DISCURSO PRONUNCIADO POR EL COMANDANTE FIDEL CASTRO RUZ, PRIMER SECRETARIO DEL COMITE CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA y PRIMER MINISTRO DEL GOBIERNO REVOLUCIONARIO, EN LA FERIA DE LOS FRIJOLES DE LA ANAP, EN VELAZCO, ORIENTE, EL 16 DE JUNIO DE 1967.

 

(DEPARTAMENTO DE VERSIONES TAQUIGRAFICAS

DEL GOBIERNO REVOLUCIONARIO)

 

Compañeros campesinos;

Compañeros estudiantes: 

 

Creo que están haciendo bastante bulla ahí.  Bueno:  la verdad es que en la escuela al campo se han portado muy bien, han trabajado bien; así que cuando van a los trabajos de la producción tienen un rendimiento alto. 

Estamos en plena primavera, y en la primavera suelen tener todos ustedes bastante trabajo.  Les decía que estábamos en primavera, y creo que estos son los tiempos en que hay más trabajo en el campo.  ¿No es cierto?  Ustedes están sembrando ahora, ¿qué están sembrando?  (LE DICEN:  ¡Yuca!”) ¿Yuca nada más?   (LE DICEN:  ¡Plátanos, frutabomba, frijoles!”) ¡Plátanos, frutabomba, frijoles!  En fin, el país está en plena primavera y, sobre todo, en esta provincia en estos momentos se esta llevando a cabo, está transcurriendo el período de más intenso trabajo, están terminando de hacer la fertilización de las cañas, están terminando de hacer la zafra y están empezando a limpiar la hierba; se le ha juntado todo a todo el mundo aquí en esta provincia.

Quiero con esto decir que todo el mundo tiene bastante trabajo.  Aunque, desde luego, tengo entendido que con motivo del Congreso Campesino ustedes pospusieron este festival para esta fecha.  Pero les tocó el festival que no sé si van a tener ustedes demasiado tiempo para el festival, porque un festival en plena primavera es la posibilidad de que no se ganen la emulación en el próximo año (EXCLAMACIONES DE:   “¡La ganamos, la ganamos!”).  Así que hay que celebrar el festival.  Y lo mismo nos pasa a todos nosotros; por eso vamos a conversar brevemente. 

Hace unos días, cuando tuvo lugar el Congreso Campesino, nosotros hablamos largamente sobre toda una serie de cuestiones relacionadas con los pequeños agricultores; nuestras ideas, nuestros planes.  Por eso muchas de las cosas que se expresaron allí ya ustedes las conocen.  Y sobre esto de las cosas que se dicen y las cosas que se hacen, me vienen a la memoria una serie de anécdotas que he oído en estos días de cómo se interpretan las cosas que se dicen.  Porque si nosotros dijimos:  No, el que vende en la carretera no nos metemos con él, puede vender”, pero eso no significaba que estuviéramos estimulando eso (APLAUSOS), no quería decir que consideráramos eso como una cosa honrada, no señor; fue una crítica a eso, fue una condenación —por deshonesta— de esa política.  Lo que quisimos decir es que nosotros no tomamos ninguna medida de tipo legal contra eso, porque no creíamos que era el camino, y que preferíamos apelar a la conciencia de los ciudadanos de este país y, sobre todo, a la conciencia de nuestros campesinos. 

Cuando nosotros apelamos a la conciencia de los campesinos lo hacemos en nombre de una Revolución que ha hecho lo más que ha estado a su alcance hacer por los campesinos, no todo lo que quisiéramos hacer, pero todo lo que hemos podido hacer en la medida de los recursos con que este país ha contado en estos años.  Y cada año se hace más por los campesinos y por todo el pueblo.  Y en estos mismos instantes, ya con más recursos, hay muchas cosas que no podíamos hacer años atrás y que ya se empiezan a hacer seriamente.  Todos los planes hidráulicos, todos los planes de caminos, porque si bien es cierto que los campesinos de esta región tienen una carretera, hay cientos y cientos de miles de personas en esta provincia de Oriente que cuando ustedes recorren los lugares donde viven, en un helicóptero, como nos ha ocurrido a nosotros, no se deja de percibir ya un camino de camiones o una carretera, sino que muchas veces uno se pone a buscar el trillo por donde salen y no lo encuentra. 

En muchas regiones todavía de las provincias de Camagüey y de Oriente uno se pregunta:  ¿Por dónde transitan estos campesinos, porque el camino de camiones más próximo queda a 15 kilómetros?  Y uno se pregunta:  ¿Qué ocurre cuando se enferma una persona en uno de estos sitios?, ¿qué ocurre cuando le entra un dolor a una madre de familia, a un padre, a un niño?  ¿Qué ocurre en esas condiciones, sobre todo en los tiempos de lluvia, con el terreno empantanado, la temperatura húmeda?  Sencillamente son condiciones todavía bastante duras y difíciles. 

En las montañas peor que en ningún otro sitio.  Claro está que había lugares, como por ejemplo en la Ciénaga de Zapata, donde las personas se tardaban tres días para salir, que solo podían salir en un barco cuando llegaba un barco, o como ocurría en toda la costa sur de la provincia de Oriente.  Ya en esos lugares hay carreteras hechas o hay carreteras que avanzan rápidamente, comunicando en cuestión de minutos lo que antes necesitaba días:  hay caminos que se están haciendo en todas las zonas montañosas, y que se están haciendo y se harán en un número cada vez mayor en los llanos.  

Se ha hecho todo lo que se ha podido en educación, se ha hecho todo lo que se ha podido para llevar la asistencia médica a los campos donde nunca iba ni por casualidad un médico:  aparecían los politiqueros, los candidatos y toda aquella gente hablando veinte mentiras y veinte promesas, que desde que los oía cualquiera sabía que era una mentira descarada, pero nunca se vio un médico visitando los campos, nunca se vio un grupo de trabajadores de la salud pública vacunando contra las epidemias, contra el tifus, contra la poliomielitis.  Todos los años había el azote de la poliomielitis y nadie sabía qué hijo se le iba a quedar paralítico; luego venían las epidemias de gastroenteritis, epidemias de tifus; se morían a veces el 10%, el 20% de los niños de algunas regiones.  En algunas regiones ocurrió así. 

Son todas esas cosas que se han ido erradicando.  Se ha hecho todo lo que se ha podido en materia de créditos, de ayuda cuando han venido los ciclones, cuando han venido las catástrofes naturales.  Antes cuando venía un ciclón todo eso servia de pretexto para robar dinero, acordaban créditos y se robaban el dinero cada vez que pasaba un ciclón. 

Ya no hay un solo campesino que tenga que ir a trabajar por medio peso para comprar manteca o cualquier otra cosa y después dedicar una parte del tiempo al campo; ya hoy los campesinos pueden disponer de recursos, de créditos, para dedicarse por entero al trabajo en su tierra.  Ya hoy los campesinos no tienen que tener la preocupación de los altibajos de los precios, las estafas, la inseguridad para vender los productos; ya saben que todo lo que se produzca tiene precio asegurado, tiene venta asegurada. 

Es verdad que quedan, que todavía subsisten necesidades, escaseces, pero vamos por el camino de superar todas esas cosas, que son consecuencia del atraso técnico que había en este país, de la falta de desarrollo económico que tenía este país, que desde que en los años 20 se hicieron los centrales azucareros no se volvió a construir absolutamente nada más, ni se desarrolló la economía mientras la población cada vez crecía más. 

Hay decenas y decenas de miles de campesinos en las escuelas secundarias, becados, o en las escuelas preuniversitarias, o en los institutos tecnológicos y aun en las universidades. 

Es decir que cuando nosotros apelamos a la conciencia de los campesinos, lo hacemos en nombre de una Revolución que lucha de verdad por el bienestar de todo el pueblo, y ha luchado y ha hecho todo lo que ha podido por los campesinos.  Y es verdad también que los campesinos responden, que han respondido cada vez que se les ha llamado, en los momentos de peligro, en las milicias, en los trabajos, en las tareas.  Esa es la actitud de los campesinos.  Por eso no hay derecho a que aquellos que no tienen todavía su conciencia muy, muy, muy clara, vayan a interpretar las palabras que son de crítica como una especie de aliento para hacer las cosas que no se deben hacer (APLAUSOS). 

Ocurre que a veces hay escaseces de productos, de cosas, que las producen los obreros en las ciudades; pero ocurre también que en las ciudades muchas veces faltan cosas que se producen en el campo.  Y los que producen en la ciudad la ropa con que ustedes se visten, o las medicinas con que se curan los hijos de ustedes, o las escuelas donde estudian, o los caminos por donde transitan, o los zapatos con que se calzan, son limitado; no es el que puede venir en el automóvil a comprar la gallina o el quintal de frijoles, ese no produce ni ropa ni zapatos, ni escuelas ni hospitales, ni caminos ni casas, ni vestidos ni medicinas, ni corta caña ni defiende a la patria en los momentos de peligro; son, sin embargo, los que tienen grandes ingresos, o porque tienen un timbiriche de vender cualquier cosa, y venden a montones porque hay dinero en la calle, o porque tienen algunas cosas que cobran muy caro, como a veces ocurre con el transporte, y que ganan 30 ó 40 pesos, o son burgueses que tienen miles o decenas de miles de pesos en los bancos, y vienen entonces con su dinero para obtener aquellas cosas que los que trabajan para los campesinos no pueden obtener, puesto que no ganan 50 pesos en un día ni tienen miles de pesos en los bancos. 

Y tenemos que pensar con sentido colectivo, tenemos que pensar que la patria es una, de que el pueblo es uno, y que nadie puede prescindir de los demás, que todos nos necesitamos unos a otros y que cada cosa que ustedes usan se produce en otro sitio, todo lo que traen puesto, casi todo lo que consumen de productos industriales, muchos de los productos alimenticios, y que de la misma manera los que producen todos estos bienes necesitan de las cosas que ustedes producen. 

Por eso nosotros apelamos, con toda la autoridad moral que justifica la Revolución misma, a la conciencia de los campesinos.  Y no tenemos dudas de que con esa conciencia —salvo excepciones— se puede contar.  Incluso hay muchos que lo hacen no de mala fe ni por razones especulativas, sino porque no piensan en estas cosas.  Y todavía un amigo, le dice, y por la pena de que se vaya con las manos vacías... 

Pasa lo mismo que pasaba cuando la política, que llegaba el compadre y le pedía el voto, y el compadre le decía:  Mire:  me van a conseguir esto, mire, compadre, que si este hombre sale yo voy a estar bien y te voy a poder ayudar”, etcétera, etcétera.  Y aunque el campesino supiera que todo eso era mentira y que nadie lo iba a ayudar de ninguna manera, iba y le daba el voto de buenazo al candidato del compadre, que a lo mejor era un garrotero, a lo mejor era un explotador de campesinos, a lo mejor era un latifundista de miles de caballerías de tierra, que cobraba renta.  Porque lo curioso es que en aquellos tiempos esos grandes latifundistas eran los que más votos sacaban en las elecciones:  comprando votos, pero el voto lo daba el guajiro que no recibía nada, porque el compadre se lo pedía.  No es que lo hiciera de malo, lo hacía de noblote, de buenazo, de inocente (APLAUSOS). 

Y esas cosas también ocurren a veces con los productos del campo.  Nosotros les decíamos a los campesinos en el Congreso que teníamos la solución de todos estos problemas de la especulación, y esa solución era la producción.  Y nosotros sabemos lo que estamos haciendo a lo largo y ancho del país, y sabemos cuánto plátano se va a producir, y cuánto arroz, y cuánta leche, y cuánta carne, y cuántas cosas; que no se van a producir en 24 horas, pero que sabemos matemáticamente cuánto va a ser año por año; cuántas vacas se están inseminando, cuántas mestizas F-1 están naciendo en nuestra ganadería, cuánta leche dan, cuántas caballerías de pasto se están sembrando, cuantas toneladas de fertilizantes.  Porque ya este año se ha estado aplicando a los campos once veces más fertilizante del que se aplicaba antes de la Revolución, y el año que viene será por lo menos, un 50% más que este año (APLAUSOS). 

Ya este año todas las cañas del país, sin excepción, todas se están fertilizando a un promedio que no baja, en ningún caso, de cuatro toneladas; y los aviones están ya regando la urea foliar, haciendo el trabajo de miles de hombres cada avión en un día.  Y el año que viene serán muchas más las caballerías de pasto que se fertilicen.  Cualquiera de ustedes puede hacer la prueba cuando quiera:  le echan un puñado de fertilizante en algunos de los potreritos y no echen en otro y verán que donde echaron el fertilizante tienen cuatro veces más. 

Y todas estas técnicas se están conociendo, todas estas técnicas se están aplicando.  Y vamos por el camino rápido de un incremento extraordinario de la producción.  Cierto es que algunas cosas llevan más tiempo, porque primero hubo que formar los inseminadores, los primeros, los maestros, los que enseñaron a los otros; después aumentar su número.  Y, claro, una vaca tarda —como ustedes saben— nueve meses en parir; la ternera tarda por lo menos dos años, y a veces tres si no come bien y 15 meses si come bien, más otro tanto tiempo para parir ella a su vez; y solo cuando ya la vaquita “cebuita” tiene nietos, entonces es que las vacas empiezan a producir.  Y es verdad que los nietos se producen relativamente pronto en la ganadería, pero también lleva tiempo, y ese tiempo se mide en años. 

Todo ese inmenso trabajo incrementará de manera extraordinaria la producción.  Como por ejemplo, todo el café que vamos a producir ya para el año 1970, donde había una meta de 2 millones y todo parece indicar que se va a quedar corta, corta, corta, es decir, la cifra, no la meta, y que la meta se va a superar considerablemente, va a superar la producción la meta que se había programado. 

¡Cien mil toneladas de fertilizantes se metieron en las montañas por esos caminos infernales!  Y ya las matas de café estas se están poniendo nuevas, como dicen los campesinos, y ya se está sembrando café en todas partes.  A ustedes, por ejemplo, nunca se les ha ocurrido sembrar ninguna matica de café...  (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO)

Ahora, antes no. 

UN COMPAÑERO.-  Antes también. 

CMDTE FIDEL CASTRO.-  ¿También?  ¿Y se daba bien?  ¿Cuándo la sembró?  Es que el café está bajando, está bajando al llano.  Pero les voy a decir una cosa:  Yo he visto que ustedes tienen algunas maticas de gandul por ahí:  debajo del gandul pueden sembrar perfectamente algunas...  (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO)

¿Que no les gusta?   ¡Claro, porque ustedes son productores de lote!  (RISAS)

Pero el gandul no les va a hacer competencia a ustedes.  No se preocupe.  Siembre el gandul, que es bueno y es un problema de hábito, es muy rico en nutrientes, se podrá producir también en cantidades grandes y se podrá utilizar para consumo humano a precios más baratos. 

Pero no se trata de eso.  Les decía que en cualquiera de estas sombras ustedes pueden producir las matas de café sin problemas, y al sol también.  Claro, que estamos aquí ya en pleno llano, y si tiene un poquitico de sombra en pleno llano está un poquitico mejor, es decir, se conserva muy bien la mata, sobre todo esa variedad del Caturra, que posiblemente sea ese el que están sembrando, aunque yo no sé si el amigo trajo los granos de café de por allá... 

Entonces en ese cultivo, como en todos los demás, se está haciendo un esfuerzo de tal manera que sobrarán los productos.  Un día no habrá especuladores de ninguna clase (APLAUSOS). 

Eso pasó con el huevo, por ejemplo, se vendían a 30 centavos.  Actualmente la producción en las granjas avícolas es de no menos de 110 millones de huevos mensuales.  Pues lo mismo en su día haremos con el pollo y con todas las demás cosas, y no quedará nada —¡nada!— que pueda servir para estar especulando. 

Y naturalmente hay otra cosa:  que con el hecho de que ya ningún campesino tiene que pagar renta, ni médico, ni muchas cosas de esas, antes tenía que vender todo lo que producía allí o lo tenía guardado.  Nadie decía:  Este puerco es para comérmelo en tal fecha ni para producir manteca; este es por si hay algún enfermo.  Y el guanajo y el puerco y todo...  Entonces iba al mercado.  Hoy nadie tiene la preocupación del enfermo, ya siente una seguridad y entonces se come todo eso. 

Bueno:  está bien.  Nosotros no estamos en contra de que coma.  ... 

UNA COMPAÑERA.-  Es que se han perdido, se han perdido los puercos (RISAS). 

CMDTE FIDEL CASTRO.-  Es que parece que no hay mucho palmiche.  ¿En la fiesta no hay? 

LA COMPAÑERA.-  ¡Nada! 

CMDTE FIDEL CASTRO.-  Pero tienen el frijolito negro, que es muy sabroso (RISAS).  ¡Ah!, y el chivito.  Es que por esa loma se dan bien los chivitos, por esos potreros. 

Ahora les voy a decir una cosa:  ¿Qué es lo que debemos proponernos aquí en esta zona?  Esta es una zona tradicionalmente frijolera.  La naturaleza dotó a este territorio del privilegio de ser posiblemente la mejor zona frijolera del país.  Esa es la especialidad de ustedes:  esos frijolitos buenos, sabrosos, que ustedes producen ahí.  Eso es tradicional. 

Luego lo esencial en esta zona es el desarrollo del frijol, al igual que en otra zona el desarrollo de la caña, el desarrollo de los cítricos en otras, y así sucesivamente.  Porque la tierra tiene distintas características.  Estas son las tierras frijoleras.

Entonces debemos proponernos en esta zona no solamente sembrar el máximo posible, sino sembrarlo en condiciones técnicas óptimas.  Ustedes deben aspirar a ser los expertos en el cultivo del frijol.  Esa debe ser la emulación que ustedes tienen que ganar:  que ustedes sean los maestros en cuestión de siembra de frijoles, y hacerlo con el máximo de técnica.  Claro que con la ayuda de las instituciones nacionales.  Por ejemplo, desarrollando mejores variedades, más resistente a las sequías, más productivas, aplicando la fertilización, y también utilizando algo que se piensa aquí, la posibilidad de disponer el máximo de agua de regadío (APLAUSOS). 

Porque si disponemos de agua aquí, podemos sembrar perfectamente en septiembre sin temor a la sequía, podemos sembrar perfectamente en diciembre o en enero; y en la primavera, que llueve, podemos sembrar el frijolito carita que se porta bastante bien. 

Así que aquí se pudiera, prácticamente con riego y fertilización, sacar tres cosechas al año.  Con máquinas pueden hacer ese trabajo mucho más fácilmente que los que antes hacían sin máquina una sola cosecha.  Y esa es nuestra aspiración:  ayudarlos a poder irrigar, dondequiera que se pueda, las plantaciones para que hagan tres cosechas. 

También hay otra cosa que nosotros hemos visto por experiencia recorriendo mucho los campos.  Y es que hay una subutilización de la tierra tremenda.  Cualquiera tiene en la casa aquí un pedazo de ese tamaño, donde hay un arado por allí, tres matas casi secas por acá.  Y eso en ningún país desarrollado económicamente se toma ese privilegio de despreciar la tierra de esa forma.  Eso es propio de un país donde la tierra sobró y al principio había muy pocos habitantes, pero en los países que tienen una población numerosa y un desarrollo económico, nadie             —¡nadie!— desperdicia una pulgada de tierra.  La subutilización empieza por el patio de la casa, continúa por el potrerito donde la pobre vaca flaca come, y prosigue con mucha subutilización de la tierra, despreocupación en absoluto por la erosión.   Y yo estoy seguro de que con el uso racional de l esas tierras ustedes podrían producir más frijol y mucho más de todas las demás cosas, si por ejemplo organizan la producción esa del autoconsumo.  Porque pueden producir las viandas que necesiten, pueden producir la leche que necesiten, pueden producir las aves que necesiten, pueden producir la manteca que necesiten.  (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO)

Claro, si lo quieren criar al lado de la escuela, en el medio del pueblo y van a introducir la enfermedad...  Queremos que tengan salud, es preferible la salud que tener un puerco que pueda enfermar a la gente, ¿verdad?  Queremos criar a la gente también (RISAS).  Ese es el problema.  El puerquito es bueno pero es mejor la salud de los muchachos y de todo el mundo. 

Si ustedes fueran a un laboratorio y vieran la cantidad de bacterias que hay al lado de un corral de esos que nos lo infecta todo, se horrorizarían.  Lo que pasa es que no se ven. 

UN COMPAÑERO.-  Con agüita corriente... 

CMDTE FIDEL CASTRO.-  Sí, pero la agüita corriente necesita la alcantarilla y muchas cosas más.  Y de verdad que en el patio de la casa en el pueblo no tiene mucha justificación. 

Les decía que hay una subutilización de la tierra.  Algún día nosotros pensamos hacer otro tipo de visita por ahí, y que no es la de discurso al mediodía, sino la de ir viendo unas cuantas fincas para decirles todo lo que pueden hacer y todo lo que tienen mal hecho, incluso al que me diga que es el mejor agricultor de aquí.  Al que me diga que es el mejor, le digo:  Mire, usted tiene aquí esta tierra subutilizada, esta mezcla de esto y esto está mal, aquí estaría mejor esto.  Porque eso ocurre en todos, prácticamente, en unos más y en otros menos, pero hay una gran subutilización. 

Y cuando usted pregunta cuántos tienen pasto artificial, casi nadie tiene pasto artificial.  Y usted ve las vacas comiendo espartillo, algún sacasebo, alpargatas, todo ese tipo de hierba que no valen nada.  Jamás le han echado un puñadito de fertilizante a la pobre vaquita, y después la ordeñan y la ponen flaca y la degeneran incluso por hambre, ¿comprenden?

Así que nosotros podemos aquí —y ya en algunos lugares lo estamos haciendo— ayudar a la tecnificación de la producción, de cómo podrían autoabastecerse de todo.  Porque ahí tenemos un ejemplo en el maíz.  Todos ustedes siembran el maíz y la punta esa de maíz es para el puerco, la gallina.  Y les voy a decir una cosa a ustedes:  Con dos cordeles de maíz donde pueden sembrar pues por lo menos son unas 2 000 matas de maíz bien fertilizadas, tienen todo el maíz que se puedan comer en harina, en tamal, hervido, asado, como quiera, porque nunca le han echado un poco de fertilizante a un maíz, usted saca una mazorquita así. 

UN COMPAÑERO.-  Nosotros no conocíamos eso. 

CMDTE FIDEL CASTRO.-  ¡Ah!, no lo conocían.  Pero, además, con ese frijolito que no les gusta a ustedes, con unos cuantos cordeles de esos, les daría un rendimiento muy superior que el maíz para los pollos y para los puercos, y un alimento mucho mejor que el maíz. 

Es decir, nosotros estamos organizando, les vamos a organizar la producción del autoconsumo a los campesinos.  Y les vamos a decir:  No, miren, siembren viandas, excepto en algunas regiones que son vianderas, igual que ustedes son frijoleros.  No andar de la puntica de la yuca, que siembra todo el mundo, resolviendo los problemas del abastecimiento.  Porque con punticas de yuca no se resuelve el abastecimiento. 

Tienen una rosa de yuca, van a vender 10 quintales, y si viene el camión y no sacan la yuca se perdió el viaje, y si sacan la yuca y no viene el camión se perdió la yuca.  Y entonces tienen que estar dando saltos como un grillo, puntica por puntica, para llenar un camión de yuca, cuando en 100 caballerías, 200, se resuelve ese problema. 

Otra cosa es el plátano.  El plátano está ahí, puede esperar más, puede esperar menos, se corta, espera días, no hay que estar con el acopio ese todos los días; los frijoles se acopian una vez al año o dos veces, igual que la caña, el café, en fin casi todos los productos.  Pero eso de tener esos productos que están allí en pedacitos, eso no abastece la ciudad.  Y nosotros vamos a sembrar unas 15 000 caballerías de viandas para decirles a los campesinos, excepto a aquellos que son tradicionalmente vianderos, que hay regiones que producen o plátano o alguna cosa tradicionalmente como cultivo, pero ni la calabaza, ni la yuca, ni el boniato, ni nada de eso producirlo con las punticas esas, porque eso nunca alcanza, ¡nunca alcanza!  Y que si no llueve hay que tardarse dos meses para sembrarlo.  Hay que producir las viandas en unas 15 000 caballerías de tierra con regadl0, porque la siembra puede esperar pero el que se va a comer el boniato o la yuca no puede esperar dos meses.  Se retrasa la lluvia y no hay ni la mazorca de maíz tierno, ni la yuca, ni el plátano, ni nada.  Y cada vez que hay una sequía abajo la vianda, en espera de que la gente haya sembrado porque las aguas se retrasaron.  Y nosotros tenemos que liberarnos de eso. 

Sembrando 15 000 caballerías de vianda con regadío en las granjas estatales liberamos al campesino de la idea, de la creencia, de que él va a abastecer las ciudades; y liberamos a acopio de esos sueños de abastecer las ciudades con punticas de viandas.  Eso no resuelve. 

Entonces que los campesinos produzcan la vianda en el futuro        —esto no quiere decir que mañana le empiecen a echar la vianda a los puercos— para su autoconsumo.  Y algunos especializados en viandas en algunos grupos; pero la vianda principalmente en grandes plantaciones.  Y entonces aquí ustedes producirían el frijol y se autoabastecerían de lo demás.  

Con una hectárea —una hectárea es aproximadamente una rosa y media— sembrada de pasto fertilizado, pueden tener dos vacas de leche perfectamente alimentadas durante todo el año. 

Por ejemplo, aquí puede haber otra solución.  Si se considera que esa hectárea se necesita para el frijol porque no abunda la tierra de frijoles, no sería difícil organizar una producción de leche para toda la región.  Pero aun así no se va a acabar el mundo por eso.  Ustedes son 2 000 familias, si fueran 2 000 hectáreas, ciento y tantas caballerías de las 2 000 y tantas que tienen, resolverían el problema de la leche en abundancia y no habría ni que llevárselas allí, con dos vacas de leche, pasto artificial y un poco de fertilizante. 

Así que ustedes podrían destinar al autoabastecimiento, las 2 000 familias, una hectárea para la leche, una hectárea para las viandas —¡y les sobra!, les alcanza casi como tres veces más de lo que necesitan, pero para que no haya equivocación— y una hectárea para la producción de aves y de cerdos.  Vienen a ser unas 400 caballerías cuando más, unas 400 caballerías para el autoconsumo y quedarían aquí más de 1 000 para frijoles.  Porque si ustedes tienen dos cordeles de boniato, dos de yuca, dos de plátano, en ese plan de autoabastecimiento nosotros hasta el arroz lo ponemos de secano cuatro cordeles, dos de maíz, tenemos dos para frijoles, para que se autoabastezcan, no tengamos que llevarles frijoles allá donde también lo puede producir; se autoabastecerían incluso de café. 

Porque la idea que nosotros tenemos no es alimentar el cerdo ni el pollo con maíz.  Cuando ustedes saquen 250 quintales de maíz ahí, el día que tengan la suerte que no se les muera, ¿comprenden?, es muy raro que saquen 250 quintales.  Al frijol le sacan el doble o el triple, al frijol ese, a ese arbusto, que es una leguminosa, nada más que echándole un poco de fósforo y potasio; y cuando se puede estar muriendo allí el frijol, el otro resiste.  Miren esas matas que tienen ahí a montones, una mata de esas les da unas cuantas libras al año, ¡unas cuantas libras!  A una hectárea de gandul le pueden meter el café abajo, sembrando el café, por ejemplo, a dos por uno, es decir, entre hilera e hilera dos metros, entre mata y mata un metro; en esa hectárea, rosa y media, podrían tener 40 gallinas y las crías, cebar dos cerdos de 300 libras, consumir —ustedes no lo consumirán porque tienen del otro— y darle a la vaca en época de seca, si rebaja un poquito el pasto, cinco o seis libras durante toda la seca, o hasta más. 

Así  que, prácticamente, con unas 400 caballerías, yo estoy seguro, un poco de orden...  También habría que considerar el caso del buey.  Pero aquí se puede tener...  A veces tiene una yunta de buey este, el vecino, el otro, el otro; podrían ponerse de acuerdo y decir:  Bueno, yo voy a poner dos bueyes y ustedes me producen la leche.” Se pueden poner de acuerdo y resolver en la misma superficie, perfectamente bien, lo del buey, lo del caballo, lo de todos los otros animales que necesitan, con un poquito de organización y un poquito de técnica.  Habría vacas gordas, leche abundante; se autoabastecerían de grasa y de carne de cerdo, de leche, de huevos, de carne de aves, de todas las viandas. 

Bueno, irían a la bodega a comprar el azúcar y la sal; porque hasta el arroz, si se quiere, con cuatro cordeles y un poco de fertilización, se puede sembrar; aunque no es lo fundamental, el arroz se les puede mandar a ustedes aquí  a la bodega también, puesto que se está desarrollando considerablemente.  Esta región, por ser una región un poquito más seca, pudieran decir:  Bueno, lo único que no vamos a hacer de ese esquema es el arroz, y nos lo van a mandar aquí, todo el que necesitemos.”

Con 400 caballerías se autoabastecerían al cuádruple de lo que tienen ahora, y podrían tener 1 000 de frijoles, y todavía les quedan unos cuantos cientos más.  Haciendo las cosas nada más que con un poco de técnica y un poco de organización. 

Y creemos que se pudiera empezar por uno o dos campesinos —lo que nosotros hacemos siempre.  Se les tecnifica la producción allí a uno o dos para que los demás vean.

Eso da unos resultados tremendos.  Porque hasta que no se ve no se tiene una idea de verdad de cómo se puede lograr todo eso, sin importar la sequía, ¡sin importar la sequía!  Se puede retrasar un poquito más o un poquito menos; pero, además, resolver el problema del agua. 

Sería bueno que los compañeros de la Asociación Campesina y del Partido estudiaran, comprobaran primero toda la superficie a que está dedicada para ir haciendo un plan de cómo se tecnifica —eso lo estamos haciendo en otras regiones del país—, cómo se tecnifica la producción de los campesinos de esta región.  Es una región bastante definida, bien conocida, donde se puede llevar a cabo este plan a plenitud. 

¿Y podríamos tener de frijoles cuánto más?  Pues posiblemente unas cinco, seis, siete veces más frijoles que el que sacamos ahora:  incluyendo el regadío, incluyendo el regadío. 

Valdría la pena aquí hacer una cosa para aspirar de verdad a convertir esta región en una región de agricultura altamente tecnificada y altamente productiva.  Y ninguna cosa les satisfará a ustedes más que eso, porque la tierra compensa.  Y no es lo mismo cuando se ve una vaca flaca que una vaca gorda, no es lo mismo cuando se ve un pasto verde que un pasto amarillo, una gallina muriéndose de hambre que una gallina gorda —porque cuando va para la cazuela deja un sopón tremendo. 

Y ustedes tendrán todo con qué hacer esas cosas aquí. 

Me parece que ofrece condiciones y valdría la pena ya que aquí se ha despertado ese interés, ya que han respondido los campesinos, ya que han elevado las metas de producción, ya que han elevado las metas de acopio; valdría la pena en esta región.  Creo que esta región respondería perfectamente bien a un plan de intensificación de la producción, mediante la aplicación de fertilizantes, las máquinas y todo eso. 

Hay además algo que si nosotros lo aprendemos puede significar mucho aun en el terreno donde no haya agua para riego, que es la técnica del tratamiento al suelo. 

En estos momentos en los Pinares de Mayarí hay algunos técnicos, unos técnicos italianos, que tienen 100 años de experiencia en eso, cultivando y produciendo en regiones de las más secas de Italia, donde había sequías de siete meses:  cómo convertir el suelo en un embalse de agua, cómo trabajar el suelo para que absorba mucha más agua de la que absorbe normalmente, aumentando en un 30%, un 40%, un 50%, un ciento por ciento los rendimientos.  Y han desarrollado un sistema de conservación y de tratamiento del suelo fabuloso, increíble.  Hay que verlo. 

Y sería bueno que los compañeros del Partido organizaran un grupo de campesinos de esta región y los llevaran a los Pinares, para que vieran el área aquella, ya que ellos están allí  haciendo un trabajo de conservación de suelos, una cosa increíble.  Y que les expliquen los fundamentos de eso.  No quiere decir que lo van a aprender; van a tener una idea. 

Pero allí ya hay una escuela organizada, y se van a organizar cursos para ingenieros, para estudiantes de agricultura, de manera que tengamos miles de personas que conozcan esas técnicas. 

En una región como esta, esas técnicas pudieran tener una utilidad tremenda, esas técnicas de conservación del suelo y mejoramiento del suelo, y elevación de la productividad del suelo a base de un tratamiento para conservar el máximo de humedad en el suelo.  Son cosas técnicas, cosas nuevas. 

Y nosotros podemos proponernos aplicar todas esas técnicas aquí.  Si ustedes están dispuestos a trabajar en ese sentido, nosotros estamos dispuestos a prestarles toda la cooperación (APLAUSOS), y convertir esta región en una de las más productivas de Cuba. 

Tierras como esta no abundan, no abundan.  Y por eso hay que sacarles el máximo a estas tierras mediante el tratamiento adecuado. 

Y creo que aquí hay entusiasmo y hay conciencia suficiente para todo eso.  Creo que estamos de acuerdo en eso (APLAUSOS).  (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO.)

¿Qué superficie tiene?  Doce rosas.  Con 12 rosas sobra la cosa.  Se puede hacer perfectamente.  Las 12 vienen a ser unas 8 hectáreas.  Se resuelve todo el problema hasta con dos y media, porque no habría que incluir la parte relativa del frijol, y podría no sembrarse arroz aquí.  Es decir, porque hay muchas tierras de otro tipo en que podemos hacer la siembra de arroz, y eso significaría ahorrar unos seis cordeles de las tierras, de las hectáreas de autoconsumo.  Eso se puede resolver perfectamente bien.  Y les quedarían cinco para frijol en óptimas condiciones de producción.  Usted verá que le va a gustar lo que se va a hacer allí  (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO).

¿Diez rosas?  Se puede hacer hasta en ocho rosas, siete rosas.  En algunos casos, si es ya muy pequeño, si es menos de media caballería, se hace mucho más rigurosamente todo para reducir el área del autoconsumo.  Porque el área del autoconsumo...  Bueno, la hectárea de pasto sí la dejamos, ¡las dos vacas que no falten!  Pero la parte destinada a la hectárea de autoconsumo de viandas y eso, se puede reducir; porque una hectárea da tres veces más que lo que se consume.  Así que se puede hacer incluso el programa con dos hectáreas. 

Lo que hay es que buscar algunos equipos pequeños de riego que sirven para más de ocho rosas (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO).

Entonces, es cierto lo que estoy diciendo:  que si empezamos a trabajar aquí, aquí se consiguen 1 000 caballerías, y se produce para el autoconsumo cuatro veces más que lo que producen hoy.  Bueno, pues nosotros les vamos a brindar toda la cooperación, vamos a llevar a cabo este plan aquí (APLAUSOS). 

Los demás tendrán que apurarse.  Podemos hacerlo en los demás lugares también; en los demás lugares:  en los Alfonso, en los demás sitios, en todas las áreas estas donde se trabaja, lo podemos hacer exactamente igual, la misma política. 

Y después se pueden mejorar las condiciones de caminos, también viviendas, todas esas cosas se pueden hacer.  Vamos primero a meterle mano con todos los hierros a la producción.  Después a resolver las demás cosas (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO).

Habría que hacer un plan global contemplando todos esos problemas:  qué se necesita en obras hidráulicas, qué se necesita en caminos (EXCLAMACIONES). 

Bueno, miren, señores, este no es siquiera un plan grande; ya la Revolución hace en lugares planes de 10 000 caballerías, y en los Pinares de Mayarí hay en este momento más de 100 de vegetales sembrados; hubo que subir de 70 000 a 80 000 toneladas de materia orgánica para allá arriba.  ¿Y por qué no había ningún conuco en los Pinares?  Porque allí no se daba nada, pero nada. 

Cuando ustedes vayan, los que van a ir de aquí, verán qué cosas se producen allí.  Allí no se daba nada.  Es que en cualquier lugar se da lo que a uno le da la gana producir.  Lo que hasta ahora hemos estado muy ignorantes:  años y años cultivando la tierra sin aplicar nunca fertilización; se va agotando la tierra, se va empobreciendo, se va erosionando, se va acabando (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO).

¿La manigua esa?  Unos buldocitos dan cuenta de eso en cuestión de días. 

Bueno, vamos a hacer el plan.  Se acabó.  Hablaremos luego de todas esas cosas.  Ya nos veremos.  Ya hay algunas experiencias en algunas de esas cosas. 

Eso es lo más importante.  Les deseamos que tengan una buena cosecha y que se diviertan mucho en este festival, y que salgan victoriosos en el esfuerzo que están haciendo (EXCLAMACIONES). 

Y ya volveremos:  ¡A ver tierra!, no a mítines.  Para mítines, este mitin al mediodía, y después a trabajar allí con la técnica en los campos. 

Así que:  ¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!

(OVACION)