No tan puros como pretenden aparentar (IV)

ODEPA y su Comisión Médica ante pruebas y argumentos demoledores

ENRIQUE MONTESINOS

 

En declaraciones personales, el doctor Eduardo Henrique De Rose, presidente de la Comisión Médica de la ODEPA, define a la cocaína como cara, fácil de detectar y de muy corto tiempo de estimulación, calificando así a Sotomayor de adicto y consumidor incorregible de esa droga.

Por otra parte los médicos cubanos aseguran que en el chequeo sistemático de nuestros deportistas jamás se descubrió en Sotomayor ninguno de los tantos síntomas o signos que científicamente caracterizan la intoxicación, el uso o abuso, así como la dependencia o abstinencia de esta droga. Son los siguientes:

1-euforia, 2-ansiedad, 3-tensión, 4-cambios estereotipados, 5-taquicardia o bradicardia, 6-dilatación pupilar, 7-irregularidades en la tensión arterial, 8-sudoración, 9-náuseas o vómitos, 10-pérdida evidente de peso, 11-agitación o retardo sicomotor, 12-debilidad muscular, 13-depresión respiratoria, 14-dolor precordial, 15-arritmias cardíacas, 16-depresión muscular y 17-pérdida de reflejos.

Entonces, por qué el doctor De Rose llegó hasta la infame bajeza de proseguir desprestigiando a Sotomayor, como hizo el 23 de agosto en el Simposio Interamericano de Cardiología del Deporte, en Buenos Aires, al responder a una pregunta de la audiencia sobre la rareza del caso del cubano. En aquel momento manifestó que "no era nada sorprendente, pues como consecuencia del mucho dinero que había ganado se había convertido en un ciudadano de elite en Cuba, que poseía un coche de lujo y que en los últimos años se daba una vida especial, lo cual le propiciaba el acceso a drogas u otras desviaciones, lo que podría explicar la merma en su rendimiento de los últimos tiempos y que todo ello le podía haber conducido al consumo de la cocaína". Además, repitió en ese foro por segunda vez el garrafal error de las 200 partes por millón.

No solo nuestro insigne deportista y todos sus admiradores protestan ante tan mezquinos y miserables infundios, todavía más repudiables, por provenir de un alto cargo como el suyo; a cualquier ciudadano honesto le herviría la sangre en las venas.

Y conste que para comprobar su infamia no hay que remitirse a algún cubano presente en esa reunión. Basta con preguntarle al doctor Roberto Peidro, cardiólogo argentino de la Fundación Favaloro en Buenos Aires, y presidente del mencionado Simposio.

Parecerían suficientes las pruebas de que no son ni puros ni exactos como pretenden aparentar y exigen ser a los deportistas, pero lamentablemente hay todavía más.

En respuesta a las justas reclamaciones de Cuba, cuyo primordial objetivo es restituir el honor de sus deportistas y no recuperar medallas ni posiciones, se atrevió el doctor De Rose a demeritar ante el Ejecutivo de la ODEPA las muestras de orina enviadas después de los Juegos a otros laboratorios, por haber sido tomadas sin la presencia de médicos de la ODEPA o de supervisores de la Federación Internacional.

Además del irrespeto que entraña para las autoridades médicas cubanas —según dicho pronunciamiento no confiables para el facultativo brasileño—, nuestro Instituto de Medicina está en disposición de demostrar que el engranaje dirigido por De Rose no es sacrosanto ni mucho menos. Para ello cuenta con las planillas de los 128 cubanos sometidos a pruebas de dopaje en Winnipeg. Solamente en esos casos disponibles aquí para la consulta fueron detectadas las violaciones siguientes:

—Siete muestras recogidas sin la presencia reglamentaria del representante de la Comisión Médica de la ODEPA ni el correspondiente a la Federación deportiva aludida, atestiguado por las planillas sin firmar. Los atletas fueron el nadador Rodolfo Falcón; el pesista Idalberto Aranda; los peloteros Omar Linares y Juan Padilla; los voleibolistas Angel Denis y Yosenki García, junto a la gimnasta Janeth Comas.

—Otras seis sin el representante de la Comisión Médica y presente el de la Federación. Se trata de los esgrimistas Camilo Boris y Cándido Maya; el hockeísta Alain Barbají; el remero Raúl Domínguez, y los ciclistas Julio C. Herrera y Yosvani Gutiérrez.

En total fueron 13. Cuando el tejado es de vidrio...

Otra respuesta de De Rose: la nandrolona ingerida (se refiere a la vía oral, por supuesto) desaparece de la orina en dos o tres días.

Vaya picardía la de este galeno en su desesperado intento por negarlo todo. Personalmente dijo a los cubanos en Winnipeg que no le fueran a hablar de maniobras de contaminación externa en el caso de la nandrolona, pues permanecía en el organismo hasta seis meses, a diferencia de la fugaz presencia de la cocaína.

Virtualmente todos los integrantes de la Comisión Médica reconocieron en Canadá que la vía segura de colocarla en el organismo era intramuscular. Porque además es la norma mundial.

Y ahora, como espectacular mago, De Rose se saca de la manga la obsoleta variante de la nandrolona oral, de la cual se ha comprobado su ineficacia por pérdida del poder anabolizante.

La nandrolona es usada para aumentar la masa muscular y la fuerza. Suele emplearse por los violadores del juego limpio para mitigar las elevadas cargas de entrenamiento en la etapa de preparación general, dejando de usarla o enmascarándola al acercarse la etapa competitiva, en la que siempre son sometidos a controles antidopaje.

¿Cuál objetivo tendría ingerirla en medio de la competencia, si en nada iba a beneficiar y sería detectada sobreviniendo la sanción correspondiente? Ni al más tonto del universo se le ocurriría la idea y nuestros pesistas ni remotamente se encuentran en ese caso.

Pero si la estratagema de aludir a la nandrolona oral y su desaparición del cuerpo en dos o tres días fue utilizada para tratar de refutar el resultado de los otros laboratorios y seguir protegiendo a los mecanismos de la ODEPA y al enclave de Montreal en específico, pues, tampoco consiguió De Rose su objetivo, porque si bien William Vargas y Rolando Delgado tuvieron diferencias respectivas de cuatro y cinco días entre las pruebas realizadas en Winnipeg y las de La Habana enviadas a los laboratorios de Madrid, Barcelona y Lisboa —todas negativas—, en el caso de Modesto Sánchez solo medió un día entre una y otra. Nada, que el doctor De Rose no adivina una.

Porque también negó que les fueran entregadas bebidas en específico a los cubanos. Sin embargo, en el reciente documental de los XIII Juegos presentado por la televisión cubana puede observarse cómo una oficial le ofrece un refresco a William Vargas. Y si bien el atleta está en su derecho de no aceptar y escoger al azar, tampoco a dicha persona se permite brindarlo.

No obstante todas estas y otras irregularidades denunciadas en el seno del Ejecutivo de la ODEPA —junto con las evidentes triquiñuelas expuestas por De Rose para defenderse, que insultan a cualquier inteligencia—, finalmente la votación de ese grupo mantuvo todo igual y apoyó a su Comisión Médica, aunque en un errado concepto de unir filas para la defensa, en lugar de realizar el saneamiento necesario que evitaría el inexorable desmoronamiento moral de todo el sistema.

Claro que existen muchos intereses que defender, muchas aspiraciones, pero no a costa del honor de los cubanos.