DISCURSO PRONUNCIADO POR EL COMANDANTE EN JEFE FIDEL CASTRO RUZ, PRIMER SECRETARIO DEL COMITE CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA Y PRESIDENTE DE LOS CONSEJOS DE ESTADO Y DE MINISTROS, EN EL SALON DE LOS HEROES DEL PALACIO LEGISLATIVO, EN MONTEVIDEO, URUGUAY, EL 14 DE OCTUBRE DE 1995 "AÑO DEL CENTENARIO DE LA CAIDA DE JOSE MARTI".

 

(VERSIONES TAQUIGRAFICAS-CONSEJO DE ESTADO)

 

Señor Vicepresidente de la República y Presidente del Congreso;

Señores dirigentes del Congreso, del Senado y de la Cámara: Ministros de acá y de allá;

Distinguidas personalidades:

 

Nadie sabe cuánto le resiste el corazón a uno cuando vive tan seguido tantas emociones y, además, cuando tiene que hacer un programa como el que me han puesto a mí.  A alguien le decía por el camino: "Me han puesto un programa para los 20 años", y aunque le cuesta a uno mucho trabajo imaginarse que los años pasan y todo el mundo se resiste a creer que los años pasan, parece que la realidad objetiva muestra que los años pasan.

Por eso cuando yo esta noche me retire, exaltado el ánimo, sin sueño posiblemente al recordar todas las cosas de este día, me diré: Bueno, realmente, alguien se equivocó cuando me inscribieron en el registro de nacimiento, y yo no tengo ya casi 70 años --óiganme, me parecen bastantes, sobre todo cuando veo a tanta gente joven por acá--, sino que tengo 30; pero tengo esperanzas de resistir el programa, porque también tengo muchos estímulos.

Este lugar impresiona, este edificio es precioso, esos mármoles son increíbles.  Yo creía que teníamos mármoles bellos, pero hay que pasar por esa colección de mármoles uruguayos; esa colección de mármoles uruguayos me asombró, realmente, causa un gran impacto a la llegada a este lugar.

Pero, bueno, lo más importante es el honor que significa el que ustedes hayan tenido la generosidad de recibirme aquí en esta sala y de promover esta reunión con un grupo numeroso de senadores y diputados--ustedes les llaman diputados a los miembros de la Cámara de Representantes--, y, como decía el Presidente, tiene un significado muy grande, esencialmente para nosotros los visitantes, porque hemos visto este gesto valiente.

La valentía no abunda mucho en este mundo en política --en la guerra sí hay valientes de todas clases, pero en política no tanto--, y sin duda el gesto de la invitación es un gesto valiente, y, como decía anoche, un gesto de independencia y de libertad, porque a nosotros en realidad se nos expulsó políticamente del hemisferio.

Recuerdo que en aquel proceso de terribles presiones de Estados Unidos, Uruguay fue de los que más resistió, fue de los últimos, y quedó al fin México, que mantuvo relaciones con nuestro país; si bien al principio frías, porque a México lo presionaban mucho también, se mantuvo muy firme, casi con la misma posición que había mantenido con relación a la República Española, con la que prolongó las relaciones durante muchos años.  Con Cuba las prolongó y después se hicieron cada vez más calurosas, por eso nosotros guardamos un especial reconocimiento y gratitud a México.

Si un país podía ser expulsado políticamente, y si físicamente hubiese sido posible eso, nos habría gustado que nos mudaran, que nos hubieran puesto, por ejemplo, por aquí cerca de Uruguay, o de Argentina, o de Brasil; porque es que la naturaleza, el destino, Dios, como quieran ustedes llamarlo, nos ubicó al lado de un coloso gigantesco, de un país que emergió en este hemisferio con una fuerza tremenda y cuya función fue prevista, entre otros, por Martí.

Martí, incluso, estaba haciendo una carta a un amigo muy querido --la víspera de la muerte, ya estaba en los campos de batalla--, y decía: En silencio ha tenido que ser, pero todo cuanto he hecho y haré es para evitar, con la independencia de Cuba, que Estados Unidos se extienda como una fuerza más sobre los pueblos de América.  Declaró que uno de sus grandes objetivos políticos y estratégicos en su lucha por la independencia era convertir a Cuba en una especie de trinchera de defensa de los intereses de Nuestra América --él llamaba Nuestra América desde el río Bravo hasta la Patagonia--; estaban recién escritas esas palabras cuando muere en un combate que fue casi un suicidio, porque lo estaban protegiendo en contra de su voluntad.  Los jefes principales se habían ido a un combate, y él, con su ayudante, que se había quedado solo, se marchó y realizó una carga de caballería y murió.  No se sabe si aquello fue algo así como un testamento, porque él tenía la premonición o la decisión de morir en combate.

Esa potencia creció, intervino en nuestra guerra, una guerra larga, larguísima --nosotros luchamos casi 30 años en una isla, primero, de 1868 a 1878; y, después, con algunas intermitencias, desde 1895 hasta 1898.  Martí muere en la última Guerra de Independencia--, y Estados Unidos siempre había ansiado apoderarse de Cuba, siempre, desde muy atrás, casi desde el principio de su independencia.  Alguno de ellos dijo que Cuba caería como una fruta madura.

Eran situaciones muy complicadas, nosotros teníamos la esclavitud   --Uruguay no conoció un proceso como aquello--, en nuestro país había más de 300 000 esclavos que eran los que mantenían las producciones cañeras y cafetaleras; los españoles eran los dueños del comercio y del gobierno, constituían las autoridades, y los cubanos eran dueños de la tierra.

Se había producido algunas decenas de años antes la revolución en Haití, la sublevación de los esclavos, lo que constituía un gran temor de que aquí ocurriera lo mismo.  Se desarrolla un sentimiento anexionista y se dividen los intelectuales cubanos, todavía bajo la colonia, entre aquellos que eran partidarios de la anexión a Estados Unidos para evitar una sublevación de los esclavos y aquellos que eran partidarios decididos de preservar la nacionalidad y la independencia, ya ustedes eran independientes desde hacía mucho rato; después viene la guerra civil en Estados Unidos, se inicia la primera guerra, que ya dije que fue en 1968, y así se inicia nuestra etapa en que solos, solos los cubanos, tuvimos que luchar contra el colonialismo español, contra una potencia europea que era una de las más poderosas militarmente en su tiempo y que llegó a tener 300 000 soldados.

Debo decir, realmente, que en su lucha por la independencia, contra los cubanos lucharon más soldados que todos los soldados juntos que lucharon contra la independencia del resto de América Latina.  Es así, España se aferraba a mantener aquel país y estábamos ante el peligro del dominio español y la ambición norteamericana, y cuando ya aquella guerra estaba prácticamente ganada, cuando ya España no podía resistir más, aunque el costo fue terrible, se produce la intervención de Estados Unidos en Cuba, en virtud de una resolución del Congreso en que decían que debíamos ser de hecho y de derecho libres e independientes; pero después que se acaba la guerra, a los cubanos no los dejaron ni entrar en las ciudades, disolvieron al ejército, mantuvieron la ocupación cuatro años y después crearon una caricatura de república con una Enmienda Platt      --porque había Platt como hay hoy Helms--, que le daba derecho legal a intervenir en nuestro país.  Así nace la República de Cuba a principios de siglo.

Hemos vivido amargas experiencias históricas y hemos tenido que luchar duramente, y, al final, nos expulsan; ello nos obliga a buscar relaciones con el resto del mundo, por eso se desarrollaron tanto las relaciones con Africa, con Asia y con otros países del Tercer Mundo.  Pero, desgraciadamente, durante mucho tiempo, estuvimos marginados de nuestra América, de la América martiana; que estuviéramos marginados de Estados Unidos era más tolerable moralmente, al menos, aunque económicamente era en realidad terrible; sin embargo, nosotros no dejamos de luchar en ningún momento por los intereses de la América Latina.

Debo decir que una de las primeras cosas tristes que ocurren cuando se inicia el bloqueo es que Estados Unidos nos arrebata la cuota azucarera que se había creado durante siglos.  Nosotros le vendíamos casi 4 millones de toneladas de azúcar a Estados Unidos; nosotros suministramos a Estados Unidos cuando la Primera Guerra Mundial, cuando la Segunda Guerra Mundial.

Y no vayan a creer que a nosotros nos empezaron a bloquear y a hostigar porque hubiéramos declarado el carácter socialista de la Revolución, no se había declarado.  Nosotros estábamos haciendo un programa de tipo nacional, progresista, uno de cuyos pilares era la reforma agraria.  Resultaba imprescindible, porque con una población de 5 millones y medio de habitantes, o apenas 6 millones, teníamos 700 000 desempleados y había empresas norteamericanas que poseían hasta   200 000 hectáreas en aquel pequeño país; se puede hablar de 200 000 hectáreas en Brasil, que tiene alrededor de 9 millones de kilómetros cuadrados, pero 200 000 hectáreas como una de las tantas propiedades en Cuba, con 110 000 kilómetros cuadrados, aproximadamente, es verdaderamente absurdo.  Teníamos una situación terrible, y estábamos decididos a hacer la reforma agraria y la hicimos.  Lo que inició el conflicto con Estados Unidos no fueron problemas ideológicos, fue la reforma agraria.

Inmediatamente decretaron que había que acabar con la Revolución Cubana, ya lo habían hecho en Guatemala. ¿Qué hizo Arbenz?  Una reforma agraria.  Pero la reforma agraria en Cuba afectaba los intereses de los grandes latifundios norteamericanos, no solo de los latifundios cubanos, y no fue una reforma agraria demasiado radical, porque se autorizaban 400 hectáreas y hasta un máximo de 1 300 en la primera ley.  Después nos vimos en la necesidad de hacer una segunda ley por la evolución y el desarrollo de los acontecimientos; pero pusimos un límite de unas 65 hectáreas, y hay todavía muchas familias, muchos campesinos que tienen 40 hectáreas, 50 ó 60 hectáreas, eso no se tocó, eso se mantuvo.  El Estado sí expropió los grandes latifundios, creó un fondo de tierra muy grande, pero se respetó al pequeño propietario, porque era principalmente arrendatario, o colono; lo que le dimos fue la propiedad de la tierra a toda aquella gente.

Pero la reforma no era tan radical.  Por ejemplo, en China sí fue radical la reforma, porque tenía una población muy grande, y en otros países.  En China una hectárea era mucho; en China un hombre con una hectárea era prácticamente un terrateniente. A los chinos les daban 1 000 metros, el mud famoso creo que tiene 700 metros cuadrados; a veces, hasta dos y media o tres hectáreas.  Pero esa es la causa.

Quisieron liquidarnos igual que en Guatemala, con una invasión mercenaria, la organizaron la CIA y el Pentágono.  En Centroamérica hicieron los campamentos y desde allí nos invadieron, nos bombardearon con aviones iguales a los de nuestra fuerza aérea, pero eran aviones norteamericanos con bandera cubana.  En Naciones Unidas dijeron que no eran aviones norteamericanos, que eran aviones cubanos que se habían sublevado.  Así vino la invasión mercenaria, así empezó esta historia.

Nosotros proclamamos el carácter socialista de la Revolución cuando estábamos enterrando nuestros muertos frente al bombardeo que nos habían hecho el día anterior, ante decenas de miles de hombres y mujeres armados, que fueron los que lucharon, los que derramaron su sangre ya por esa nueva fase de la Revolución, fase que fue incuestionablemente precipitada por los acontecimientos; es decir que Estados Unidos no estaba dispuesto a tolerar un país en que se hiciera siquiera una reforma agraria, y una de las medidas fue quitarnos la cuota azucarera, la repartieron por todo el mundo; incluso numerosos países de América Latina recibieron parte de los despojos de nuestra cuota azucarera, es la realidad.

Nosotros no dejamos de luchar durante todo este tiempo.  Lo que acabo de contar demuestra el poderío que tenía Estados Unidos en este hemisferio, y hoy lo tienen no en el hemisferio, lo tienen en el mundo, ¡tremendo poderío!  A nosotros nos ha tocado el destino de ser vecinos de ese país, está a nuestro lado, está a 90 millas, está a menos de 90 millas, porque tiene una base naval contra la voluntad de nuestro pueblo allí en nuestro territorio, estamos a unos milímetros del territorio ocupado por Estados Unidos.  Nuestras fronteras no están en Miami, nuestras fronteras están allí en Guantánamo.

Hemos vivido esa experiencia, que puede ayudar a comprender también nuestro estado anímico, nuestra disposición de lucha y los esfuerzos que ha tenido que hacer nuestro país por preservar la independencia, desde antes de la intervención norteamericana, después de la intervención norteamericana, y luego de la Revolución no se sabe cuántos años.  A no ser por ese espíritu de nuestro pueblo seríamos un Puerto Rico.

¿En qué convirtieron a Puerto Rico, hermano nuestro, que habla español?  En una colonia y lo mantienen allí como colonia que, a pesar de los millones invertidos, vive casi casi del reparto de raciones de alimentos.  Claro, un país tan rico, el mayor productor de trigo, el mayor productor de maíz, el mayor productor de muchos renglones agrícolas, con excedentes agrícolas, reparte allí como una manera más...

Y duele mucho, porque el puertorriqueño es como el uruguayo: latino, tiene la misma cultura; sin embargo, lo vemos allí en la más triste condición, que es la de tener que soportar aquello casi como un fatalismo, y con un gran número de gente partidaria de convertir a Puerto Rico en un Estado de la Unión, y ese es un país latinoamericano.

Ayer recordaba yo cómo en Buenos Aires, en la Reunión de los 21, había planteado la necesidad de movilizar 30 000 millones de dólares para el desarrollo de América Latina --que no teníamos el capital, no lo teníamos; no teníamos los recursos que hacían falta para el desarrollo--, porque aquella era una reunión para el desarrollo.  Aquello casi dejó impávidos a los representantes latinoamericanos, pero empezamos pidiendo 30 000 millones.

Recuerdo que después de Girón, Kennedy, que era un hombre de una visión a más largo plazo, llegó a comprender los problemas de América Latina y el miedo a la Revolución Cubana lo llevó a elaborar la Alianza para el Progreso, que implicaba movilizar 20 000 millones.  Ahí estaba, en cierta forma, la acción de Cuba, la presión de Cuba, el miedo que producía Cuba a las revoluciones.  Pero se beneficiaron los latinoamericanos al menos de aquellas movilizaciones, aquellos créditos para construcciones de viviendas y otras cosas.

Kennedy también propuso algunas reformas, reformas fiscales, ¡reforma agraria, caballeros!

A Guatemala la invadieron y a nosotros nos invadieron por la reforma agraria, y Kennedy empezó a promover reformas agrarias y de distintos tipos, porque veía que el problema era social, fundamentalmente.  Nosotros habíamos planteado que el problema de América Latina era social, y que sin desarrollo económico y social no podía haber estabilidad en América Latina.  Desde entonces nosotros hablábamos fuertemente también de integración y de Mercado Común Latinoamericano, ya desde fecha tan temprana como el año 1959, cuando nosotros viajamos aquí.

Así que logramos influir en la política de Estados Unidos, pero no en detrimento de América Latina, sino en beneficio de América Latina.  Fue una lucha fuerte.

En otro momento, en las Naciones Unidas, en todas partes, hemos estado luchando por el Nuevo Orden Económico Internacional.  Ese orden se aprobó en Naciones Unidas, a proposición de México; nada de eso se cumplió, por supuesto.

Les voy a citar otro ejemplo.  Defendimos el mar territorial hasta    200 millas, y eso a nosotros no nos beneficiaba en nada, porque los mares territoriales nuestros chocan inmediatamente con Estados Unidos, o con México, o con Jamaica, o con Gran Caimán, o con Bahamas, o con República Dominicana, y son mares profundos.  Sin embargo, veíamos a los chilenos, a los peruanos, a los ecuatorianos y a otros países luchando por el mar territorial y los apoyamos en contra de nuestros propios intereses, porque hemos seguido siempre una política de principio.

Puedo mencionar también la gran batalla que Cuba libró contra la deuda externa en el año 1985 y la influencia que esa batalla tuvo después en una mejor comprensión mundial, porque nosotros les enviamos los materiales a los africanos, a los asiáticos y a todo el Tercer Mundo; hasta al Papa yo le mandaba los materiales que explicaban el fenómeno, la tragedia de la deuda externa.

Después surgieron algunas ideas para aliviar esa deuda, no para borrarla.  La deuda ni está borrada ni está aliviada; crece, está en más de 500 000 millones, y se supone que para el 2000 serán 700 000 millones.  América Latina paga por esa deuda --parte como servicio y parte como amortización-- entre 35 000 y 40 000 millones de dólares.  Es una sangría terrible para un continente que se sabe cuánta gente todavía tiene analfabeta.

Esa no es la situación de Uruguay, país que, afortunadamente, hizo importantes reformas hace muchos años que le permitieron alcanzar niveles económicos y especialmente sociales en campos como la educación, la salud, al extremo que se convirtió en paradigma de la educación y de otras actividades sociales, las cuales ayudaron a levantar los niveles de vida que hoy tiene el uruguayo de cultura, de educación, que fueron resultado de importantes pasos que se dieron en un momento determinado; pero en el resto de América Latina, ustedes conocen bien la situación de pobreza creciente.  Hay cada vez más pobres, hay cada vez más desempleados en América Latina, es la realidad; hay problemas no resueltos.  Digamos que la inmensa mayoría de los problemas están por resolver.  La población crece a un ritmo relativamente elevado y los problemas se agravan, ese es el cuadro que nosotros podemos observar.  A un continente que le saquen entre 35 000 y 40 000 millones de dólares por la deuda, es realmente una sangría.

Nosotros en el mundo, en los organismos internacionales y en todas partes, hemos estado librando esas batallas y, aunque alejados políticamente, hemos luchado por los intereses de nuestros hermanos de América Latina.  Al defender a Cuba y al defender a la Revolución; al mantener la independencia de nuestro país de modo que no se convierta en un Puerto Rico, o en algo peor, en un Miami, hemos estado defendiendo los intereses de América Latina y hemos estado cumpliendo aquel deber de ser la primera trinchera en esa defensa.  Como luchadores de esa trinchera, entiendo que hemos cumplido nuestro deber.

Hoy ya no es siquiera justo hablar de América Latina solo, hay que hablar de América Latina y el Caribe, porque en el Caribe también hay un numeroso grupo de países que cuando triunfa la Revolución no eran independientes, y hoy son países independientes y tienen influencia en Naciones Unidas y pueden aportar a la lucha común de los países del Tercer Mundo, como les llamamos nosotros a los países del sur para defender sus intereses en esas instituciones internacionales.

Yo por eso no pienso en términos de diferencia, porque somos tan diferentes y nos queremos muchísimo; se demuestra al menos que la ideología no interfiere con el amor, porque nos queremos los uruguayos y los cubanos muchísimo.  Sabemos que tenemos distintos enfoques y distintos modos de ver las cosas, pero también distintas historias.

Nosotros hemos tenido que defender la unidad de nuestro país por encima de todo, y lo que hizo Martí también fue crear una organización que uniera a todos los cubanos.  Nosotros no podemos darnos el lujo de fragmentamos en 10 pedazos o en 100 pedazos; nos debilitaríamos terriblemente, no podríamos resistir.

Habría que preguntarse alguna vez honradamente por qué Cuba resistió y cómo pudo, cuando perdió el 75% de sus exportaciones y casi el ciento por ciento de sus mercados, bajo un feroz bloqueo que impide, incluso, la compra de alimentos, de medicinas y que lleva ya más de       35 años; como resistió el país cuando se quedó solo.  Se decía que era satélite de la Unión Soviética; desapareció la Unión Soviética, y entonces fue cuando se demostró que de verdad nunca fuimos ni seríamos satélites.

Sí, frente al bloqueo significó mucho la relación con la Unión Soviética y el campo socialista, cuando nos quitaron el petróleo, los mercados, todo y nos amenazaban con destruirnos, amenazas tales que casi dieron lugar a una guerra nuclear, a decir verdad, en el mes de octubre del año 1962.  Han pasado cosas tremendas.

Para nosotros fue muy importante eso, y les agradecimos mucho lo que hicieron con nosotros: un comercio justo, todo lo que producíamos lo compraban, había precios preferenciales: si subía el precio de nuestras exportaciones, subía el precio de lo que ellos nos exportaban a nosotros.  Habíamos logrado un buen arreglo. ¡Ojalá el mundo pudiera tener ese arreglo con el mundo desarrollado, que no hubiera tanto egoísmo, que no deprimieran los precios de nuestros productos básicos, que no hubiera tanto subsidio!  Ustedes saben las consecuencias de todo eso cuando iban a vender la lana, o cuando iban a vender la carne, nos arrebataban los mercados; nosotros al menos habíamos logrado aquel tipo de relación.

Desaparecieron el campo socialista y la URSS, pero Cuba demostró que no era un satélite, sino que tenía luz propia.  Una pequeña estrella, si se quiere, dando vueltas; pero una estrella, no un satélite. ¿Y cómo hemos podido defender esa estrella simbolizada en nuestra bandera?  Con la unión del pueblo.  No podemos ni pensar en fragmentar nuestro pueblo, porque esa ha sido el arma, principalmente, de la resistencia.  Digo que algún día habrá que pensar en eso, y cómo Cuba fue capaz de realizar esa proeza.

Hace cinco años desapareció el campo socialista y se desintegró la URSS, y ahí está Cuba resistiendo; ha resistido admirablemente y empieza ya poco a poco a levantar cabeza en el terreno de la economía, haciendo las cosas que a nosotros nos parece que debemos hacer en estas circunstancias: haciendo una apertura, haciendo determinadas reformas que empiezan a dar resultados, algunos de ellos notables, porque nosotros hemos reducido el déficit del 33% del Producto Interno Bruto en 1993 al 7% en 1994; es notable.

Ahora, esto lo hemos hecho conversando con todo el mundo, reunidos con los trabajadores, reunidos con los estudiantes.  Había que aumentar determinados precios, establecer determinados impuestos, suprimir determinadas gratuidades; pero no lo hicimos por decreto, lo discutimos con el pueblo, después lo discutimos con la Asamblea Nacional, después lo volvimos a discutir con el pueblo, y así tomamos las medidas.

Hace 15 meses, por un dólar se entregaban 150 pesos cubanos, y hoy por un dólar se entregan alrededor de 25 pesos cubanos; esos son algunos de los logros llamados macroeconómicos, que ayudan a las medidas que estamos tomando y que ayudan al desarrollo de la economía en estas excepcionales circunstancias.

Cuántos años tendremos que seguir así ni se sabe, porque si los grupos de extrema derecha que están predominando en el Congreso de Estados Unidos logran implantar su Ley Helms-Burton, que hace todavía más brutal el bloqueo y es más intervencionista, porque se mete con la vida de todo el que comercie con Cuba en cualquier parte del mundo y toma medidas realmente drásticas, nosotros tendremos que prepararnos para seguir --como estamos ahora-- muchos años más; solo que ahora con más experiencia.

Buscamos la eficiencia por encima de todo, estamos usando determinados mecanismos de mercado, todo ajustado a las condiciones específicas de nuestro país, y hemos hecho ya no pocas cosas y estamos trabajando con la voluntad de adoptar las medidas que sean necesarias, para garantizar que esa trinchera siga existiendo.

Perdónenme si me he extendido un poquito, pero quería darles un poco la idea de nuestros antecedentes, de nuestra historia, de nuestra vida, aparte de que hay un sentimiento especialmente histórico entre Uruguay y Cuba: primero, porque a Uruguay lo admiramos mucho en nuestro país como un paradigma; después, porque en Uruguay se admiraba mucho a nuestra patria como un ejemplo de valentía, de tenacidad y de firmeza frente a ese poder.

En estos 36 años ese poder no ha disminuido, ha crecido; pero yo diría que nuestro espíritu de lucha tampoco ha disminuido, ha crecido, y ya empiezan a desarrollarse fuerzas en Estados Unidos que se oponen realmente al bloqueo.  Entre los sectores comerciales, entre los grandes órganos de prensa, entre las grandes casas editoras, en ambientes científicos, en muchas áreas se empiezan a oponer; pero la propia situación de Estados Unidos en este momento es incierta, muy incierta, nadie sabe lo que ocurrirá en los próximos 14 meses.  Si son los de ultraderecha los que ganan el poder ejecutivo, entonces creo que vamos a tener dolores de cabeza no solo nosotros, sino todos, porque tienen una política muy dura con relación al resto del mundo: a Naciones Unidas casi la quieren liquidar, quieren barrer todas las reformas sociales que empezaron a desarrollarse desde la época de Roosevelt, que continuaron con la lucha de los movimientos negros en Estados Unidos, de las minorías hispánicas que fueron, a través de su lucha, alcanzando determinadas prerrogativas, determinado derecho, y estos grupos, que son fuertes, que son poderosos, pretenden barrer todas esas conquistas.

Ese país es muy poderoso.  Si algunas ideas que no se alejan mucho del nazismo un día prevalecieran en ese gigantesco y poderosísimo país, potencia hegemónica, no se sabe lo que quedará de la independencia de nuestros pueblos.  Por eso es muy alentador ver un pueblo pequeño que se muestra de manera valiente, que se muestra de manera independiente, porque a pesar de todo, a pesar de todos estos factores, de todas estas cosas inciertas, estoy seguro de que nadie podrá dominar nunca al mundo.

Recuerdo la época en que existía la URSS y la teoría de que se quería apoderar del mundo.  Yo conversaba con muchos visitantes norteamericanos y les decía: ¿Pero ustedes de verdad creen que la URSS quiere apoderarse del mundo?  Miren, es como si a nosotros nos acusaran de querernos apoderar de Haití. ¿Quién quiere apoderarse de Haití con la cantidad de problemas que tiene?  Les decía: Si ustedes creen que los soviéticos quieren apoderarse del mundo, ¿por qué no se lo regalan?, porque el mundo tiene tantos problemas, pasados, presentes y futuros, que es ingobernable.

Ellos aprenderán esa lección de la historia porque encontrarán la resistencia de los pueblos de una forma o de otra; y dicen que los pueblos se hacen cada vez más ingobernables, todos los que tienen funciones de gobierno lo saben, hasta ustedes, que viven aquí en una especie de edén de tranquilidad.  Pero cuando uno ve los cables y las noticias que llegan de todas partes del mundo, se da cuenta de que esas ideas son ideas locas, pero esas ideas locas existieron antes y existen ahora.  De modo que nosotros, con mucho realismo, vemos las cosas, y, claro, pensamos derrotar el bloqueo.

 

El bloqueo hoy es el obstáculo fundamental para nuestro desarrollo, cualesquiera que sean las aperturas económicas que hagamos, las medidas que apliquemos, pero sabemos que más tarde o más temprano, tardará más o tardará menos... Nuestro deber es prepararnos como si el bloqueo fuera a ser largo, pero ya se ve, por ejemplo, en Naciones Unidas la oposición al bloqueo, de modo que en esas resoluciones que se discuten todos los años, Estados Unidos saca su voto y el de uno o dos más.  Ciento uno, tengo entendido, votaron a favor de la resolución nuestra, y muchos, en esos casos, se abstienen y otros se ausentan.  Todos esos que se ausentan son votos en contra, porque es que hay muchos países que están pendientes de un crédito del Fondo Monetario, del Banco Mundial, del banco tal, que reciben ayuda, que reciben cosas, y no se pueden dar el lujo de estar allí; pero es tan fuerte el sentimiento que se ausentan de la sala para no votar, o se abstienen.

Estados Unidos desafía eso, porque hoy, ¿cuál es el poder de la Asamblea General?  Ninguno, el 99% puede adoptar una cosa y un país lo puede desconocer, el famoso derecho al veto, todos esos temas en los cuales no quiero entrar, pero que son problemas del mundo de hoy, que más tarde o más temprano hay que analizar y adoptar posiciones con relación a ellos.

Seguramente de eso se hable en la reunión de los No Alineados de Cartagena, seguramente de eso se hable en la reunión cumbre de Naciones Unidas, pero las Naciones Unidas tiene que cambiar, no pueden seguir existiendo los privilegios que hoy existen, como el manejo del Consejo de Seguridad y el derecho al veto de cinco potencias.  Eso no tiene nada de democrático, no tiene nada de equitativo, no tiene nada de justo.

A todas esas batallas nos enfrentaremos, porque el mundo toma conciencia de estos problemas, y yo sé que ustedes saben que en nuestro hemisferio hay muchos problemas todavía por resolver, que nuestra generación se enfrenta a obstáculos incomparablemente más complejos que los que existían hace más de 30 años, y yo siempre cuando veo a los niños me conmuevo de cierta forma al preguntarme qué mundo es el que les vamos a legar, incluso si estarán protegidos de la capa de ozono, si

estarán protegidos de los cambios climáticos, si podrá salvarse la humanidad de ese caos y esa catástrofe que nos amenazan, siguiendo los modelos de las sociedades de consumo, que ya sabemos lo que son las sociedades de consumo.  Nos traen la práctica, no tenemos la riqueza para disponer de todo lo que ellos tienen, pero sí tenemos la publicidad y el deseo de tenerlo.

Me he preguntado, sin embargo, qué sería el día que en China el  per cápita de automóviles fuera como el de Estados Unidos y cada familia tuviera un automóvil, y en la India, en Bangladesh, en Indonesia y en cualquier parte.  Nosotros, por las dificultades económicas que tenemos, hemos tenido que aprender a montar en bicicleta y resolver muchos de los problemas del transporte en bicicleta.  A esa virtud no pensamos renunciar ni siquiera cuando logremos vencer todas estas dificultades.  Los holandeses tienen muchos automóviles, pero viajan mucho en bicicleta, casi todo el mundo tiene una bicicleta; a lo mejor ustedes, los uruguayos, que son tan sabios, algún día, sin renunciar a los automóviles, porque eso es muy difícil después que se tienen, desarrollen el uso de la bicicleta.

Ayer venía yo para la casa de las recepciones, por esas calles, y estaba asombrado de la cantidad de tránsito que hay en Montevideo, la cantidad de carros y las luces para acá, para allá.  Los heroicos motociclistas haciendo maniobras de todas clases, a una gran velocidad.  Es un movimiento realmente terrible, casi no se podía transitar; sin embargo, ustedes consumen poco petróleo porque tienen un privilegio: el de la energía hidráulica.  Nosotros la mayor parte del petróleo tenemos que gastarlo en electricidad, pero ustedes tienen ríos grandes, energía hidráulica, por eso se pueden dar el lujo de tener tantos automóviles por ahí, sin hacer un gasto muy grande en combustible; pero cualquiera comprende que ese no puede ser el modelo para una gran parte del mundo.

El mundo en el año 2000 tendrá 6 000 millones de habitantes y más de 4 000 millones viven en el Tercer Mundo.  Tienen que cambiar hasta los patrones de vida, los patrones de consumo, no podrán seguir viviendo esto que hemos heredado del mundo capitalista desarrollado.

China crece, pero China consume ya 1 400 millones de toneladas de carbón y tiene apenas 500 dólares de producto interno per cápita. ¿Qué será el día que China tenga 5 000? ¿Cuántas toneladas de carbón lanzará a la atmósfera?

Son problemas serios que afectan no solo ya a esta generación.  En nuestro país empezamos a ver las consecuencias de los cambios de clima ya, y ustedes saben que la abertura de la capa de ozono se corrió hasta por acá. ¡De milagro no llegó hasta Uruguay, porque ya llegó por la Patagonia y llegó a unos cuantos lugares!  Son problemas que no son imaginarios, son problemas serios, y es por eso que pienso tanto en las futuras generaciones cada vez que veo a un niño, y ver cómo nosotros       --y creo que en esta ideología coincidimos todos-- nos arreglamos en este mundo; qué hacemos para preservar la vida, incluso, en el planeta, porque entonces ese día sí se acabarían todas las ideologías, si es que el hombre no llega a superar esos problemas.

Esa responsabilidad es de nosotros los políticos, y está demostrado que la política es una de las carreras más duras, de las profesiones más duras y más sacrificadas, y podríamos decir que los políticos, a lo largo de la historia, no hemos sido suficientemente eficientes.

¡Respetémonos!  Respetemos el derecho a la independencia, respetemos la libertad de nuestros pueblos, respetemos al pluralismo y creo que esto de hoy es una prueba del pluralismo, porque el mundo tiene que ser plural.  Está la civilización occidental, la oriental, la cristiana, la budista, la mahometana, y siempre habrá esa gran diversidad de pensamiento en todo.

Muchas gracias una vez más, mil gracias, infinitas gracias.  No olvidaré nunca el honor de haber podido reunirme con ustedes en este día de hoy (APLAUSOS PROLONGADOS).