DISCURSO PRONUNCIADO POR FIDEL CASTRO RUZ, PRESIDENTE DE LOS CONSEJOS DE ESTADO Y DE MINISTROS, EN EL ENCUENTRO CON INTELECTUALES BRASILEÑOS, EN EL PALACIO DE LAS CONVENCIONES DE ANHEMBI, SAO PAULO, BRASIL, EL 18 DE MARZO DE 1990, "AÑO 32 DE LA REVOLUCION."

(VERSIONES TAQUIGRAFICAS - CONSEJO DE ESTADO)

Queridos amigos:

Me parece mejor esta idea de que no hagamos una conversación sobre la base de preguntas y respuestas; aparecen temas muy variados, incluso se pierde el hilo de lo que se está diciendo y he tenido sesiones bastante largas de preguntas y respuestas en todas partes, y en algunos de estos salones, y con un tremendo calor (RISAS).

No se imaginan ustedes lo que era ayer este salón, algo impresionante, inolvidable, los pasillos llenos, repleto todo el salón, en una reunión con cristianos de Sao Paulo (LE DICEN QUE NO SE OYE). Decía que era impresionante, para los que no lo oyeron, y veré qué hago para que se me escuche y para que no me quede sin voz. No sé si serán estos aparatos o qué; ya ayer me pasó lo mismo en la comida, no se oía y tuve que dejar los micrófonos y hablar.

Me acordaba en ese momento de las mentiras que se dicen en la historia, porque se afirma que en Grecia había una democracia perfecta, y hablaban allá en la plaza pública, donde se reunían los ciudadanos a resolver los problemas, y en aquella época no había micrófonos, el parque debe haber sido chiquitico y los señores aquellos que participaban de la democracia deben haber sido muchos menos que ahora, porque cabían allí (RISAS), y después había decenas de miles y cientos de miles de gente sin derecho y, por último, de esclavos.

Es mejor que yo les trasmita algunas impresiones sobre la visita.

Me estimularon mucho las palabras que se pronunciaron hace unos minutos acerca de este desafío y de estas preocupaciones. Todos teníamos preocupaciones, también nosotros. En Cuba, cada vez que se habla de un viaje, realmente se desarrolla una gran preocupación; conocen la historia tenebrosa de todos los planes que ha estado organizando el imperialismo siempre para tratar, sencillamente, de eliminarnos, y eso en el pueblo crea un reflejo. Un reflejo que se expresa cada vez que hay un viaje.

Había también otra cosa, que nosotros estamos viviendo un momento excepcional y estamos preparándonos para tiempos muy difíciles. En ese sentido, todos queremos estar allá en batallas decisivas que tal vez tenga que librar nuestro país, y realmente a ninguno de nosotros nos gustaría que nos vinieran a privar ahora de esas batallas, de modo que nos gusta estar en el país donde, en definitiva, de nuestro pueblo dependerá lo que vaya a suceder.

Pero me decía también: no es posible dejarle el campo al enemigo, hay que luchar, hay que esclarecer. Se presentaba una posibilidad con motivo del cambio de gobierno. Nosotros hemos estado asistiendo, siempre que ha sido posible, en los últimos tiempos, a estas ceremonias; primero en Ecuador, después en México, más tarde en Venezuela, y ahora, en este especialísimo momento para nuestro país y para el mundo, tenía lugar este cambio de gobierno en Brasil y nos habían invitado. Yo veía razones para venir, pero a última hora, si las razones parecían equilibradas, para venir o para no venir, al fin y al cabo me terminaba diciendo a mí mismo, no se lo decía a los demás: voy porque me da la gana de ir (APLAUSOS). Digo: al fin y al cabo, los yankis no quieren que vayamos. Ellos tratan de crear las condiciones más difíciles para todo esto, y yo realmente veía el viaje como un desafío a los yankis, y ya resultaba realmente una motivación muy fuerte (RISAS). Por último, los compañeros tenían las mismas ideas, preocupaciones por un lado y comprensión por otro de la cuestión del viaje, y me resultó fácil, no encontré demasiada resistencia para hacer el viaje.

También tenía deseos de entrar en contacto con los brasileños. Así, como es norma, no se acababa de ratificar la visita, pero el lunes anunciamos que sí, que veníamos a Brasil.

El viaje no era fácil, además, por muchas razones: por razones políticas, e incluso por razones políticas internas, por la lucha, por la contienda electoral que acaba de tener lugar, por los antagonismos, por las pasiones que se desatan en cada una de estas circunstancias. Y debe haber habido mucha gente en Brasil con duda acerca del viaje: los de una proyección política porque tal vez tenían preocupaciones con la visita desde el punto de vista político, los de la derecha por una razón, los de centro por otra, los de la izquierda por otra. Y a mí me llegaban, incluso, todas esas noticias, aunque realmente muchos amigos que tenemos aquí nos expresaban, por un lado, su deseo de que se hiciera; por otro lado, sus preocupaciones sobre cómo íbamos a ser tratados, cómo se desenvolvería todo, y creo que había duda en muchos, de unos y de otros partidos.

Las circunstancias eran difíciles, pero de todas maneras —por lo que fuera, por destino, incluso— había que venir y vine.

Realmente me he sentido satisfecho. Sabía que el esfuerzo iba a ser muy grande; sabía que habría muy poco tiempo de dormir, de comer, de respirar en Brasil. Había otros problemas, muchas solicitudes de entrevistas para la televisión, para la prensa, querían prioridades. Ya me había buscado un problema, no hace mucho tiempo, porque una importantísima cadena me había pedido una entrevista alrededor de cinco años antes y dio la casualidad que un día llegó un periodista —yo ni me acordaba de aquella promesa desde hacía tanto tiempo—, me pidió una entrevista y le dije que sí; después que le dije que sí, todo el mundo me aconsejó que aquello era un desastre, que había que suspender aquella entrevista, que me iba a crear un problema tremendo, y dije: Pues sí, me creo el problema, que haya un desastre, que ocurra lo que ocurra, pero le acabo de prometer a un periodista que sí le voy a dar una entrevista. Y sencillamente le di la entrevista, y, claro, me busqué un desastre, ¿no? (RISAS)

Ahora empezaron a llegar las solicitudes, y dije: Vamos a tratar de ordenar la cosa de forma que no haya heridos, que no haya quejas y que se pueda desenvolver bien el programa. Ahora les voy a dar entrevistas a las cuatro estaciones de televisión.

Efectivamente, apenas llegué, no había tenido tiempo ni de tomar agua, me hicieron la primera entrevista, pero bajo una presión terrible, puesto que llegué, tenía que salir corriendo para un acto oficial, tenía que despedir al anterior Presidente, y bajo una presión enorme tuve que contestar las preguntas que me hicieron, y esa fue la primera entrevista.

Al otro día hice dos entrevistas más, una por la mañana y otra al anochecer; al segundo amanecer —porque aquí no hay que contar por día, sino por amaneceres (RISAS)— hice la cuarta entrevista, y hoy, por la mañana, al amanecer, hice la quinta entrevista. No han salido todas. Hay una larga entrevista de una hora y cuarenta minutos, en el programa "Cara a cara", con una periodista muy ágil, muy buena, y allí no se sabe cuántas preguntas tuve que contestar. La de hoy por la mañana sale mañana, la de "Cara a cara" sale el otro domingo.

A todo eso, llegó un momento en que le daba una entrevista a todo el que me la pedía (RISAS). Salía de una actividad y había un montón de periodistas, rompían la disciplina, rompían todo, y yo me reunía con ellos allí y les daba una entrevista. Llegaba a otros lugares y había otro montón de periodistas. Dije: Ahora le voy a dar entrevista a cuanto periodista se me ponga delante, para que no haya problemas (RISAS).

Así ha sido. Hubo una entrevista de prensa maratónica, que duró como dos horas y media. No puedo decir que fue mejor que la microentrevista que le hicieron a Quayle. Dicen que el hombre se fue furioso de allí, porque habló nada más que 20 ó 25 minutos y se fue bravo. Entonces cuando me tocó a mí, me llené de paciencia, no me puse bravo ni una sola vez, respondí preguntas durante dos horas y media; dejé a Quayle detrás, si no por la calidad de mis respuestas, por lo menos, por el tiempo que estuve respondiendo allí (RISAS Y APLAUSOS).

La cantidad de reuniones, aquí no se ha podido respirar, aquí no se ha podido comer; la única vez que he podido hacer algo por la vida fue hoy por la tarde, en que fui a hacerle una visita a Lula allá a su reparto, a saludarlo (APLAUSOS). No quería que él viniera a visitarme a una magnífica residencia que tenemos, dije: Prefiero irlo a visitar a él.

Si hubiera ganado las elecciones, lo habría tenido que saludar allá en Brasilia, ¿qué menos podía hacer ahora que saludarlo allí en su modesto barrio de Sao Bernardo? Pasé un rato muy agradable, muy relajado, un almuerzo familiar. Figúrense en qué lío metí a Lula, buscar almuerzo para cinco o seis. Creo que tenía un amigo, y cuenta: "Sin decirle nada, ni para quién era, le dije: Tengo un cumpleaños ahí y hay que organizar una comida", y estaba bien la cosa y comida típica de aquí de Sao Paulo, de Brasil; realmente pasamos un rato en familia, relajado, muy agradable.

Allí se concentraron unos vecinos delante —100 ó 150, no sé cuántos—, tuvimos que ir al balcón, y de repente vimos una cosa blanca que venía desde la retaguardia, por el flanco izquierdo, era un huevo. No se sabe a quién se lo tiraron, si a Lula o a mí (RISAS). Lejos de nosotros, cayó por allá, y yo lamentando que no me lo hubieran tirado a mí, porque, señores, tengan la seguridad de que lo frío en el acto y me lo como, porque tenía un apetito voraz (RISAS). A mí lo que me dolió fue que el huevo cayó en el suelo. Bueno, llevábamos en ayuna no se sabe cuánto tiempo.

Dicen que el gordo de allá de Panamá, que pusieron los yankis en la presidencia, estaba haciendo una huelga de hambre porque no le dan dinero; cosa, además, insólita. Creo que he hecho más huelga de hambre que el gordo Endara (RISAS); era la única manera de que alcanzara el tiempo, y por eso, realmente, en casa de Lula me sentí muy bien.

Después vinimos para acá: una reunión con los partidos; inmediatamente que se acabó la reunión con los partidos, otra entrevista de prensa; a correr a toda velocidad, porque, óiganme, mire que esta ciudad es grande, un baño de agua fría para despertarnos y volver para acá, en que realmente recibo como una especie de premio al encontrarme con ustedes, me siento con una gran libertad y he sentido la sensación, realmente, de una fiesta en familia. Cómo les agradezco a los compañeros que no hayamos convertido esto en la repetición de lo que ha habido desde hace cuatro días.

Ya podrán imaginarse ustedes las preguntas que me han hecho, de todo tipo de preguntas. Yo quería que me hicieran preguntas y más preguntas, en las entrevistas por televisión, en las entrevistas de los periodistas, en cada una de las ocasiones en que me encontré con ellos, hasta de vez en cuando algún periodista que aparecía con uno de los visitantes, porque dentro de esto he tenido que ver a muchos visitantes de los que estaban aquí, he conversado con muchos, como es lógico.

Recibí un tratamiento excelente por parte de las autoridades y también de todos los invitados; muchos amigos de Africa, de América Latina, algunos antiguos presidentes y algunos nuevos presidentes. Se ha ido creando casi casi una asociación o un club de presidentes y ex presidentes (RISAS). Ahí estaba Alfonsín, de allá de Argentina; allí estaba Sanguinetti, de Uruguay; y ha habido un avance notable. Antes no ocurría eso, antes no nos invitaban nunca y ya me estoy convirtiendo en un veterano del club de presidentes y ex presidentes (RISAS). Realmente, prefiero el papel de presidente y no de ex presidente (RISAS Y APLAUSOS). Digo: Bueno, pero soy el decano; no hablo, sin embargo, porque hay que saber utilizar la discreción.

Siempre hay discursos, lo vi en Ecuador, en otros lugares, hay un método. Uno de los caudillos, porque tenemos caudillos también, se levanta y apunta a uno para que hable y responda el brindis. Después hay otro acto y otro caudillo designa a otro; eso no está protocolizado todavía, no se sabe quién responde los brindis. A veces a uno le dan ganas de decir tres o cuatro cosas, pero se calla, se mantiene modesto, a pesar de que soy el decano.

Ahora aquí en Brasil, pues también el presidente saliente dijo unas palabras muy emotivas al terminar el mandato y nadie se para ni dice nada. Le digo yo a un ex presidente: "Mire, por qué usted no dice unas palabras." Dijo: "Realmente no debo; es que aquí está el Presidente, el nuevo, y no debo ser el que diga unas palabras." Después se le ocurre y le dice a Felipe que diga unas palabras. Se equivocó, no es por nada, estábamos en una reunión de latinoamericanos, si alguien va a dar una respuesta no debiera ser de los que representan a los que fueron los colonizadores (RISAS).

Allí tuve tiempo de pararme y expresar algo, porque de vez en cuando uno tiene deseos de decir algunas verdades, no de hablar, no de exhibirse, y me dije: no, la discreción, eso es mucho mejor. Pero seguí filosofando (RISAS), y descubro una cosa muy interesante en estos fenómenos de cambio de mando. Hay algo en ese momento en que se va a producir la trasmisión, en que un hombre que estaba ostentando una representación, una gran autoridad y un gran poder y de repente, de un día para otro, se va para su casa, y no sé por qué, pero siempre me encuentro en ese momento con esos hombres; siempre tienen un momento de conversación, realmente, agradable, humana. No voy a mencionar nombres, ni circunstancias, ese es el momento en que yo me siento más solidario con aquellos hombres y los comprendo mejor y los trato mejor; porque, además, sigo otra práctica, y es que trato mejor a los hombres cuando dejan de ser presidentes (RISAS). Es el momento, realmente, en que creo que merecen más atención, más consideración; pero hay un cierto trauma humano, en algunos más que en otros, en todos se produce, y ya me he vuelto un especialista en estas cuestiones de cambio de presidente, del momento humano, muy interesante.

Así tuve infinidad de contactos, y en esos contactos hay algo que me gustó mucho: la actitud de los trabajadores más humildes. Siempre ellos eran los que me llamaban y me pedían que querían tomarse una fotografía. Todos aquellos trabajadores que servían en las comidas, que atendían a todos los demás, que llevaban café, siempre llegaban y me llamaban, buscaban un fotógrafo y me pedían una fotografía; o llegaban los de la seguridad y los que cuidan los edificios, me llamaban y me pedían una fotografía. Yo decía: Estos hombres no deben ser muy filósofos, digamos; estos hombres posiblemente no hacen muchas elaboraciones políticas, pero indiscutiblemente que saben quiénes son sus amigos, saben quiénes son los que sienten como ellos, y lo saben, posiblemente, no por razonamientos muy elaborados, sino lo saben como por una especie de instinto que la gente tiene. Y esas cosas las vi en muchas ocasiones y en todas partes, aunque todo el mundo me trató bien, todo el mundo, sin excepción, jefes de delegaciones, funcionarios y todos; sin embargo, pude apreciar mucho esa actitud, ese gesto que tenía la gente más humilde en todas partes.

En las entrevistas de prensa, pude percatarme de algo: un nivel de confusión considerable (RISAS), un nivel de desinformación muy grande. Creo que es una lección muy objetiva del poder de los medios masivos internacionales, las agencias de cables, los satélites y todos los medios con que cuenta Estados Unidos para hacer sus campañas y hacer su propaganda. Es algo en verdad notable.

Soy, realmente, de las personas que no se desalienta y me gusta luchar, y diría que si las cosas se ponen peor me gustan más; pero apenas llegué a Brasilia, una de las primeras noticias que recibí es que alrededor de 260 diputados de la Asamblea Nacional o del Congreso habían hecho una carta solicitando unas elecciones directas en Cuba, y no solo eso, sino que estuvieran allí presentes observadores internacionales, comisiones de derechos humanos y no sé cuántas cosas más. Es lo primero que me topo. Digo: Bueno, aquí ha calado bastante toda esa campaña cuando logran hasta una mayoría.

Claro está que yo estaba sereno, ecuánime, le contesto en cualquier oportunidad, porque tengo tantas cosas para contestar a un congreso. Le puedo proponer hasta cuatro o cinco leyes de una vez, y hasta decirle: Si ustedes hacen eso, yo hago lo otro que ustedes me piden. Miren, los hubiera puesto en un apuro, realmente, terrible; porque hacen falta tantas cosas en todas partes de América Latina y hacen falta tantas cosas en cualquier país. Si me pongo a hablar de índices de todo: desnutridos, niños que llegan hasta segundo o tercer grados; índice de mortalidad infantil de un año, de 1 a 5; desempleo, subempleo; enfermedades.

Les puedo preguntar: ¿Por qué ustedes no hacen una ley y por qué no hacen un grupo parlamentario para resolver esas cosas? (APLAUSOS) Y no lo hago, no les pregunto. Digo: Realmente, a nuestra Asamblea Nacional en Cuba no se le ocurriría mandar un mensaje al gobierno de Brasil diciendo lo que tiene que hacer (APLAUSOS). Me parece que es una intromisión, una falta de respeto, de consideración, de todo. ¿Qué se diría?

Oigame, si nosotros queremos y hacemos la cuenta de lo que hay que hacer, a partir de tres o cuatro cosas, nada más, de tipo humano, en dos o tres áreas, conseguimos la firma del ciento por ciento de los diputados de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba; no conseguimos un 50% o un 55%, sino de todos, ¿pero entonces qué mundo sería este? Y para que ustedes vean qué forma de proceder. Claro, hay algunos confundidos; pero decía: A lo mejor ni eso les digo, ¿para qué?

Al otro día cambio de gobierno, discurso del nuevo Presidente en el Parlamento, y cuando llego allí veo a toda aquella gente aplaudiéndome. Digo: ¿Pero estos son la izquierda, o son los que me enviaron la carta pidiendo elecciones? Y después una larga hilera de diputados que fueron a saludarme; había de todo: de izquierda y de derecha. Pero hay uno que me lo presentan como el más derechista de todos los derechistas, viene y me saluda afectuosamente, dice que se alegra de que esté allí, y me habla en los términos más amistosos. Digo: ¿Pero estos fueron los que firmaron? Fueron varios de los que firmaron. Miren, se me quitaron los deseos de decirles algo, porque ya, al fin y al cabo, lo que vi allí, digo: ¿Cómo es el hombre, cómo es el ser humano, qué le dicen, como reacciona, por qué hoy actúa de una manera y mañana de otra? Claro, todo eso fue muy concertado, y toda esa es la línea, la tónica y las consignas que ha lanzado Estados Unidos, las viene lanzando ya hace como dos años, las campañas de plebiscito y de unas elecciones, y son los puntos en que más está machacando en este momento; pero se nota la influencia y se nota en eso, aunque el comportamiento de los hombres, después cuando se topan con nosotros, es diferente.

Créanme, de aquello me olvidé; me preocupó más cómo eso ha confundido a muchos de los representantes de la prensa, a mucha gente, y no solo aquí en Brasil, sino, por ejemplo, en Bolivia.

Ahí llegaron algunos con unas preguntas, las mismas, porque vinieron con el presidente del país, y entonces dicen: Por ahí, por favor, unos periodistas que quieren hacer unas pregunticas. Y allí tener que volverles a explicar todas las cosas, en las preguntas de muchos periodistas se ve la confusión, y no las hacen necesariamente de mala fe, sino que son confusiones que se han difundido. Lo sé también porque han introducido la confusión, incluso, en amigos nuestros, al machacar y volver a machacar sobre los mismos temas.

Han hecho pregunta sobre Nicaragua, preguntas muy, muy repetidas sobre los problemas del este de Europa: cuáles son las perspectivas ahora para el socialismo a partir de esos problemas, de los problemas en la Unión Soviética, eso es pero muy socorrido; de la cuestión de la perestroika y opiniones que tengamos nosotros, sobre todo eso; y qué le va a pasar a Cuba y cómo Cuba puede resistir, todo ese tipo de preguntas.

Sobre elecciones en Cuba, una vez y otra vez, y sobre las elecciones directas; téngase presente que esas preguntas se hacen aquí en este país, donde hubo una gran batalla por las elecciones directas, en un momento determinado, que fue el camino de cambiar la situación que estaba viviendo el país. Sobre la Revolución y lo que va a pasar después que yo me muera y todas esas cosas.

Por ahí me hicieron algunas preguntas simpáticas, si le tenía miedo a la muerte, y qué va a pasar, cómo es; y esas preguntas se repetían. Y cuándo va a haber elecciones en Cuba, ya no directas, sino cualquiera (RISAS).

Con una gran paciencia, realmente, y con agrado les fui respondiendo y más de una vez les dije a algunos periodistas, ¿por qué ustedes no profundizan en los problemas? ¿Por qué no van a la esencia de los problemas? ¿Por qué se dejan guiar por consignas? ¿Por qué se dejan arrastrar por pautas que traza el imperialismo, que lo hace de esta manera y de otra?

¡Ah, bueno!, figúrense, después de lo de Nicaragua, imagínense. "Y en Nicaragua qué pasó, y cómo pasó, y qué queda del socialismo después de la derrota de Nicaragua, y después de esto y de lo otro y de lo de más allá."

Hasta le dan al proceso de Nicaragua categoría de un proceso socialista y lo ponen exactamente en el mismo plano que Checoslovaquia, o que Bulgaria o que cualquier otro país.

Todo ese tipo de problemas lo vi y pensaba, desde luego, qué necesidad tan grande hay de esclarecer, y qué necesidad hay de dialogar y de debatir y de discutir. Lo que sí les puedo decir es que mis interrogadores, como regla, se quedaban sin contrarrespuesta, o se quedaban con la boca abierta. ¡Cuántas cosas he tenido que decir! Cualquiera podría pensar que me pasé un mes pensando todas esas cosas. Y no, se me ocurrieron en el acto muchas de ellas. Realmente nadie habría sido capaz de imaginarse tantas tonterías como he oído en estos días, y no siempre tonterías, y muchas de buena fe.

Pero me dolía, gente inteligente, gente preparada, que no viera más que un ángulo, un minúsculo ángulo, y un solo aspecto del problema.

Sobre el fenómeno de las elecciones directas ni se sabe las cosas que fui diciendo. Incluso les preguntaba: ¿Pero las elecciones directas son las únicas que existen en el mundo?

Díganme, ¿son las únicas? ¿Es la única forma de democracia que existe o que es admitida como forma democrática?

Ya resulta que no saben de nada más.

Les decíamos: "¿Ustedes saben si en Cuba hay elecciones o no? ¿Ustedes se han leído la Constitución de Cuba alguna vez?" "No." "¿Ustedes saben que en Cuba hay una constitución?" ¡Ah!, no, ellos no saben que en Cuba hay una constitución. "¿Ustedes no saben que en Cuba hay elecciones cada dos años y medio?" ¡Ah!, no, no saben. "¿Usted sabe cómo en Cuba se escogen los candidatos en cada una de las más de 10 000 circunscripciones del país?" "No." "¿Y usted sabe que allí es el pueblo y no el Partido el que postula a los candidatos?" "No." Es así.

Tuvimos la buena suerte de adoptar ese método y no el que habían hecho otros países socialistas, y cómo son aquellas: no puede haber más de ocho ni menos de dos candidatos, y en casi todas hay que ir a una segunda vuelta, porque los dos que quedan en primer lugar necesitan el apoyo de la mitad más uno.

¿Y quiénes escogen? Los vecinos. ¿A quiénes escogen? A los mejores. El Partido no puede intervenir en la postulación de un delegado de circunscripción, y ese delegado de circunscripción es el que elige todos los poderes del Estado, constituye la Asamblea Municipal, y no solo eso, elige el Poder Provincial y elige la Asamblea Nacional del Poder Popular, y más del 60% de los miembros de la Asamblea Nacional del Poder Popular son esos delegados postulados por el pueblo y elegidos por el pueblo. Puede haber alguno que no sea delegado de circunscripción y lo elijan diputado nacional. Nosotros procuramos que los cuadros fundamentales no participen en esa elección de circunscripción, para que sea de una manera espontánea y libre la selección de los que van.

Puede postularse o lo pueden elegir, pero más del 60% son aquellos delegados de base elegidos diputados por los mismos delegados de circunscripción; no es que haya uno, dos, tres y una cadena de elecciones indirectas, sino que son los mismos que eligen allí en la base los que después constituyen todos los poderes del Estado.

Entonces les digo: "¿A todos los jefes de Estado los eligen por votación directa?" "No, no sé." Digo: "Bueno, el Rey de España es jefe de Estado, ¿lo elige alguien por votación directa?" ¡No, si son descendientes de los Borbones, de no sé cuántos siglos, que tuvieron no sé que guerras dinásticas!, casi desde la época de la reina Isabel de Castilla, no por un derecho democrático, sino por un derecho genético (RISAS); son los genes trasmitidos desde la reina Isabel la Católica. Les dije: "Nadie va a España y ningún parlamento acuerda enviar un telegrama a España para que elijan al Rey por voto directo o al Jefe de Estado." Lo eligieron hace 500 años, mucho más tiempo que el que hace que me eligieron a mí por primera vez Presidente (RISAS Y APLAUSOS).

He tenido distintos cargos, primero no tenía ninguno y me hice la ilusión de que podía estar sin ninguno, hasta que realmente se crearon unos problemas tremendos, estaba todo paralizado y a mí me exigieron ser Primer Ministro, yo no quería ser Presidente; es que no me gusta el título, da la casualidad. Y a mí nadie me dice Presidente ni cosa que se parezca, a mí me dice todo el mundo Fidel y ese nombre sí que no me lo van a quitar ahora, ¿no?, porque es que soy vecino de los ciudadanos, y eso no lo entienden. Se creen que yo soy un señor todopoderoso, por allá arriba, que vive en una urna de cristal, alejado del mundo, un dios allá en el Olimpo.

Fui Primer Ministro durante mucho tiempo, había otro Presidente, y fue la dichosa nueva Constitución la que me hizo a mí Presidente, porque establecieron el cargo de Presidente del Consejo de Estado que es, a su vez, jefe de gobierno. En nuestro país no hay ni siquiera un régimen presidencialista, es una presidencia colegiada, como hay una dirección del Partido colegiada. Yo no puedo decretar un indulto por mi cuenta, esa facultad la tienen todos los presidentes en todas partes; hay que reunir al Consejo de Estado y pedir la opinión de cada uno de los miembros del Consejo de Estado para indultar a alguien. No puedo nombrar a un embajador, es el Consejo de Estado el que nombra al embajador; no puedo nombrar a un ministro, señores, ¡yo no puedo nombrar a un ministro!, es el Consejo de Estado el que nombra a los ministros, y tiene que hacer un decreto con la participación de todos. Esto no significa que yo no tenga autoridad o que no tenga influencia o que no tenga peso en la vida del país.

Dicen: "¿Qué usted hace?" Lo que hago es hablar, no doy órdenes, hablo y persuado a las personas de lo que debe hacerse; y puedo persuadir, pero no es que hago decretos, hago cosas, nombro a este por mi cuenta. Señores, yo no designo ni embajadores, ni jefes de departamentos, ni jefes de direcciones del Estado. Todo eso tiene, incluso, su mecanismo, su fórmula; todo eso tiene una política de cuadros, se estudia y considera el expediente de cada cual.

Por ahí los gobiernos se pasan todo el tiempo firmando decretos, nombrando gente. En nuestro país están muy descentralizadas, incluso, las funciones del Estado.

Entonces les sigo preguntando —no es que a cada uno le haga preguntas, a uno le hago una y a otro otra—, les digo: "¿Cuántos jefes de gobierno de Europa se eligen por voto directo?" Digo: "A Felipe no lo eligen por voto directo, ni al Primer Ministro de Italia, ni al Primer Ministro de la RFA, ni a la Primera Ministra de Inglaterra o de Grecia", los enumero todos y ninguno está elegido por voto directo, sino que votan por los parlamentarios, más o menos, en el Parlamento; a veces se reúne una coalición y nombran a un primer ministro, cuyo partido no tiene la mayoría de los votos en el Parlamento.

¿Y a los diputados cómo los eligen? Por listas, señores. Todo el mundo sabe el truco: un partido postula a 12, y pone uno, dos, tres y cuatro, como los primeros de la lista, y esos son los que van a salir. En Cuba la población elige a los delegados, y ellos eligen todos los poderes. En los países mencionados, el pueblo no participa ni en la elección directa de los diputados. Bueno, está bien, hasta me parece mejor, para que no haya una guerra entre cada uno de los aspirantes de un mismo partido. No es que lo impugne, pero no es un sistema de elección directa.

¿Por qué no les escriben allá a ellos? ¿Por qué no les plantean a toda esa gente que se elijan por voto directo? ¿Y por qué no le escriben al Primer Ministro de Japón? ¿Y por qué no hablan en Estados Unidos para que hagan otra forma de elección? Allí, en definitiva, vota el 48% de los electores, a los demás les parece una basura tan grande todo aquello que ni votan (APLAUSOS). Allí hay un solo partido, porque no hay nada más parecido en este mundo que el Partido Republicano y el Partido Demócrata, y más nada. Da lo mismo, ese es el tipo de alternancia que tienen: un partido burgués por otro partido burgués, un partido imperialista por otro partido imperialista. Y allí se turnan, y salen electos los presidentes de Estados Unidos con el 25% o 26% de los votos, y después el ciudadano en cuatro años no vuelve a saber para qué sirve el voto, ni vuelve a participar en cuatro años en la vida del país.

En nuestro país el delegado de circunscripción tiene que reunirse sistemáticamente con los electores, y rendir cuenta y explicar. El pueblo de Cuba tiene una participación en los problemas del país y en las actividades y decisiones del gobierno, que no la tiene ningún país en el mundo. Nosotros vamos de congreso en congreso de obreros, discutiendo toda la política con ellos; de congreso en congreso de mujeres; de congreso en congreso de Comités de Defensa de la Revolución; de congreso en congreso de estudiantes de nivel medio y de estudiantes de nivel universitario; de congreso en congreso de campesinos, de las masas del país organizadas, y prácticamente no hay política en nuestro país que no se discuta con cada una de esas organizaciones. Eso no pasa en ningún lugar del mundo. Y allí están la dirección del Partido y del Gobierno discutiendo cada uno de los problemas fundamentales con todas esas instituciones.

Hablan de los años en el poder y yo les digo: ¿Y a Felipe cuánto tiempo lo pueden elegir? ¿Y a la Thatcher cuánto tiempo la pueden elegir? ¿Y a Khol cuánto tiempo lo pueden elegir? ¿Y al Primer Ministro de Japón cuánto tiempo lo pueden elegir y cuántas veces? Un período, dos períodos. Hay algunos de ellos que, eufóricos, dicen: "Vamos a estar 30 años."

¿Y si Felipe tuviera la salud de Matusalén y viviera 500 años y no cometiera grandes errores? Lo pueden elegir hasta ochenta veces. Puede ser Primer Ministro 320 años. Y no van allá a preguntarle: "Felipe, ¿qué tiempo tú vas a estar aquí, chico? ¿Cuántas veces te pueden elegir a ti?"

Entonces a la Thatcher, al de Japón, al de España, los pueden elegir ochenta veces y a mí no. ¿Por qué protestan? ¿Y si me eligen y me reeligen por qué protestan? Al fin y al cabo, no he cometido tan grandes meteduras de pata (APLAUSOS). Porque si, en definitiva, nosotros, como dirigentes de la Revolución Cubana, hubiéramos cometido grandes errores, no estaríamos ahí; no estaría la Revolución, no nosotros, no estaría la Revolución, y nosotros estaríamos seguramente muertos (APLAUSOS).

¿Es que acaso resulta lo más fácil en la historia de este mundo hacer una revolución a 90 millas de Estados Unidos y resistir más de 30 años el bloqueo imperialista, la hostilidad, la calumnia, la guerra contra nosotros, la permanente amenaza, que nos ha obligado a invertir tantos recursos y nos ha obligado a invertir tantas energías y hacer tantos sacrificios? ¿Habríamos podido resistir? ¿Quién iba a salvar el socialismo en Cuba, los tanques soviéticos? Los soviéticos estaban allá, bien lejos, no podrían llegar a Cuba. Los tanques que llegan allí rápido son los yankis, ¿comprenden? Eso nos ayudó mucho.

En vez de decir qué desgracia haber vivido tan cerca de Estados Unidos, puedo decir: qué suerte haber vivido tan lejos de la frontera de la Unión Soviética, que nunca se nos ocurrió confiarnos en que venían a salvarnos nuestra Revolución, si nosotros nos divorciábamos de las masas y del pueblo y empezábamos a cometer todo tipo de errores. Pero, además, qué suerte, porque a una revolución que no sea capaz de defenderse a sí misma, no vale la pena salvarla. ¿Para qué sirve una revolución que haya que estarla salvando? (APLAUSOS)

Esas han sido nuestras concepciones. Nos han obligado a trabajar duro, y a mantener como un principio elemental de la Revolución la estrecha vinculación con las masas y la estrecha unidad del pueblo, o no podríamos.

Salió una periodista de una agencia internacional y sacó también la historia, dijo: "Usted dijo que cuando uno está de visita en un país, es preferible marcharse un minuto antes y no un minuto después, y usted lleva tanto tiempo en Cuba." Y le dije: "Pero tú te has olvidado de que en Cuba yo no soy visitante, soy vecino de allí, nací allí y pienso morirme allí." ¿Qué tendrá que ver lo que yo dije?

Pero volviendo siempre a la misma idea, le expresé: "Mire, compañerita, la culpa no la tengo yo, la culpa la tienen los yankis, porque han estado 30 años tratando de matarme y no han podido" (RISAS). Pareciera que lo mejor es que los yankis hubieran tenido éxito. "Ellos llevan 30 años tratando de aplastar la Revolución y no han podido, y yo llevo una pelea con ellos y junto al pueblo. Y es el pueblo el que me ha puesto allí y me ha dado esa tarea; cuando me quiera dar otra, gustosamente la hago. Ojalá no me la dé ahora, porque estos momentos que vienen son difíciles y son los que, realmente, más le gustan a uno. Ahora, el revolucionario no deserta y, como dijo Mella, el descanso de los revolucionarios es la tumba. Lo cual no puede querer decir, bajo ningún concepto, ¡bajo ningún concepto!, que tenga que tener el mismo cargo, ni mucho menos."

Bueno, para qué les voy a decir a ustedes. Creo que todos nosotros estamos haciendo el máximo aporte que hemos hecho nunca y trabajando, realmente, como no hemos trabajado nunca, con el cúmulo de experiencias que tenemos ahora. Creo que somos útiles y que las tareas que desempeñamos las podemos desempeñar perfectamente bien, porque el país ha tenido que vivir en tiempos difíciles y tiene que vivir un tiempo todavía más difícil. Pero creo que yo sería el primero, en el instante en que me diera cuenta de que soy inútil y que perjudico en lo que estoy haciendo, sería el primero en pedirles y exigirles a mis compañeros que me liberen de cualquier responsabilidad, si esa no la puedo cumplir; de la que no me liberaré nunca es de la responsabilidad de ser soldado de la Revolución. Y —como le dije a una de las entrevistadoras— mientras me lata el corazón, me funcione el cerebro y pueda mover un dedo, estaré luchando por la Revolución y seré soldado de la Revolución; aunque esté en silla de ruedas, me siento capaz de combatir.

Todos estos puntos han sido temas de análisis, de conversaciones; sobre la perestroika han preguntado y sobre el desastre de los países socialistas, he tenido que explicar y volver a explicar.

He dicho: señores, ¿qué nos critican a nosotros? Antes nos acusaban de ser satélites de la Unión Soviética, todos los días: "Son satélites, son satélites, estos malditos son unos satélites" (RISAS); y ahora nos acusan, nos dicen: "Estos malditos no hacen lo que hace la Unión Soviética, en vez de hacer lo que hace la Unión Soviética exactamente igual" (APLAUSOS).

Entonces me pregunto: ¿ Pero qué día vamos a ser libre; qué día vamos a ser un país soberano, independiente; qué día vamos a hacer lo que nos dé la gana como pueblo, como nación y como Partido? Ah, los yankis se pasaron más de 25 años diciendo que ellos mejorarían las relaciones con nosotros y se acabaría el bloqueo, etcétera, etcétera, etcétera, cuando rompiéramos nuestros vínculos con la URSS, y nosotros hemos sabido estar más de 25 años, casi 30 años, sin hacer jamás una concesión de esta naturaleza. Pero ahora los yankis nos exigen y dicen que nos bloquean, y mantienen el bloqueo y seguirán haciendo horrores con nosotros, hasta que no hagamos el mismo tipo de cambio que está haciendo la Unión Soviética.

La historia se ha encargado de demostrar cuál fue siempre el verdadero espíritu de nuestra Revolución y la política de principio, que algunas veces nos llevó, incluso, a situaciones de tensión en las relaciones entre la URSS y Cuba. Aquella Crisis de Octubre, todo el mundo la recordará —los que no habían nacido no, pero los otros sí—, y la historia famosa de los cohetes. Porque todo este empecinamiento de Estados Unidos contra Cuba casi conduce a una guerra mundial; los soviéticos llegaron a un acuerdo con los yankis sin consultar con nosotros, dijeron que iban a retirar los proyectiles. "Son de ustedes, llévenselos si quieren", no quisimos quedarnos allí con ellos por la fuerza. "No, debe ser con inspección." En esto se habían puesto de acuerdo ambas potencias. Nosotros dijimos: "A este país no lo inspecciona nadie, ¿saben?, ¡a este país no lo inspecciona nadie!" Tuvieron que inspeccionar los barcos en alta mar.

Empezaron los avioncitos en vuelos rasantes, porque en los yankis surgió un oportunismo enorme, infinito; cuando vieron aquella situación, creyeron que nos íbamos a desmoralizar, empezaron a volar en vuelos rasantes y les dijimos a los soviéticos: "A tal hora, tal día, empezamos a disparar contra todos esos aviones", y se acabaron los vuelos rasantes en nuestro país.

Les digo que si no tomamos la decisión en aquel momento de dispararles, no se podría jugar ni pelota, ni basquetball en Cuba, porque los aviones pasaban a 20 ó 30 metros, desmoralizando. No le preguntamos a nadie y les dijimos: Vamos a hacer esto, y se acabó, como cuando la crisis, cuando estaban los cohetes todavía allí, empezaron a volar en vuelos rasantes, antes de este momento a que me referí ahora, y digo: "Esto es una estupidez, un día vienen en vuelo rasante y lo destruyen todo en un ataque por sorpresa", y dijimos: "Vamos a disparar", y abrimos fuego un amanecer contra cuanto avión voló por allí; no teníamos los cohetes de altura, los aviones se elevaron. Un soviético se entusiasmó, esa es la verdad, y apretó el botón de un cohete tierra-aire y se llevó un U-2 que iba volando como a 20 000 metros de altura. Ese fue el momento de la crisis.

Pero nosotros no admitimos aquella política errática, débil, de permitir que los aviones volaran sobre el territorio nacional. En nuestro país nosotros siempre hemos gobernado y no hemos permitido que nadie nos gobierne, lo que no excluye la lealtad con que siempre defendimos a los países socialistas y los intereses de los países socialistas, y que nos llevó a precios altos, muy altos, como fue cuando los problemas de Checoslovaquia, en 1968. No los quisimos dejar solos, hicimos un análisis muy crítico, como yo creo que nunca se hizo, y si alguien se pone a leer lo que nosotros dijimos en 1968, verá que en las advertencias nuestras estaban los gérmenes de todos los problemas que tuvieron después.

Hemos recibido más de un regalo, recibimos el de Checoslovaquia, recibimos el de Afganistán. Y no se trata de ayudar o no a un país, y ellos lo estaban ayudando, pero hay formas de ayudar que son inaceptables porque chocan con la soberanía de un país.

Nosotros hemos ayudado a los angolanos, 14 años hemos estado allí ayudándolos en la lucha contra Sudáfrica, contra el apartheid. Resistimos, fuimos firmes en esos 14 años; más de 300 000 compatriotas nuestros pasaron por allí, lo cual también es una prueba del espíritu internacionalista de nuestro pueblo. Y esos 14 años fueron años de sacrificio, de lucha y, al final, se alcanzó el éxito, se garantizó la independencia de Angola, se garantizó la independencia de Namibia, se dio un enorme paso en la gran lucha histórica contra el apartheid, que a nuestro juicio ha iniciado un proceso irreversible hacia su desaparición (APLAUSOS).

Sí, fuimos solidarios, incluso a precios políticos muy altos, cuando cometieron errores grandes, para no ponernos allí al lado de los yankis contra ellos. Hasta ese punto llegamos.

No fuimos a las Olimpíadas, cuando era el único contacto que teníamos nosotros con Estados Unidos. Un día deciden no ir, todos deciden no ir, y nosotros, para no aparecer como los que rompíamos el grupo, entonces dijimos: No vamos.

No había transcurrido mucho tiempo, y por no ir nos quitaron los Panamericanos, que fueron a realizarse en Indianápolis. Después, en otra batalla, nos lo volvieron a conceder. Pero ahora estaban las Olimpiadas en Seúl, y les pregunto a ellos en una reunión de todos los dirigentes: ¿Qué van a hacer ustedes? Defendí fuertemente la idea de advertir que si no se compartían los juegos, no irían a Seúl. Dijeron: "Sí, vamos a apoyar"; pero todos decían: "De todas maneras vamos." Si de todas maneras vamos, ¿qué clase de manera de apoyar es esa?

Entonces no fueron a Los Angeles, una ciudad del imperio, y fueron a la capital de la colonia, donde hay cientos de decenas de miles de soldados yankis, armas nucleares, un gobierno archirrepresivo, y todo el mundo de cabeza para Seúl. Nosotros dijimos: ¡No! Si por solidaridad con los países socialistas no fuimos a Los Angeles, por solidaridad con la República Democrática de Corea no vamos a Seúl. Fuimos el único país, prácticamente, que no fue a Seúl; pero seguimos nuestra política de principios.

Lo que nosotros les hemos dicho a algunos periodistas: en la URSS ocurrieron problemas que no ocurrieron jamás en Cuba. Los fenómenos del stalinismo jamás se dieron en nuestro país, ¡jamás! Las purgas no se dieron jamás en nuestro país; incluso, con alguna gente que cometieron delitos muy graves fuimos generosos, siempre que fue posible ser generoso.

Jamás hubo en nuestro país un desaparecido, un torturado, un asesinado. No importa lo que digan, con su desenfado y su desvergüenza habitual, los medios del imperialismo; y los elementos contrarrevolucionarios que han estado presos y han salido de nuestro país con la mejor salud. Los presos más saludables del mundo son los contrarrevolucionarios que salieron de las cárceles de Cuba.

Cuando Girón, vino la invasión mercenaria en barcos de Estados Unidos a invadir nuestro país, ¿qué habría pasado si de Cuba sale una invasión de norteamericanos a invadir a la Florida? ¿Qué les habrían hecho? ¿Cuántos años habrían estado presos? ¿A cuántos habrían fusilado?

Y en los combates de Girón, donde nuestras fuerzas tuvieron más de 100 muertos y cientos de heridos, en los combates que se sucedieron allí ininterrumpidamente, para que se vea la educación de nuestro pueblo y la política de principio de nuestro pueblo —eran decenas de miles de milicianos—, capturaron 1 200 prisioneros y ninguno de aquellos prisioneros fue asesinado. No hay guerra por ahí donde el soldado no dispare en determinado momento, cuando se topa con el enemigo y cae en sus manos. ¡Ni uno solo de los mil doscientos recibió un culatazo! Ninguno de ellos podría decir: a nosotros nos dieron un culatazo. Mil doscientos mercenarios, no estuvieron ni dos años presos. Nosotros mismos les buscamos una salida: "Bueno, páguennos una indemnización y se los mandamos a todos para allá", pagaron una indemnización en alimentos para niños y en medicinas, y les enviamos a los 1 200 "héroes" para allá, les llenamos aquello de "héroes". Desde entonces todos son jefes, generales, mariscales, y no se sabe cuántos problemas tienen entre ellos.

Les digo que a pesar de todas esas calumnias, se lo digo y creo que ustedes, si conocen a nuestro pueblo, se darían cuenta de que nuestro pueblo sería incapaz de tolerar semejantes cosas, que nuestro pueblo está educado en la repugnancia contra toda forma de maltrato y tortura a los prisioneros, aunque sea el más bandido. Ese odio se creó en nuestra propia lucha contra las torturas y los crímenes, hemos mantenido esa línea con una mano firme, y les puedo asegurar lo siguiente, por lo que sé de historia pasada y presente, que no hay un solo caso en la historia de una conducta como la que ha mantenido nuestra Revolución en ese terreno.

Eso no nos libera de todas las campañas que hacen y de que nos traten de llevar a condenas en Ginebra. Lo que quisieran es la impunidad de la contrarrevolución.

Si nosotros no tuvimos los fenómenos del stalinismo, ¿por qué tenemos nosotros que aplicar medidas sobre fenómenos que no existieron? Nosotros no tuvimos colectivización forzosa, porque la reforma agraria se hizo de otra manera, diferente a todos los demás países socialistas. A los campesinos que tenían parcelas de tierras, les dimos la propiedad. Los grandes latifundios y las grandes plantaciones las mantuvimos como empresas estatales, propiedad de todo el pueblo; fueron modernizadas, mecanizadas. Si todavía tenemos 70 000 campesinos independientes, yo pregunto por qué tenemos que inventar ahora el campesino independiente; sabemos lo que dan desde el punto de vista económico, es realmente poco, comparado con las cooperativas de producción agropecuaria.

El campesino más atendido y más considerado en el mundo es el cubano. Llevan 30 años con propiedad de sus tierras, los que están como propietarios, y ningún campesino en Cuba paga impuestos. A cualquier campesino que pierde su cosecha por sequía, plaga, ciclones, se le condona inmediatamente las deudas" se le ayuda; ni un centavo de impuestos paga el campesino. Esa fue y es la política con los campesinos.

Ahora, nosotros nunca hemos obligado a un campesino a entrar a una cooperativa o a una granja. A veces envejece, los hijos son maestros, médicos, quiere otras cosas y ya no puede trabajar, le compramos la tierra y le damos una pensión. La cooperativización en nuestro país ha sido absolutamente voluntaria, y tenemos que entre cooperativistas y campesinos hay un 20% de la tierra; los campesinos cooperativizados tienen el 12% y los campesinos individuales el 8%. Cuando hay que hacer un canal magistral y están los campesinos individuales por medio, es una tragedia por las curvas que tiene que dar, los sistemas de riego y la mecanización se dificultan.

Nosotros hemos mecanizado la mayor parte del corte de la caña. Antes trabajaban en eso 350 000 macheteros, un trabajo durísimo, y nosotros hemos reducido, hemos liberado del trabajo del corte de caña a casi 300 000 macheteros, mire usted qué obra, y eso gracias a las plantaciones en gran escala, al empleo de las máquinas, al empleo del avión. La productividad en la agricultura está asociada con la aplicación de la técnica, la ciencia, las máquinas.

Nosotros hicimos dos reformas agrarias. Hicimos la primera y el máximo de tierra era 400 hectáreas; después hicimos otra más adelante, que era 65, y les dijimos a los campesinos: No habrá más reforma agraria, ya toda otra evolución tiene que ser por otras vías; si ustedes quieren estar 1 000 años con el pedazo de tierra, pueden estar 1 000 años.

Nosotros nunca hemos obligado a un campesino a incorporarse a una cooperativa o una empresa del Estado. ¿Vamos a volvernos locos ahora y empezar a repartir la tierra de las empresas del Estado o de las cooperativas, que están dando excelentes resultados? Sería realmente una locura.

Yo decía: si en la URSS deciden —por las razones históricas que sean— hacer un determinado tipo de cambio, ¿por qué tenemos que hacerlo exactamente igual nosotros? Su método electoral fue diferente al nuestro, el que yo expliqué aquí, ¿por qué tenemos que hacerlo ahora de otro modo? Aunque nosotros apoyábamos y veíamos con toda simpatía cualquier cosa que se hiciera por perfeccionar el socialismo, jamás habríamos estado en contra. Somos muy conscientes de los grandes problemas que ha tenido el socialismo como sistema nuevo que surge por primera vez en la historia.

Esa es la posición que hemos mantenido en torno a esto. Cuando Gorbachov estuvo en La Habana en el mes de abril, públicamente en la Asamblea Nacional planteé mi criterio sobre lo que había que hacer con los países socialistas que quisieran construir el capitalismo, y dije que si cualquier país socialista quería construir el capitalismo, había que respetar el derecho de ese país socialista a construir el capitalismo y no interferirlo, de la misma forma que reclamábamos y exigíamos el derecho de cualquier país capitalista a construir el socialismo. Creo que es el enfoque que hay que hacer (APLAUSOS).

Conversé con Gorbachov sobre esto. El dijo que le había interesado mucho lo que había dicho. No seguimos hablando mucho de este tema bastante delicado, porque ya lo habíamos hecho públicamente. Y estoy plenamente de acuerdo con el respeto de la Unión Soviética al derecho de estos países a hacer todos los cambios que les dé la gana, no tengo la menor duda, aunque no nos guste.

Ahora bien, lo que está ocurriendo en los países del este es el desmantelamiento del socialismo. Lo que todos nosotros habríamos deseado es el perfeccionamiento y no la desaparición del socialismo, que es lo que está ocurriendo. Marchan a pasos acelerados, como regla, unos más rápido que otros, hacia el desmantelamiento del socialismo, hacia la economía de mercado, la propiedad privada, la privatización de las empresas. ¿Y qué es eso? ¿Eso es socialismo? ¿Desde cuándo eso es socialismo? Y ellos no se ocultan para decirlo, ellos no lo niegan.

Fíjense lo que están haciendo. Ahora realizaron la peor canallada varios de ellos. Polonia y Checoslovaquia coauspiciaron la moción de Estados Unidos en Ginebra contra Cuba, una batalla que veníamos librando durante años y años y siempre la ganábamos, a pesar de que el voto era público; y cuando el voto es público la desgracia nos toca a nosotros, porque todo el mundo anda pidiendo un crédito al Banco Mundial, al banco tal y más cual, al Fondo Monetario Internacional, exención de nación más favorecida, etcétera. Cuando las votaciones son secretas en las Naciones Unidas, siempre tenemos muchos votos; cuando son públicas, vienen unas presiones de Estados Unidos terribles, verdaderamente terribles.

¿Qué pudieron lograr? No una acusación, una moción muy suave, moderada, pero en el fondo ellos querían tener un número de votos a favor de esa moción. Contaron con el coauspicio de Polonia y de Checoslovaquia, y el voto, porque eran de la comisión, de Hungría y de Bulgaria.

Fue una traición repugnante. Y se lo hemos dicho, no nos lo hemos callado. Lo vengo diciendo y lo voy a seguir diciendo, por lo menos durante 10 años, en todas partes, ahora más libre: se acabó la solidaridad, se ganó la libertad. Diciendo lo que sé, creo que van a recibir el premio que se merecen por su conducta.

Todo para obtener unos créditos en el Banco Mundial, para que el FMI autorice préstamos para recibir de Estados Unidos la cláusula de nación más favorecida.

En un momento difícil, en un momento en que nos quieren imponer una estación de televisión violando todas las leyes internacionales, traernos toda su porquería al país, traernos Babilonia, como le decía yo ayer a los cristianos, cuando nos amenazan con agresiones, estos países con los que fuimos solidarios durante tantos años, se ponen del lado de Estados Unidos, dándole aliento, dándole argumento, dándole apoyo. Por eso dije: La sangre que se derrame defendiendo a Cuba, caerá también sobre ellos si un día el imperialismo nos agrede.

No se deben subestimar estos riesgos.

Realmente he tenido conversaciones con muchos dirigentes, como les dije: Las tuve, por ejemplo, con Carlos Andrés Pérez y Felipe González, vinieron a conversar conmigo. Ellos han tenido contacto con los yankis. Los yankis les han dicho abiertamente que hay que doblegar a Cuba. Eso les ha preocupado extraordinariamente. Tienen la gran preocupación de que después de todas las barbaridades de Panamá y otras cosas que hicieron, lancen una agresión contra nuestro país.

Ellos tienen sus posiciones, nosotros tenemos las nuestras.

Me hablaron con mucha sinceridad de todo eso. Hablaron de que había que evitar eso, que los ayudáramos a tratar de evitar eso. Nos han dicho: "Nosotros sabemos que ustedes van a ,resistir, no tenemos la menor duda. Los yankis saben que esto les cuesta 250 000 muertos, pero eso va a significar grandes pérdidas para Cuba. La filosofía no puede ser la resistencia, la estrategia no puede ser la de Sagunto y Numancia", pidiéndonos que elaboráramos otra estrategia. Pero la estrategia nuestra es la de la resistencia y la de la lucha, y no puede ser otra. Si usted cede la punta de un dedo, le piden el dedo, la mano, el brazo, todo.

¡Qué bien conocemos nosotros a los yankis! Si nosotros hubiéramos cedido una sola vez a las exigencias imperialistas, la Revolución Cubana no existiría. Lo que ha frenado a los imperialistas es el heroísmo de nuestro pueblo, el precio que saben que tienen que pagar por una agresión a nuestro país. Ellos son calculadores, muy calculadores.

Un periodista español me preguntaba sobre eso. Yo le preguntaba de qué parte de España provenía. Era de Asturias, un pueblo que luchó, combatió. ¿Y cuántos españoles murieron en la defensa de Zaragoza, tan famosa? ¿Cuántos murieron en la batalla de Bailén y cuántos murieron en los otros combates? ¿Cuántos murieron cuando las tropas de Napoleón ocuparon toda España? Y el ejército de Napoleón era el más poderoso en aquella época.

¿Y se acordaron los españoles de Sagunto y de Numancia?

¿Y cuando a los soviéticos los invadieron los fascistas, cuántas vidas no costó aquella agresión? ¡Veinte millones de muertos! ¿Se acordaron los soviéticos de Sagunto y de Numancia? ¿O iban a dejar que penetraran hasta Vladivostok los nazis, y se apoderaran de aquel país y se apoderaran del mundo?

Ni los latinoamericanos, ninguno, ni Bolívar después del terremoto que destruyó Caracas se acordó de Sagunto o de Numancia. Ni los vietnamitas frente a la agresión yanki, con 500 000 hombres, miles de aviones y de barcos, se rindieron, no se pusieron a filosofar, sino que lucharon. Y por eso son independientes.

Los yankis saben el precio que tendrían que pagar por una agresión a Cuba. Eso los frena, porque los aplausos vienen fáciles cuando hacen aventuras militares ingloriosas y mandan divisiones y escuadras a apoderarse de Granada o de Panamá. Las cosas cambian cuando empiezan a llegar los féretros con los cadáveres de los invasores muertos. Entonces cesa la alegría, la fiesta; viene el llanto, vienen las lágrimas.

Nosotros estamos seguros, porque durante muchos años hemos estado preparando a todo nuestro pueblo para la defensa del país. Está todo el país organizado, todos los rincones, hombres y mujeres, hasta los niños saben adónde tienen que ir, dónde están los refugios, lo que tienen que hacer; qué debe hacerse con la economía en ese caso, porque nosotros defendemos el país con el pueblo armado.

Una de las cosas que le decía a una de las periodistas es: "Mire, nosotros no solo tenemos el voto; tenemos las armas, los fusiles", y le explicaba ese argumento, frente a sus confusiones. "Bueno, yo quiero ver si hay algo más democrático que lo nuestro. Si los demás quieren, por qué no nos imitan."

Estas son las cosas en las que hay que pensar. Nosotros tenemos todo un pueblo organizado y preparado para defenderse: hombres, mujeres, trabajadores, campesinos, estudiantes, y eso es lo que garantiza la existencia de la Revolución Cubana.

Tenemos los planes para caso de bloqueo total, en situación en que no pudiera entrar una bala, nada. Estamos estudiando ahora, a partir de los problemas estos que han surgido en el este de Europa y la actitud de un grupo de países, qué hacer; pero, sobre todo, qué hacer si surgen problemas serios en la URSS, si surgen conflictos serios dentro de la URSS, si surgen fenómenos de desintegración de la URSS y a pesar de los esfuerzos, a pesar de su voluntad de cumplir todos los acuerdos con Cuba, no pueda cumplirlos. Porque hay que decir que los soviéticos están cumpliendo estrictamente todos los acuerdos con Cuba. Los soviéticos votaron a favor de Cuba en la Comisión de Ginebra; Ucrania votó a favor de Cuba, que es otro de los votos de la Unión Soviética, tienen dos puestos en la Comisión.

A pesar de eso pueden surgir realmente problemas, y tenemos que analizar esa perspectiva realista y fríamente: qué hacer, qué ramas seguir desarrollando; qué hacer con el desarrollo social, que tendría que pararse cuatro o cinco años. Afortunadamente, hemos avanzado tanto que podemos darnos el lujo de detener cuatro o cinco años hasta la construcción de viviendas; pero los planes de producción de alimentos no se detendrían, los planes de desarrollo de la industria farmacéutica y de biotecnología, que están adquiriendo un auge enorme, no los detendríamos; los resultados de la explosión científica que se está produciendo en nuestro país, los aplicaríamos inmediatamente, con prioridad; tampoco detendríamos otros planes que ayudarían a mejorar las condiciones económicas.

De modo que nosotros estamos preparando al pueblo, organizando al pueblo y tomando todas las medidas para enfrentar cualquiera de estas eventualidades, tanto de tipo económico como de tipo militar.

No quiero extenderme mucho sobre argumentos que les empleé a los periodistas con relación a la situación de América Latina. ¡Es un desastre completo! Los índices son espeluznantes, no hay que decir más; a veces es el 30% y el 40% entre desempleados o subempleados, 65% de mortalidad infantil en el primer año de vida, alrededor del 85% entre 1 y 5 años. Les explico los índices y digo: Cuba tiene 11,1 por cada 1 000 en el primer año, y no pasarán dos o tres años y estaremos en menos de 10.

Los índices de salud de Cuba son mejores que los de Estados Unidos, los índices de educación son mejores, las perspectivas de vida rebasan ya los 75 años, y va a ser mucho más cuando se contabilicen el médico de la familia y una serie de avances extraordinarios en la medicina que estamos estableciendo, medicamentos nuevos que se han descubierto y se están empezando a aplicar. No tardará mucho tiempo sin que la perspectiva de vida de nuestro país sea de más de 80 años.

La situación que tiene la mujer hoy día en nuestro país, de las cuales había solo 190 000 trabajando al triunfo de la Revolución, casi siempre en bares, en tiendas o en la servidumbre; 100 000 prostitutas, entre prostitutas directas e indirectas, eso es lo que había en nuestro país. ¿Y qué hay hoy? En pocos años nosotros resolvimos el problema de la prostitución, dejó de ser una fuente de empleo y de vida para la mujer. Hoy hay 1 400 000 mujeres trabajando. Pero lo importante no es eso, es que el 58% de la fuerza técnica del país son mujeres, ¡el cincuenta y ocho por ciento de la fuerza técnica! (APLAUSOS); el 55% de las estudiantes universitarias; el 61% de las estudiantes preuniversitarias, que son la cantera de las que van a la universidad. Sigue creciendo esa fuerza técnica, se van imponiendo. Muchas mujeres son directoras de centros científicos, de hospitales; adquieren, por su propia capacidad y su propio peso, una influencia mucho más grande. Están organizadas en la Federación de Mujeres Cubanas más del 85% de las mujeres de más de 15 años. Es un cambio realmente impresionante.

Se sigue batallando porque nos faltan cosas que resolver y problemas todavía más sofisticados, digamos: todo lo relacionado con el papel de la mujer en la familia, cómo compartir el trabajo del hogar, que ya fue contemplado en el Código de Familia, ha traído un cambio en la situación de la mujer. ¿En qué lugar de América Latina se encuentra esa situación?

El 98% de los niños de primaria están escolarizados, más del 90% de los niños en edad secundaria, más del 80% de los adolescentes y jóvenes en edad de preuniversitario y de escuelas tecnológicas.

Hay en el país casi 300 000 profesores y maestros, y había alrededor de 26 000 al triunfo de la Revolución. Hoy tenemos un profesor o un maestro cada treinta y tantos ciudadanos, no cada treinta y tantos niños. A fines de año tendremos casi 40 000 médicos; había 6 000 al triunfo de la Revolución, estaban casi todos en la capital; se fueron 3 000 y nos quedaron 3 000, ahora tendremos casi 40 000. Hemos establecido instituciones que son absolutamente nuevas. Hay 300 000 estudiantes en las universidades, de los cuales 120 000 son alumnos regulares diurnos, 200 000 aproximadamente son maestros, enfermeras, trabajadores en general que están estudiando, que no necesitan ya un empleo; cada joven que se gradúa en la universidad sabe ya antes de graduarse dónde va a trabajar.

Las carreras de enfermería y de maestro primario las estamos llevando a nivel universitario, avances realmente extraordinarios y que van a ir significando saltos de calidad en la educación de nuestro país.

No se conoce al desnutrido en nuestro país, y en América Latina tenemos 50% de desnutridos; el número de madres que mueren en el parto, por cada 100 000 es de 26, que por 10 000 son 2,6. Habría que ver esa cifra en el resto de América Latina. La Revolución ha salvado con sus programas de la salud más de 300 000 niños desde 1959; en América Latina mueren 700 000 cada año, que pudieran salvarse sí tuvieran los niveles de salud y los índices que tiene Cuba.

Entonces, a Cuba hay que aplastarla, a Cuba hay que calumniarla, a Cuba hay que llevarla a la Comisión de Ginebra por violaciones de los derechos humanos. Y al imperio que ha hecho posible esa miseria, al imperio que hace posible esas muertes de 700 000 niños, nadie lo condena, aunque es el equivalente a lanzar siete bombas como las de Hiroshima y Nagasaki cada año, solo sobre los niños. Y hablo de los que se mueren, no de los que se quedan mentalmente atrasados, no de los que se quedan después subdesarrollados, no de los que van a padecer más adelante todo tipo de enfermedades, independientemente del estado social.

Ese es el tipo de cosas que estamos viendo ante nuestros ojos. ¡Nos han convertido en indios de nuevo! Ayer lo decía cuando premiaban a Villas Boas: "Sí, necesitamos muchos Villas Boas, porque de nuevo nos estamos convirtiendo en los indios de este hemisferio."

Calculé cuánto nos robaban, y saqué una curiosa cuenta, aunque pedí que me ayudara algún investigador histórico a comprobarla; calculaba cuánto oro sacaron los españoles, los europeos y los portugueses en tres siglos de colonización, y creo que no me equivoco si digo que están sacando cada año más oro ahora que el que sacaron todas las metrópolis en tres siglos. Porque una tonelada de oro vale alrededor de 10 millones de dólares y, sin contar fuga de capitales, etcétera, América Latina está exportando capital neto por alrededor de 30 000 millones de dólares, ¡equivalente a tres mil toneladas de oro! Como ahora los indios somos más y trabajamos en muchas cosas, les estamos entregando neto —este hemisferio cuyos problemas ustedes los conocen— 3 000 toneladas de oro; luego, ¿se puede comparar el saqueo de que nos hicieron víctimas con el saqueo que nos están haciendo ahora?

Esa es la realidad de nuestro hemisferio. De eso no se habla, de eso no se pregunta, y tenemos una deuda de cientos de miles de millones. Somos malos porque pedimos que se olvide esa deuda. Nos saquean, tenemos el intercambio desigual, bloquean nuestro comercio; el abismo entre ellos y nosotros cada vez es más grande, y de eso no se habla: de los que padecen hambre, de los que sufren, de los que mueren, no se habla. Lo que realmente se puede apreciar, por otra parte, es terrible.

Estuve hablando con la alcaldesa de Sao Paulo y me dolía, porque ella me explicaba los problemas que tenía, y son insolubles. Dice: "Hay un área de 3 millones de habitantes sin un solo hospital." "¿Cuál es el déficit de camas? ¿Está cubierta toda la escolaridad?" "No, tengo 300 000 niños que no tienen escuelas." Aquí, en esta ciudad llena de industrias, la más industrializada de América Latina. "¿,Qué otros problemas?" "Viviendas." Parte el alma —como decimos nosotros— conocer todos estos datos.

Nosotros hemos resuelto muchos problemas con muchos menos recursos, es lo cierto. El problema nuestro no es saber cuántos niños están sin escuelas, sino cuántas capacidades de escuelas especiales necesitamos para los niños con problemas de retraso en el desarrollo psíquico o retraso mental, o problemas visuales o auditivos, o trastornos de conducta; porque los trastornos de conducta se producen hasta por problemas fisiológicos también. Son muchachos muy inteligentes, pero son irritables, necesitan escuelas especiales.

¿Saben cuánto necesita Cuba de escuelas especiales, para una población de un poco más de diez millones? ¡Ochenta y cinco mil capacidades! Tenemos ya 55 000, y estamos trabajando en un programa de dos o tres años más para contar con las 85 000 capacidades. Seremos el primer país donde todos los niños con necesidades de este tipo estén atendidos. Tenemos escuelas de inválidos, a los que les faltan los pies o les pueden faltar las manos, que antes les daban clases en la casa.

Hoy hemos hecho escuelas muy costosas, pero las hemos hecho: niños ambliopes, niños con defectos importantes en la vista, donde la escuela es un hospital que los resuelve; o para niños ciegos, o para niños sordos. Hemos avanzado considerablemente en eso.

Ciento cuarenta mil madres trabajadoras tienen los círculos infantiles, y seguimos creando círculos infantiles. ¿Por qué la mujer ha podido incorporarse al trabajo? ¿Por qué puede ser el 58% de la fuerza técnica del país? Porque tenemos los círculos infantiles, porque tenemos los seminternados; más de medio millón de niños son seminternos, en primaria o en secundaria, que permite a las madres, que todavía tienen una carga muy grande sobre la atención a la familia, incorporarse al trabajo. Tenemos alrededor de medio millón de becados, lo que permite también a las madres dedicarse más al trabajo.

Se han creado una serie de instituciones de educación, de un tipo o de otro, o de salud.

El médico de la familia le ha dado una gran tranquilidad a cualquier madre. Si tiene a la madre viviendo allí en la comunidad, si tiene al padre o a algún familiar, sabe que el médico está al lado. Esa es la institución del médico de la familia.

Hemos ido resolviendo esos tipos de problemas de que hablo, que en América Latina están por resolver. Entonces, ¿por qué nos acosan? En vez de asaltarnos, como nos asaltan, como castigo por la lucha y por la obra revolucionaria que ha hecho nuestro pueblo, por qué no se hacen, sencillamente, una pregunta: ¿Cómo es posible que Cuba, en 30 años, haya podido hacer lo que América Latina no ha hecho en 200 años? Esa es la pregunta que hay que hacerse (APLAUSOS).

Por qué no profundizamos en los verdaderos conceptos de la participación del pueblo, de la democracia, de la verdadera democracia en todos los sentidos: del poder para el pueblo, no el derecho a aparecerse en un colegio electoral cada cuatro años. ¡Muy bien, magnífico, necesario!, pero está muy lejos de significar el poder para el pueblo. Habría que ver en esta lucha, además, cómo están repartidos los recursos, y si todos tenemos no solo un sistema, sino los mismos recursos, en una contienda de tipo electoral.

¿Por qué no nos dejan crear? ¿Por qué no esperan l00 años, si quieren, para condenarnos, para ver al fin y al cabo lo que va a decir la historia? ¿Y por qué nos van a condenar, cuando estamos cumpliendo un rol que el destino nos asignó? Porque nosotros no esperábamos que nos íbamos a convertir en los abanderados del socialismo; no queríamos, ni aspirábamos, parecería una cosa loca esa. Ahora, nos quedamos con las banderas, y no estamos dispuestos a renunciar a esas banderas, estamos dispuestos a luchar (APLAUSOS).

Hay algunos que creían que la Revolución se desplomaba como castillo de naipes. Si por ahí hicieron revoluciones de naipes y de merengue, la cubana no es de naipe ni de merengue, la cubana es de acero y fue autóctona, no nos la trajo nadie, la trajimos nosotros y la defendimos nosotros; está escrita con sacrificios, está escrita con sangre.

Esperemos a ver si de verdad nos desmerengamos o nos derrumbamos; esperemos a ver cómo resistimos nosotros la ofensiva yanki, sus amenazas, su idea de que hay que aplastarnos, que hay que doblegarnos, ¡esperemos! Todavía queda mucho tiempo por delante, para que sean otros los que juzguen.

Lo triste es que sus mentiras y su veneno se lo trasmiten a las masas, se lo trasmiten a mucha gente, incluso a mucha gente noble. Es por eso que digo que tenemos que recapacitar, pensar, meditar en todas estas cosas; pensar con nuestras propias cabezas, y pensar en las realidades históricas de este mundo donde vivimos. ¿Hasta cuando vamos a seguir así?

Sí, nos hablan con entusiasmo de la apertura democrática. Decimos: ¡Magnífico! Nosotros somos los más felices, y en todos esos países donde se produjo la apertura democrática, fuimos los más solidarios con ellos en su lucha. Pero, desgraciadamente, la apertura democrática está en el aire. ¿Sobre que base se sustenta? ¿Adónde van a conducir estos problemas sociales, esta deuda, estas inflaciones imparables? Expulsan al capital de nuestras propias sociedades, cambia la gente el dinero en divisas; y si se pagan muchos intereses para que no los cambien en divisas y se las lleven, entonces invierten el dinero en especulación financiera y no en la producción.

¿Cómo podemos nosotros soportar esta situación de exportadores netos de capital hacia el mundo capitalista desarrollado? ¿Cómo podemos soportarla? ¿Por cuánto tiempo más? ¿Por cuánto tiempo más vamos a estar entregando las 3 000 toneladas de oro todos los años? ¿Adónde vamos a parar? Y creciendo cada vez más y más, con una deuda social —como les llaman los brasileños— cada vez más grande. ¿Qué porvenir tiene esa democracia que está en el aire? ¿Cómo vamos a seguir creyendo estos cuentos, y no ver que si nuestros problemas no tienen solución vamos a tener todo tipo de evoluciones, en un sentido u otro, en los próximos tres o cuatro años? Es que esto no se soporta y no se puede soportar.

Pensamos en estas cuestiones muy seriamente. Y cuando defendemos a nuestro país, tenemos la sensación de que estamos defendiendo también a nuestros pueblos hermanos de América Latina. Si aquella trinchera cayera, sería una tragedia para los pueblos de América Latina (APLAUSOS). Porque Martí lo dijo hace mucho tiempo, hace 95 años, y Martí fue uno de los más grandes pensadores de este hemisferio, uno de los más grandes profetas y visionarios. El día antes de su muerte, escribiéndole una carta a un amigo mexicano, lo dijo: En silencio ha tenido que ser, y todo lo que he hecho hasta hoy y haré, será para impedir, con la independencia de Cuba, que Estados Unidos se extienda, como una fuerza más, sobre los pueblos de América. Es decir, una Cuba en manos de Estados Unidos habría sido esa fuerza más.

Si en Cuba la Revolución fuera derrotada, desaparecería la independencia de nuestro país. Revolución, independencia y soberanía son cosas inseparables en Cuba. No la pudieron conquistar en el siglo pasado; creyeron que caería como una fruta madura, como lo proclamaron una vez. Se pudieron quedar con Puerto Rico, ahora lo quieren anexar. Nosotros nos salvamos de ser un Puerto Rico, porque luchamos y luchamos durante mucho tiempo. No nos arrastró el destino a esa fatalidad. Somos un país independiente, revolucionario, con una obra hecha que nuestro pueblo está dispuesto a defender.

Los nicaragüenses no tuvieron tiempo de hacer esa obra, con la guerra sucia, con el bloqueo económico, con los sufrimientos que le impuso el imperialismo al pueblo, lo llevó a una situación de desesperación; le hicieron creer que la paz vendría solo si Estados Unidos quería, si ganaban los que estaban apoyados por Estados Unidos, que la economía se recuperaba si ocurría eso; y a los sandinistas, en 10 años, no los dejaron hacer una obra revolucionaria.

Nuestro pueblo tiene una obra revolucionaria que defender, pero además tiene que defender su soberanía, su independencia, y está dispuesto a hacerlo.

Excúsenme si me extendí un poquito más de la cuenta, pero antes de despedirme quiero decirles algo: crean en Cuba, confíen en Cuba, Cuba no los defraudará, ¡Cuba no los defraudará! (APLAUSOS) Nuestro pueblo defenderá su Revolución a cualquier precio y resistirá cualesquiera que sean los problemas: económicos o militares. Y no nos dejaremos llevar por sentimientos fatalistas, no habrá holocausto; es imposible el holocausto en un pueblo que lucha en este mundo de hoy y que defiende ideas justas, que defiende causas nobles (APLAUSOS); y menos lo habrá si tenemos cientos de millones de hermanos con la misma cultura, sufrimos los mismos problemas, albergamos los mismos sentimientos y hablamos el mismo idioma. Por eso les digo, y sé que me entienden, que nuestro pueblo no solo será capaz de resistir, sino será también capaz de vencer

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!

(OVACION)