DISCURSO PRONUNCIADO POR EL COMANDANTE EN JEFE FIDEL CASTRO RUZ, PRIMER SECRETARIO DEL COMITE CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA y PRIMER MINISTRO DEL GOBIERNO REVOLUCIONARIO DE CUBA, EN EL ACTO CLAUSURA DE LA III CONFERENCIA NACIONAL DE LAS BRIGADAS TECNICAS JUVENILES, CELEBRADO EN EL TEATRO "LAZARO PEÑA" DE LA CTC, EL 13 DE SEPTIEMBRE DE 1974, "AÑO DEL XV ANIVERSARIO".

(DEPARTAMENTO DE VERSIONES TAQUIGRAFICAS

DEL GOBIERNO REVOLUCIONARIO)

Compañeros de la dirección del Partido y del Gobierno;

Compañeros de la dirección de la Unión de Jóvenes Comunistas; Compañeros de la comisión organizadora de los Consejos de las Brigadas Técnicas Juveniles;

Compañeros representantes de las Brigadas Técnicas Juveniles;

y compañeros integrantes de las Brigadas Técnicas de La Habana aquí presentes:

Hoy se concluye una brillante jornada de nuestro movimiento juvenil en favor del futuro del país. No es difícil comprender la importancia que tiene esta III Conferencia y este movimiento para nuestra patria.

Si pasamos revista al pasado, veremos que en estos años se han ido produciendo grandes cambios en la producción de nuestra riqueza material y de los servicios que requiere el pueblo. No hay prácticamente una sola rama de la economía o de los servicios donde no hayan ocurrido importantes cambios en el aspecto técnico.

Si analizamos, por ejemplo, la agricultura, las condiciones en que se desarrollaban las actividades agrícolas en nuestro país en el pasado y las condiciones en que se desarrollan hoy, veremos grandes diferencias. En cualquiera de las ramas agrícolas.

Por ejemplo, la agricultura cañera en el pasado no empleaba fertilizantes ni herbicidas, ni había una preocupación por las nuevas variedades de caña, ni había preocupación por enfrentar los problemas de las sequías, ni había preocupación —ni podía haberla— para enfrentar los problemas de la mecanización en el cultivo y en la cosecha de la caña. En realidad, prácticamente faltaban los mercados para nuestro azúcar, y los métodos de cultivo, eran los métodos de hacía más de un siglo, con la participación de algunas variedades que existían al principio de la Revolución —que ya prácticamente no se cultivan o no se hacen siembras nuevas con ellas en ninguna región del país—, como, por ejemplo, la famosa POJ 2878.

El solo aspecto de la cosecha ha requerido grandes esfuerzos de tipo técnico. Primero, se introdujeron las alzadoras; después, los centros de acopio; y por último, después de grandes esfuerzos, las combinadas. Primero, algunas combinadas rudimentarias que hicimos nosotros; después, algunas combinadas importadas, como las australianas, y fundamentalmente las combinadas diseñadas en la Unión Soviética, que son las que se utilizarán masivamente en el futuro y para las cuales en nuestro país se está construyendo una fábrica actualmente, capaz de producir 600 combinadas al año, en el esfuerzo por alcanzar para 1980 la mecanización del 80% de nuestra cosecha cañera —lo que implicará reducir los 370 000 trabajadores cortadores de caña que se empleaban tradicionalmente a no más de 50 000 hombres realizando estas tareas. Ello ha requerido la preparación de los campos, la creación de los campos típicos; las medidas para aplicar la mecanización, erradicando piedras, residuos de los antiguos bosques y, a la vez, coordinando todas las tareas de drenaje y de riego con esta fórmula de los campos típicos. Un enorme trabajo de tipo técnico en la agricultura cañera, que requerirá, por otra parte, que nuestro país se llene de talleres para el mantenimiento adecuado de esas combinadas, con todo el personal calificado necesario, aparte de los operadores.

En el pasado no podía siquiera pensarse en la mecanización de la caña, porque ello habría chocado con los intereses más esenciales de nuestros trabajadores, puesto que una gran parte de ellos habrían perdido el único medio de subsistencia durante una parte del año.

Si analizamos la ganadería, recordaremos que era absolutamente extensiva; no existía el pastoreo racional ni la aplicación de fertilizantes en los campos, o la lucha contra las garrapatas; no existía la inseminación artificial; no existían los requerimientos veterinarios que hoy exige nuestra ganadería, puesto que se trataba antes de una ganadería muy rústica, de escasa capacidad de producción de leche y de carne, y que en los años recientes se ha ido transformando en una ganadería de más capacidad productiva, que, desde luego, exige más cuidados y más atenciones. No existían realmente programas genéticos como los que la Revolución ha estado desarrollando durante estos años. No existía la mecanización de las actividades en la ganadería ni el ordeño mecánico, ni la electrificación de las áreas productoras de leche, a fin de lograr un producto de calidad, saludable. No exigía todos estos requerimientos que hoy demanda nuestra ganadería.

En la producción arrocera tenemos que enfrentarnos también a importantes problemas técnicos, para producir todo el arroz que necesita una población que se acerca a los 10 millones de habitantes, en grandes extensiones de tierra. Antes, incluso, el arroz en nuestro país se cosechaba a mano; hoy no se concibe sin el empleo de combinadas. Hoy no se concibe la producción arrocera sin el empleo de los pesticidas, de los herbicidas, de la irrigación; no se concibe sin grandes sistemas de presas y de regadío. Y todo ello requiere el esfuerzo de los técnicos.

No existían antes la repoblación forestal ni las investigaciones relacionadas con los bosques. No existían los programas de diversificación agrícola, como el plan de cítricos para alcanzar una extensión de área cultivada de alrededor de 260 000 hectáreas, que requiere el estudio de las mejores variedades, de las mejores técnicas, de adecuados sistemas de riego y de protección contra enfermedades y contra fenómenos naturales.

Hoy día no se concibe nuestra agricultura sin la técnica, sin los modernos métodos de cultivo, sin la química, sin el apoyo de la biología, de la sanidad animal y de la sanidad vegetal. Es decir que nuestra agricultura requiere de un esfuerzo técnico considerable.

Pero lo mismo pasa con las construcciones: los métodos tradicionales van quedando atrás. Antes, incluso las carreteras se hacían a mano, no existían planes de sistemas de riego ni de construcciones de presas; toda la construcción era por el método tradicional. Hoy día no encontramos ninguna construcción prácticamente por los métodos tradicionales; todas se mecanizan al ciento por ciento, o se mecanizan en un porcentaje muy alto, lo cual requiere empleo de miles de máquinas, nuevos proyectos, nuevos diseños y la solución de incontables problemas técnicos.

Si analizamos cualquier otra rama, por ejemplo, la pesca, era una pesca de plataforma y de pequeñas embarcaciones, que no se puede hoy comparar con nuestras grandes flotas pesqueras —las que tenemos y las que están en construcción— que laboran a miles de millas de distancia de nuestra patria, con equipos muy sofisticados y que requieren realmente un nivel técnico alto para poder explotarlos de manera racional.

Nuestra marina mercante, que no existía, hoy cuenta con decenas y decenas de grandes unidades, cuyas máquinas y cuyos equipos para su explotación necesitan de los técnicos.

Nuestra salud pública, ampliamente desarrollada, hoy no se podría llevar adelante sin el auxilio de incontables equipos modernos que auxilian a los médicos, que les revelan incesantemente, hasta en sus detalles, las pulsaciones, los latidos del corazón, la presión arterial y las numerosas reacciones físico-químicas que tienen lugar en el organismo, y sin las cuales los médicos, o no podrían diagnosticar, o no podrían aplicar las medidas adecuadas en la terapéutica de una enfermedad. La erradicación de numerosas enfermedades, los bajísimos porcentajes de mortalidad infantil, el promedio de vida actual, muy superior al que existía antes de la Revolución, no se habrían podido concebir sin el empleo de la técnica.

Como se recordaba aquí en el día inaugural de esta Conferencia, nuestros sistemas de armas modernas no se podrían concebir siquiera si no se cuenta con un personal altamente calificado en la explotación y en el mantenimiento de esa técnica.

Nuestra industria azucarera, que al triunfo de la Revolución tenía un atraso técnico de decenas de años, se va modernizando progresivamente y necesitará modernizarse cada vez más, mecanizando los procesos que no están mecanizados y automatizando muchos de esos procesos.

Nuestra industria energética hoy requiere instalaciones mucho mayores, y si antes las unidades tenían 25 000 kilowatts de capacidad, hoy no se construyen ya nuevas unidades en el país si no son por lo menos de 100 000; los sistemas están intercomunicándose. Y ya nos vamos acercando al momento en que tendremos que comenzar a utilizar la energía nuclear para la generación de electricidad.

La industria mecánica, que no existía antes de la Revolución, comenzó a desarrollarse con la Revolución y exige infinidad de técnicos y de conocimientos técnicos.

La industria química, que tampoco existía, se desarrolla hoy día. Ya tenemos algunas plantas modernas de producción de fertilizantes, que requieren un dominio técnico muy alto; un cuantioso grupo de técnicos, de jóvenes técnicos en la planta de fertilizantes de Cienfuegos, lucha por hacer funcionar esa planta al máximo de su capacidad. Y ya el próximo año comenzará a funcionar la planta de Nuevitas.

Toda la experiencia que se vaya adquiriendo en la primera planta de producción de nitrógeno, será de gran utilidad en la nueva planta que se construye ahora y en las nuevas plantas de ese tipo que tendremos que construir en el próximo quinquenio.

La industria alimenticia adquiere incesantemente nuevas capacidades productivas. Y también se desarrolla nuestra industria ligera.

Cualquier máquina de hace 15 años en la industria textil es hoy ya una máquina anticuada.

No solo en el terreno de la producción sino en el de los servicios, como el de la educación, ha tenido lugar un profundo cambio de todas las concepciones y de todos los métodos de aplicación. Es una rama de la actividad de nuestra sociedad que se revoluciona incesantemente y que requiere especialmente del auxilio de la técnica.

Pero incluso en el deporte, sin el auxilio de la técnica habría sido totalmente imposible el éxito que ha tenido la Revolución en el campo del deporte.

En días recientes —como ustedes saben— tuvo lugar aquí el Primer Campeonato Mundial de Boxeo Amateur. Y todos los visitantes hablaban muy bien de la organización del espectáculo y hablaban muy bien del público cubano, de su nivel deportivo, de su educación, y hablaban mucho también del valor y del entusiasmo de nuestros boxeadores; pero sobre todo hablaban de la elevada técnica de nuestros boxeadores, sin la cual no habría sido posible obtener cinco primeros lugares —de 11— en el Campeonato Mundial, compitiendo con decenas de países. La técnica no está ausente, ni podía estar ausente de ninguno de los éxitos de la Revolución.

Y no era fácil, sin embargo, en los primeros tiempos, forjar una conciencia en favor de la importancia de la ciencia y de la técnica en nuestro país.

Hemos hablado de los años recientes. ¿Pero cómo se concibe el futuro, cómo se puede concebir, si las actividades científico-técnicas en nuestro país no reciben un especial impulso? Pero además, ya se empiezan a percibir los frutos del enorme esfuerzo educacional llevado a cabo por la Revolución. Este año de 1974 se gradúan ya 168 000 alumnos de 6to grado. Esto es más del doble de los alumnos que se graduaron en 1970 y en 1971 juntos, y cuatro veces más alumnos graduados de 6to grado de los que se graduaban durante cuatro años en los primeros tiempos de la Revolución.

Se multiplican a lo largo y ancho del territorio nacional las escuelas secundarias básicas, las escuelas politécnicas y los institutos tecnológicos. Y con el desarrollo de los programas de estudio, y sobre todo con el gran auge que ha tenido la participación de los obreros y de los técnicos medios en los estudios superiores, las instalaciones de nuestras universidades no alcanzan para el enorme número de alumnos que están pasando a los niveles superiores.

La formación de técnicos se está convirtiendo en una actividad masiva de nuestra sociedad. Es la única forma de afrontar los requerimientos del futuro, y esto demuestra la realidad de que nuestra sociedad será cada vez más una sociedad de técnicos y de hombres de ciencia. No cejará nuestro pueblo hasta que cada joven que nazca en este país no alcance cuando menos un nivel de enseñanza media, y no alcance cuando menos el nivel de técnico medio. Si la revolución educacional prosigue por esas vías, necesariamente llegará el momento en que toda nuestra juventud tenga conocimientos técnicos.

Hay que ir preparando las condiciones para recibir esa enorme masa, y continuar su superación hacia los niveles más altos. De ahí la importancia que tiene este movimiento de las Brigadas Técnicas Juveniles, que fueron importantes ayer, son más importantes hoy y tendrán una importancia aún mayor en el futuro.

Este hermoso movimiento juvenil ha tenido sus altibajas. Se fundó en 1964. y como explican los compañeros de la Unión de Jóvenes Comunistas, tuvo ciertas dificultades en determinados momentos. Pero se fundó el movimiento. Se creó su revista, La Juventud Técnica. Y según ellos explican, en el Sexto Pleno y en el Segundo Congreso, adoptaron las medidas pertinentes para impulsar este movimiento y vigorizarlo al máximo.

De este modo, a pesar de que hace más de un año que no hay nuevos ingresos en las Brigadas Técnicas Juveniles, ya cuenta, entre brigadistas técnicos y colaboradores, con 42 500 militantes. Y la revista, que en 1965 tenía solamente 32 páginas y se editaba en número de 5 000, ya cuenta hoy con 98 páginas y una edición de 40 000.

La existencia de más de 3 000 Brigadas Técnicas Juveniles es de todas formas, a pesar de los contratiempos iniciales, un importante avance. Pero nosotros creemos que a partir de esta III Conferencia Nacional, este movimiento adquirirá un gran impulso.

Hemos sido informados del desarrollo de la conferencia, el temario de la conferencia, las comisiones y los acuerdos de la conferencia. Esta noche se ha leído aquí la declaración final. Nuestra impresión es que ha sido un evento magníficamente organizado desde su base, que se ha desarrollado bien y eficientemente, y que ha sacado magníficas conclusiones.

Como resultado del esfuerzo de esta conferencia y de los trabajos de la Comisión 1, tienen ustedes ya un reglamento, un reglamento sencillo, claro y concreto, que servirá de elemento esencial al futuro del movimiento de las Brigadas Técnicas Juveniles.

Se acordó la creación de los consejos de las brigadas técnicas, y aquí ya se presentó esta noche a la comisión organizadora del Consejo Nacional.

La Comisión 2 estudió todo lo relativo a la superación técnica y profesional y cultural de los miembros de las brigadas, individual y colectivamente. Adoptó una serie de importantes lineamientos y acordó en su resolución —una resolución final que propuso en la asamblea— llevar a cabo los concursos científico-técnicos juveniles.

La Comisión 3 analizó todo lo concerniente al espíritu creativo de las brigadas técnicas, al impulso de las investigaciones, las innovaciones y las inventivas, y acordó, igualmente, una resolución final proponiendo la celebración periódica de exposiciones con los logros creativos de las Brigadas Técnicas Juveniles.

La Comisión 4 estudió todos los aspectos de la divulgación. Se refirió ampliamente al conjunto de actividades a desarrollar en este sentido, a los programas de divulgación, al mejoramiento de la calidad y el contenido de la revista de las Brigadas Técnicas Juveniles, y propuso desarrollar la emulación entre las brigadas y la creación de un distintivo que sirviera como estímulo al esfuerzo individual y colectivo de las brigadas: la distinción de Forjadores del Futuro.

Pero además del reglamento, además de los informes finales y de las resoluciones especiales, se prestó atención a otras cuestiones, como es el problema de impulsar y de ayudar a mejorar la eficiencia administrativa de los centros de trabajo, las cuestiones relacionadas con la utilización de los técnicos, las relacionadas con el óptimo aprovechamiento de la asistencia técnica que recibe nuestro país, tomando en manos de este movimiento el problema de poner al lado de cada técnico contratado por Cuba la contraparte cubana.

Se analizó la conveniencia de impulsar y apadrinar los círculos de interés científico-técnicos en la enseñanza primaria y en la enseñanza secundaria.

Realmente las discusiones, los análisis y las conclusiones han sido muy serias y han tenido una gran eficiencia, y, a nuestro juicio, constituyen una magnífica base para impulsar este movimiento.

Nosotros creemos, realmente, que debe dársele a los trabajos de la conferencia, a los informes finales, a las resoluciones y a la declaración final, la máxima divulgación posible, porque contienen los lineamientos y las orientaciones para todos nuestros jóvenes técnicos y para todos nuestros trabajadores.

Porque tan importante como la función en sí misma útil que puede desarrollar este movimiento, está la divulgación y el impulso que puede darle a una conciencia científico-técnica en el seno de nuestra sociedad, y en especial en el seno de nuestros trabajadores.

La revista no tenemos dudas de que podrá seguir desarrollándose y podrá seguir mejorando.

Nosotros hemos tenido ocasión de hojear algunas de estas revistas, y realmente sacamos la conclusión de que esta revista sería útil no solo para los brigadistas, sino también para los cuadros políticos de nuestra Juventud y de nuestro Partido, puesto que el contenido de trabajo de los cuadros de la Juventud y del Partido tiene muchísimo que ver con la economía y con la técnica.

Cuando nosotros llegamos esta noche a este edificio y conversábamos con el compañero Landy y con el compañero Castro Palomino, él se quejaba de que había sacado un título en la Universidad, y creo que el compañero Landy le decía que se estaba olvidando ya de la química. Y yo le decía: esto se resuelve con la revista Juventud Técnica. Además, le añadía: no te lamentes, porque todos nosotros que adquirimos alguna vez algún título o algunos conocimientos, cuando ahora comparamos los textos, la materia y el contenido de lo que estudian nuestros jóvenes con lo que estudiábamos nosotros en nuestra época, nos sentimos realmente apenados y sentimos realmente envidia, puesto que ya cualquier texto de la enseñanza media, de la enseñanza primaria, de la enseñanza superior es incomparablemente mejor en todos los sentidos que los textos que nosotros teníamos a nuestra disposición, y desgraciadamente no disponemos de mucho tiempo para familiarizarnos con estos problemas apasionantes de la ciencia y de la técnica.

Pero como todo esto va a seguir en revolución y todos los avances de la ciencia y de la técnica son constantes y continuos, a todo el mundo le pasaría exactamente igual que a nosotros: que sentiría en un momento dado la necesidad de remozar y de renovar sus conocimientos.

El hombre de hoy —y sobre todo en el seno de una sociedad que se ha librado de la explotación, que se ha librado de las contradicciones internas entre explotadores y explotados, una sociedad que pone la ciencia y la técnica y la economía al servicio del pueblo— en un mundo como el mundo actual, tendrá una imperiosa necesidad de estudiar incesantemente. Podrá gustarle a unos más que a otros el estudio, pero al hombre actual, en nuestra sociedad, no le queda más remedio que estudiar desde el círculo infantil hasta la tumba (APLAUSOS).

Y esa obligación la tenemos todos absolutamente, sin ninguna excepción.

Y la revista de ustedes puede ser útil a un círculo más amplio todavía que el de las Brigadas Técnicas Juveniles: puede ser útil a la juventud toda y al Partido. Y yo por lo pronto declaro desde aquí mi disposición a inscribirme en esa revista (APLAUSOS).

Sería conveniente estudiar la posible utilidad de incluir las Brigadas Técnicas Juveniles en el personal de educación, puesto que esa rama se desarrolla impetuosamente en nuestro país. Se están formando decenas de miles de jóvenes como técnicos en la educación. Y me pregunto, ¿por qué no llevar a ese campo también las Brigadas Técnicas Juveniles, a los maestros, a los pedagogos? ¿Por qué no incluir en Juventud Técnica artículos también relacionados con la técnica pedagógica, lo cual le daría más riqueza y más amplitud de contenido?

Estudiar igualmente la conveniencia de incluir a los técnicos deportivos en el movimiento de las Brigadas Técnicas Juveniles. Si estamos construyendo en todas las provincias Institutos Tecnológicos de Educación Física y Deportes, y se considera una importantísima actividad, y al país le piden colaboración técnica en los deportes, e incluso uno de nuestros entrenadores llegó a Cuba con el equipo de boxeo de Perú, y otros entrenadores cubanos van a otros países, ¿por qué no incluir también a esos técnicos en el movimiento de las Brigadas Técnicas Juveniles? ¿Por qué no incluir a todos los jóvenes que trabajan en el campo de la ciencia y de la técnica en cualquier actividad de la Revolución, y darle mayor amplitud a este movimiento?

El país trabaja ya en la confección del Plan Quinquenal de 1976-1980. Este plan implicará un crecimiento dinámico en todas las actividades industriales, agrícolas, constructivas y en los servicios generales de la nación.

Este movimiento científico-técnico tiene que dar respuesta a las enormes tareas que se nos plantean en el terreno del desarrollo económico y social. Es necesario impulsar este movimiento. Y podríamos proponernos como meta, para 1980, duplicar con calidad y eficiencia los actuales efectivos de las Brigadas Técnicas Juveniles, y alcanzar en 1980, entre brigadistas y colaboradores, no menos de 80 000 militantes de este movimiento.

Llegará el día en que podrá tener una dimensión mucho mayor, pero este movimiento debe crecer paralelamente con el desarrollo económico y social del país. Llegará el día en que de nuestras escuelas de educación salgan decenas de miles de graduados, cada año, de nivel medio; llegará el día en que nuestros estudiantes de centros superiores se cuenten por cientos de miles, y en que por tanto la importancia de este movimiento sea cada vez mayor.

No es concebible el futuro del país sin la ciencia y la técnica, no es concebible el desarrollo del país sin la ciencia y sin la técnica. ¡Y es absolutamente imposible concebir la sociedad comunista sin la ciencia y sin la técnica! (APLAUSOS)

Cuando se dice forjadores del futuro, se dice forjadores del comunismo (APLAUSOS). En una de las resoluciones ustedes explicaban con mucha razón que la sociedad comunista no podía ser solo el producto del desarrollo de las fuerzas productivas, sino también, y muy esencialmente, del desarrollo de la conciencia del hombre (APLAUSOS). La ciencia, la técnica y la conciencia del hombre son inevitablemente los pilares de la sociedad comunista.

Cierto es que nuestro pueblo apenas inicia ese largo camino, pero no han transcurrido en balde estos años. Es para nuestro Partido y para nuestra Unión de Jóvenes Comunistas una profunda satisfacción saber que ya hay toda una nueva generación de científicos y de técnicos formada al calor de la Revolución; es una gran satisfacción pensar que ya tenemos en este movimiento más de 40 000 militantes, y ello significa una verdadera esperanza para nuestra patria.

Creemos que, independientemente de las dificultades iniciales, los compañeros de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba merecen nuestro reconocimiento y nuestra felicitación por la conciencia que tomaron de la necesidad de impulsar este movimiento científico-técnico (APLAUSOS).

Si seguimos por estos caminos, si trabajamos así, el futuro será nuestro; si se desarrolla en nuestra patria una juventud como esta, el éxito de nuestro pueblo será seguro. Y es precisamente con estas posibilidades y con estas realidades con las que soñaron siempre nuestros revolucionarios, con las que soñaron los fundadores de nuestra patria, desde Carlos Manuel de Céspedes y José Martí, hasta Abel Santamaría (APLAUSOS).

Por una juventud como esta, para que se formara en nuestra patria una juventud como esta, para crear esas condiciones, lucharon desde los que se alzaron en La Demajagua, hasta los que iniciaron esta nueva etapa en el asalto al cuartel Moncada. Una juventud seria, patriótica, responsable, entusiasta, internacionalista. Una juventud como esta que, tal como señalaron ustedes en la declaración final, es capaz ya no solo de dar respuesta a muchas de las necesidades del país, sino incluso, modestamente, enviar sus primeros técnicos a otras partes del mundo, como los médicos, o los técnicos agrícolas, o los constructores que en otros países de Asia y de Africa prestan su solidaridad a otros pueblos (APLAUSOS). Y que dondequiera que trabajan, por su espíritu comunista y por su modestia y por su trabajo, se ganan el reconocimiento y el respeto de todos.

El desarrollo del espíritu científico y técnico en el seno de nuestro pueblo tiene que ver con nuestro más importante recurso natural —como hemos dicho otras veces—, que es el hombre. Nuestro país no es rico en otros recursos naturales. Nuestro país es pobre en recursos energéticos, por ejemplo, en recursos petroleros, en carbón, en recursos hidráulicos, en bosques. Es pobre en recursos naturales de fácil explotación, sobre los cuales se puede desarrollar cómodamente una gran riqueza.

Lo que nuestro país tiene de más valioso es su propio pueblo (APLAUSOS). Su recurso más importante es la inteligencia, la energía y la salud de su pueblo.

Nuestra Revolución tiene que proponerse desarrollar al máximo esas inteligencias. He ahí por qué nuestro país dedica a la educación más recursos que posiblemente ningún otro país en el mundo. Cuba ha tenido el privilegio de hacer la primera Revolución socialista en este hemisferio; el privilegio de haber sido el primer territorio libre de América. Al lado de estas posibilidades, al lado de estas realidades, ¿qué tienen otros pueblos de América Latina? Algunos han emprendido recientemente el camino de la liberación; otros todavía están distantes de ese camino.

Con la Revolución, nuestro pueblo, nuestros niños, nuestra juventud, han adquirido esta extraordinaria posibilidad de hoy. ¿En qué otro país de América Latina se reúnen los representantes de decenas de miles de jóvenes técnicos para estudiar los problemas de su superación, de su desarrollo, de su contribución al futuro del país?

Y este hemisferio va a necesitar de científicos y de técnicos. Y ya que la naturaleza no nos dio otros recursos, sepamos aprovechar la Revolución para hacer uso de este recurso extraordinario que es la inteligencia de nuestro pueblo y desarrollar al máximo esas inteligencias (APLAUSOS).

¡Formemos decenas de miles, cientos de miles, millones de técnicos, porque no solo lo necesita nuestra patria: lo necesita la América Latina y lo necesita el mundo! (APLAUSOS)

Desde que nuestra Revolución ha instituido el estudio y el trabajo como método revolucionario de enseñanza, no debemos tener ningún temor al estudio, porque no estamos formando intelectuales puros: estamos formando trabajadores armados con la intelectualidad y con la técnica (APLAUSOS). No temamos al estudio, porque no estaremos formando hombres y mujeres inútiles para la producción, sino hombres y mujeres capaces de manejar un libro y capaces de manejar también un instrumento de trabajo (APLAUSOS); hombres y mujeres capaces de trabajar con el intelecto, y capaces de trabajar con sus brazos.

¡Y esa es la sociedad que debemos formar: una sociedad de trabajadores y de técnicos: de trabajadores técnicos y de técnicos trabajadores! (APLAUSOS)

La humanidad del futuro tiene retos muy grandes en todos los terrenos. Una humanidad que se multiplica vertiginosamente, una humanidad que ve con preocupación el agotamiento de algunos de sus recursos naturales, una humanidad que necesitará dominar la técnica, y no solo la técnica sino incluso hasta los problemas que la técnica pueda crear, como son los problemas, por ejemplo, de la contaminación del ambiente.

Y ese reto del futuro solo podrán enfrentarlo las sociedades que estén realmente preparadas. ¡Y nosotros debemos aspirar a que nuestro pueblo esté realmente preparado para afrontar ese reto! (APLAUSOS)

Eso es lo que buscamos con la revolución educacional y eso es lo que buscamos con la revolución científico-técnica.

¡Y ustedes, compañeros jóvenes de las Brigadas Técnicas Juveniles, tienen que ser los abanderados de ese movimiento! (APLAUSOS)

Ustedes en su declaración final dicen, con razón, que a la revolución social iniciada por otros, ustedes tenían que corresponder con las responsabilidades que tienen ante la revolución de la técnica, en el desarrollo y el porvenir del país. ¡Y si es cierto que en el pasado ocuparon su lugar los héroes de la guerra, en el futuro ocuparán ese lugar los héroes de la técnica! (APLAUSOS) y digo héroes, porque habrá héroes, y no héroe individual. Digo héroes, porque el heroísmo de la ciencia no podrán alcanzarlo los individuos aislados. Las complejidades y las dificultades requerirán cada vez más del esfuerzo colectivo, del esfuerzo de todos; de la comprensión, en primer lugar, de todos, y del apoyo de todos (APLAUSOS).

¡Y el futuro tendrán que construirlo los héroes de la ciencia!

Los felicitamos en nombre del Partido y en nombre del Gobierno, y los exhortamos a seguir adelante.

¡Que vivan las Brigadas Técnicas Juveniles! (EXCLAMACIONES DE: "¡Viva!")

¡Que viva nuestra Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba! (EXCLAMACIONES DE: "¡Viva!")

¡Que viva nuestro glorioso Partido Comunista! (EXCLAMACIONES DE: ¡Viva!")

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!

(OVACION)