ˇSALVEMOS A ELIÁN!

 

La Tribuna Abierta en las inmediaciones de la Oficina de Intereses de Estados Unidos reinicia su actividad orientadora y movilizativa a las 5:00 de la tarde de este lunes.

El destino de Elián es incierto.

Los numerosos aspirantes a la candidatura presidencial de ambos partidos en Estados Unidos casi sin excepción se han expresado contra el regreso del niño a Cuba de forma demagógica, o con lenguaje extravagante y nada serio han hablado de fórmulas dilatorias e incluso pérfidas.

Aparte de anunciados recursos leguleyescos tan pronto la Administración adopte una decisión, la mafia extremista y terrorista del Sur de la Florida, apoyada por la ultraderecha norteamericana, amenaza con acciones violentas de oposición a la devolución del niño a su legítima familia y a su patria. Aseguran que rodearán con un cordón humano de apátridas mercenarios la casa de los parientes lejanos donde lo tienen secuestrado, para impedir la actuación de los funcionarios federales en caso de que el gobierno de ese país adopte una decisión que sería humanamente justa y jurídicamente irrebatible en favor de su regreso a Cuba. Acostumbrados como están a métodos fascistas, al chantaje y la impunidad ante la debilidad y la tolerancia de los gobernantes norteamericanos, de quienes fueron siempre instrumentos y cómplices, cualquier cosa puede esperarse de ellos para impedirlo.

Nadie sería capaz de asegurar a estas horas cuándo y cómo regresará el niño. En torno a este punto reinan la confusión y el caos en Estados Unidos.

El 12 de diciembre se envió el último mensaje diplomático del gobierno cubano al Departamento de Estado, en que se exponía la necesidad de una respuesta rápida por el enorme sufrimiento a que estaban sometidos tanto el niño como la familia, y las consecuencias que esto podía tener en la salud mental de Elián. Han transcurrido ya ocho días y aún no se ha recibido una sola palabra de respuesta.

El lunes 13 de diciembre, a las 7:00 de la mañana, dos funcionarios norteamericanos, entre ellos una representante del Servicio de Naturalización e Inmigración de Estados Unidos, se reunieron a solas con el padre de Elián y todos los familiares más íntimos y cercanos al niño. Se consideraba esto un requisito indispensable, prácticamente el último trámite para una solución justa, rápida y honorable del problema. El padre entregó a dichos funcionarios norteamericanos, en la propia residencia de la familia en la ciudad de Cárdenas, 17 documentos, certificados por las autoridades competentes, que demostraban de forma irrebatible la paternidad y por tanto la patria potestad de Juan Miguel González Quintana, cuya atención y comportamiento con su hijo Elián eran ejemplares e intachables. Esas mismas autoridades de Inmigración habían entregado el niño a un pariente lejano que vivía en Estados Unidos desde hace 15 años, 9 años antes de que Elián naciera, al que había visto quizás una sola vez en su vida, sin exigirle documento alguno que acreditara el lejano parentesco. Sin embargo, en esta ocasión han transcurrido siete días y el padre no ha recibido la más mínima señal de que sus derechos serán reconocidos.

Unido a todo lo anterior, la conmovedora e impactante Mesa Redonda que tuvo lugar el pasado jueves con la participación de eminentes científicos y especialistas en cuestiones de Pedagogía, Psicología y Psiquiatría infantil, seleccionados entre los más prestigiosos y experimentados del país, hizo patente con sólidos fundamentos científicos y demostró ante toda la nación que el niño había sufrido, en menos de 48 horas, traumas profundos y sucesivos y, en adición a esto, había sido despojado además de su medio ambiente, su escuela, sus amigos, su maestra, su padre y los seres más queridos, de los cuales más necesitaba para su recuperación. Nuestros científicos y especialistas evidenciaron la desesperada urgencia de su regreso a Cuba.

Imágenes de repugnante cinismo y desmoralización de quienes se prestaron al rapto de la criatura en complicidad con una pandilla de perversos e inescrupulosos malvados, produjeron en nuestro pueblo profunda indignación y asco. La escena grotesca en que una loba feroz disfrazada de mujer envolvió casi a la fuerza a ese niño inocente con la bandera de la barra y las estrellas —tan distinta de la que saludaba con respeto unos días antes en su escuela en cada matutino— quedará ante la historia como uno de los hechos más infames, aborrecibles y ultrajantes que nuestro pueblo haya visto jamás. Cien libros de instrucción política no nos enseñarían más de la ruindad y decadencia del "imperio revuelto y brutal que nos desprecia". Esa imagen debe divulgarse por el mundo. La hipocresía, el alarde grosero e increíble de ostentosos regalos con que a toda costa quieren comprar el alma de un niño de 6 años, ofrece una idea de lo que representan la sociedad y el mundo enajenados que quieren imponerle, mediante la arbitrariedad y la fuerza, a ese niño cubano.

Ahora no sólo es necesario preservar la identidad del niño y el derecho de su padre a la patria potestad, que nadie en el mundo cuestiona: es urgente salvar su salud psíquica y mental antes de que el daño sea irreversible.

Nuestro pueblo no permitirá el repugnante y monstruoso crimen que fría y cínicamente se está cometiendo con ese niño ante los ojos atónitos del mundo.

Lo que se inicia hoy es la segunda etapa de la batalla de masas que venimos librando desde el domingo 5 de diciembre. Ha sido y es una batalla de ideas, de opinión pública nacional e internacional, de principios legales, éticos y humanos, entre Cuba y el imperio, que en nuestra patria es apoyada por una de las más grandes y combativas movilizaciones que ha tenido lugar a lo largo de nuestra historia.

La Revolución ha asignado a los pioneros de la enseñanza primaria y secundaria, a los estudiantes de nivel medio y superior y a los jóvenes trabajadores manuales e intelectuales del país, la misión de ocupar las primeras líneas de esta gran batalla que estamos llevando a cabo con el apoyo unánime de todo el pueblo.

Esta nueva etapa de lucha puede prolongarse. Requiere más que nunca de organización rigurosa y disciplina estricta, plan inteligente y a la vez flexible, creatividad y capacidad de adaptación a situaciones constantemente cambiantes, serenidad, ecuanimidad y sangre fría.

Enfrentamos a un adversario poderoso, tenaz y arrogante. El más grave riesgo consiste en que el lógico espíritu de combatividad, solidaridad humana y justa indignación desborde los principios de disciplina y organización.

En estas circunstancias, nadie debe asistir a ninguna marcha, concentración o actividad a la que no haya sido convocado por los organizadores. No es conveniente en absoluto que donde se esperan 10 mil, 50 mil ó 100 mil, se reúnan 20 mil, 100 mil, 200 mil, es decir, dos o tres veces más de los convocados en cada área o sector. En la Marcha del Pueblo Combatiente debían desfilar 300 mil personas; participaron más de medio millón y entraron por todos los accesos. Se pueden desorganizar así nuestras actividades, y despilfarrar nuestras fuerzas y energías, que son realmente colosales. No podemos desgastarnos, hay que ahorrar esas fuerzas y esas energías, renovarlas constantemente, emplearlas todas ordenadamente cuando sea necesario, y volver de inmediato a reponerlas si nos vemos obligados a ello.

A la vez que nos movilicemos miles, decenas de miles, cientos de miles, incluso millones, como ocurrió los días 9 y 10 de diciembre, en que entre la tarde del jueves y la tarde del viernes se movieron casi tres millones de personas --lejos todavía de nuestro verdadero potencial, ya que la Ciudad de La Habana de un modo correcto, para reservar fuerzas, movilizó el día de los grandes actos de las capitales de provincias apenas un diez por ciento de su potencial—, hay que preservar a toda costa la producción y los servicios con más tesón y responsabilidad que nunca.

Nuestra acción debe ser cualitativamente superior: persuasiva y convincente para la opinión pública internacional; sorpresiva, desconcertante, oportuna y contundente para los que, en el seno de la sociedad norteamericana, minoritarios pero poderosos, se oponen al regreso de Elián.

Somos un pueblo con elevada cultura política, unido, cohesionado, organizado. Todos pertenecemos a una o varias organizaciones, desde los pioneros hasta los veteranos combatientes de cuarenta años de Revolución. Todos tenemos, en mayor o menor grado, preparación combativa. Todos tenemos la fuerza revolucionaria, el patriotismo y los nobles objetivos que nos hermanan y unifican estrechamente. Todos tenemos el privilegio de contar con una nación unida. Podemos y debemos actuar como un inmenso e invencible ejército.

Por ello, compatriotas, al reiniciarse el arduo combate, la Revolución, que ha acumulado gran experiencia en el enfrentamiento victorioso durante más de cuarenta años con la más poderosa potencia que ha existido jamás, no nos solicita simplemente disciplina: nos la exige.

Les pedimos a los estudiantes y jóvenes cubanos que han recibido el inmenso honor de ocupar un puesto en la primera línea y que tan brillantemente han actuado desde el primer instante, sean ejemplo para todo el pueblo de disciplina consciente y revolucionaria en esta decisiva y heroica lucha que la Revolución exige de cada ciudadano para salvar a Elián: un niño, un pionerito, un nieto, un hijo de toda Cuba, y salvar con él un símbolo de los miles de millones de niños que deben ser educados, alimentados, dotados de una vida saludable, salvados y dignificados en el mundo. El enemigo, aferrado a una estúpida, antipática y aborrecible injusticia, no podrá resistir nuestra moral, nuestra razón y nuestra incontenible fuerza en la lucha por esta justa demanda, y no le quedará otra alternativa que devolver cuanto antes a Elián.

 

Fidel Castro