MÁS DE UN MILLÓN DOSCIENTOS MIL HABANEROS EN MARCHA COMBATIENTE EL 26 DE JULIO.

UN PUEBLO QUE HA VENCIDO Y SEGUIRÁ VENCIENDO.

El 26 de julio de este año será histórico. Ese día, a las 8:00 de la mañana, se iniciará la más gigantesca marcha de protesta frente a la Oficina de Intereses de Estados Unidos contra las agresiones y los crímenes del imperialismo contra Cuba. Más de un millón doscientos mil habaneros participarán en ella.

Hace pocos meses, una nueva administración tomó posesión del gobierno de Estados Unidos. La forma en que se llevó a cabo ni siquiera respetó las propias leyes internas que rigen al imperio. Al estilo de las "repúblicas bananeras" que ha creado en nuestro hemisferio, se produjo un escandaloso fraude electoral. Un candidato despojó al otro del cargo que de acuerdo con el sistema establecido le habría correspondido.

Quiso el azar que la reñida contienda se decidiese en la Florida, uno de los Estados con mayor número de votos electorales para la elección del Presidente. El robo descarado tuvo lugar en un condado de Miami, feudo de la mafia terrorista cubano-americana, la que mediante groseras manipulaciones, trucos e ilegalidades, incluso actos de coacción y violencia contra electores afronorteamericanos, burló o impidió el ejercicio de su derecho a decenas de miles de ciudadanos norteamericanos solo en ese condado, lo que determinó el acceso al gobierno de la extrema derecha de Estados Unidos y su candidato presidencial. Este obtuvo, gracias al fraude, la exigua ventaja de 537 votos individuales en el Estado de la Florida, mientras su desventaja fue de 337.576 en el cómputo nacional.

El turbio y repugnante episodio, convalidado más tarde por el corrupto sistema judicial de Estados Unidos, fue precedido por una carnavalesca campaña política que consumió miles de millones de dólares. Nuestro pueblo, enfrascado en su batalla de ideas e informado de los acontecimientos en todos sus detalles, pudo palpar como nunca antes la abismal diferencia entre la verdadera democracia revolucionaria y la cínica parodia política que tiene lugar en el seno del imperio.

El nuevo Presidente de Estados Unidos actúa exactamente como podía esperarse de él. Tanto en la política interna como externa, trata de llevar adelante en todos los terrenos las ideas más retrógradas del sector político que representa. Su única filosofía pareciera ser el gobierno de los más ricos, por los más ricos y para los más ricos dentro y fuera de sus fronteras. En momentos críticos e inciertos para la humanidad, apoyándose en su inmenso poder militar, económico y tecnológico, el imperio pretende imponer en todo el planeta los intereses de sus empresas transnacionales cada vez más gigantescas.

Cuando la globalización neoliberal ocasiona más y más desastres en el Tercer Mundo, y cuando los tres mayores centros de la economía mundial —Estados Unidos, Europa y Japón— atraviesan crecientes dificultades y rectifican constantemente hacia la baja sus pronósticos de crecimiento, y una grave crisis amenaza seriamente la economía de los demás países, el nuevo gobierno de Estados Unidos se muestra más egoísta, más insaciable y menos cooperativo que nunca con el resto del mundo.

Cuando como consecuencia de los cambios climáticos, las inundaciones, sequías y otros desastres naturales ocurren con mayor intensidad y frecuencia, el dióxido de carbono se sigue incrementando, la capa de ozono se debilita, los desiertos crecen, el agua potable se reduce, los mares se contaminan y empobrecen como fuente alimenticia de la creciente población mundial, el nuevo gobierno de Estados Unidos, que con sólo el 5 por ciento de la población mundial consume cada año el 25 por ciento de la energía disponible y emite la mayor cantidad de gases contaminantes, asesta un golpe brutal al Tratado de Kyoto, y en su propio ámbito nacional echa por tierra las justas medidas establecidas para la protección de importantes y valiosas áreas de su territorio, con desprecio absoluto por el destino de las futuras generaciones norteamericanas.

Cuando en el mundo después de muchas décadas de guerra fría surgió la posibilidad real del cese de la carrera armamentista, el nuevo gobierno de Estados Unidos rompe unilateralmente el Tratado ABM y anuncia la construcción de un escudo global antimísiles con pretextos, tan falsos como cínicos, de supuestos peligros procedentes de países del Tercer Mundo, que no tienen la más remota posibilidad de alcanzar el territorio norteamericano con mísiles estratégicos y armas nucleares.

Como la verdadera razón estratégica del imperio es reducir a Rusia, a China y al resto del mundo a la total indefensión, el peligro de una nueva carrera armamentista en medio de graves problemas de carácter global surge con inesperada y preocupante inminencia. Adicionalmente el Presidente de Estados Unidos acaba de anunciar en Génova que la superpotencia no aplicará la Convención sobre Armas Bacteriológicas.

A pesar de lo mucho que se habló del fin de la guerra fría, el presupuesto militar de Estados Unidos, lejos de reducirse, se incrementa año por año. Nuevas y sofisticadas armas sólo aptas para el dominio total sobre los demás pueblos se desarrollan con ímpetu febril. A ello se unen otros hechos, como el intento de obstruir la paz y la unificación de ambas partes de Corea, y el veto brutal, en fecha reciente, al acuerdo del Consejo de Seguridad para proteger al pueblo palestino, que está siendo sometido a un verdadero genocidio.

¿Para qué todos estos pasos? ¿A qué objetivos conducen? Así no puede haber paz ni desarrollo en el mundo. La propia supervivencia de la especie humana estará seriamente amenazada con tan absurdas e injustificables decisiones.

En nuestro hemisferio, el papel que se asignó el nuevo gobierno de Estados Unidos es obstruir cualquier esfuerzo de unidad económica y política entre los países latinoamericanos, eliminar a Europa y a los países industrializados de Asia de la competencia comercial y las inversiones en nuestra área, e imponer un Tratado de Libre Comercio que significa literalmente la anexión de los pueblos de América Latina y del Caribe a Estados Unidos. El dólar sería la moneda única y sus grandes transnacionales las propietarias exclusivas de las ramas más importantes y rentables de la producción y los servicios hemisféricos. Cientos de millones de latinoamericanos y caribeños se convertirían únicamente en suministradores de mano de obra barata.

Tal destino no será aceptado ni será viable. En todas partes del mundo los pueblos se rebelan contra la globalización del saqueo, la pobreza y el hambre. Ni el FMI, ni la OMC, ni el Grupo de los 7 y otras instituciones similares, ni los ideólogos del neoliberalismo encuentran ya lugar sobre la Tierra donde reunirse. Seattle, Washington, Davos, Quebec y Génova, con sus escenas brutales de represión, lo están demostrando. Sólo a base de escafandras, gases agresivos, balas de goma, el uso violento de potentes mangueras de agua y vehículos especializados en la represión de los que protestan cada vez con menos miedo y más audacia, pueden reunirse en bunkers fortificados los que representen o defiendan el orden mundial suicida e insostenible que se trata de imponer a la humanidad.

Cuba nunca lo aceptó ni lo aceptará, del mismo modo que no se resignó jamás a la condición de neocolonia de Estados Unidos y llevó a cabo por ello una profunda revolución.

La nueva administración no puede ocultar el resentimiento que emana de la impotencia del imperio para doblegar a nuestro pueblo heroico. Todas sus declaraciones, aun desde antes de su fraudulenta elección, destilan odio contra nuestra Patria. Ya en el poder, adoptó medidas para arreciar el bloqueo genocida, multiplicó las advertencias y amenazas de medidas punitivas contra los ciudadanos norteamericanos que visiten nuestro país, nominó como Subsecretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos a un verdadero gángster de origen cubano de turbia historia, asociado a la mafia terrorista de Miami, que en el pasado violó leyes, redactó y publicó declaraciones aparentemente suscritas por los cabecillas de la guerra sucia en Nicaragua, y compartió con Oliver North y Posada Carriles tareas asignadas por la Casa Blanca para derrocar al gobierno sandinista.

La Ley asesina de Ajuste Cubano ha sido reforzada con nuevos privilegios y alicientes que promueven aún más el contrabando de personas y la emigración ilegal, en virtud de una insólita decisión judicial reciente, deliberadamente no impugnada por el gobierno, que concede residencia y derecho a trabajar a quienes arriben a territorio norteamericano por vía aérea desde cualquier procedencia, aunque lleven documentación falsa; el gobierno se abstiene de adoptar medidas contra los contrabandistas de personas que desde las costas de la Florida ponen en riesgo la vida y ocasionan la muerte de mujeres, niños y otros ciudadanos cubanos; dicta reglamentaciones que endurecen el bloqueo y hacen imposible en la práctica la adquisición de medicamento alguno, equipos médicos y alimentos para Cuba.

El bloqueo de alimentos y medicinas constituye un delito de genocidio aun en caso de guerra, definido con toda precisión en las convenciones para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio y para la Protección Debida a las Personas Civiles en Tiempo de Guerra, de 1948 y 1949, suscritas y ratificadas, junto con la inmensa mayoría de los estados, por Cuba y Estados Unidos. Dichas convenciones conceden al país víctima la facultad de juzgar a los que en tales hechos criminales incurran, mientras no exista un tribunal internacional con ese objetivo. Tan perversa acción genocida ha sido practicada contra Cuba durante más de 42 años por las autoridades de Estados Unidos.

Al triunfo de la Revolución, los gobiernos de ese país desataron una ola de terrorismo contra nuestro pueblo. Son los responsables del uso y desarrollo de estas formas criminales de agresión. Antes y después de la invasión mercenaria de Playa Girón y de la Crisis de Octubre —originada por medidas adoptadas contra planes ya elaborados por Estados Unidos para invadir a Cuba con sus propias fuerzas militares—, actos terroristas de todo tipo fueron realizados en territorio cubano contra industrias, centros comerciales, recreativos e incluso escolares, plantaciones cañeras, instalaciones alimentarias y otros objetivos económicos y sociales casi sin excepción alguna. Solamente en el período comprendido entre noviembre de 1961 y enero de 1963, es decir, en un lapso de sólo 14 meses, cumpliendo órdenes directas del gobierno de Estados Unidos, sus agentes realizaron 5.780 acciones terroristas contra nuestro país, de ellas 716 sabotajes de envergadura contra objetivos económicos. Tan bárbara e inhumana guerra terrorista fue oficialmente bautizada por sus autores con el extraño y cínico nombre de "Operación Mangosta".

Independientemente de las acciones referidas, bandas mercenarias organizadas y entrenadas por Estados Unidos perturbaron la paz en todas las provincias del país y asesinaron maestros, alfabetizadores, obreros y campesinos en las áreas donde operaban.

Diplomáticos cubanos fueron víctimas de acciones terroristas y perdieron la vida dentro y fuera de Estados Unidos.

Un avión en pleno vuelo fue destruido, acción que privó de la vida a decenas de personas inocentes. El autor principal de este y otros graves actos de terrorismo hoy se pasea libremente por las calles de Miami.

Cientos de expertos en el uso de explosivos fueron entrenados por instituciones oficiales del gobierno de Estados Unidos, que los usaron contra Cuba. Jamás rompieron sus vínculos con dichas instituciones. Jamás el FBI y la CIA ignoraron cada una de las actividades de esos terroristas. De sobra conocían que eran ellos los que en la década del 90 atacaron instalaciones recreativas en nuestras costas y pusieron bombas en los hoteles de la Capital, y quiénes organizaban y financiaban dichas acciones desde Estados Unidos.

Sólo en los últimos 15 años, decenas de atentados fueron organizados, planeados y financiados ininterrumpidamente desde Estados Unidos contra el jefe de Estado cubano. El más reciente fue a raíz de la Cumbre Iberoamericana de Panamá, hace apenas ocho meses, donde peligró la vida de numerosos jefes de Estado o de cientos de estudiantes universitarios, en dependencia de la decisión final de los terroristas, que fueron capturados con explosivos y demás mecanismos pertinentes gracias a la información precisa y oportuna ofrecida por Cuba a las autoridades de ese país. El plan lo conocían en detalle la CIA y el FBI. La Fundación Nacional Cubano-Americana, estrechamente vinculada al gobierno de Estados Unidos y a su nuevo Presidente, asumió el papel de responsable directa de esas acciones, la misma mafia terrorista que fue el sostén principal de la campaña política del actual Presidente y artífice del escandaloso fraude que lo llevó a ese cargo.

Es por ello criminal e infame el proceso seguido contra cinco heroicos patriotas cubanos que, sin usar violencia ni causar el menor daño físico a nadie, cumplían el sagrado deber de reunir información sobre los planes terroristas contra Cuba. Fueron objeto de atroz e inhumano trato, confinados durante 17 meses en celdas de castigo, como conoce todo nuestro pueblo.

Casi un año después del arresto idearon cínicamente la grave imputación de conspiración para asesinar, asociándolos al incidente de las avionetas derribadas en febrero de 1996 que, junto a otras procedentes de territorio de Estados Unidos, bajo la dirección de un personaje mafioso y terrorista que fue invasor en Playa Girón, violaron durante años el espacio aéreo y terrestre de Cuba con la total complicidad y tolerancia de las autoridades norteamericanas.

¿Con qué pretexto hacían eso? Con el de auxiliar a los que la Ley asesina de Ajuste Cubano incita a la emigración ilegal y al contrabando de personas.

Más aún: cuando la imputación fue ridiculizada y deshecha en el juicio por los abogados de la defensa y por los propios acusados, un jurado engañado, presionado y aterrorizado los declaró culpables. Hoy, de nuevo, como represalia cobarde por su valiente Mensaje al Pueblo de Estados Unidos, se hallan confinados en las celdas de castigo.

Fondos cubanos arbitrariamente congelados en Estados Unidos fueron puestos a disposición de los terroristas de la mafia cubano-americana que actúan impunemente desde territorio norteamericano, pretextando indemnizaciones por la muerte de personas que perdieron la vida por responsabilidad exclusiva de las autoridades de Estados Unidos, hechos en los que quieren implicar pérfidamente a los compatriotas prisioneros, que no tuvieron absolutamente nada que ver con el incidente que ocasionó esas muertes.

Podemos preguntarnos: ¿Cuándo el gobierno de Estados Unidos va a juzgar a los responsables de las agresiones y los actos terroristas contra Cuba que han causado a nuestro pueblo la muerte de 3.478 personas y la incapacitación física de otras 2.099?

¿Cuándo va a pagar la indemnización por los crímenes cometidos contra nuestro pueblo y los daños que le han ocasionado más de 42 años de agresiones sangrientas y de bloqueo genocida?

Aunque el comienzo del verano suelen ser días de vacaciones y carnavales en nuestra Capital, el 26 de julio será un día de combate.

No podemos olvidar que en las celdas de castigo de una cárcel severa, donde llevan encerrados casi tres años como prisioneros políticos del imperio, se encuentran cinco patriotas ejemplares, cinco heroicos hermanos que hacen honor a su pueblo y nos recuerdan a muchos de los más dignos combatientes de nuestra gloriosa historia.

A ellos, a la lucha contra el bloqueo genocida y las leyes asesinas que causan la pérdida de incontables vidas, a la lucha contra el brutal propósito de asfixiar y rendir por hambre y enfermedades a nuestro pueblo, a la batalla de ideas, al extraordinario mérito de haber enfrentado durante más de 42 años la hostilidad y las agresiones a que nos sometió el más poderoso imperio que jamás existió sobre la Tierra, a la proeza sin precedentes de haber resistido diez años de período especial sin que el imperio pudiera doblegarnos, dedicaremos este 26 de julio.

Hagamos estremecer las calles de nuestra Capital demostrando a los demás pueblos del mundo que estamos en pie de lucha junto a ellos y, con ellos, dispuestos a preservar la humanidad y a conquistar un destino mejor para todos los habitantes del planeta.

Frente al lenguaje imperial, soberbio, arrogante, amenazador, de acento y estilo hitlerianos que hemos escuchado en estos días, enviemos a los que así se expresan un claro e inconfundible mensaje, sereno, pero digno y enérgico: el pueblo cubano desprecia sus cobardes amenazas. ¡Es un pueblo que sabe luchar, que ha vencido y seguirá venciendo!