Discurso pronunciado por el Presidente de la República de Cuba, Fidel Castro Ruz, en la clausura del XII Foro Nacional de Ciencia y Técnica, efectuada en el Palacio de las Convenciones el día 21 de noviembre de 1998.

(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado)

Compañeras y compañeros:

Les prometí unas palabras, después de que terminara el compañero Miret, para explicarles mi ausencia de este foro.

En realidad, en estos días hemos tenido un gran cúmulo de actividades que se unieron: visitas de jefes de gobierno que debíamos recibir, conversar, y no solo de jefes de gobierno, sino de muy diversas personalidades, no todas las personas con las que nosotros conversamos salen en la prensa; pero una serie de personalidades muy importantes para toda la actividad que está desarrollando nuestro país en este momento, que había que atender y dedicarles tiempo.

Hay períodos en que se junta todo eso, y cuando vinimos a darnos cuenta ya teníamos el foro encima, en una época del año de muchas actividades que no nos daban tiempo, sencillamente, y nos faltan unas cuantas todavía; dentro de unos días, porque pasa el tiempo veloz, estará el Congreso de la juventud y otra serie de eventos, reuniones, Asamblea Nacional y cosas por el estilo.

Pero aun con todos estos compromisos no me habría faltado tiempo para estar algunas horas con ustedes, en algunos debates, en algunas sesiones. A mí siempre me ha interesado mucho, en estos foros, escuchar todas las opiniones, proposiciones, para estar realmente bien informado, bien empapado y cuando me tocara hablar, saber realmente las características, el contenido y la importancia de las intervenciones y los debates.

No me he perdido un solo foro desde 1990, eran anuales; y recuerdo cuando esto, que empezó modestamente como foro de piezas de repuesto, fue la primera necesidad, se convirtió en lo que es hoy, un movimiento extraordinario de ciencia y técnica. A mí me gustaban incluso los foros anuales, pero vimos que era tal ya la cantidad de esfuerzo dedicado a eso, que llegamos a la conclusión de que resultaba más racional que se hicieran cada dos años; son bianuales ahora, y a este primer foro bianual no pude asistir, no pude participar en los debates, por las razones que les expliqué.

Pero la más importante de las razones por la que no pude estar es, quizás, aun con todos los demás compromisos, y entre los compromisos están los planificados y los que surgen a lo largo del año —usted puede planificar 50, 100, 200 actividades y al final del año son 400, ese tiempo hay que robárselo a veces al sueño, hay que robárselo al descanso, hay que robárselo al estudio, porque nosotros también tenemos que estudiar igual que ustedes, leer mucho, y recoger información—, algunas horas habríamos podido sacar para participar en el foro, de no coincidir con el fenómeno de los huracanes que han tenido lugar casi uno detrás de otro. Primero el Georges famoso, que arrasó República Dominicana y Haití, nos hizo daño a nosotros, bastante, pues llegó después de una intensa sequía. Había que llevar ayuda inmediata, tal y como acostumbramos a hacerlo a todos los lugares. Incluso nosotros priorizamos a República Dominicana y Haití, puesto que recibieron un golpe mayor. No tenían la experiencia que tenemos ya nosotros, no han alcanzado el nivel de organización que ya poseemos para la protección de la población y de las instalaciones.

Le prestamos atención especial a eso, sobre todo haciendo un trabajo también diplomático para buscar ayuda a esos países, aparte de la moral que nos da, cuando decimos: Preferimos que prioricen a Santo Domingo y Haití porque han sufrido más que nosotros, han sufrido un golpe más fuerte.

Realmente nosotros estamos más preparados hoy, estamos más preparados que nunca, y difícilmente haya otro país mejor preparado que nosotros para enfrentar golpes de todo tipo, y nos da moral cuando pedimos para otro y trabajamos para otro. Lo que estábamos lejos de imaginarnos es que, apenas unas semanas después, se presentara un huracán de excepcionales características, Mitch se considera uno de los cuatro más fuertes de este siglo. Y estuvo rondándonos, iba por el sur de Cuba y casi todos esos ciclones en esta época, cuando entran en esa zona, amenazan con recurvar hacia el norte y pasar por nuestro país.

Ese monstruo alcanzó vientos sostenidos de más de 250 kilómetros por hora y, además, algunas rachas de más de 300. Estos huracanes ahora los clasifican los meteorólogos en categoría I, categoría II, III, IV y V, cualquiera se engaña con esa categorización. Cuando tiene vientos sostenidos de más de 100 kilómetros por hora, ya es huracán de categoría I y así sucesivamente. Cuando pasa de 250 es de categoría V. Cualquiera se puede inclinar a pensar que un huracán de categoría V pueda hacer cinco veces más daño que un huracán de categoría I; un simple cálculo, acostumbrados a multiplicar y a dividir, podría hacer suponer eso. Pero es que un huracán —y esto lo supe ahora, lo vi bastante recientemente— de categoría V tiene veinticinco veces más poder destructivo que un huracán de categoría I, ¡veinticinco veces!

Este venía para acá, más bien iba a pasar casi por el centro del país; más o menos parecía que iba a pasar al oeste de Jamaica, por Camagüey, esa era la dirección que traía, y después dobló hacia el oeste. Se mantuvo a un ritmo bastante lento, pero fue avanzando y los vientos adquiriendo más fuerza, porque lo que alimenta a los huracanes es el calor sobre todo del mar. En tierra pierden fuerza, se desgastan más, por la fricción de la tierra, la irregularidad del terreno; cuando tiene montañas altas se desorganizan bastante hasta que se reorganizan de nuevo, pero en el mar cobran fuerza inmediatamente. Y este venía por la corriente del golfo, y la corriente del golfo lleva su energía desde los mares ecuatoriales hasta Noruega, así que calculen si tiene energía suficiente en esa corriente un huracán de este tipo para fortalecerse.

Se le velaba cuidadosamente. Rubiera insistía, algunos estaban medio cansados ya, se encontraban movilizados desde hacía algunos días. No se puede hacer otra cosa que tomar medidas a tiempo, no se puede estar jugando a cara o cruz, pensando que va a seguir de largo, eso no lo puede asegurar nadie. Los de Pinar del Río movilizados por si pasaba por esa provincia, pero siguió hacia el oeste; incluso hubo un momento en que se inclina un poco hacia el suroeste.

El hecho es que este huracán inverosímil se detiene largamente frente a las costas de Honduras. Todo el tiempo que estuvo detenido allí había el riesgo de que tomara rumbo norte y pasara por Pinar del Río, no sé qué hubiera quedado de tabaco, o de casas de tabaco en Pinar del Río, uno de los renglones crecientes de exportación que tiene el país.

Aquí le pregunté a uno de los destacados si podíamos sembrar en toda la isla tabaco de calidad y dice que sí. El país está trabajando por una producción futura de 400 millones de tabacos de exportación anualmente y tienen una demanda que es increíble. Hay algunos puros nuestros que se venden a los turistas en algunas islas del Caribe a 40 dólares y a 50 dólares, nosotros recibimos un dólar y medio o dos dólares; pero, bueno, es un ingreso. Cuando lo vendemos aquí no lo vendemos tan caro, pero también se vende en el mercado interno a los turistas. Hay una demanda tremenda, es un renglón que crece; pero si ese huracán pasa por Pinar del Río el daño habría sido enorme. Allí había todavía 300 000 quintales en proceso, secándose; toda la materia prima casi de la primera parte del año. Los primeros cuatro meses del año están allí procesándose todavía.

Pero se detuvo frente a Honduras, un fenómeno increíble: 58 horas detenido allí. A las islitas aquellas que estaban cerca las barrió por completo; pero, claro, fue perdiendo energía, porque él también, con esa energía brutal, para alcanzar rachas de más de 300 kilómetros se debilita, se desgasta —es igual que un avión que esté volando a 1 000, a 1 500, a 2 000 kilómetros, que gasta mucha más energía que si está volando a 500—, ya a esas velocidades tan altas fue perdiendo cierta energía. Pero el hecho es que se detiene 58 horas frente a las costas de Honduras y no lejos de Nicaragua. Fueron unas masas de agua enormes, y el daño lo hicieron no tanto los vientos —aunque eran vientos suficientes como para derribar plátanos, casas y muchas cosas; pero no eran los vientos de 200, de 150 kilómetros, hubo momentos en que llegaron a menos de 100 los vientos sostenidos—, sino lo que llovió. Estuvo todas esas horas lloviendo, y después siguió por el territorio, perdiendo fuerzas, hasta que penetra en Guatemala.

En las montañas de Guatemala desaparece, ya daban por desaparecido el ciclón; pasaron alrededor de 48 horas y otra vez Rubiera anunciando que el ciclón estaba por el golfo de Campeche, que de nuevo se presenta.

Reaparece el famoso huracán, y lo que sí recuerdo es que el día estaba precioso cuando empezaron a dar noticias de que estaba reorganizándose por allá; ya venía en dirección noreste, no se sabía a qué distancia iba a pasar de nosotros ni cuánta agua nos iba a caer, cuando nos considerábamos libres de aquel riesgo, ¡ya se imaginan!

Pasó como a 170 kilómetros de las costas de Pinar del Río, las lluvias no fueron muy fuertes, no llegó a ocasionar daños de consideración; pero recuerdo que cuando anunciaba el observatorio que estaba a 300 kilómetros, aquí hubo rachas de viento de 100 kilómetros, y en el observatorio de La Habana de 105 ó 110 kilómetros.

Cuando se desorganizan son peores, como le pasó al Georges, que salió de Haití con tres ojos mientras se organizó de nuevo, pero hubo rachas de viento a 300 kilómetros de distancia. El Mitch causó un verdadero desastre, se considera el más grande desastre natural ocurrido en Centroamérica en 200 años. Nadie puede imaginarse lo que eso significa sino es viendo las imágenes de la destrucción que causó en esos países. Países, además, pobres, porque Honduras y Nicaragua, por ejemplo, están entre los dos países más pobres del continente. Haití puede ser el número uno en pobreza, no solo del hemisferio, sino del mundo —no el número uno, pero está entre los más pobres del mundo—, y Honduras y Nicaragua, los más dañados, están entre los más pobres de América Latina y del Caribe, con excepción de Haití.

Los demás son muy pobres, no tanto, pero son muy pobres: Guatemala es un país pobre, El Salvador es un país pobre; incluso estaban amenazados con otro huracán: la devolución de gran cantidad de los llamados indocumentados de Centroamérica que viven en Estados Unidos, que remiten dinero a sus familiares en Centroamérica, los están expulsando.

Los destrozos fueron tremendos. Hay que decir que a Honduras la barrió completa, no quedó plátano, no quedó cosecha, no quedó nada, áreas inmensas cubiertas de agua. La capital, atravesada por un río normal, como quien dice el Almendares —y este a veces daba dolores de cabeza; antes de que tuviera la presa aquella de Mampostón, todos los años había inundaciones por la zona de la carretera de Rancho Boyeros—, allí, en Tegucigalpa, el agua que cayó era inimaginable, a lo cual se suma el hecho de que Centroamérica ha quedado muy deforestada, decenas de miles de hectáreas de bosques han ido desapareciendo cada año. El bosque retiene las aguas, cuando no hay bosque el agua se precipita hacia los cauces de los ríos, y la inundación de la capital fue sorpresiva y terrible.

En la cuestión de las crecientes, hay dos cosas muy importantes, no solo el volumen de agua que cae, sino el tiempo en que cae. Lo que pasó aquí con este ciclón Georges en Mayarí, que hubo que evacuar, cuando casi había pasado, lugares donde nunca había llegado el agua, que no se evacuaban. Hubo que evacuarlos bajo las lluvias en Mayarí, población grande que está en la orilla más alta del río, un río que a veces crece fuerte. Hay una presa que no se terminó por el período especial, en la que pensamos ir trabajando poco a poco hasta terminarla. Pero el problema es que cayeron 300 milímetros en cuatro horas, y no es lo mismo 300 milímetros en cuatro horas que 700 milímetros en 24 horas.

Eso pasó aquí también en la zona de San Nicolás, provincia de La Habana, en un pueblo que nunca se inundó: cayeron por los alrededores, en la cabecera de un arroyo, 300 milímetros en unas horas y ocurrió igual que en Mayarí.

Nadie sabe las lluvias que cayeron en Centroamérica. Si uno analiza las imágenes, no creo que puedan ser tanto como el Flora, pero no hace falta tanto como el Flora.

Del Flora no se sabe todavía, se calculan 1 600 milímetros, no había muchos puntos de medición, pero ya había algunos; fueron 1 500 y 2 000 milímetros. El ancho que tenían la inundación y la corriente, en el medio de la provincia de Oriente, y lo digo como testigo presencial, era el ancho de la desembocadura del Amazonas, al unirse las aguas de todos los ríos que hoy están represados y que también inundaban el Valle del Cauto todos los años, antes del Flora, no con grandes inundaciones, pero lo inundaban.

Todos están hoy represados. Hasta el propio Cauto, antes de llegar a la Carretera Central; está represado también cerca de Miranda; está represado el Contramaestre. Todos los ríos que cuando el Flora vertieron sus aguas, más los de Manzanillo, de la región de Granma, todos están represados hoy. Pero todas aquellas aguas —fueron 36 horas lloviendo realmente— vinieron juntas, y el río crece en forma de ola, es como una pared, un muro que avanza, en horas de la madrugada, sorprendió a todo el mundo. Hubo campesinos que creyeron que era el mar del norte de Oriente que había invadido la provincia.

Alrededor de 1 200 personas perecieron cuando el Flora. Hoy no habrían perecido, porque cada vez que hay peligro de ciclón, con presas y todo, se evacua toda la gente que vive en aquella región, porque ya hay un nivel de organización muy grande, participa todo el pueblo unido, como en este foro, como dijo Miret, con disciplina, con todo garantizado; 700 000 personas se evacuaron cuando el Georges, como medida preventiva.

Ahora, el Mitch fue algo inusitado, no se puede ni siquiera criticar a ninguno de esos países, porque el fenómeno se iba por encima de cualquier cálculo que se hiciera, y les hablaba de un río que atraviesa la capital de Honduras, toda el agua caída desbordó aquel río, llevó lodo y arrasó casi con la ciudad, hubo barrios enteros arrasados.

Les decía que la deforestación contribuía a los daños del huracán. Se reúnen varias cosas: el fenómeno inusitado, la cantidad de horas lloviendo, montañas deforestadas, porque el bosque retiene el agua. Es decir, no es solo la cantidad de agua caída, sino el tiempo en que haya caído, más la capacidad de las fuentes de esos ríos de retener el agua, la que pueden retener durante horas y las crecidas no serían tan destructoras.

También el fenómeno de El Niño está influyendo, son ya los cambios de clima, y no solo los cambios de clima, sino también la deforestación. Ese es el precio que la humanidad empieza a pagar por toda la agresión a la naturaleza, por ello el énfasis creciente en las cuestiones del medio ambiente, en la necesidad de darle cada vez mayor importancia al problema.

Nunca hubo en Cuba una sequía como la que precedió al huracán Georges. Es cierto que no fue igual en toda la isla, pero en extensas zonas de Holguín, Las Tunas y parte de Guantánamo fue muy intensa, y en toda la isla en general, en unas más y en otras menos, pero no se conoce una sequía así, no llovió en toda la primavera en algunas regiones.

Bueno, incluso huracanes de estas características ya son más frecuentes.

Lo de El Niño está influyendo en algunos lugares con grandes inundaciones y en otros con grandes sequías. Realmente fue catastrófico, se dice que hizo retroceder a esos países 50 años.

Causó un gran número de víctimas, las cifras son diversas, y no se sabrá al final exactamente, porque se trata de muertos y desaparecidos. De muchas de las víctimas del Flora en Cuba, en el año 1963, no aparecieron sus cadáveres. Nadie se imagine que donde hay una inundación de ese tipo, después del agua empiezan a aparecer cadáveres; no, muchos de los cadáveres se los lleva la corriente, no aparecen.

En Centroamérica, cadáveres contados pueden ser ahora —las cifras están variando— 10 000 ó 12 000. Pero entre muertos y desaparecidos se calcularon inicialmente alrededor de 30 000 víctimas. De 100 desaparecidos, como regla, no menos del 95% de los casos son realmente víctimas mortales. Todavía hay laderas de montañas que tienen allí sepultados cientos y tal vez miles de personas. Sé que en Nicaragua, por ejemplo, había un volcán donde había cinco poblaciones y varios miles de personas —vi ese dato, lo leí—; habían aparecido 180, las otras permanecen sepultadas allí, se dan como desaparecidas.

Nosotros consideramos un deber elemental apoyar a Centroamérica; podíamos hacerlo de forma efectiva, a partir de las meditaciones que habíamos hecho a raíz del huracán Georges, de los estragos que produjo en Haití y República Dominicana. A este país enviamos una brigada médica, tan pronto estuvo disponible la pista de aterrizaje de la capital. Me contaron que esta tarde habló un médico de los que participaron en ella.

A mí me contaron tantas cosas tan interesantes y tan humanas de las que hicieron en Barahona, que tengo muy presentes. Había dos pueblos, uno a la izquierda y otro a la derecha de un río; el de la derecha quedó mucho más afectado, envuelto en lodo, el lodo casi hasta los techos de las casas; en el de la izquierda no había tanto lodo, estaba un poquito más alto; dos municipios diferentes, un hospital viejo en el de la izquierda y uno nuevo a la derecha, bajo el lodo, recién terminado. Ellos sacaron del lodo los equipos. ¿Ustedes se imaginan un equipo de anestesia y respiradores y otros muchos equipos envueltos en lodo? Hubo solo algunos que no pudieron recuperar totalmente, porque resultó imposible, pero casi todos los recuperaron. A las 48 horas estaban haciendo operaciones con los equipos recuperados del lodo. Hicieron más de 100 partos y operaciones, sin contar los miles de personas que fueron de todas partes a verlos, desde 50 kilómetros. Las autoridades tuvieron que hacer un esfuerzo para poner orden, enviaron personas armadas con fusiles, fuerzas del orden para organizar aquello un poco. Empezaban a las 3:00 de la mañana las solicitudes de turno.

Bueno, el impacto causado fue tremendo, el agradecimiento del gobierno, de las autoridades, de todas las organizaciones, de todas las fuerzas al trabajo que han hecho esos 13 trabajadores de la salud, llamémoslos así, porque entre los 13 estaba el técnico de la planta eléctrica, alguna enfermera; todo fue impresionante, no hallaban cómo homenajearlos, cómo darles las gracias, y las gracias por el ejemplo que dejaron, la forma en que laboraron sin descanso. Los llevaron después por distintos lugares. A las autoridades dominicanas les interesa mucho nuestra experiencia. Lo de la República Dominicana nos aportó valiosas ideas sobre posibles formas de cooperación en este campo.

Ya antes, cuando el mismo destructor huracán pasó sobre Haití, nos preguntamos: ¿Qué es lo que va a pasar con ese país? Fue entonces, el 28 de septiembre, cuando planteamos por primera vez la idea de un programa integral de salud para Haití. Se decía que había entre 200 y 250 que habían perecido, más un número de desaparecidos; no se sabía la cifra realmente, uno puede calcular en conjunto alrededor de 500. Bueno, conmovía y dolía tremendamente 500 víctimas, y pensamos en un país tan pobre como Haití, donde gran parte de las casas son de guano o material frágil. Por suerte para ellos existe el rompeviento de la cordillera que está entre Haití y República Dominicana, que tiene montañas hasta de más de 3 000 metros, y esas montañas son rompeviento, así que no fue tanto el viento lo que azotó allí, sino las lluvias que bajaban de las montañas. Ese fue el caso de Haití.

Nosotros meditábamos: Bueno, se viene hablando hace tanto tiempo de Haití sin que nada se resuelva nunca. A pesar de que fuimos también afectados, dijimos: Que la comunidad internacional priorice aquellos países. ¿Qué podíamos hacer nosotros mismos por Haití?, nos preguntábamos. Con la experiencia que hemos acumulado en estos 40 años de Revolución, sabemos cómo se puede desarrollar un verdadero programa de salud, sabemos incluso cuánto cuesta y sabemos qué es lo esencial para ese programa.

Cuando triunfa la Revolución teníamos más o menos 60 niños muertos por cada 1 000 nacidos vivos en el primer año de vida, y hoy tenemos 7,2. ¿Cuántos serían de cero a cuatro o cinco años por cada 1 000 nacidos vivos?, no debían ser menos de 75, y hoy tenemos 9,3.

Cuando se produce el azote del huracán sobre Haití, propusimos un programa de salud, a partir de una idea: En Haití mueren cada año 135 niños de 0 a 4 años por cada 1 000 nacidos vivos —decían las estadísticas, pero considerémoslas de 0 a 5; las de Centroamérica aparecen de 0 a 5 años—; por la experiencia que tiene acumulada nuestro país, la posibilidad de reducir la cifra de 135 a 35 es no solo asequible, sino yo diría que hasta fácil, si cuentan con el personal humano calificado y los medicamentos necesarios.

Fue entonces cuando expresamos que si uno o varios países desarrollados —mencionamos algunos nombres— aportaban los medicamentos, nosotros estábamos dispuestos a aportar los médicos necesarios. Esta cuestión estaba pendiente.

Realmente, ni comunicaciones había con Haití en ese momento; pero, como consecuencia de aquel planteamiento, el Presidente de Haití, René Preval, organizó una visita a Cuba, acompañado del Ministro de Salud y otros varios ministros, realizada hace breves días. Cuando llega a nuestro país, acababa de ocurrir la catástrofe de Centroamérica y con ella nuevos deberes morales surgen, pero entonces ya teníamos las ideas esenciales elaboradas. Calculamos: ¿Qué se puede hacer? Las noticias que venían de Centroamérica no eran ya de 250 muertos y de similar número de posibles desaparecidos; las que llegaban de Centroamérica hablaban de 30 000 víctimas.

Nosotros pensamos: Bueno, el potencial de vidas salvables por millón de habitantes en Centroamérica es menor que el de Haití. Si por cada 1 000 que nacen cada año, mueren 135 de 0 a 5 años en Haití, hay un potencial enorme de los que se pueden salvar. De ahí que en esa ocasión habláramos de que se podían salvar en Haití alrededor de 25 000 vidas, de ellas unos 15 000 niños —les advierto que hice un cálculo conservador, porque realmente son más; pero siempre en estas cosas es mejor hacer cálculos conservadores— y alrededor de 10 000 adultos —cálculo igualmente conservador.

En realidad, con un programa como el que mencioné, se pueden salvar entre 20 000 y 22 000 niños en Haití. Nacen en Haití de 200 000 a 220 000 niños cada año, con siete millones y medio de habitantes. Hay que considerar dos datos fundamentales: los que mueren de las edades señaladas por cada 1 000 que nacen y el total de los que nacen.

Analizamos inmediatamente todos los datos de Centroamérica para saber el potencial de vidas que podían salvarse. Se daba otra circunstancia que no se dio en Haití: Como estos países quedaron tan inundados, enorme áreas y la propia capital de Honduras, con un enorme número de víctimas, las televisoras de todo el mundo, CNN y todas las demás cadenas de televisión, empezaron a tomar vistas de todo lo que había ocurrido y trasmitieron al mundo la imagen del desastre. Realmente, las imágenes del desastre y las noticias de lo que ocurrió en Centroamérica conmovió al mundo. El mundo no vio esas imágenes de Haití, ni esas imágenes de la República Dominicana.

Además, todo el mundo está consciente de que la zona más pobre del continente es Centroamérica, aunque entre los países de América Latina hay otros pobres: Bolivia es un país pobre, Paraguay en cierta medida también. Uno analiza los índices de mortalidad en esos países y todavía son bastante altos.

Se nos ocurrió la idea de plantear una cifra que fuera expresiva y elocuente de lo que se puede hacer por aquellos países tan dramáticamente afectados. Como se habla de 30 000 víctimas, nosotros queríamos saber si podía plantearse que cada año era posible salvar tantas vidas como las que costó el huracán, ¡cada año!, partiendo de la premisa de que si el mundo se conmovía ante la tragedia de 30 000 personas fallecidas y el enorme daño material ocasionado, era la hora de hacer algo por esos sufridos pueblos.

Se planteó la condonación de deudas. Nicaragua debía alrededor de 6 000 millones; había entre otras una deuda pendiente con Cuba, lo primero que hicimos de inmediato fue tomar la decisión de condonar esa deuda. Esto tiene un valor moral, un valor simbólico, porque las deudas principales —nosotros no somos un país con grandes recursos—, los 6 000 millones se deben a instituciones internacionales, a gobiernos ricos desarrollados que cuentan con mucho dinero y con muchos recursos. La solicitud de la condonación de la deuda fue planteada oficialmente por los propios países centroamericanos. En una reunión de emergencia que tuvo lugar en El Salvador, plantearon siete puntos, que ustedes conocen por la prensa o por la televisión, entre ellos que se aguantara la expulsión de los centroamericanos llamados ilegales en Estados Unidos; condonación de deuda de los dos países más afectados, que eran Honduras y Nicaragua; programa de desarrollo para la región, entre otras varias solicitudes.

Nosotros, después que hicimos los cálculos, nos dimos cuenta de que aunque la cifra fuese de 30 000 víctimas mortales —suponiendo que la cifra fuese 30 000, tengo la esperanza de que sea menor; cuando se puedan contabilizar bien y sacar mejor los cálculos puede quedar reducida a 25 000 ó hasta menos—,partiendo del criterio de que fueran 30 000, era posible desarrollar un programa integral de salud que salve cada año tantas vidas como las que se perdieron en el huracán.

El argumento nuestro para la comunidad internacional era: Si se conmueve el mundo y organismos financieros internacionales como el Fondo Monetario, el Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, y países como Francia, España, Austria, varios otros de la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá, instituciones como el Parlamento Europeo y muchos otros hablan de condonar o aliviar deudas que ascienden a 10 000 millones, muy bien, es algo importante. Pienso que si continúa esa batalla se pueden llegar a condonar las deudas, prácticamente ya muchos han ido planteando la condonación de las deudas. Se puede condonar el 80% y hasta el ciento por ciento de la deuda de Nicaragua y Honduras. Puede y debe aliviarse además la del resto de los países afectados. Una gran parte del presupuesto de esos países se gasta cada año en pagar los intereses de esa deuda o en amortizarla.

La deuda pendiente de Nicaragua con Cuba no estaba cobrando intereses, nosotros le habíamos cancelado los intereses. Inicialmente era mayor; habíamos hecho reducciones, cancelaciones, algunas cantidades se habían pagado, pero habíamos suspendido los intereses de esa deuda. La misma había alcanzado, en un momento determinado, 90 millones y se había reducido a 50,1, sin intereses.

Solo pagando los servicios de la deuda externa, estos países invierten a veces el 30% y el 40% de los presupuestos; no les queda nada, prácticamente, para el gasto social, o muy poco para educación, salud, de manera que la condonación de la deuda significaría para ellos un alivio importante, pero muy lejos de ser suficiente.

Condonan la deuda, muy bien; pero hay que reconstruir el país y, entonces, hacen falta miles de millones; hay que desarrollar el país, hacen falta otros miles de millones.

Con relación a los puntos planteados por los gobiernos centroamericanos, nosotros apoyamos de inmediato los siete puntos, a las pocas horas de publicado el acuerdo, ¡de inmediato! Los dos primeros países en condonar la deuda fueron Cuba y Francia. Nosotros habíamos tomado la decisión en la madrugada del día en que lo anunciamos; pero por algunos detalles, algunos cálculos, algunas precisiones exactas que debíamos hacer, lo anunciamos después del mediodía. Pero habíamos tomado la decisión hacía 14 horas.

Los franceses tienen un horario diferente. Cuando estábamos reunidos en la madrugada, allá era ya de día.

Nosotros, incluso, elaboramos a esa hora la nota que se iba a publicar; por la mañana tenía que pasarse a máquina, comprobar datos, traducirse a idiomas, nuestra Cancillería debía atender además en la mañana a un importante visitante, y acordamos publicar la decisión por la tarde. Realmente no es que estemos en competencia con los franceses, cronológicamente ellos anunciaron primero que Cuba que condonaban su deuda de 70 millones a Nicaragua. Nosotros no condonamos más deudas de Centroamérica porque no había; no le condonamos ninguna deuda a Guatemala, ni a Honduras, ni a El Salvador, porque no había deuda. Aparece solo Nicaragua en la condonación de la deuda, era el único país.

No estamos en competencia con los franceses, estoy contando simplemente la verdad histórica: nosotros habíamos tomado la decisión esa desde la hora señalada. Tan pronto concluyó la reunión en El Salvador, inmediatamente después que llegaron las primeras noticias de los acuerdos adoptados. Concedámosles gustosamente y con toda alegría, el honor a los franceses de haber sido los primeros, porque era mucho más importante que Francia lo hiciera a que lo hiciera Cuba.

Lo de Cuba tiene incuestionablemente un valor moral muy fuerte, dado que somos un país del Tercer Mundo, viviendo un período especial, bloqueado y sometidos a una guerra económica; lo de Francia tiene la especial importancia de que es un país de Europa, con grandes recursos y gran influencia en la Comunidad Europea. Le damos toda la importancia que tiene la decisión de Francia, y nos sentimos realmente satisfechos de que Cuba fuese, junto a Francia, los dos primeros países que dimos el paso de la condonación de la deuda; después otros países lo fueron decidiendo. Creo que Austria fue el tercer país en anunciarlo.

Los españoles no hablaron de condonación, ofrecieron en cambio grandes ayudas y suspendieron por un período de tiempo el pago de los servicios de la deuda. Están dando realmente importantes y apreciables pasos de ayuda los españoles en Centroamérica. Pienso que por lo menos el 80% de la deuda externa de Honduras y Nicaragua se condone.

Ahora, faltan grandes cantidades de fondos para dos cosas: reconstruir y desarrollar. Es que no puede seguir resignándose la humanidad al drama y la terrible pobreza que viven tantos pueblos. En este mundo donde se habla de tantos millones y millones de millones, donde existe tanto despilfarro, no se puede concebir ya que, frente a tragedias como esta, nos limitemos a la idea de los primeros auxilios, una ayudita para la reconstrucción, y nada más, pasar la página.

Lo que estamos planteando sobre Haití ya lo habíamos concebido, porque se puede ver que nosotros expresamos el 28 de septiembre dos ideas fundamentales: que Haití no necesitaba invasiones de soldados, sino invasiones de médicos, invasiones de maestros —ya esos maestros tendrán que ser de habla francesa o créole—, e invasiones de muchos millones de dólares para desarrollar ese país, porque lo que allí ocurre constituye una vergüenza para este hemisferio, para todo el Occidente y para el mundo de hoy, ya que fue la primera nación del Caribe y América Latina en independizarse, hace casi 200 años, y fue la revolución victoriosa de los esclavos que derrotaron al más poderoso ejército de Europa, en aquella época, el de Napoleón Bonaparte, y la primera revolución social en este continente, mientras en Estados Unidos permaneció la esclavitud hasta casi un siglo después de su famosa declaración en la que se consideraba verdad evidente que todos los hombres nacían "libres e iguales".

Nosotros planteamos: Ya es hora de finalizar la política de invasiones, intervenciones y cosas por el estilo que históricamente se ha empleado en Haití. Todo el mundo sabe la causa de la pobreza en ese país. Allí no había una sola escuela que enseñara a leer y a escribir a aquellos esclavos que, en cambio, fueron capaces de conquistar la independencia. Es hora ya de que la humanidad, que tanto habla de globalización y tanto habla de humanismo, resuelva estos problemas, y casos como el de Haití se resuelvan definitivamente. Dinero para eso existe de sobra.

Cuando ocurre detrás de una tragedia la otra, la de Centroamérica, inmediatamente después de la de República Dominicana y la de Haití, nosotros planteamos: Es la hora de que los problemas de Centroamérica, el área más pobre del hemisferio, allí donde están los países más pobres de este hemisferio, después de Haití, se resuelvan también de una vez, y no simplemente mucha bulla, visitas, recorridos, y después pasar la página.

Tomamos los siete puntos planteados por los gobiernos centroamericanos, las cosas esenciales planteadas por ellos. Primero, dimos apoyo total a los siete puntos, y, segundo, añadimos la disposición de enviar por el tiempo requerido los médicos que fuesen necesarios para apoyar el programa de reconstrucción y desarrollo económico y social de los países afectados.

Hicimos los cálculos primero: mortalidad infantil de 0 a 5 años de cada uno de esos países, según los datos de las Naciones Unidas. En Guatemala 63 por cada 1 000 nacidos vivos —hoy vi, por cierto, en Granma, que en uno de los artículos de primera página, se mencionaba la cifra de 58, no es mucha la diferencia, pero realmente nosotros partimos de 63, no sé si hay algún dato más reciente—, Nicaragua 57, Honduras 48, El Salvador 47, son los datos de los que yo partí. Anoche estábamos discutiendo si 48 correspondía a El Salvador y 47 a Honduras, a partir de dos fuentes diferentes; de todas formas el mínimo de mortalidad infantil en esas edades, de los cuatro países afectados por el huracán, es 54. También hicimos los cálculos sobre nacimientos, son alrededor de 900 000 nacimientos al año, a partir de una natalidad promedio aproximada a 3,4%. Con absoluto rigor y actualizando la información más reciente que pueda obtenerse, analizando país por país, se pueden obtener datos casi exactos que no se apartarán apenas de los que hemos utilizado.

Calculamos qué haría falta y cómo pudiera aplicarse un programa integral para reducir esa mortalidad, que si se lleva a cabo consecuentemente se puede limitar a 20. Sabemos por nuestra experiencia cómo se puede alcanzar ese objetivo, incluso lo que puede costar.

Si en Haití planteamos que podía reducirse a 35, en Centroamérica consideramos que existen condiciones para reducirla a 20. Es más de dos veces el índice de Cuba en este momento, y somos un país que estamos bloqueados, sometidos a una guerra económica, como ustedes saben, con grandes necesidades; hasta con una reducción importante del consumo de calorías y de proteínas que teníamos antes del período especial. Sin embargo, ha continuado reduciéndose la mortalidad infantil incluso en el período especial a 9,3 entre 0 y 5 años por cada 1 000 nacidos vivos, y a solo 7,2 en el primer año de vida.

Así que lo que estamos proponiendo para Centroamérica es más del doble de mortalidad infantil que la que existe hoy en Cuba —y están surgiendo nuevas prácticas, nuevos medicamentos y nuevas vacunas que harían todavía más fácil la tarea—, y sería un 50% más que el índice de Costa Rica; porque ahí tenemos el ejemplo de un país centroamericano, Costa Rica, que fue desarrollando programas de salud durante muchos años, incluso desde antes de que triunfara la Revolución Cubana. Ellos han trabajado, han recibido apoyo internacional y han reducido a 14 de 0 a 5 años, por cada 1 000 que nacen cada año, según los datos de Naciones Unidas. Es decir, si hay un país en Centroamérica que tiene 14, es perfectamente posible reducir el índice a un promedio de 20 en los demás. Hoy día podría alcanzarse esa meta en un tiempo mínimo.

Les digo que si no se reduce a 20, sino a 25, todavía se podría salvar en Centroamérica a 25 000 niños por cada 1 000 nacidos vivos, entre 0 y 5 años de edad; 25 000 niños cada año. A decir verdad, con el programa que estamos proponiendo, podrían salvarse 30 000; si se añade el resto de la población mayores de 5 años, calculando de forma muy conservadora, podrían salvarse 20 000 vidas más en Centroamérica.

Pero no se trata solo del problema de las vidas que pueden salvarse. Conversando con los médicos que estuvieron en República Dominicana —y estuve cinco horas conversando con ellos al otro día de su regreso, escuchando todos los detalles de su experiencia de 40 días—, comprendimos que si los servicios se extienden a toda la población, se puede impedir que muchas personas queden incapacitadas. Son muchos los ciudadanos que no mueren, pero pueden perder, por ejemplo, la vista, la audición, el movimiento normal y quedan inválidos o seminválidos, arrastrando las piernas, o sin poder utilizar una mano o un brazo, se quedan incapacitados, y otros viven decenas de años padeciendo enfermedades que pueden curarse.

Un programa integral de salud no se puede medir solo por el número de vidas que se salven, sino por los millones de personas que sienten, en primer lugar, seguridad, que es lo primero en la salud; les brinda seguridad a millones, a padres, a tíos, a abuelos, a hijos, porque el hijo tiene el padre con cierta edad y con temor a que pueda padecer tal cosa o más cual, o pueda morir de alguna enfermedad prevenible o curable.

Habría que ver este programa, además, cuánto eleva las perspectivas de vida y signifique el obsequio a decenas de millones de personas de 8 a 10 años adicionales de vida; una vida, además, no solo segura y más prolongada, sino más humana, porque evite un número incontable de personas inválidas o reducidas en su capacidad y que sufren mucho. No quiero mencionar determinados casos, porque son terribles algunos de ellos.

Hay muchos defectos para el trabajo, en los brazos o en las piernas, que pueden resolverse; o escoliosis, que lanza a la gente a la invalidez, que puede resolverse a tiempo y evitar que un ser humano tenga que vivir 30 ó 40 años padeciendo determinadas enfermedades. Me he referido solo a tres o cuatro, pero les podría mencionar 50. De modo que en un programa integral de salud se suele utilizar un índice que es muy gráfico, y son las vidas que se salvan. Es más gráfico todavía si las vidas que se salvan se asocian con aquellos que murieron en una catástrofe natural y conmovieron al mundo, porque el mundo pudo ver cadáveres flotando en las aguas, o envueltos en el lodo, como dice la declaración cubana. Eso impresionó a miles de millones de personas.

Ahora, los miles que mueren silenciosa y calladamente, cuyos nombres no aparecen en ningún periódico, ni sus cadáveres en ninguna imagen, en ninguna televisión y lo saben solo los padres que los llevan a enterrar —estoy hablando de los niños en este caso— , como los que llenaron de cruces la costa sur de la Sierra Maestra, porque no alcanzaron a ver siquiera una embarcación casual que los condujese a un médico en Santiago de Cuba, no deben seguir siendo olvidados.

El daño humano es lo que más conmueve, aunque tiene que conmover también el daño material, porque de esa agricultura viven aquellos seres humanos; pero lo que más impresiona es saber que hay miles de personas sepultadas en la falda de una montaña, otros cuyos cadáveres fueron al mar desapareciendo, otros que están todavía enterrados en el lodo o en el fondo de ríos y lagunas, y ahora constituyen un problema terrible, porque es motivo de enfermedades de todas clases, no hay agua potable.

En Honduras no había agua potable en ningún sitio. Yo leí un cable, hace pocos días, que se refería a una niña que fue asesinada para arrebatarle un jarro de agua potable que llevaba en la cabeza. Es que todas las aguas quedaron contaminadas, todas, los acueductos rotos y los ríos con cadáveres de personas y de animales en el lecho. No se puede tomar ni agua realmente.

Entonces, claro, los daños materiales hay que repararlos. Esto que les digo del agua no se ve, alguien tiene que contarlo. Al apelar a la comunidad internacional le decimos: Hay un huracán que es peor que el Mitch, que está ocasionando un terrible daño humano, un huracán que mata cada año más personas que este, algunas de cuyas víctimas vieron ustedes conmovidos por las imágenes de la televisión. Pueden pasar 20 años sin un Mitch y habrán muerto silenciosamente un millón de personas en Centroamérica sin que nadie se dé por enterado. ¿Hay que esperar nuevos huracanes, y peores aun con los cambios climáticos y con las corrientes cada vez más frecuentes de El Niño? ¿Hay que esperar acaso más huracanes, aparte de temblores y otras calamidades que vienen, y sequías que hacen considerable daño, aunque no maten a la gente así, directamente, como las mata un huracán? ¿Cuándo vamos a tomar conciencia? Es lo que estamos planteando, en esencia, son ideas realmente, y no tiene importancia solo para Centroamérica, sino para el resto del mundo; esto es lo que hay que plantear en todas partes del mundo, de este mundo globalizado, con tanta tecnología, tanto despilfarro y tanta desigualdad en la distribución de las riquezas.

Pero digo algo más: que estas metas que estamos planteando de salud para Centroamérica pueden alcanzarse sin cambio de sistema social. Plantear que esto se puede lograr únicamente haciendo primero una revolución política y social, es decir, haciendo una revolución como en Cuba, no tendría ningún sentido proponerlo; no sería necesario ni tendría nadie derecho a esperar tales cambios para salvar cientos de miles de vidas que con un poco de racionalidad y sentido común pueden salvarse; con el mismo sistema social, con el mismo sistema de propiedad existente es posible hacerlo, hasta con un modesto apoyo de la comunidad internacional. Es que la tarea, digo, es relativamente fácil, es posible y es fácil.

Además, si hay una tarea posible y fácil, ningún gobierno de ningún país del mundo rechazaría esa posibilidad, ¡ningún gobierno!; por el contrario, lo que nosotros hemos podido percibir en la delegación que visitó Honduras y Guatemala, es un enorme interés de ambos gobiernos en que se aplique un plan de esta naturaleza y un enorme entusiasmo con esa posibilidad de hacerlo.

Hay que hacerlo, hay que saber hacerlo, desde luego, es importante. ¿En qué sentido saber hacerlo? Hay que hacerlo con mucho tacto. En un sentido, primero, que nadie se sienta perjudicado por eso, que ningún médico se sienta perjudicado o de alguna manera afectado por un programa de esta naturaleza. Este programa no pretende sustituir a un solo médico en ningún país de Centroamérica; al contrario, podemos cooperar modestamente con ellos en las cuestiones de salud donde alguna experiencia nuestra pueda ser útil.

Está la leptospirosis: ya nosotros tenemos una vacuna, un millón de ciudadanos de nuestro país están usando la vacuna, porque comprobamos toda su eficacia; es nueva, de producción nacional. No la exportamos todavía porque está en trámites de inscripciones; pero nuestro país la usa ya en masa. Me contaron que hay alrededor de un millón de personas vacunadas.

Además, contamos con un producto biológico que es enemigo mortífero de los ratones, de una eficiencia tremenda, por el cual se pagan hasta 8 000 dólares la tonelada, biorrat se llama. Hemos enviado algunas cantidades; nos solicitaron primero cinco toneladas de Nicaragua, y las enviamos de inmediato; un avión llevó cinco toneladas. Después solicitaron 15, y hemos enviado 15 toneladas. Lo producimos, tiene sus costos, pero disponemos ya de una producción creciente.

Enviamos el biorrat, y tenemos la vacuna. Ya nos solicitaron 40 000 vacunas en uno de los países muy afectados. Al conocer la vacuna y que nosotros la estábamos usando, nos pidieron 40 000 dosis; las solicitaron ayer o antes de ayer, mañana o pasado estarán ya utilizándolas para contener un poco de epidemia de leptospirosis.

Bien. Estaba brindándoles elementos de juicio de lo que significa el programa integral de salud que estamos proponiendo, que proponemos como un modelo de programa de cooperación con los países del Tercer Mundo, con los países más pobres. Y lo está proponiendo un país como Cuba, que no es un país rico, ni mucho menos; que es un país que está bloqueado, que está atravesando un período especial, y si nosotros podemos, cómo no va a poder ese mundo que ya alcanza un producto bruto de no menos de 30 millones de millones de dólares. Estados Unidos solo produce alrededor de 8 millones de millones; Japón, alrededor de 4 millones de millones —para citar algunos casos—; Europa debe estar produciendo casi tanto como Estados Unidos.

Habría que sacar los números, ¿no?, pero me atrevería a decir que los países industrializados, con una sexta parte de la población mundial, producen más del 80% del producto bruto. Tienen tal cantidad de recursos que creo que un programa como este —y no he terminado de explicar los detalles, quiero hacerlo hoy— se puede aplicar con ínfimo esfuerzo.

Constantemente se reúnen, reúnen ejércitos enteros para hacer guerras, invadir países, intervenir aquí y allá, bueno, porque en su concepto de civilización, aderezado con determinados intereses de hegemonismo y dominio mundial, más la necesidad de mantener el orden, "su orden", tratan de impedir guerras, guerras locales o internas, donde pueden morir, desgraciadamente, 1 000, 10 000, e incluso decenas de miles de personas con armas suministradas por los grandes productores, de sobra conocidos, lo cual sirve de pretexto ideal a los más ricos y poderosos para "guerras humanitarias".

Yo he estado haciendo los cálculos de lo necesario para un programa de salud en Centroamérica y qué enormes beneficios traería. Aplíquenlo a nivel del resto de América Latina; aplíquenlo a nivel de Africa, de los países de Asia, y ya se pueden ustedes imaginar cuánto bienestar traería a la humanidad. Hasta se puede sacar la cuenta de cuánto cuesta, y lo que cuesta es ridículo; se puede demostrar con 10 argumentos distintos que es ridículo el costo de aplicar un programa de este tipo que podría salvar, anualmente, la vida de decenas de millones de personas, digamos, tantas como las que murieron en la Primera Guerra Mundial. La guerra contra el subdesarrollo, la pobreza, el hambre y las enfermedades sería la única guerra verdaderamente humanitaria.

Lo que Cuba quiere demostrar es que si un país de tan limitados recursos materiales y económicos puede hacer algo en ese sentido en nuestra área, el mundo industrializado puede infinitamente más. Ya no digo que seamos un país pobre en recursos humanos, porque en eso sí somos ricos; si se quiere, incluso, campeones olímpicos, sin vanagloria, sin vanidad de ninguna clase.

Me pregunto, realmente, si Estados Unidos podría enviar 2 000 médicos a trabajar en las condiciones en que están dispuestos a cumplir su deber solidario nuestros médicos en Centroamérica; porque no los estamos proponiendo para las capitales, para las ciudades, ni para vivir en hoteles, ni en residencias, es para vivir en casas de campaña, o en un bohío, en lo que sea, como se hizo la campaña de alfabetización en nuestro país.

¿Los 100 000 estudiantes que se movilizaron para acabar con el analfabetismo en Cuba, dónde se hospedaron?, y eran jóvenes de 13, 14, 15, 16, 17 años —¡cien mil!—, en las casas de los campesinos, en un varaentierra, en cualquier lugar. Por allí empezaron muchos de nuestros mejores médicos de ahora, esta gente de ahora, participando en la alfabetización y recibiendo una educación en el espíritu del trabajo, de la solidaridad, desde luego. Ellos crearon la tradición.

Por eso al hablar de recursos, digo que somos ricos en recursos humanos.

¿Qué, enviamos 2 000 médicos? En agosto se gradúan 2 500. En Sudáfrica hay 402 médicos en las aldeas más apartadas; aprendieron hasta el idioma de la aldea. Habían estudiado inglés, pero aprendieron el idioma de la aldea donde ese idioma no se conocía.

Realmente, nos satisfizo mucho que un ministro de un país muy importante de este hemisferio, el Ministro de Salud de Canadá, que estuvo en estos días de visita en nuestro país conversando sobre estos temas, cuando nos despedíamos, me contara que hacía unos días había recibido a la Ministra de Salud de Sudáfrica y que le había hablado maravillas de lo que estaban haciendo los médicos cubanos en las aldeas de Sudáfrica.

Era el momento oportuno, casi el segundo exacto en que necesitábamos recibir esa noticia, nada menos que de una personalidad importante, destacada, una personalidad política: el Ministro de Salud de Canadá, con el cual yo conversé sobre algunos de estos temas, de las necesidades de estos países, sobre las posibilidades de hacer mucho con poco; estaba tratando de persuadirlo. Fue muy receptivo, realmente, en la conversación. Pero al final me cuenta la impresión, dice que extraordinariamente elevada, de lo que le contó la Ministra de Salud de Sudáfrica.

De modo que nuestros médicos, trabajando en Sudáfrica, se han convertido en un ejemplo; están ayudando con su trabajo a este esfuerzo de formación de conciencia acerca de lo que puede hacerse y debe hacerse.

Ya les digo, nosotros tuvimos momentos en que ingresábamos 6 000 estudiantes de medicina, y estamos graduando de 3 000 a 4 000 por año; en agosto tendremos 66 000 médicos. Claro, creo que debemos descontar los 400 que están en Sudáfrica, otros que están en otras partes; se pueden descontar 1 000.

A Haití le hemos ofrecido 200 médicos. Bueno, para que llevara consigo una cifra, no le pusimos límite. Estuvimos discutiendo, y ya cuatro expertos cubanos en salud fueron a estudiar, sobre el terreno, la situación. Y hay, incluso, policlínicos, donados por instituciones o países, enteritos allí y modernos, que están sin personal.

Este trabajo del que estamos hablando ahora es un trabajo muy directo, casi de médico de la familia; pero, claro, inmediatamente empiezan a aparecer casos que son quirúrgicos y que hay que remitirlos a un hospital. Todo eso requerirá un estudio, porque nosotros pensamos también seguir abogando dentro de la comunidad internacional para que haya no solo médicos donde tienen que estar, sino determinadas redes, tipo policlínico, con algunas camas y capacidad de realizar operaciones.

Ahora nuestros médicos tienen que ir sin un laboratorio allí para ver si son parásitos, si es ameba o qué otro tipo, qué síntomas, qué diagnóstico hacer y qué medicamentos usar. Eso lo saben los médicos de la familia bastante, porque fueron al campo y han estado tres años como mínimo en la comunidad los especialistas en medicina general integral.

Los equipos van integrados, pero en todo eso ahora hay que hacer un trabajo, un esfuerzo grande de estudio, pero no para las calendas griegas, sino de inmediato.

Ya de Haití llegan hoy o mañana los cuatro expertos. Se reunieron con el Presidente y ya traen una idea del recorrido que hicieron.

Dicen que las condiciones en algunas zonas son muy duras. Una población grande, mucho terreno erosionado y deforestado.

No se perdió un minuto, con el Presidente se fueron los expertos, y nosotros estamos haciendo gestiones y trabajando, solicitando apoyo para el programa de Haití. No estamos pidiendo para nosotros, y pedir para otros es más fácil que pedir para uno. Y si, además, usted aporta el elemento esencial, que es el hombre que hace falta allí, capaz de ir a cualquier montaña, a cualquier valle, a cualquier campo, entonces hay una cierta autoridad, una cierta moral para plantear las cosas.

De este modo, por dos huracanes, se juntaron dos programas factibles, con pocos recursos, que los de carácter humano los ponemos nosotros, los que hagan falta los enviamos, y hasta los reponemos a la velocidad con que sea necesario hacerlo; 21 facultades de medicina tiene este país, y las tiene en todas las provincias. De modo que dos ideas, nacidas de dos huracanes, están en marcha pero se pueden sacar las cuentas matemáticamente, ¿en 10 años cuántas vidas podrían salvarse? Y si quieren calcular en 20 años, con ambos programas… Alguien dijo —en un tango creo— que 20 años no eran nada; pues en 20 años les aseguro que serían bastante más de un millón de personas.

Las cifras anuales son muy expresivas. En Haití se pueden salvar 25 000 vidas, se estarían salvando, por tanto, cincuenta veces las que mató el huracán, suponiendo que fuesen 500 entre muertos y desaparecidos. Pero como lo dramático, lo que conmocionó al mundo fueron las víctimas de Centroamérica y la destrucción de Centroamérica, es por lo que nosotros meditamos la idea de salvar tantas —y eran muchísimas— como las que había matado el huracán; pero defendiendo, además, en la esfera internacional, las otras dos ideas: programas de reconstrucción y programas de desarrollo económico y social. Y como programa de desarrollo social, cuando hablo de lo social es porque hay que incluir otras cosas, educación, necesidades de viviendas, de empleos y otras, hablamos de que en un aspecto importantísimo del desarrollo social, que es la salud humana, nosotros podemos hacer una contribución realmente considerable a ese programa, tanto en Haití como en Centroamérica.

¿Qué hemos ofrecido? Para ponerlo en cifras, porque si usted dice, por ejemplo: Los médicos que sean necesarios, nadie sabe lo que es necesario; cuando usted dice 2 000 médicos a Centroamérica es más claro y concreto. Y dijimos 2 000 conservadoramente, para que no pareciera que estábamos exagerando; pero 2 000 son 2 000, y eso, bueno, ha repercutido en el mundo.

Donde menos publicidad ha recibido la noticia es allá en nuestros vecinos del Norte. Desgraciadamente esta es la hora en que no sé cuántos norteamericanos saben que Cuba ha propuesto un programa de este tipo y la disposición al envío inmediato de los médicos ofrecidos. Claro, habrá que esperar un breve tiempo para enviarlos a todos, habrá que estudiar a dónde van y elaborar en detalles el programa, pero la disposición al envío inmediato de 2 000 médicos está expresada. Habrá que introducir en Internet, completicas, nuestras declaraciones —ya que ellos tienen más computadoras que nadie en el mundo— para que el ciudadano norteamericano se entere de la declaración primera y de la declaración segunda, bien traducidas, están traducidas.

Sí, porque la declaración que leyó Robertico allá, la Declaración del Gobierno Cubano, cuando él terminó de leerla ya en las Naciones Unidas, nuestros representantes estaban repartiéndosela a todas las delegaciones de Naciones Unidas, a las 180, traducida al inglés, al francés y al español, no hubo tiempo de más idiomas. A la misma hora, tan pronto terminó, ratificado, no fuera a ser que se nos enfermara Robertico o cualquier cosa y nosotros publicáramos una declaración que no se hubiera hecho, o la publicáramos antes de que la dijera, por una tardanza. ¿Confirmado? Allá le avisaron en Naciones Unidas al Jefe de la Misión; estaba impresa ya, estaba igualmente en todas nuestras misiones diplomáticas en los países que tienen relaciones con nosotros, estaba también allá en la Oficina de Intereses de Washington para enviarla a muchos norteamericanos.

Pero no hay duda de que hay que introducir por Internet y recomendar... (Le dicen que ya están puestas) ¿Las dos? Recuerden la primera, cuando apoyamos los planteamientos de los gobiernos centroamericanos reunidos en El Salvador.

Hay tres documentos que considero importantes: Primero, el mensaje al pueblo de Nicaragua; segundo, la declaración de condonación de la deuda de Nicaragua, el apoyo a los puntos de la reunión de El Salvador y la oferta de los médicos; y, tercero, muy en concreto, la Declaración del Gobierno de Cuba que leyó Robertico en la conferencia de prensa en la capital de Honduras, en Tegucigalpa. Rosa Elena, cerciórate de que las tres estén en Internet, bien traducidas.

Hay que hacérselo conocer al pueblo norteamericano, es importante. No sé por qué, a lo mejor hay otras noticias y otros problemas importantes, no quiero culpar a nadie de esto, pero he preguntado a Relaciones Exteriores, le hemos preguntado a nuestro Jefe de la Oficina de Intereses en Washington: "¿En Estados Unidos se ha publicado?" Dice: "No." En Europa se ha publicado, en muchos países se ha publicado, pero allí no.

Sí, este país bloqueado, en período especial, ofrece la disposición al envío inmediato de 2 000 médicos, eso es como mínimo. ¡Qué bueno que Estados Unidos deseara entrar en competencia en esta materia! Ellos están ayudando, debemos decir que están ayudando; sus helicópteros militares han rescatado gente en lugares aislados y en peligro, han trasladado víveres y medicamentos a sitios donde no podía llegarse por ninguna otra vía; ellos no están mandando médicos, están mandando soldados. Claro, no van a matar gente allí; otras veces lo han hecho, ahora no. Ahora me parece que les han asignado una tarea realmente constructiva, positiva, útil, a esos soldados.

Ellos no tienen una organización civil capaz de hacer eso. El ejército, posiblemente, es la única institución con todos los medios y la organización para construir carreteras y puentes, en situación de emergencia con toda rapidez; lo tienen proyectado, están enviando unos 4 000 soldados para trabajar en la infraestructura principalmente y ayudar en obras que son importantes, hay que reconocer que son obras importantes. Dicen que prestarán algunos servicios médicos, no sé cómo serán; deben tener muy buenos médicos en el ejército, me imagino que sean expertos fundamentalmente en medicina de guerra.

Si me pongo a recordar lo que me contaron los médicos de la brigada que fue a la República Dominicana, un excelente ginecobstetra, de un parto complicado que debió realizar en condiciones difíciles en aquel hospitalito improvisado, y salvó a la criatura y a la madre, no me imagino a un miembro del cuerpo médico de Estados Unidos, en una aldea centroamericana, asistiendo al parto de un niño que viene de nalgas, en aquellas condiciones en que lo hizo nuestro médico, ni me lo imagino atendiendo en inglés, sin laboratorio ni rayos x, a cualquier niño afectado por alguna de las variadas enfermedades que abundan en un país tropical del Tercer Mundo.

De todas formas quiero decir esto: Ellos están ayudando en Centroamérica en tareas de reconstrucción, pero lo tienen que hacer con soldados, porque forman parte de una institución organizada y disciplinada, que con todos los medios de ingeniería, transporte y abundantes recursos materiales y dinero, pueden hacerlo con la urgencia necesaria. Otros países han enviado también militares. Nos alegramos de que presten ese servicio a los países centroamericanos.

Es precisamente lo que estamos predicando, que se ayude a estos países; pero sería bueno que el pueblo norteamericano conociera cuánto puede hacerse, con muy pocos recursos, en otros campos que son esenciales para el bienestar de los pueblos centroamericanos, y tengo la esperanza de que su prensa también divulgue lo que hacen otros.

Voy a decir la verdad: Estamos dando determinada publicidad a nuestra cooperación, pero no por razones de prestigio para Cuba, porque no acostumbramos a divulgar y exaltar lo que hacemos. ¿Cuántos médicos cubanos han prestado servicios en el Tercer Mundo? Veintiséis mil médicos. Eso lo dije en Sudáfrica; pero aquí no se habla nunca de eso. Los incontables servicios que ha prestado este país a otros pueblos y también a muchas personas de otros países han sido con un mínimo de publicidad o sin publicidad alguna.

En este caso lo estamos divulgando, primero, porque hace falta hacer conciencia en la comunidad internacional y en los países ricos sobre cuestiones y problemas que son vitales para el mundo; segundo, un esfuerzo de la naturaleza y la magnitud del que nos proponemos, hay que explicarle a nuestro país en qué consiste, cómo lo vamos a realizar; necesitamos todo el apoyo de nuestros médicos, enfermeras y técnicos de la salud; necesitamos el apoyo de todo el pueblo, hace falta que nuestro pueblo comprenda, y coopere entusiastamente y con orgullo, como lo ha hecho siempre en todo noble y digno esfuerzo. Estamos pidiendo ahora 2 000 médicos voluntarios. Sabemos cuántos se están presentando y solicitando participar. No hay provincia, no hay municipio, ni hay lugar de Cuba donde no estén solicitando participar: médicos, enfermeras, técnicos. Si no reciben toda la información necesaria, cómo podría producirse la movilización. El personal médico tiene además familiares, pacientes, compromisos, planes de estudio y superación. No tengo, sin embargo, la menor duda de la respuesta.

Estaba conversando con Juventino, el médico que habló de medicina natural, y le digo: Juventino, a lo mejor hace falta que tú nos ayudes al programa de Centroamérica. Me estaba hablando con un gran entusiasmo de lo que es la medicina natural, decía que era la medicina de los países pobres.

Les hablaba de 2 000 voluntarios. Sé que se logran casi hasta sin publicar nada; pero se trata de un esfuerzo, un trabajo sacrificado.

Estamos solicitando algo más: estamos solicitando 2 200, porque están los 200 de Haití. Estamos solicitando aún más: todos los voluntarios posibles; porque si hacen falta 500 más en Centroamérica hay que enviarlos, y si hacen falta 200 más ó 400 más en Haití hay que enviarlos.

Es por eso que estamos brindando al pueblo amplia información, de lo contrario, tengan la seguridad de que nosotros no diríamos una sola palabra de la brigada tal y de la brigada más cual, lo haríamos discreta y calladamente como lo hemos hecho muchas veces.

No es de ahora nuestra honrosa tradición de apoyo médico a otros pueblos del mundo. Recuerdo cuando llegó la primera brigada a Argelia en el año 1962 ó 1963, recién alcanzada su independencia, que fue por donde se inició la historia de las misiones de nuestros médicos. Recuerdo la ayuda médica enviada a Nicaragua cuando el terremoto que destruyó la ciudad y los aviones nuestros cargando medicamentos. Recuerdo la brigada médica enviada a Guatemala, hace mucho tiempo, porque en estos temas nosotros no tomamos en cuenta para nada cuestiones ideológicas ni diferencias políticas. Es un deber de solidaridad, es un deber con los pueblos, es un deber con la humanidad y lo cumplimos.

Cuando el terremoto de Perú no teníamos relaciones diplomáticas con ningún país de Suramérica. Hubo 70 000 muertos por el terremoto. Nuestro pueblo en 10 días aportó 100 000 donaciones de sangre al pueblo peruano y Cuba envió no solo brigadas de médicos, sino brigadas de constructores que hicieron hospitales en las zonas más afectadas.

Es una tradición honrosa y gloriosa de nuestro país, que nunca, sea quien sea, en su espíritu solidario, ha hecho excepción con ningún país. No es un invento de ahora, que nadie se pueda imaginar que nosotros queremos utilizar la tragedia de los países centroamericanos para ganar imagen u obtener ventajas de tipo político. Es toda una tradición; a distintos de esos países, cuando hombres muy hostiles gobernaban y no existía relación alguna, les hemos enviado ayuda médica cada vez que hubo una catástrofe. Hoy nuestro potencial en ese campo es incomparablemente mayor.

Hay algo más: Una vez hubo un gran terremoto en California y nosotros enviamos un cable en el que expresábamos al Gobernador del estado que estábamos dispuestos a enviar aunque fueran médicos o hacer alguna cosa a nuestro alcance, algo aunque fuese simbólico, como expresión de nuestra voluntad y se trataba de California, riquísima, y parte de Norteamérica, el país que nos bloquea.

En alguna ocasión hemos dicho —tenemos relaciones con amigos y legisladores negros, y como sabemos que hay algunos barrios que no tienen adecuado servicio médico—, el día que necesiten médicos cubanos en algún barrio de esos, cuenten con ellos. Claro que no los habrían dejado entrar nunca, eso es sabido; pero hemos estado dispuestos a enviar gratuitamente médicos a Estados Unidos. Es una tradición, y está muy acorde con esa tradición, pero más acorde todavía con el mundo de hoy y con los planteamientos que Cuba está haciendo con relación a la situación actual del mundo, lo que estamos predicando.

Ya con estos elementos voy a añadir simplemente algo más y muy importante. ¿Cuánto cuesta esto? ¿Cuánto costaría tal vez salvar 30 000 vidas? No, nosotros hemos dicho, o les he dicho a ustedes en los cálculos, que con este programa que estamos proponiendo se pueden salvar 50 000 vidas; no obstante, no hemos hablado de 50 000 —me refiero a Centroamérica—, hemos hablado de tantas como arrancó el huracán, suponiendo que las víctimas mortales hayan sido 30 000; hemos hablado de 30 000, y hemos hablado de no menos de 25 000 niños entre esos 30 000. Estoy hablando aquí esencialmente en nombre de 25 000 niños que se pueden salvar cada año.

¿Cuánto podría costar esto? El problema de los medicamentos tiene una característica: los medicamentos se suelen vender muy caro, si usted compra el producto ya elaborado a empresas comerciales, el mismo producto a veces con 15 marcas diferentes, 20 marcas. Nosotros producimos muchos de nuestros medicamentos, muchas de nuestras vacunas, o traemos las materias primas y producimos el 90%, tenemos que importar alrededor de un 10% de medicamentos que no podemos producir.

Nosotros estamos trabajando hasta en vacunas contra el cáncer, estamos trabajando en vacunas contra el SIDA. La de la hepatitis B es una vacuna cubana, la primera que se produce en el mundo y la única que existe hoy en el mundo, por ingeniería genética; el interferón; muchas cosas en este campo se producen en nuestro país. Y muchas veces nos faltan medicinas; faltan por distintas razones que pueden ser administrativas a veces, o quienes acaparan, hay también quienes roban medicamentos, todas esas cosas se conocen y se trabaja muy tenazmente para establecer los controles de todo eso. En no pocas ocasiones se debe a llegadas tardías de materias primas procedentes de lugares distantes.

Pero nosotros, en los mejores momentos, estábamos gastando en divisas —fíjense, en divisas convertibles, aunque también había algunas medicinas que comprábamos en el campo socialista—, entre 100 y 110 millones de dólares más o menos, para una población entonces de más de 10 millones de habitantes, cubriendo todo el servicio médico, produciendo aquí los medicamentos, abaratando considerablemente el costo.

Yo les recomendaba a algunos de los representantes de países a los que les hemos estado solicitando cooperación para los programas de salud en Haití y Centroamérica, que si decidían hacerlo podían gestionar con los laboratorios de sus países que, dado el carácter profundamente humanitario de los mismos, se acceda a una reducción de los precios, o lograr precios que equivalgan a los costos más una moderada ganancia.

Nosotros sabemos qué puede lograrse en nuestro país con un millón de dólares en materias primas para medicamentos. Los costos en medicamentos para el programa integral de salud en Centroamérica que salve la vida de no menos de 25 000 niños y 5 000 adultos, es decir, no menos de 30 000 vidas, habrá que estudiarlos con el mayor rigor, pero posiblemente se puede resolver con no más de 200 millones de dólares en medicamentos y vitaminas; puede ser eso más o menos, según la forma de adquirirlos o producirlos, con la ayuda de la Organización Mundial de la Salud y de la Organización Panamericana de Salud, que tienen experiencia y logran a veces precios muy reducidos. Con 200 millones de dólares, es un cálculo matemático, puede ser un poco más, puede ser hasta un poco menos, aproximado; puede ser incluso menos de acuerdo con variadas circunstancias y posibilidades.

¿Qué son 200 millones? Calculo el presupuesto de guerra de Estados Unidos, 260 000 millones de dólares, más otros programas para el desarrollo de armas cada vez más mortíferas, sofisticadas y caras cuando se supone que ya no existe la guerra fría. Con un dólar de cada 1 250 que gastan en actividades militares, bien empleados en planes racionales y cooperativos de salud, como el que hemos sugerido para Centroamérica, podrían salvarse 50 000 vidas. Con 100 dólares, de cada 1 250, 5 millones de vidas.

¿Cuánto vale una vida humana? ¿Qué sentido tiene que el mundo gaste 800 000 millones de dólares en presupuestos militares cada año? ¿Qué no podría lograrse en salud, educación, agua potable, viviendas, sistemas de regadío, producción de alimentos, investigaciones científicas y protección del medio ambiente con la mitad de esas sumas? ¿Qué racionalidad contiene y qué promete a la humanidad el orden mundial que se nos ha impuesto?

Todos los días hay operaciones especulativas con las monedas, ascendentes a un millón de millones de dólares; si a esas operaciones especulativas se les aplicara un 1% de un impuesto —un Premio Nobel de economía lo planteó muy seriamente hace pocos años cuando este nuevo y colosal fenómeno apenas comenzaba, fácil de cobrar, están las computadoras disponibles para cumplir la tarea y hay el ejemplo de países como Brasil que cobra el 1% por cada cheque que se gira—, si a las operaciones especulativas se les cobrara un 1% de impuesto se reuniría tanto dinero, yo diría, como para desarrollar económica y socialmente el Tercer Mundo y salvar de paso todos los millones de personas que mueren cada año por enfermedades curables.

Con relación al plan para el desarrollo integral, me atrevería a decir que sería posible desarrollar este de salud para Centroamérica, que ha sido el punto central de mis palabras; me atrevería a decir, que entre tantas cifras colosales de dinero malgastado y mal manejado en insensatas y nada honrosas operaciones especulativas, bastarían solo 200 millones noble y humanamente invertidos por año. El personal médico lo aporta Cuba para prestar servicios, en primer lugar, en los lugares más apartados y difíciles, donde no va nadie; en segundo lugar, a aquellos policlínicos que pueden constituir una red de apoyo, donde haga falta algún especialista, incluso en algún hospital nacional si hay una especialidad escasa de personal; pero sin sustituir un solo médico de ninguno de esos países, al contrario, colaborando con ellos, si alguna experiencia podemos trasmitirles, y solicitando de ellos su valiosa e imprescindible ayuda. No es difícil encontrarse con médicos centroamericanos que estudiaron en nuestro país.

¡Ah!, una cuestión de mucho interés: ¿Quién acompañó a Robertico en la visita a la brigada médica en la capital de Honduras? El arzobispo de Tegucigalpa, muy conocido, es presidente del CELAM —Consejo Episcopal Latinoamericano—, que comprende a todos los obispos de América Latina; hombre muy preocupado, lo sabemos, por las cuestiones sociales: Monseñor Oscar Rodríguez Maradiaga. Conocemos su excelente discurso en Roma cuando participó en el sínodo el pasado año y sus luchas en favor de los pobres. Se interesó mucho en el proyecto cubano, y allí fueron el Canciller de Honduras, el Canciller de Cuba y el Arzobispo de Tegucigalpa a visitar la brigada que atiende un barrio muy pobre, de 80 000 pobladores, virtualmente arrasado por el huracán.

Al otro día llegó otra noticia muy interesante. Yo realmente le había pedido a Robertico que tan pronto pudiera visitara al Arzobispo, le explicara el plan, el programa, para pedirle su cooperación. Casualmente, más adelante, cuando Robertico envía un informe del recorrido que hicieron por La Mosquitia —hablar de Mosquitia es decir Ciénaga de Zapata multiplicada por no se sabe cuántas veces, permítanme decirles; allá están los médicos viajando horas en bote—, la primera brigada que llegó, ¿dónde se hospedó?, parte de ella en la iglesia. Un cura catalán muy consagrado le brindó un local —Robertico describe al sacerdote muy bien en su informe—, y allí le dieron todo el apoyo.

Los grupos que trabajen en un plan como este, necesitan la cooperación de todos. Estos médicos no se mezclan ni se mezclarán absolutamente nada en cuestiones políticas, trabajarán con todos y colaborarán con todos, en primer lugar con las autoridades locales, las instituciones locales de distintos tipos, también con las instituciones religiosas.

En Centroamérica hay iglesias católicas, hay iglesias de otras denominaciones, y nosotros estamos recabando la cooperación de las instituciones religiosas para este trabajo humanitario; dondequiera que haya una parroquia católica, un sacerdote, pedirle la cooperación; pedir igualmente la cooperación, dondequiera que haya un pastor de otra iglesia cristiana. Ellos están allí, conocen a las familias y los problemas sociales, su apoyo a los programas de salud es algo indispensable; conciliar y respetar ideas y criterios; trabajar juntos del mismo modo en esa tarea, con todas las instituciones cívicas de cualquier posición social, ideológica o política. La cooperación con todos es clave para el éxito del programa médico. Lo estoy diciendo aquí, porque quiero desde ya recalcar bien esto: nuestros médicos no se mezclarán lo más mínimo en asuntos de política interna. Serán absolutamente respetuosos de las leyes, tradiciones y costumbres de los países donde laboren. No tienen por misión propagar ideologías. Respetarán escrupulosamente las de los ciudadanos y pacientes, así como sus creencias religiosas, haciéndose con ello acreedores al respeto a sus sentimientos patrióticos, sus ideas políticas, filosóficas o de orden religioso, que no predicarán, ni tratarán de propagar a otros, porque van a Centroamérica como médicos, como abnegados portadores de salud humana, a trabajar en los lugares y en las condiciones más difíciles, para salvar vidas, preservar o devolver el bienestar de la salud, y enaltecer y prestigiar la noble profesión del médico; nada más.

Esas son en esencia las ideas. Y falta solo una cosa: no limitarnos a enviar 2 000 ó 2 500 ó 3 000 médicos; hay una cosa más importante y es que junto a la oferta de enviar médicos hemos ofrecido un programa de formación de médicos centroamericanos en Cuba.

Ya nuestros médicos tienen gran prestigio en todas partes, porque no en balde estudian seis años y después otros tres en la comunidad, las últimas generaciones de médicos, y después para otra especialidad otros dos, tres o cuatro años, según los requerimientos de cada una de ellas. Están bien, bien, bien preparados nuestros médicos. Podemos tener plena confianza en nuestros médicos, y sabemos que se crecen cuando les dan una misión importante y difícil, es característica de nuestra gente.

Nosotros nos esmeraremos en la formación de esos futuros médicos centroamericanos. Ya sabemos que, por ejemplo, el curso escolar termina por esta época. Creo que en diciembre comienzan las vacaciones; su calendario es a la inversa que el nuestro. Los cursos nuestros de las carreras universitarias empiezan en septiembre. Se puede aprovechar el tiempo, a mi juicio deben venir meses antes de empezar el curso para un repaso general, una evaluación y un intensivo de preparación para el ingreso en el primer año de la carrera, porque son dos años bastante difíciles de ciencias básicas. Nos vamos a esmerar, como dije, en la formación de estos médicos.

Ofrecimos 500 becas cada año para estudiar medicina. En algunos cables ha aparecido 500 becas cada año, pero en general se habla de 500 becas: Cuba ha ofrecido 500 becas. Quiero complementar la idea y explicarla.

Cuba ha ofrecido 500 becas anuales por un período de 10 años. Inicialmente no mencionamos este detalle, pero la idea nuestra es conceder por un período de 10 años 500 becas anuales a jóvenes centroamericanos, ya bachilleres, para estudiar medicina. Es decir, realmente Cuba ha ofrecido 5 000 becas, no 500, ¡cinco mil!, es lo que está ofreciendo Cuba, 500 cada año por un período de 10 años. ¡Cinco mil becas en total!

Una cosa que nos agradó muchísimo de la conversación sostenida ayer por nuestro Ministro de Relaciones Exteriores con el Presidente de Guatemala, fue que le expresó su gran interés por esas becas. Pero planteó una idea: que él deseaba que la mitad de esas becas fuesen otorgadas a jóvenes estudiantes indígenas. ¡Vean qué excelente idea! En ese país más del 50% de la población es indígena, en muchas aldeas la población es totalmente indígena, me pareció maravillosa la idea.

Ahora se está meditando, sobre todo, cómo se hace, cómo se selecciona. Ese es un trabajo que hay que realizar lo más rápidamente posible.

Ahora, quiero decirles que el impacto que ha tenido la noticia de la oferta de Cuba de 500 becas por año ha sido increíble, ¡realmente increíble!, en los dos países centroamericanos visitados por Robaina.

Permítanme añadir algo más: En los dos días siguientes, ayer y antes de ayer, desde que se anunció el miércoles a las 2:00 de la tarde este programa fue muy difundido por la radio, la televisión y la prensa en toda Centroamérica, y los teléfonos de nuestras embajadas en Nicaragua y Guatemala, o de nuestra Oficina de Intereses en Honduras, no han cesado de recibir llamadas.

Anoche mismo les estábamos preguntando y nos dijeron lo mismo: que no paran los teléfonos. Pedimos algunos datos a nuestro Encargado de Negocios en Nicaragua, por ejemplo, cuántos ingresaban en las universidades. El dato que nos dio —habría que ratificarlo— fue de unos 5 000 en las universidades para todas las carreras. Pregunté: ¿Cuántos se gradúan de bachiller? Me dice: "Entre 20 000 y 25 000." Hay un enorme potencial en ese país de jóvenes para seleccionar los que aspiren a estudiar medicina.

Ahora hay que discutir con cada país, más o menos, los criterios de selección. Ya les expliqué que el Presidente de Guatemala planteó especial interés en que no menos de la mitad fuesen de origen indio. En nuestro criterio es precisamente tratar de formar profesionales con la mente puesta en la idea de que presten servicios en los lugares más apartados, más difíciles; si el potencial es grande, es perfectamente posible hacer buenas selecciones. Hay que analizar con los ministros de salud y con las autoridades de cada país los criterios y métodos de selección.

Me imagino que en toda Centroamérica sea más o menos igual. Debemos aprovechar cinco o seis meses antes de septiembre para cursos intensivos de preparación de ingreso.

Estamos viendo en nuestras capacidades en ciencias básicas de Girón, más otras instalaciones, lo que hay que hacer para poderlos recibir cuanto antes, a partir de enero, no sea que pierdan varios meses que pueden ser aprovechados en su preparación.

Ahora, es tal la demanda en estos momentos que estamos, incluso, pensando que dentro del programa de 10 años, el primer año ingresen 1 000, en vez de 500, al comprobar en los dos países visitados el enorme interés de las autoridades y los jóvenes por esas becas. Estamos analizando todo, y tendremos las condiciones para recibir 1 000 el primer año, y después pueden ser 500, 500 y 500 cada año sucesivamente.

Mientras ellos se formen, podrán contar con nuestros médicos. No se trata únicamente de médicos cubanos, no queremos estar solos allí. Lo hemos planteado como un programa latinoamericano, con la inclusión de médicos latinoamericanos; más aún lo estamos planteando como un programa iberoamericano, de España, Portugal. Puede convertirse, a lo mejor, en euroiberoamericano, porque hay posibilidades, pienso, de que algunos países de Europa Occidental quieran contribuir económicamente a un programa como este, e incluso, aportar personal calificado.

Entonces, en 10 años al final serían 5 500 becas. Vamos a esperar, pero ya les hemos comunicado a algunos gobiernos del área la idea de ampliar en este primer año el número de becas, pues en este primer año va a ser tremenda la presión.

Tenemos capacidades y estamos formando médicos del Caribe, todos los que los caribeños quieran formar; estamos formando igualmente médicos sudafricanos y de otros países. Vean que realmente nosotros no hacemos publicidad ni propaganda con la cooperación que brindamos a numerosos países del Tercer Mundo.

Un país como Paraguay solicitó becas hace rato, y hay ya 120 estudiantes paraguayos como becarios para estudiar medicina. De eso no se ha pronunciado nunca una palabra. Hay otro número de ellos que ayudan a costear sus estudios, pagan una cantidad. En el período especial se estableció esa fórmula para algunos casos. Pero para nuestros vecinos del Caribe todas estas becas que ofrecemos son gratuitas. Cuando hablo de becas, son becas gratuitas. Paraguay, por ejemplo, recibió 120 becas gratuitas; jóvenes estudiando medicina, que seleccionaron preferentemente del interior del país. Tengo entendido —les estoy hablando de cifras aproximadas— que hay además 80 que pagan por estudiar medicina en nuestro país, aunque la mayoría reciben las becas gratuitamente.

Realmente, ¿cuántas becas pagadas tendremos en medicina, Dotres? (Dotres le responde que 500 pagados y 800 becarios en medicina.) Correcto. Los que no reciben becas gratuitas pagan 5 000 dólares al año por su estancia y estudios, ese es el costo. Son cifras que están muy por debajo de las que se pagan, por ejemplo, en Estados Unidos. No se sabe lo que cobran en algunas universidades, pueden ser 15 000, 20 000, 30 000 por año.

¿Cuántos estudiantes de medicina tienen los sudafricanos? (Dotres le responde que hay unos 60 ó 70 sudafricanos.) Los sudafricanos pagan, es decir, el Ministerio de Salud sudafricano costea sus gastos. Es un país que tiene recursos; pero pensando en el problema social existente en Sudáfrica donde todas las aldeas, por ejemplo, cada vez más están solicitando médicos cubanos, nosotros hasta les hemos propuesto, más bien, enviar profesores y que ellos los preparen allí tan masivamente como sea posible. Debe tomarse en cuenta que la población negra sudafricana tuvo muy pocas posibilidades de estudiar en las universidades. Era un privilegio de la clase rica que apoyaba el apartheid. Les dijimos que a nosotros nos daba pena, realmente, la situación, con unas decenas de estudiantes de origen africano cuyos estudios debían ser pagados.

De acuerdo con el presupuesto disponible por el Ministerio de Salud Pública de Sudáfrica, que dirige una excelente luchadora contra el apartheid, la que precisamente visitó a Canadá y explicó lo que les conté, el número de estudiantes de medicina que puede enviar a Cuba es limitado. Nosotros le dijimos que nos daba vergüenza, realmente, cobrar por las 60 becas, que íbamos a renunciar a lo que estaban pagando por unas decenas de becarios, que tenían que enviar más, y, tomando en cuenta los gastos de viaje, promover el estudio masivo en la propia Sudáfrica con profesores cubanos o, de lo contrario, no se resuelve más nunca la necesidad actual de médicos en ese país, capaces de trabajar en las aldeas.

¿Sabe cuáles son las capacidades de nuestras 21 facultades de medicina? Treinta mil. Hay unos 15 000 estudiando medicina, que incluye, desde luego, algunos extranjeros. Nosotros fuimos reduciendo progresivamente el número de estudiantes cubanos de 6 000 que ingresaban por año hasta 2 500, más o menos. Habíamos cumplido en lo esencial nuestras necesidades de personal médico para nuestros ambiciosos planes de salud. Se trataba ahora de preparar los reemplazos y mantener una reserva.

Habíamos concebido en nuestro programa elaborado a principios de la década del 80 la idea de disponer de 10 000 médicos para ayudar al Tercer Mundo. En esa época se crearon todas esas facultades de que hoy disponemos, mucho antes del período especial; vino después el período especial, las limitaciones de recursos y otras dificultades, que en cierta medida alteraron los programas. Parte de las capacidades como estaba concebido se utilizaron para formar licenciados en enfermería y otros técnicos de la salud. Pero disponemos de capacidades de reserva.

Los países caribeños de habla inglesa, que son nuestros amigos más estrechos, que fueron vanguardias en la lucha contra el aislamiento en este hemisferio, que han brindado valiente apoyo a Cuba en las Naciones Unidas, en Lomé y en todos los foros internacionales, que son pequeños países, tienen una cuota en conjunto de no menos de 1 000 becas gratuitas para distintas carreras. Si necesitan más tendrán todas las que necesiten.

En Namibia tuve la satisfacción de ver a algunos que vinieron como niños, de 10 y 12 años, sobrevivientes de la matanza de Cassinga, al sur de Angola, uno de los grandes crímenes que cometieron allí los fascistas del apartheid.

Creamos para ellos una escuela en la Isla de la Juventud, muchas veces la visitamos. Tuve la satisfacción de encontrarme en mi paso reciente por ese país a médicos y profesionales universitarios de aquellos niños que tantas veces visité en aquella escuela —realmente, no se sabe lo que significa desde el punto de vista moral y humano lo que hicimos—, y algunos han ascendido a ministros. El Ministro de uno de los ministerios más importantes de Namibia con sus ricos mares, el de la Pesca, es un médico formado en Cuba, jovencito, que vino de 12 años, sobreviviente de la matanza de Cassinga. No se sabe lo que vale sembrar esas semillas en el mundo.

Nosotros llegamos a tener 22 000 becarios extranjeros estudiando en nuestro país. Ningún otro país del mundo tuvo nunca tantos becarios per cápita como Cuba, y esos están en todas partes del mundo, en Africa y en otras regiones del mundo. Eso ayuda también a explicar la solidaridad del Tercer Mundo con Cuba; eso ayuda a explicar los 157 votos contra 2, aunque no lo hicimos por eso, lo hicimos por nuestros ideales y por nuestros sentimientos de solidaridad y de internacionalismo (Aplausos).

Esa es nuestra ideología, y eso es lo que predicamos, no con palabras, sino con el ejemplo, y apoyados en la libertad de ser, tal vez, el único país del mundo —vean esta palabra—, no digo el único país libre del mundo, sino el único país del mundo que puede hablar con absoluta libertad, con ciento por ciento de libertad; quítenle si quieren un 0,5%, porque hay veces que, aunque sin decir mentiras, que nunca las decimos, por cortesía estrictamente diplomática hay que ser cuidadosos en algunos temas (Risas). Pero es un país que puede ir a Naciones Unidas, puede ir a cualquier foro, a cualquier parte y decir lo que incluso muchos buenos y honestos amigos no pueden decir por una razón o por otra, de trascendencia para sus países, porque dependen, por ejemplo, de un crédito del Fondo Monetario, o del Banco Mundial, o del Banco regional tal o más cual, o del Banco de Exportación de Estados Unidos; pero nuestro país no depende de ninguna de esas instituciones, aprendió a sobrevivir en medio de muy difíciles condiciones, ha luchado 40 años por esa independencia que pensamos conservar siempre, haya o no haya bloqueo, porque si un día desapareciera el bloqueo y hasta fueran normales las relaciones —y ya sabemos cómo son las relaciones normales con Estados Unidos—, seguiremos viviendo en un mundo donde haga falta la verdad, y no podremos renunciar jamás al derecho y a la libertad de decir las verdades.

Tenemos muchas relaciones internacionales, ya tenemos relaciones diplomáticas no se sabe con cuántos países, y cada día suman más; pero las ideas básicas, fundamentales, esenciales, de la política internacional de Cuba y de la ideología de nuestra Revolución, las planteamos en todas partes. Y les puedo asegurar que no hay nada que rinda tanto fruto como esa libertad y esa posibilidad de decir la verdad. En las más inverosímiles e increíbles condiciones, estamos predicando con la palabra y con el ejemplo y eso rinde mucho fruto.

No estamos pensando en frutos para nosotros. Vamos a seguir luchando por nosotros, mucho mucho, y por el máximo de bienestar de nuestro pueblo mucho mucho; pero tenemos un recurso con lo cual podemos ayudar al mundo mucho mucho: somos un ejemplo que puede ayudar al mundo mucho mucho; tenemos ideas que pueden ayudar al mundo mucho mucho, a ese mundo que va a sumar dentro de 50 años 10 000 millones de habitantes y que necesita sobrevivir, necesita soluciones, que no sobrevivirá sin ejemplo, sin ideas y sin verdades.

Estos son los elementos de juicio que quería darles. Después me acordaré si faltó alguno.

Falta desde luego una sola cosa, que es darle las gracias a este foro (Aplausos), porque por ustedes y por millones de hombres y mujeres como ustedes nuestra patria puede estar escribiendo esta página de gloria, esta página de honor, esta página de humanismo. Por millones de hombres y mujeres como ustedes nuestro país ha resistido, y no solo resiste, sino que avanza, y no solo avanza —no voy a medirlo en datos de producciones materiales, que son todavía modestas, aunque logradas con heroísmo—, sino que está contribuyendo ya, en una medida que no es despreciable, al avance de nuestro mundo.

Tenemos que acostumbrarnos a comprender que, en este mundo que nos ha tocado vivir ahora, ningún país solo puede resolver sus problemas. No habrá ya, en este mundo de ahora, soluciones para ningún país si no hay soluciones para el mundo, y ejemplo elocuentísimo: los tigres asiáticos, que crecieron, crecieron y crecieron, brillantes economías, reservas de decenas de miles de millones de dólares, y en virtud de la globalización neoliberal, de este sistema que le han impuesto al mundo, se han arruinado en cuestión de días. No hay ningún país seguro sobre la Tierra.

Europa se une, porque solo un país europeo no puede sobrevivir económicamente; sola Gran Bretaña no puede, y los especuladores norteamericanos le devaluaron su moneda y la pusieron al borde de la ruina; Francia sola no puede sobrevivir, ni España sola, ni Italia, ni Alemania sola puede sobrevivir, y es una de las grandes potencias industriales y económicas del mundo. ¡No pueden!, tienen que unirse, para unidos sobrevivir del dominio total, económico, político, militar y en el terreno cultural, que se va convirtiendo en el arma número uno del imperio norteamericano. Eso lo pudimos percibir en nuestro congreso de escritores y artistas, el intento de imponer un imperio cultural, su arma fundamental hoy; alguien que los conoce bien la calificó como el arma nuclear del siglo XXI.

Económicamente ningún país del mundo tendrá, ni podrá tener seguridad jamás. Los únicos que hoy poseen una relativa seguridad son ellos —digo—, un poco, un nivel de seguridad, porque son los que imprimen las monedas del mundo, se han conquistado ese privilegio. Tienen todo el dinero que quieren a costa de los demás, y son los que más invierten en el mundo: invierten el dinero de los demás, que son los billetes que los demás recibieron y depositaron en sus bancos centrales o en los bancos norteamericanos, y los usan ellos para comprar empresas en cualquier parte del mundo, fabricar industrias; pero eso tiene un límite. Y ya en estos meses estuvo el mundo al borde del límite, es decir, al borde de una catástrofe económica, aunque, como hemos planteado, tienen todavía posibilidades y recursos para dilatar la crisis, posponerla, es lo que están haciendo.

El sistema es insalvable, el dominio establecido es insalvable, es por eso que nosotros le hemos dicho a mucha gente: Ningún país solo puede resolver.

Esta misma Revolución, ahora, en este momento, si hubiera triunfado en 1998, si la hubieran dejado triunfar, si no hubieran tratado de aplastarla casi antes de que regresáramos a Cuba en el Granma, o saliendo de México; no, esta Revolución ahora, sería poder revolucionario que no podría existir. Podemos existir porque nacimos en un momento determinado y coyuntural, logramos acumular toda esta fuerza de conciencia y de valores humanos, esto que es Cuba hoy, a pesar de todos los problemas.

Fíjense, yo no les he hablado de problemas, ¿para qué?, si todos los días estamos hablando de ellos y nos los sabemos de memoria, no ignoro ninguno, ni ignoro la lucha que todos los días tenemos que librar; pero tampoco dejo de ver lo que tenemos y lo que hemos creado, y cuando llega una situación como esta, ahí está, hace falta un hemisferio completo casi para reunir los médicos con espíritu de verdaderos misioneros de la salud que nosotros podemos reunir.

¿Y quieren que les diga una cosa? Este programa que estamos proponiendo, otros cuatro iguales, otros cinco como este al mismo tiempo los podríamos llevar a cabo. Cuba tiene fuerzas para organizar un programa de salud, fíjense bien, no solo para Centroamérica —es decir, fuerza humana, es en lo que digo que tenemos recursos sin límites—, sino para apoyar un programa de salud como este en todos los rincones apartados de América Latina donde no haya asistencia médica.

Esto lo he dicho nada más para dar una idea de cuál es la fuerza que hemos creado en recursos humanos. Lo hemos creado en muchas esferas más, se han graduado 600 000 profesionales en este país desde que triunfó la Revolución.

Claro, hay en América Latina países con más desarrollo económico y social que otros; puedo citar un ejemplo: Chile. Chile pienso que tenga muy pocos campesinos sin acceso a las atenciones de salud. Una vez, cuando Allende, enviamos médicos para algunas zonas donde no había determinados servicios médicos. Pienso también en Uruguay y Costa Rica. Hay países en América Latina que no lo necesitan, unos cuantos, no muchos. Pero sabemos también de muchos lugares de América Latina cuyas poblaciones, sobre todo rurales, no tienen acceso alguno a los servicios de salud.

Yo podría completar esta idea afirmando que nosotros disponemos de personal humano para un programa como este en todas las áreas rurales de este hemisferio. Nada más digo eso, y los demás números no los cito, ¿y por qué? Si digo esto, en este momento, si lo digo y abordé este tema, es porque mencioné los valores y recursos humanos que ha creado este país, que ha creado la Revolución, con los cuales nos hemos defendido, hemos resistido, ha luchado la Revolución, que va a cumplir ya 40 años, bloqueados casi todo el tiempo; algunos dicen 37años, no; 36, no. Desde que triunfó la Revolución nos suprimieron todos los créditos en Estados Unidos. El día Primero de Enero de 1959, prácticamente, no quedaba en la reserva del Estado un centavo y, sin embargo, nos quitaron los créditos comerciales, bancarios y de todo tipo desde el primer día; después nos fueron quitando cosas y cosas y cosas, y la cuota azucarera a pedazos, a pedazos, a pedazos. Esa es la realidad, y lo hemos resistido. Se derrumbó el campo socialista y lo hemos resistido; nos quedamos solos y hemos resistido. Hoy tenemos más relaciones y apoyo internacional que nunca, más amigos que nunca, y hasta dentro del propio Estados Unidos, incluso.

Tenemos además toda la paciencia del mundo que haga falta para luchar y resistir, porque si teníamos razones para luchar el día Primero de Enero cuando triunfó la Revolución, hoy tenemos cuarenta veces más razones que entonces, cuando hemos quedado como bandera casi única de las causas más justas, con una ventaja: No basta tener una idea justa, noble, buena; la suerte es que esas ideas justas, nobles y buenas coincidan con el instante en que la humanidad no se salva si tales ideas nobles, justas y buenas no se aplican.

Muchas Gracias.

(Ovación.)

(Le entregan carta de un estudiante de medicina recién graduado)

"Compañero Maynegra:

"Quisiera se le hiciera conocer al Comandante en Jefe la disposición de los recién graduados de medicina, de asistir a las tareas de la solidaridad en Latinoamérica.

"Doctor Pedro Luis Alonso, recién graduado, Comisión 09."

La Comisión 09 es la estudiantil (Le dicen algo). (Aplausos.)

Fíjense, esto es magnífico. Nosotros no estamos pensando utilizar inicialmente personal recién graduado, sino que por lo menos hayan estado un año trabajando en la comunidad, donde se adquiere mucha experiencia. A los recién graduados vamos a tener que pedirles que se esmeren, que se esfuercen, que aprendan, porque después hay que enviar reemplazos.

Ahora, estoy pensando en que como mínimo, además de graduados, y sabemos que se gradúan con muchos conocimientos, práctica hospitalaria, tengan por lo menos un año de trabajo profesional en la base. Vamos a ver cuántos especialistas en medicina general integral utilizamos en los primeros contingentes.

Ustedes saben cómo son las cosas, que donde hay tres laborando en las comunidades urbanas se puede sacar uno —menos en las montañas que no están próximos—; en los policlínicos, de cada tres se puede extraer uno de los que han estudiado medicina general integral o están avanzados en esa especialidad. Solo de los que laboran en el campo de la medicina general integral se podrían movilizar casi casi, potencialmente, 10 000. De particular importancia son los que adquirieron experiencia en las zonas rurales. Cuando ya tengamos una idea más precisa y detallada de las misiones a cumplir, puntos donde van a prestar servicios y características de cada lugar, se puede pensar en personal recién graduado actuando en equipo con médicos bien experimentados.

Inevitablemente, además de especialistas en medicina general integral, serán necesarias variadas especialidades, de las cuales disponemos un variado y numeroso potencial. Cirujanos no me acuerdo si son 2 500 ó 3 000 los que hay, pediatras son miles los que tenemos, obstetras son miles. De muchas de las especialidades que más falta hacen ahora tenemos miles. Si nosotros extraemos de este país 10 000 médicos para cumplir en el exterior una honrosa y humana misión, quiero decirles que no se afectan los programas de salud, simplemente por el número de que disponemos, sobre todo en la base, los que están en la comunidad, una de las cosas más importantes, y que suman decenas de miles de profesionales.

Hemos descubierto, además, que el médico general integral es casi el perfecto médico para tareas de este tipo. Los especialistas en medicina general están siendo muy solicitados.

En todas las ciudades donde hay tres, los tríos famosos, sacas uno y los otros dos hacen el trabajo.

Nosotros sacamos 2 000 ahora y ya los estamos reponiendo en unos meses, 2 500 se gradúan en agosto. Nuestras facultades de medicina pueden, en caso de apremiante y visible necesidad futura, elevar a 3 000, a 4 000 ingresos por año, sin dejar de cumplir los planes que he mencionado de becas para los centroamericanos.

Nosotros tenemos una gran escuela de ciencias básicas en la capital. Aparte de eso, hoy mismo fueron algunos compañeros que están aquí a visitar una excelente escuela de oficiales de marina, una excelente instalación, que el MINFAR, en su reducción de plantilla, ahora puede y desea liberar para aportarla al programa de formación de médicos centroamericanos. Estamos pensando utilizarla quizás como escuela de ciencias básicas, los dos primeros años de la carrera de medicina. Ahora van a tenerla los estudiantes de Centroamérica, pero después puede quedar como una escuela latinoamericana de ciencias básicas para la carrera de medicina.

Hay que trabajar en la cuestión de la unión entre los latinoamericanos y caribeños, y les aseguro que eso avanza. Fíjense que en junio habrá una reunión de todos los latinoamericanos: de México, Centroamérica y Suramérica, y todos los caribeños, con los 15 países de la Comunidad Europea, en Río de Janeiro, una reunión cumbre.

Hay que ir uniendo y uniendo. Yo les explicaba sobre Europa que si no se unen están perdidos.

Nosotros estamos trabajando mucho, mucho, mucho en la cuestión del acercamiento y la unidad entre los países latinoamericanos, sin introducir problemas ideológicos, analizando nada más las situaciones que están ocurriendo en el mundo hoy, que son desastrosas para el Tercer Mundo, un saqueo tremendo; no solo tomando en cuenta los problemas del medio ambiente, sino demostrando que es insostenible esta situación; advirtiendo todos los riesgos que estamos viviendo. Hay que hacer un trabajo de unidad. Por eso yo creo que esa escuela va a quedar al servicio de la medicina latinoamericana.

¿Por qué queremos formar médicos de origen centroamericano? Lo importante es que después sean los médicos de esos países los que presten los servicios. Me imagino que un día un nicaragüense estará en Honduras y un hondureño estará en El Salvador. Esos países estuvieron unidos, nacieron unidos cuando la independencia; ahora están separados.

También los suramericanos tendrán que unirse, no pueden sobrevivir si no se unen. Tienen que unirse para sobrevivir, y aun así no están resueltos los problemas, los problemas esenciales, de las raíces profundas de la economía mundial están muy lejos de resolverse, irán de crisis en crisis. La globalización no hay quien la haga retroceder, ni hace falta; lo que hay que crear es una globalización humana, en dos palabras, nada más, no la que existe hoy.

¿Qué es eso de que en Haití estén muriendo 135 niños por cada 1 000, de 0 a 4 años? Posiblemente en los países de Europa en su conjunto deben estar muriendo alrededor de 10. Bueno, Cuba, que está aquí —para citar un ejemplo—, 9,3; ya estamos muy cerca de los mejores índices, ¿no? Pero posiblemente algunos como Finlandia, Suecia y otros, deben estar por debajo de 9,3; pero, digamos, que en uno esté en 7 u 8 y otro tenga 135, y otros 60, 70; no, eso no es moral ni humanamente aceptable.

En toda la América del Sur, si excluimos a Chile, quizás también Uruguay y Argentina, los índices de mortalidad infantil están muy altos. ¿Chomi no anda por ahí? Chomi, ¿qué nivel tenemos según los datos que estábamos viendo ayer de mortalidad infantil de 0 a 5 años en América Latina, excluyendo a Costa Rica que tiene 14 y tal vez Chile? ¿Chile cuánto tiene, alguno lo sabe? (Chomi le responde que es más de 40 el promedio del continente.) Chomi, me parece que era alrededor de 45 (Chomi agrega que era entre 43 y 45). Bueno, sí, es una barbaridad que esté por encima de 40.

¿Cuánto tiene Bolivia, por ejemplo, para citar un país, que bien puede necesitar cooperación en ese campo? ¿Se te olvidó? (Risas.) Me parece recordar la cifra de 83 (Chomi dice que Bolivia en 1996 tuvo 102 en menores de 5 años y 71 en menores de 1 año). Me parece muy elevada esa diferencia entre los menores de 5 y los menores de 1 año. De todas formas, tomando los datos más bajos es tremendo que mueran dentro de esas edades tantos niños. Después de Haití, estaría Bolivia.

Otra cosa, Chomi, ¿Paraguay cuánto tiene? (Responde que Paraguay tiene 47 en menores de 5 años y 39 en menores de 1 año.) Están bastante mejor que Bolivia, pero es alto todavía, sinceramente.

¿Y el grande, nuestro amigo Brasil? (Chomi dice que Brasil tuvo 52 en menores de 5 y 44 en menores de 1 año, según datos de 1996.) Ellos me dijeron hace poco que era alta.

Puede decirse, realmente, que por cada niño menor de 5 años que muere en Europa, mueren 5 en Latinoamérica, y no menciono Africa, no menciono Haití.

Los europeos fueron los inventores de la esclavitud moderna, trajeron a la fuerza hombres y mujeres de Africa para convertirlos en esclavos y esa república que fue de los esclavos tuvieron el heroísmo de liberarla. Por cada niño que muere en Europa, mueren 14 en Haití, y todo lo demás es igual, esto es nada más que un índice de todas las demás calamidades que padecen nuestros pueblos.

Ahora también con la mundialización, las ideas se extienden por el mundo más rápidamente, y observo avances, avanzan en realidad; aunque pienso, realmente, que la situación objetiva del mundo hoy está por delante de la conciencia de los pueblos. Pero aceleradamente está creciendo la conciencia de la población mundial acerca de muchos problemas, y es muy importante no solo las condiciones objetivas que hoy caracterizan la vida en nuestro planeta, sino la conciencia de la humanidad. Y no creo que será mediante guerras que estos problemas se resuelvan, no será por esa vía, aunque puede haber todo tipo de convulsiones sociales, estallidos inusitados al paso que vamos. Eso es matemático, se puede decir ciencia exacta.

De modo que hoy día, Maynegra, podemos incluir la política en los foros de ciencia y técnica (Risas y aplausos). Por tanto, no me he salido del tema (Risas y aplausos).