Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en el acto de imposición de la Orden de Buena Esperanza, efectuado en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, el día 4 de septiembre de 1998.

 

(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado)

 

Estimado Presidente de la República Sudafricana,

compañero Nelson Mandela;

Distinguidas autoridades presentes;

Hermanas y hermanos sudafricanos:

 

Sin África, sin sus hijos y sus hijas, sin su cultura y sus costumbres, sin sus lenguas y sus dioses, Cuba no sería lo que es hoy.

El pueblo cubano tiene por ello una deuda con África que se acrecienta con la historia heroica que hemos compartido.

Recibir esta Orden de sus manos, querido y entrañable compañero Mandela, que es y será para siempre símbolo del honor y la dignidad de este continente, multiplica nuestro sentimiento de hermandad  e incrementa nuestro compromiso con su valiente y maravilloso pueblo, y con toda el África.  Usted ha enseñado al mundo con el ejemplo de su vida a ser rebelde frente a la injusticia, firme ante la adversidad, perseverante en las ideas, sabio en la victoria, confiado siempre en el futuro (Aplausos).

En nombre de las raíces comunes y la historia que todavía hoy juntos seguimos construyendo;

en nombre de todos aquellos hijos de este continente que fueron arrancados de su tierra, vendidos y encadenados, obligados a cruzar el océano y forzados a entregar su sudor y sus vidas en una isla lejana que pronto, sin embargo, fue una nueva patria para ellos;

en nombre de las incontables legiones de africanos y descendientes de africanos que lucharon y murieron, ya como cubanos, por la independencia de Cuba;

en nombre de las decenas de miles de cubanos que un día regresaron a África para poner su valor y su sangre al servicio de la libertad del continente;

en nombre de los otros miles y miles que han brindado y están brindando hoy mismo a África todo su saber y su esfuerzo tesonero;

en nombre de todo el pueblo cubano que aprendió a saldar con su solidaridad y su internacionalismo aquella deuda contraída con África;

y únicamente, en nombre de todos ellos y de toda Cuba, recibo emocionado y agradecido, compañero Mandela, esta honrosa condecoración que usted y su gobierno han querido conferirme (Aplausos).

Sea la buena esperanza a la que alude el nombre de esta Orden, el sentimiento que inspire nuestro sueño de un mundo más justo y más digno para el hombre.

Por ese futuro de esperanza, recordando una frase de aquel otro entrañable compañero de lucha Ernesto Che Guevara (Aplausos), que también hizo suyas las causas africanas y a ellas entregó una parte considerable de sus afanes revolucionarios, permítanme decirles: 

¡Hermanos de Sudáfrica, hermanos de toda el África, hermanos de todos los pueblos pobres del mundo, seguiremos juntos a ustedes hasta la victoria siempre!  (Ovación.)