONGADOS.) 

Los imperialistas han matado al Che muchas veces en muchos sitios (ABUCHEOS), pero lo que nosotros esperamos, lo que nosotros esperamos, es que cualquier día, donde menos se lo imagine el imperialismo, como Ave Fénix, renazca de sus cenizas, aguerrido y guerrillero y saludable, el comandante Ernesto Guevara (APLAUSOS PROLONGADOS Y CONSIGNAS REVOLUCIONARIAS); y que algún día volveremos a tener noticias muy concretas del Che (APLAUSOS PROLONGADOS).  Por último, Viet Nam (APLAUSOS).  Hemos hablado mucho de Viet Nam, hemos analizado en numerosas ocasiones todo lo que significa la heroica lucha de Viet Nam (EXCLAMACIONES DE:  “¡Viva Viet Nam!”), lo que significa para el mundo Viet Nam y para los movimientos de liberación y para todos los pueblos hostigados por el imperialismo; cómo en Viet Nam se libra una batalla por toda la humanidad; cómo Viet Nam, al enfrentarse heroica y victoriosamente con los más poderosos, agresivos y odiados imperialistas del mundo, libra también una batalla por nosotros. 

La heroica lucha del pueblo vietnamita ha ido creando una conciencia universal imponente, avasalladora, que ha reducido el prestigio del imperialismo a su nivel más bajo en toda su historia.  Y en la medida en que ha ido llevando adelante la escalada, y cuando últimamente perpetraron su fechoría criminal de bombardear la capital de Viet Nam, esa conciencia creció aún mucho más.  Ha concitado las simpatías de todo el mundo, de las inteligencias más claras y los pronunciamientos más radicales, como los de Bertrand Russell y los de Paul Sartre (APLAUSOS), y cientos de intelectuales en Europa, en América Latina, en el mundo entero. 

Nuestro fervor y nuestra solidaridad con Viet Nam no hay que reiterarlos, porque es tan natural y tan lógico por sí mismo que un país como el nuestro, también amenazado de similares peligros, sienta hacia Viet Nam la más profunda solidaridad.  En un país como el nuestro, que ve en el imperialismo el enemigo de todos los pueblos, es natural y es lógica esa adhesión hacia Viet Nam.
Y Viet Nam está frente a una lucha a muerte, a una lucha decisiva, lucha que crece en profundidad y en intensidad. 

Y por eso, más que palabras, queremos hacia Viet Nam un gesto que lo diga todo:  y es que este año, este año nosotros lo dediquemos a Viet Nam (APLAUSOS), y que este año sea el “Año del Viet Nam Heroico” (APLAUSOS PROLONGADOS).  Y eso, eso que lo dice todo, esa es la proposición que hacemos a ustedes:  que el año 1967 sea el “Año del Viet Nam Heroico”.  Y los que estén de acuerdo que levanten la mano (TODO EL PUBLICO PRESENTE LEVANTA LA MANO.  APLAUSOS PROLONGADOS) 

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!

(OVACION)