DISCURSO PRONUNCIADO FIDEL CASTRO RUZ, PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE CUBA, EN LA INAUGURACION DEL COMBINADO DE MATERIALES DE LA CONSTRUCCION "ROBERTO MILIAN MILIAN", EN SAN MIGUEL DEL PADRON, CIUDAD DE LA HABANA, EL 7 DE NOVIEMBRE DE 1989, "AÑO 31 DE LA REVOLUCION".

(VERSIONES TAQUIGRAFICAS - CONSEJO DE ESTADO)

Compañeras y compañeros invitados;

Compañeras y compañeros del primer contingente industrial del país:

Parece que la gripe esa que anda por ahí dando vueltas, a la que llaman Monserrat, me agarró, de modo que no hay que extrañarse si la voz no sale muy clara (UNO DEL PUBLICO LE DICE: "¡Ni la gripe le hace daño a usted!") Ni la gripe, muchas, gracias; de todas formas, por culpa de esa gripe no me iba a privar de un día histórico como el de hoy y de un privilegio como el de hoy (APLAUSOS), de poder participar en la entrega de la bandera a este primer contingente industrial.

Este es un acto sencillo, mucho más sencillo de lo que habría sido acreedor un acontecimiento como este. Otras veces hemos entregado las banderas, ha estado la compañía de ceremonias, sobre todo, en los contingentes de constructores. No hubo nada de eso en esta ocasión, y es que, en realidad, la decisión no se había tomado todavía.

Los compañeros me esperaron a la entrada, dicen: "Tenemos la bandera." Los compañeros del Partido, los compañeros de la industria, los compañeros del sindicato, que creían que debía entregarse ya la bandera. Yo lo medité algunos minutos y, realmente, estuve de pleno acuerdo con la idea de entregar hoy la bandera.

Pienso que los compañeros de este colectivo se han hecho acreedores a que lo llamen ya contingente industrial, puesto que hasta ahora eran aspirantes a contingente.

Palmero explicó aquí con palabras sencillas y claras algo de la historia de cómo se formó este movimiento. También el director lo explicó desde otro ángulo, él dijo que habían ensayado distintas fórmulas para echar a andar esta industria: desde tres turnos, a dos turnos, a no sé cuántos otros inventos, hasta que por fin se les ocurrió la idea de aplicar el principio del contingente en esta fábrica. El explicó también los resultados, que son realmente asombrosos.

Nosotros habíamos oído decir hacía meses que en una industria de materiales de construcción, que había tenido muchas dificultades, que le faltaba personal, estaban aplicando los principios del contingente.

En fecha más reciente, supimos ya que durante muchos meses el colectivo venía trabajando como contingente y que los resultados eran asombrosos; por eso me decidí a dar una vuelta por esta fábrica, para conocer de cerca la experiencia.

Debo decir que, en primer lugar, me hizo una gran impresión la distribución de los talleres, la calidad de las construcciones, la extensión de los patios, la gran cantidad de productos acumulados, el orden, el espíritu de trabajo. No se veía a nadie perdiendo el tiempo, no se veía a nadie aglomerado por ninguna parte, apenas se veían los trabajadores y solo se escuchaba el ruido de los equipos no tecnológicos y de los equipos de las plantas.

Me llamó la atención, incluso, que —como decía Palmero— en este colectivo aspirante a contingente no existían todas las condiciones de atención al hombre que recibe el contingente. Ellos hacían grandes esfuerzos con los abastecimientos para tratar de mejorar lo más posible, pero estaban trabajando sus 14 horas y los abastecimientos que recibían no eran los abastecimientos para un trabajo de esa duración y de esa intensidad. No escuchamos ni una sola palabra de queja, ni un solo reclamo, ni una sola petición del colectivo de trabajadores.

Vimos que en su inmensa mayoría eran jóvenes, vecinos de aquí de San Miguel del Padrón, que acudían con puntualidad a su trabajo, se mantenían en sus puestos durante todo el día y que, además, estaban logrando grandes resultados.

Pudimos apreciar, además, el potencial de esta industria y su importancia, porque todos sabemos las aspiraciones de nuestra población —de la población de todo el país y, en especial, de la población de nuestra capital— de resolver viejos problemas que se han ido acumulando durante años, y, entre ellos, el problema de la vivienda, que se ha agudizado más por la cantidad de años en que se redujo el número de viviendas a construir, cuando el movimiento de microbrigadas perdió fuerza, cuando se aplicaron otras fórmulas que no dieron resultado, y cuando realmente nos faltaba fuerza de trabajo para resolver el problema de la construcción de las viviendas en la capital y de la construcción de otras muchas obras sociales. Esto dio lugar a la idea de volver a fortalecer y desarrollar el movimiento de las microbrigadas.

Esta capital casi ha duplicado su población en los 30 años de Revolución. Como ustedes saben, siempre se produjo algún movimiento desde otras provincias del país hacia la capital.

Hubo cierto movimiento de la capital hacia Miami, lo he dicho en otros momentos. Las partes blandas de nuestra sociedad, la gente burguesa o aquellos demasiado apegados a concepciones pequeñoburguesas y burocráticas se fueron; pero los que vinieron para la capital fueron muchos más que los que se fueron para Miami, y, sobre todo, gran número de coterráneos orientales (RISAS).

Y hablar de orientales es una cosa delicada en este municipio de San Miguel del Padrón y entre los trabajadores de este colectivo, porque yo les veía las caras, y yo a los orientales los conozco no solo por su tipo, sino hasta por la forma de mirar. Claro, eso dura como dos generaciones y conozco casi hasta a los nietos de orientales, no solo por ese tipo tan inconfundible que tienen muchos orientales, esa mezcla fabulosa y magnífica, sino hasta por sus costumbres, su hablar y su mirar, digamos. Cuando vine aquí me di cuenta también de que entre el colectivo había muchos orientales y de origen oriental, y yo mismo me dije: ¡Caramba, nunca me había imaginado que los orientales fuesen tan excelentes trabajadores! (APLAUSOS)

No crean que lo dije solo porque visité este lugar, sino también porque creo que ese mismo día me reuní con los dirigentes y visité un área donde trabaja una formidable microbrigada social, que es la de Las Guásimas.

Ese mismo día creo, fuimos a ver también la fábrica de ladrillos de Managua, y me dijeron que por allí estaba el barrio insalubre de Molinet.

Llegamos a la fábrica, muy bonita también, muy bien organizadita. Me enseñan unas canteras allá, unas arboledas. Digo: ¿Dónde está el barrio de Molinet? Dice: "Ahí." "¿Pero, dónde?" Bueno, detrás de los árboles, detrás de las lomas, por esos lugares (RISAS). Digo: ¡Pero cómo saben como camuflarse los orientales, realmente! (RISAS) Construyeron el barrio insalubre y no se enteró nadie, porque no se veía ni por aire, ni por mar, ni por tierra (RISAS). Estrategas completos en el desarrollo de barrios insalubres, porque no se veía nada.

Digo: "Pero, ¿cuántos son?" "No, que ahí viven como 1 000 personas." Pregunto: "¿Cómo 1 000 personas?" "Sí." De ahí organizaron la microbrigada social. Digo: "¿Cuántos hombres y mujeres tienen?" Dice: "Tenemos como 700 microbrigadistas sociales construyendo las viviendas nuevas en Las Guásimas". Estuve preguntándoles muchas cosas de cómo trabajaban estos vecinos, qué estaban haciendo. Me dicen: "Están trabajando 14 horas diarias." Dicen que algunos eran trabajadores, fueron liberados por los centros; otras eran amas de casa, se han incorporado; otros eran muchachos que ni estudiaban ni trabajaban, se han incorporado también. Y me dice cosas asombrosas, no solo que están trabajando 14 horas. Me dice: "El ausentismo es de 0,2%." Pienso que se referían al ausentismo injustificado; siempre hay un poquito más por enfermedades y distintas cosas. Yo mismo hubiera podido alegar hoy ausencia por enfermedad (RISAS), y estoy seguro de que un médico me habría dado un certificado. Eso significa que de cada 500 si acaso faltaba uno al trabajo en aquella microbrigada social. Un verdadero milagro, una cosa realmente asombrosa, por eso dije y me reafirmé en esa convicción y en ese asombro de los fabulosos trabajadores que son los orientales.

Contaba que vinieron muchos para acá y ayudaron a agravar el problema de la vivienda. No vayan a creer que solo orientales, aquí han venido de Pinar del Río, me consta, me los he topado por ahí; han venido de Matanzas, han venido de Villa Clara. De Camagüey no han venido muchos porque no había casi nadie allí, por eso también los orientales ayudaron a poblar la provincia de Camagüey; pero aquí han venido hasta de Sancti Spíritus y de todos esos lugares, y, sobre todo, de las provincias orientales.

Naturalmente, ese crecimiento de la población agravó los distintos problemas de la capital y los barrios insalubres, que habían desaparecido en los primeros años de la Revolución, volvieron a aparecer. Vivía orgullosa la Revolución, se acabaron los barrios insalubres, hasta que al cabo de un número de años, de esta forma que explico, empezaron a desarrollarse de nuevo, no muchos.

Si ustedes visitan alguna capital latinoamericana, se pueden encontrar que el 50%, el 60% de la población vive en barrios insalubres. Claro, aquí el desarrollo del resto del país también ayudó mucho a evitar ese fenómeno de la emigración hacia la capital; el desarrollo de centros urbanos, de las viviendas, de las industrias; el desarrollo agrícola, social e industrial del resto del país, disminuyó y redujo al mínimo ese fenómeno que sufren en gran escala las capitales de América Latina.

A pesar de este renacimiento de los barrios insalubres, el cálculo en la capital es que solo entre 2,5% y el 3% de la población vive en esos barrios insalubres.

No llamo barrios insalubres a algunos edificios de estos multifamiliares, a los que llamamos ciudadelas, donde hay familias que viven en un cuarto, en dos cuarticos, bastante apretadas. En esos sí viven algunos cientos de miles.

Hace unos días estaba ajustando esta cifra con el compañero Chávez y son 210 000 los que viven en ciudadelas, y sumados los insalubres hacen unos 270 000, son casi 300 000 personas. A eso hay que añadir también los que están en viviendas con algunos problemas, con algunas dificultades; en fin, se habían ido acumulando problemas en la ciudad.

La ciudad no solo tiene problemas de viviendas, tiene otros muchos problemas que estamos tratando de abordar también. La ciudad tiene, por ejemplo, el problema de la antigüedad y la deficiencia de la red de acueductos. Ese es un problema de los más difíciles, con relación al cual nos esforzamos para encontrarle una solución. Su red es muy vieja, incluso ya disponemos de una tecnología bastante moderna sobre la forma de reparar esas redes mediante brigadas, con unos equipos especiales. Ya tenemos el primer equipo que está trabajando, estamos construyendo cinco equipos más y vamos a construir todos los necesarios para ir reparando gran parte de esa red donde hay gran desperdicio de agua.

La ciudad tiene problemas de salideros por esos mismos problemas de la red, son decenas de miles de salideros los que hay que reparar todos los años. Estamos elaborando también un programa y la organización de algunas decenas de brigadas para encontrarle solución al problema de los salideros, que no solo desperdician agua, producen encharcamiento, molestan, irritan, destruyen las calles, crean baches, etcétera.

Estamos elaborando un programita de cómo abordar sistemáticamente, digamos, el problema de los salideros.

La ciudad tiene el problema de los baches, y estamos elaborando también un programa de un número de camiones que llevan la mezcla, que llevan el cilindro vibratorio, que llevan el compresor, y estamos planeando organizar el número de brigadas necesarias para el arreglo sistemático de todas las calles. No me refiero a la construcción o reconstrucción de calles, sino al bacheo de las calles, algo que está muy asociado también al problema del transporte y a los programas de mejoramiento del transporte. Ese es otro de los programas que estamos llevando a cabo.

Existen empresas en la ciudad que construyen y reconstruyen calles. Pero también estamos aplicando otra fórmula, estamos creando brigadas de construcción de calles en los barrios periféricos de la capital, porque a la capital se le añadieron una serie de municipios como Guanabacoa, que antes formaba un municipio aparte; se le añadió este municipio de San Miguel del Padrón; se le añadieron otros municipios periféricos, como el de Arroyo Naranjo, donde vivían trabajadores, los constructores, mucha gente pobre; tenemos municipios como los de La Lisa, Marianao, Boyeros y Cotorro. Ya hace algún tiempo hemos venido organizando esas brigadas; damos un número de camiones, buldóceres, cilindros, motoniveladoras, máquinas de pavimentar, regadoras, y todos los medios necesarios para hacer calles y pavimentar calles.

Ya tenemos dos de esas brigadas, una está en San Miguel del Padrón y la otra en Arroyo Naranjo. Esas brigadas han construido decenas de calles, porque en muchos de esos municipios periféricos no había siquiera suficientes calles.

También tenemos en la ciudad los problemas de alcantarillado. Solo el 50% de esta población de 2 millones de habitantes tiene alcantarillado. No se imaginan ustedes los problemas de una ciudad de 2 millones de habitantes que, además, tiene que compartir el agua con la provincia agrícola que le debe suministrar los alimentos. Cada vez que se bombean 10 millones de metros cúbicos de agua de la provincia de La Habana para la Ciudad de La Habana, se los está quitando a la agricultura. Por ello hemos tenido que desarrollar una serie de ideas. La Revolución ha construido, prácticamente, cuantas presas se puedan construir en esta provincia, ha hecho canales de grandes extensiones; ahora mismo estamos construyendo un canal de trasvase para llevar agua del río San Juan, de Matanzas, hacia la agricultura en la provincia de La Habana, para compensar el agua que la cuenca de El Gato le quita a la provincia para la agricultura.

El día 5, Domingo Rojo, visité el dique que estamos haciendo en el sur de la provincia, en las proximidades de la costa, para proteger las aguas del manto freático para que no se salinicen, para que no vayan al mar. Creo que ese que está al oeste de Batabanó debe producir unos 300 millones de metros cúbicos de agua. Es una experiencia nueva, la estamos estudiando para ver si, incluso, elevamos más el dique, si elevamos los vertederos, porque veíamos cómo todavía sale agua. Son técnicas para proteger el manto freático y disponer de más agua, que nos alcance para la agricultura y para la ciudad.

Después vamos a trabajar de Batabanó hacia el este —este dique de que les hablo está al oeste de Batabanó—, hacia la Ciénaga de Zapata, para ver si logramos proteger otros 200 ó 300 millones de metros cúbicos adicionales, que no vayan al mar.

También estamos pensando ya cómo aprovechar, cómo tratar una parte importante de las aguas que van al mar después que pasan por la ciudad, cómo tratarlas y cómo usarlas de nuevo en la agricultura.

Estamos desarrollando todas las ideas posibles para resolver estos problemas acumulados de la capital de la república. Es un programa realmente ambicioso, pero es un programa práctico, un programa racional.

No he mencionado los problemas del transporte y los esfuerzos que se realizan actualmente con el transporte de la capital, la construcción simultánea de las ocho terminales que todavía nos faltaban, y que estaba programado terminarlas para el año 1992 y las queremos terminar a principios del año 1990, y algunas de las ocho las vamos a terminar este mismo año. para que tengamos las 30 estaciones de ómnibus que necesita la capital con capacidad suficiente para atender los ómnibus, para darles mantenimiento, para organizar mejor el transporte.

Están los problemas de las avenidas de la capital; tenemos también un programa de avenidas y de solución de viales para evitar los pasos a nivel en algunas de las avenidas. Es decir, hay un programa de construcción de viales en la capital.

Están los programas de círculos infantiles, que ustedes conocen. En solo dos años se construyeron 111 círculos. Están los programas de escuelas especiales y de policlínicos, que pensamos terminar este año. Está el programa de ampliación de los hospitales y de aumento de camas, que se ha llevado a cabo en un período de tres años, y con lo cual se ha logrado incrementar en más de 5 000 las camas de asistencia médica de la capital. Está el programa de mercados concentradores, se están construyendo simultáneamente los cuatro que necesita la capital y, al mismo tiempo, se está trabajando en más de 150 nuevos agromercados, para facilitar la distribución y disponer de todos los agromercados que necesita la capital, puesto que muchos de los productos se venden en bodegas mezclados con otros productos, y no reciben el tratamiento más adecuado para su distribución en cantidad y calidad. Hay pérdidas.

Tendremos después que trabajar en otros programas. Hay un programa de panaderías, que vienen haciéndose por decenas en la capital. Hay programas de construcción de escuelas secundarias y de escuelas primarias, para que un día todos nuestros niños tengan las instalaciones adecuadas para recibir una educación esmerada.

En todos esos programas se está trabajando. Pero tenemos, sobre todo, el programa de viviendas, pues aspiramos a llegar a 100 000 viviendas nacionalmente, y de ellas no menos de 20 000 en la capital cada año.

Todo este enorme esfuerzo de la industria de materiales se lleva a cabo, precisamente, para cumplir los programas. Y no piensen que solo se trabaja para incrementar la producción de ladrillos, de bloques de hormigón, de bovedilla, de viguetas, de terrazo, de baldosas, de mosaicos; se trabaja también para elevar la cantidad de tubos de distintos tipos que produce el país: tubos de centroacero, tubos de hormigón pretensado, tubos de fibrocemento, tubos de hierro, porque las construcciones necesitan todo esto. Hay programa de desarrollo de la producción de tubos plásticos para las viviendas de menos de cuatro pisos; programa de desarrollo de la producción de tubos de hierro fundido, para las edificaciones de muchos pisos que tenemos que construir en la capital y en otras partes del país.

Hay programas de cables eléctricos, hay programas de tuberías plásticas para la instalación de esos cables, hay programas de desarrollo de los materiales de terminación; hay programas de construcción de fábricas de pintura cementosa. Se terminó, afortunadamente, en brevísimo tiempo, la fábrica de cemento blanco de Siguaney, que nos da capacidad para 100 000 toneladas al año.

Les puedo asegurar que hay un montón de programas de la Industria de Materiales de Construcción llevándose a cabo. No se pueden olvidar los programas de producción de arena y de piedra, las canteras, las que se están construyendo, incluso, en otras provincias para suministrar a la capital, porque los yacimientos de piedra de la capital se han ido agotando. Así se construyó a gran velocidad el molino de El Purio, que tiene una capacidad de 1 200 000 metros cúbicos de piedra y arena, para suministrar fundamentalmente a la capital; se está construyendo La Molina-1, de 600 000 metros cúbicos, al oeste de La Habana, y va a comenzarse La Molina-2; se han construido dos importantes plantas de arena lavada al este de la ciudad.

En fin, hay todo un programa que no olvida nada: las tuberías de barro, las rasillas o losas de azotea no mencionadas, cuestiones de pisos. Cuando ustedes oigan hablar de mosaicos y de baldosas, quiere decir pisos. La de baldosas tiene una alta productividad, se elabora la baldosa con granito y con un procedimiento muy mecanizado. El mosaico tiene un equipamiento más artesanal, de menos productividad, pero es una de las formas de ayudar a resolver las necesidades de pisos, ya que se pueden producir materiales de una gran calidad sin grandes inversiones.

Todo eso es la industria de materiales de construcción, no solo esto que vemos aquí.

Combinados similares a este hay ocho para las dos Habana, de los cuales casi todos son nuevos, solo uno o dos estaban funcionando; hay alrededor de seis nuevos combinados. Y no cuento fábricas de ladrillos, de rasilla y otras importantes líneas, no; no cuento mueblerías de madera para hacer marcos, para hacer ventanas, para hacer puertas, que se han ido ampliando y construyendo nuevas; no hablo de la carpintería de aluminio, que se ha ido ampliando; no hablo de la fábrica "Lenin", de producción de perfiles, cuya capacidad se ha triplicado.

Todo eso es materiales de construcción; pero combinados como este, que produce baldosas, o produce mosaicos, o produce bloques, o produce terrazo, como este hay ocho para las dos Habana, entre ellos uno que está en Madruga, nuevo y uno que está en Artemisa, que creo que ha sido ampliado —ese no era nuevo—, y queda el de El Calvario. Nosotros hemos estado visitando uno por uno todos esos centros y nos proponemos seguirlos visitando, porque queremos garantizar al ciento por ciento la industria de materiales de construcción, sin la cual todos estos programas de los que estamos hablando constituirían un simple sueño.

Fíjense como Palmero dijo que solo las escuelas secundarias que están haciendo ellos en la provincia de La Habana, frigoríficas, terminales de ómnibus y otras cosas, requieren 100 000 bloques por mes; ya ustedes saben lo que son esos hombres de las brigadas del contingente poniendo bloques, es una demanda tremenda; las microbrigadas tienen una gran demanda de esos materiales.

En esta de aquí, para que sepamos bien —no los obreros, por supuesto, pero sí los invitados—, ¿qué tenemos? Tenemos cuatro fábricas de bloques; alguien dijo que tres de bloques y una de bovedilla. La bovedilla es igual que el bloque, muy parecida, solo que cambia en cierto modo la forma para poder ajustarse a la vigueta. La vigueta es una tecnología constructiva para hacer techos o para hacer pisos también, y la bovedilla es una especie de bloque que tiene unas pestañas que se ajustan a la vigueta, no es como el bloque que se pone en la pared; pero es muy parecida, hay que acercarse allí para distinguir lo que es un bloque de una bovedilla, y está hecha exactamente con el mismo material. De modo que una fábrica de bloques, si le ponen el molde adecuado, puede producir bovedilla.

Así que, para mirarla como un común denominador, aquí hay cuatro fábricas de bloques, una de las cuales está produciendo bovedilla; quizás pongan una segunda, porque tenemos que decidir, incluso, si hacemos una segunda planta de viguetas, a juzgar por la productividad de la construcción con la vigueta y de los buenos resultados. Quizás es una de las pocas cosas que nos falten por tomar una decisión.

Pero, bueno, aquí hay cuatro de bloques, una fábrica de viguetas —son cinco— y una planta de terrazo. Yo mismo no sabía bien qué era el terrazo, hasta que fui a una planta de terrazo y vi qué era: allí se hacen, por ejemplo, las piezas para escaleras de mármol de un color precioso, que pueden embellecer una construcción social como un círculo, una escuela, un hospital. Aquí mismo, en esta planta de terrazo, pueden construir 30 000 metros cuadrados de ese producto, que sirve muchísimo en las construcciones con una buena productividad. Y ellos están terminando —y eso lo está haciendo el MICONS— una fábrica de baldosas, que llevaba muchos años guardada en cajas, la están montando ahora, que hizo falta la producción de baldosas; pienso que en dos meses ellos terminan esta planta, con lo cual este combinado tendrá siete talleres, pero no produce mosaicos.

Otro, como el de Las Guásimas, tiene tres líneas de bloques y como dos líneas de mosaicos —aquel no tiene viguetas—, y tiene también una fábrica de cemento blanco. El de La Lisa, aquel tiene tres líneas de bloques —va a tener una cuarta— y dos de mosaico, cemento blanco no tiene.

Todos estos combinados necesitan sus talleres para atender montacargas, porque todo esto hay que moverlo con montacargas; o para atender los equipos tecnológicos, porque necesita tornos, fresadoras, tres o cuatro máquinas de taller, que de eso nos hemos estado preocupando, precisamente, de que a ninguno de estos combinados les falte su buen taller, las maquinarias que necesita el taller. Hemos estado haciendo cálculos de cuántas divisas hay que gastar para que no se paren los montacargas, que no les falten las ruedas, no les falten las piezas; para que no se paren ninguna de estas líneas, porque realmente son líneas muy modernas.

Lo que podemos decir de estas plantas de bloques es que están automatizados, muy automatizados; el hombre tiene que intervenir poco, el hombre tiene que dirigir el proceso, atender las máquinas, y tienen su sala de control, tienen botones, tienen todo, el hombre solo tiene que estar fundamentalmente vigilando el proceso; pero son máquinas de alta productividad y máquinas muy automatizadas, humanizan el trabajo, debemos tenerlo en cuenta, aunque no en todas está en el mismo grado.

La de terrazo, por ejemplo, no está tan mecanizada como la de bloques, pero tiene partes importantes automatizadas, ciertos procesos que dirigen allí por computadora. Y, en fin, podemos decir que este mismo combinado todo lo que tiene es bien moderno.

Aunque quizás no tan moderna, pero bastante productiva, va a ser la planta de baldosas, con capacidad de producir unos 300 000 metros cuadrados al año. Esa sola fábrica producirá pisos para miles de apartamentos, por ello mantener eso es muy importante.

Y aquí estamos en presencia, desde luego, de un combinado moderno, bien concebido, con buen espacio y con todas las condiciones necesarias. Ellos están mejorando su comedor, están poniendo sala de congelación y sala de refrigeración, además, tienen aire acondicionado en el comedor. Ampliaron la cocina a la vez que disminuyeron el número de trabajadores, porque, como explicó el director, de 300, con las medidas adoptadas, bajaron a 200. Vean ustedes cómo se reducen las necesidades de transporte para este combinado, las necesidades de abastecimiento; puede haber un abastecimiento mucho mejor —puede haber 200 alimentándose mucho mejor, que 300 alimentándose de una manera mediocre—, el transporte para llevar y traer la gente. Todo eso se hace mucho más económico, se hace mucho más racional, cuando se aplican ideas y concepciones como estas.

Y el problema que tenía la planta era falta de fuerza de trabajo, el mismo problema que tenían muchas industrias en la capital; el problema que tenían las construcciones en la capital era la falta de fuerza de trabajo, y por eso la tendencia a traer orientales —ellos, que no necesitan que los traigan, ¿comprenden?— para construir aquí en la capital. Imagínense, si el procedimiento va a ser traer orientales, los orientales se quedan, y se quedan ellos y su numerosa familia, con lo cual, en vez de resolver el problema de la vivienda, lo que hacen es que en realidad lo agravan.

Había que buscar una fórmula revolucionaria y una fórmula de masas; ya la habíamos encontrado hace algún tiempo, desgraciadamente se perdió, y había que restablecer esa forma revolucionaria y establecerla sobre bases de conceptos, incluso, más avanzados, como se ha hecho con las microbrigadas. En aquel tiempo existían las microbrigadas pero no existían los contingentes, que es una forma superior de organización de las masas, de organización de los trabajadores.

Pienso que con lo que les he estado explicando se puede comprender mejor lo que significa esta industria que tendrá alrededor de 250 trabajadores.

A ver, Homero, tú que sabes un poco de construcción, ¿un apartamento cuántos metros cuadrados de baldosas, promedio, lleva? (Homero Crabb: "Debe llevar un promedio de 60 metros cuadrados.")

¿Con 300 000 metros cuadrados de baldosas? (Homero Crabb: "Trescientos mil metros cuadrados deben dar para cerca de 10 000 apartamentos.")

Menos. Las baldosas que van a producir ahí 45 trabajadores, que es lo que lleva esa línea, dan para 5 000 ó 6 000 viviendas.

¿Cuánto llevan de bloque por apartamento? (Homero Crabb: "Bueno, de unidades de bloques son unos 1 200, 1 500 bloques, de acuerdo con el tamaño. Mil quinientos de los grandes.")

Ustedes, entre bloques y bovedillas, todo traducido a bloque, estarían produciendo bloques aquí, por lo menos, para 8 000 viviendas, solo en este combinado.

¿Estaríamos produciendo viguetas para cuánto? (LE RESPONDEN: "Para 7 000.") ¡Para siete mil viviendas! Creo que eso da una idea de la importancia que tiene esta fábrica, además, del terrazo, ¿no? Multipliquen ahora por el número de los distintos combinados.

Sabemos —y por ahí están los datos— que bloques y ladrillos se van a producir suficientes, vamos a tener una capacidad real para el equivalente a 50 000 viviendas, si todo se dedicara a viviendas. Así se han hecho los cálculos de cuántos mosaicos, cuántas baldosas se van a tener, cuánta pared; esto no incluye los prefabricados. Claro está que no todos los bloques se utilizan para viviendas; en una escuela, en un círculo, en una panadería, en una obra industrial, hay que utilizar también bloques.

La capacidad que tenía la capital —y cuando digo la capital incluyo la provincia de La Habana— era de 11 millones de bloques cuando empezó este programa y en septiembre del año que viene, cuando se terminen las seis líneas de bloques que van a montarse de aquí al 26 de Julio, las dos Habana tendrán una capacidad de 55 millones de bloques. De ladrillos se van a llevar a una capacidad de más de 80 millones; y así por el estilo se podría continuar hablando de todos estos elementos que producen estos combinados, de modo que creo que vamos a tener, realmente, una situación holgada en los materiales de construcción, para enfrentar los ambiciosos programas que estamos llevando a cabo.

Es el significado de este combinado, desde el punto de vista de los materiales, desde el punto de vista del desarrollo de los programas sociales. Pero creo que hay una cosa más importante que todo esto, que hoy está representada en este combinado, es una concepción: es la idea de la constitución del primer contingente industrial. No se sabe lo que vale eso. Ya explicaban lo que significó económicamente, que el peso de producción costaba mucho más de un peso y ahora, según explicó el director, se redujo a 62 centavos; como dijo Palmero que la productividad era de 800 y ahora es de 1 600 por hombre; ahorro de materiales, calidad de los productos, reducción de los costos en materiales, en salarios, en combustible, en todo.

Esa es la única manera de avanzar, compañeras y compañeros; esa es la única forma de desarrollar el país. Es verdad que los precios, en ocasiones, son un poco arbitrarios, y los precios que se pagan a veces por un determinado producto tal vez requieren ser, algunos de ellos, modificados; pero, más o menos, con estos datos que tenemos los precios no se modificaron en nada, en el sentido de que aquí el peso costaba producirlo más de lo que se valoraban esos productos y ahora se ha reducido casi a la mitad.

Para un país en desarrollo, para un país que tiene que vencer siglos de atraso, para un país al que se le han acumulado muchísimas necesidades y que tiene la noble y legítima aspiración de satisfacerlas, realmente no se sabe lo que vale esta concepción y este paso.

Hablando sobre los contingentes de la construcción decíamos que 100 000 hombres organizados en contingentes pueden construir lo que antes construían 400 000. Una brigada organizada como contingente produce el doble con la mitad de la gente, ¡el doble! Un equipo lo multiplica por tres, lo cuida; no se sabe lo que significará para el país el día que tengamos 100 000 hombres construyendo como contingentes. Es la única forma real y acelerada de asegurar el desarrollo del país; holgazaneando, vagueando, perdiendo el tiempo, derrochando recursos materiales, derrochando recursos humanos, derrochando combustible, derrochando materiales, derrochando equipos no avanza ningún país. Esa no es forma de construir el socialismo, ni otra forma que están inventando por ahí algunos, ¡cuidado!, que están haciendo al revés.

Nosotros estamos rectificando errores, abriéndonos los ojos, despertando a las realidades y haciendo lo que tenemos que hacer por desarrollar el país. No es mediante chapucerías, boberías y la mala calidad, y nuestro proceso revolucionario está demostrando lo que puede hacerse con el socialismo, lo cual no podría hacerse, jamás, bajo ningún concepto, en el capitalismo.

Ya yo quisiera ver alguna fábrica capitalista que haga lo que está haciendo el colectivo de este combinado, ya yo quisiera verlo (APLAUSOS); que tenga la productividad, que tenga la organización, que tenga la disciplina, la calidad creciente de lo que hace este combinado. El capitalismo no puede lograr esto jamás, porque en el capitalismo hay muchas contradicciones de intereses, hay unas insuperables contradicciones de clases que no existen, no pueden existir, no deben existir en el socialismo, en que los intereses de todos se concilian; en que no se trabaja para un explotador, se trabaja para el pueblo, y el pueblo trabaja para sí mismo.

¿Para quién trabajan aquí construyendo bloques, bovedillas y terrazos? Están trabajando para sí mismos. ¿Y los microbrigadistas para quiénes trabajan? Para sí mismos y para su pueblo, no están trabajando para ningún millonario, para ningún ricachón. En una sociedad donde no exista la explotación del hombre por el hombre, que se ha librado de esa calamidad, no hay por qué volver a tales terribles calamidades.

El hombre no puede ser tan imbécil que solo sea capaz de trabajar bajo el yugo del capitalismo, no puede ser tan imbécil el hombre. No podemos tener tan mal concepto del hombre que no lo concibamos capaz de trabajar más que como esclavo, con lo que el hombre es capaz de hacer y ha hecho. Cómo se hizo la revolución, con cuánto sacrificio, cuánto esfuerzo, cuántos hombres arriesgaron su vida, y cómo se han cumplido las misiones internacionalistas, con cuánto sacrificio, con cuánto esfuerzo; porque solo el hombre es capaz de esa nobleza de dar la vida por sus hermanos, por sus semejantes, por su pueblo, por su patria, por sus ideas, ¡solo el hombre! (APLAUSOS) Y es por lo que decimos que tenemos unas posibilidades fabulosas, que las vamos descubriendo a medida que descubrimos cosas tristes en otros países, muy tristes.

Asombrados estamos de algunos fenómenos que estamos viendo —no creo que sea este el momento de hablar—; pero asombrados estamos. ¿Adónde se puede parar por esas vías?

Claro que nosotros respetamos el derecho de cada cual a resolver los problemas de la forma en que estime conveniente; no tenemos derecho a gobernar a los demás, tampoco nadie tiene derecho a gobernarnos a nosotros, y creo que son las ideas las que van a demostrar por sí mismas su bondad o sus defectos; pero vemos claro las consecuencias que pueden tener para nosotros algunos de estos fenómenos que estamos viendo. En el momento en que nosotros estamos avanzando tremendamente, y elaborando planes y llevando a cabo programas, de todas clases, haciendo un gran esfuerzo y aplicando concepciones como esta, no sabemos qué consecuencias pueden tener los fenómenos que hoy vemos en muchos países del campo socialista, qué incidencia directa van a tener en nuestros planes, en nuestro programa, en nuestra economía.

Es por eso que debemos prepararnos para todo, lo digo y lo repito. A lo mejor un día tenemos que aplicar espíritu de contingente a todos los trabajadores del país, a todos (APLAUSOS).

A lo mejor un día tenemos que aplicar los conceptos de la guerra de todo el pueblo para la supervivencia de la Revolución y del país (APLAUSOS). Sí, esos conceptos, eso que llamamos período especial, porque nadie sabe qué tipo de problemas, en el orden práctico, pueden sobrevenir.

Cuando dicen que por ahí hay huelgas, tengan la seguridad de que nos está amenazando el riesgo de que determinados equipos no lleguen al país, y ya estamos sufriendo algunas consecuencias, pese a la gran voluntad política de continuar la cooperación con Cuba, determinados materiales, determinados equipos con los cuales estábamos contando para nuestros planes, se retrasan o no llegan.

Si los hermanos socialistas no resuelven sus problemas, nosotros podemos tener dificultades muy serias y vamos a necesitar este espíritu de lo demostrado por el colectivo de esta fábrica, de lo demostrado por los contingentes, de lo demostrado por nuestro pueblo en la concepción de la defensa, porque nosotros vamos a seguir adelante pase lo que pase. Yo creo que esta idea es muy clara: ¡Pase lo que pase! (APLAUSOS)

Nosotros vamos a seguir defendiendo el socialismo y vamos a seguir construyendo el socialismo, pase lo que pase. A nosotros sí que no nos pasa por la mente, ni remotamente, la idea de regresar al capitalismo, ni a las porquerías del capitalismo, ni a la repugnancia del capitalismo (APLAUSOS).

Tenemos suficiente experiencia para comprender que no puede ser muy duradera la euforia capitalista, porque nosotros sabemos lo que se puede hacer con el socialismo

Claro, hemos tenido que hacer un aprendizaje; de los problemas que yo les hablé y de los programas que está haciendo nuestro país —solo aquí en la capital, ya no digo en todo el resto del país—, en ningún otro sistema, en ninguna otra época, ni soñar que pudiéramos abordar la ambiciosa, pero noble idea de decir: Estos 20, 25, 30 problemas vamos a resolverlos, y vamos a resolverlos por esta vía, por esta vía y por esta vía.

Vean ustedes en qué breve período de tiempo, cuando el país ha tenido menos recursos, con más dificultades, hemos creado esta formidable base de la industria de materiales de la construcción, como estamos creando otras industrias resolviendo otros problemas sociales, y como estamos desarrollando nuestra agricultura, sobre todo, para la producción de alimentos, aceleradamente.

No es esta la situación de otros países del Tercer Mundo, que es la catástrofe. Vayan por ahí a buscar un país donde, por ejemplo, se incorpore más de un millón de personas a recibir la atención del médico de la familia por año. Eso no se lo encontrarán en ninguna parte del mundo: ni en países capitalistas desarrollados, ni en países capitalistas subdesarrollados, ni en países socialistas;no se lo encontrarán, se lo encontrarán aquí. Esto no se debe a nada, sino realmente a que hemos ido descubriendo cada vez más y hemos tomado conciencia cada vez mayor de las posibilidades del socialismo, y estamos aprendiendo a enfrentar los problemas guiándonos, sobre todo, por nuestras propias interpretaciones. Es mejor equivocarse por cuenta propia que equivocarse por cuenta ajena, aplicando nuestras concepciones del marxismo y del leninismo.

Hoy, precisamente, se cumple un aniversario más de la Revolución de Octubre (APLAUSOS). Con qué sentimiento de gratitud y de cariño miramos nosotros la figura de Lenin, y con qué emoción vemos esas palabras escritas ahí, que dicen: "¡Luchar por el prestigio y el triunfo de sus ideas!"

Ahora que el capitalismo y el imperialismo piensan que las ideas del socialismo, del comunismo y del marxismo-leninismo van abajo, nosotros tenemos más confianza que nunca en las ideas del marxismo-leninismo; más confianza y más cariño que nunca, y más admiración por Lenin (APLAUSOS); más convicción que nunca de que el único porvenir de la humanidad es el socialismo y el comunismo: es lo más humano, lo más solidario, lo más hermano, lo más fraternal que pudo concebirse jamas.

¡Y nos alegra hoy, como un homenaje a Lenin, haber constituido, oficialmente, el primer contingente industrial en nuestro país! (APLAUSOS)

Estoy seguro de que Lenin se habría sentido admirado de las cualidades de nuestro pueblo, de la capacidad de nuestro pueblo para asimilar las ideas revolucionarias y del heroísmo de nuestro pueblo, porque este ha sido un pueblo heroico. ¿Cómo conquistó este pueblo la independencia? Luchando contra España casi 30 años, un pueblo pequeño, que apenas tenía un millón de habitantes cuando empezó la Guerra de Independencia —no sé si habrá algún historiador por aquí, pero no tendría mucho más de un millón de personas nuestro país— y se enfrentó a una de las potencias más poderosas de Europa; y no solo a la potencia más poderosa, a una parte de la población que era de origen español, y a lo que nunca falta, a alguno que otro traidor, a alguna que otra gente que se pone al servicio de los colonizadores, de los enemigos de la patria todo eso.

Ese fue el mérito de nuestro pueblo, así luchó 30 años, y así luchó duro durante estas décadas para alcanzar su definitiva independencia, para alcanzar su derecho a construir una vida más justa, para alcanzar su status actual de un pueblo unido, un pueblo educado, un pueblo consciente, un pueblo culto.

Ese heroísmo se manifiesta ahora en el trabajo, y me admiraba en la visita a este centro ver ese espíritu, esa forma natural, sencilla, de cumplir el deber de los trabajadores de este centro, de los hombres adultos y de los jóvenes. Ellos demuestran qué puede hacerse, por lo menos en este tipo de fábrica. No todas las fábricas son iguales, no piensen ustedes que nosotros creemos que todas las recetas pueden ser exactamente aplicadas en cualquier circunstancia, o en cualquier taller, o en cualquier fábrica; nosotros meditamos mucho antes de aplicar algunos de estos conceptos a una fábrica.

Pero este movimiento puede decirse que fue espontáneo de este colectivo; no fue la dirección del Partido y del gobierno que les dijo al colectivo "hagan esto", sino fue el colectivo el que tomó la iniciativa. Fueron a ver al contingente "Blas Roca", le pidieron experiencia buscando fórmulas de solución, hasta que encontraron la fórmula de solución; de modo que lo hicieron de una forma absolutamente espontánea, pero demostraron que puede hacerse.

Sé que los demás trabajadores de los demás combinados están pensando lo mismo, pero las circunstancias no son iguales. La fábrica de mosaicos no tiene igual nivel de mecanización que la fábrica de bloques, no tiene igual nivel de mecanización que la fábrica de baldosas, es más duro.

Nosotros hemos estado en los talleres, al pie de las máquinas, y son más difíciles de manejar. Hemos visto muchachitas allí y hemos visto el peso de los moldes. Hemos estado pensando: aquí hay que humanizar este trabajo, aquí hay que buscar unos moldes mucho más ligeros, de qué material pueden hacerse, cuánto cuesta, cuánto hay que invertir hoy en la fábrica de mosaicos para reducir a la mitad el peso de esos moldes, que haga mucho más humano y más fácil el trabajo de los hombres y mujeres que laboran en esa industria.

Quiere esto decir que cuando nosotros vamos a una de bloques tenemos que ponernos a pensar de una forma, cuando vamos a una de mosaicos tenemos que ponernos a pensar de otra. No le podemos pedir al hombre más de lo que realmente puede hacer, o más de lo que pueda resistir su salud; porque nosotros no renunciamos ni un segundo al deber de cuidar al hombre y atender al hombre, y no en balde los contingentes tienen sus médicos, no en balde este contingente tiene ya su médico y su enfermera (APLAUSOS).

Y nosotros nos preocupamos, además, de la alimentación de los contingentes, y de que los hombres y mujeres de los contingentes sean las personas mejor alimentadas del país. Me consta cómo se alimentan, y tenemos que seguir esa lucha. Sé cómo se alimentan los del "Blas Roca", sé cómo se alimentan los treinta y tantos mil hombres que hoy integran los contingentes de la construcción, y sé cómo deben alimentarse un hombre y una mujer que están en la fábrica 12 ó 14 horas.

Estas ideas no se pueden aplicar mecánicamente en todas partes. Lo que se puede y se debe aplicar en todas partes es el espíritu del contingente, la disciplina del contingente, el sentido de la responsabilidad del contingente, la exigencia del contingente, la moral del contingente, el espíritu económico de los contingentes, el cálculo y el control riguroso de los costos. Eso es lo que nosotros tenemos que generalizar, eso es lo que nosotros tenemos que llevar a todas partes, no el número exacto de horas de trabajo, porque todo depende del rigor de ese trabajo, de la intensidad de ese trabajo, del nivel de automatización y mecanización de ese trabajo.

Por eso cuando hablamos del espíritu de contingente no hablamos de número de horas, sino de un espíritu, de una actitud mental, de una actitud moral, y decimos, entre otras cosas, la disciplina del contingente aplicada por el colectivo del contingente.

Pronto tendremos el congreso obrero, muchos de estos temas se están discutiendo en las asambleas de los sindicatos y creo que va a ser un congreso de gran importancia histórica, porque es que me parece que ya los contingentes y los vanguardias y otras experiencias, han suministrado una cantidad de elementos, una cantidad de criterios, una cantidad de experiencias que van a ser muy útiles en el congreso obrero.

Y ese espíritu de contingente lo necesitamos todos. No estamos apurados, los contingentes son autorizados centralmente uno por uno; no queremos que esa idea se propague a toda velocidad; no queremos que se cree un contingente donde no estén las condiciones adecuadas para crearlo, donde no estén los factores subjetivos y los factores objetivos para crearlo. Pero, ¿cómo lucharon nuestros patriotas en la Guerra de Independencia? Con espíritu de contingente. ¿Cuánto duraban sus marchas, a qué ritmo avanzaban las columnas de Maceo y de Máximo Gómez? ¿Cuántas horas trabajaron Agramonte y los combatientes camagüeyanos y los combatientes orientales en los 10 años de nuestra guerra del 68? ¿Cuánto trabajaba un combatiente de la clandestinidad? ¿Cuánto trabajaba un combatiente de la Sierra Maestra? ¿Cuánto trabajaron los combatientes internacionalistas cuando estaban cumpliendo una misión? Y así tenemos hoy mucha gente consagrada.

No vayamos a creer que ya la historia se hizo toda, no vayamos a creer que estamos delante de un mundo sin problemas; estamos delante de un mundo con problemas serios que exige consagración especial, que exige heroísmo.

¿Será toda la vida así? No, no será toda la vida así; pero en los próximos años tenemos que trabajar así, para que se pueda crear una verdadera cultura y una verdadera disciplina del trabajo, pues nos faltó eso, ¡nos faltó eso! Creer que erradicar la propiedad privada sobre los medios de producción es ya el socialismo, resulta una ilusión; es que hay que cambiar la mentalidad de los hombres, la cultura de los hombres, inculcar una cultura nueva.

Este mundo que enfrenta esta generación de cubanos y las nuevas, es un mundo complicado, es un mundo difícil, y eso requiere también el trabajo con espíritu de contingente, la lucha con espíritu de contingente, el heroísmo de los contingentes.

No nos apuramos por ir llevando a cabo todas estas ideas, todos estos proyectos. No somos partidarios de que alguno de estos proyectos o ideas se apliquen mecánicamente, sino allí donde sea necesario aplicarlo, en el momento en que sea necesario, cuando surge la necesidad, y decía anteriormente que quién sabe en qué momento los problemas objetivos del mundo de hoy nos obliguen a un máximo de heroísmo, obliguen a todo el pueblo a un máximo de espíritu de contingente.

Tengo la seguridad de que los demás combinados van a hacer, más tarde o más temprano, lo mismo que ustedes, y que se aplicarán allí las medidas adecuadas a la tecnología y a la intensidad del trabajo en la aplicación de este espíritu. Tengo la seguridad de que nuestra capacidad de producción de materiales se incrementará todo lo que haga falta, y se ha incrementado notablemente en solo dos años, ¡en solo dos años!

Aquí se dijo que en 1986 había una sola línea de bloques y ahora tiene cuatro. Creo que en la ciudad había como cuatro en total, ahora hay 15 ó 16 líneas de bloques. Más de 50 líneas de materiales se han construido solo aquí en esta provincia, o se están construyendo; pero ya una buena parte está marchando y una buena parte está produciendo. Vamos a tener todos los materiales que necesitemos; hemos luchado para eso, y esto nos permitirá transformar nuestra capital.

Vamos a suponer situaciones normales. Si ocurren cosas excepcionales, cosas catastróficas en el mundo, entonces nadie podría decir que todos nuestros planes van a marchar sin tropiezos; pero estamos trabajando con optimismo, a pesar de las incertidumbres de que hemos hablado, y no vamos a descansar un minuto en estos esfuerzos.

Si todo se desenvuelve más o menos normalmente, ustedes verán cuál será la situación de la capital en el segundo semestre del año que viene, cuando las microbrigadas de construcción de los centros de trabajo, las microbrigadas sociales de construcción, las microbrigadas de mantenimiento y remodelación, y las microbrigadas industriales, no den abasto para poder colocar todos los bloques, todas las viguetas, todos los ladrillos, todas las baldosas, todo el terrazo que seremos capaces de producir en estas fábricas.

Pienso, compañeras y compañeros, que este día es un día histórico, realmente lo digo, y no me gusta exagerar.

Nadie sabe la repercusión que tendrá la creación de este primer contingente industrial a mediano plazo, no hay que apurarse, hay que hacer las cosas bien hechas; del mismo modo que ha sido enorme la repercusión de la creación, hace apenas dos años, del primer contingente de construcción. Ya ese primer contingente tiene 23 brigadas, y ya hay más de 60 contingentes en todo el país. Y hemos ido despacio, frenando, no acelerando el movimiento de los contingentes.

Por eso pienso que también el ejemplo de ustedes va a fructificar, estén conscientes de eso, que del mismo modo que ustedes se inspiraron en el contingente "Blas Roca", decenas de miles, quizás un día cientos de miles de jóvenes y de trabajadores se inspiren en el ejemplo que ustedes acaban de sentar hoy, que ustedes han sentado con su experiencia, con su decisión de crear un contingente industrial. Creo que este solo hecho les dará a ustedes un lugar de honor en la historia de la Revolución.

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!

(OVACION)