Siempre te acompañaré
Carta de René González, preso político
cubano en Estados Unidos, a su hija
Para mi bebita del alma:
Mi adorada Ivette:
Hace ya tiempo que te debo esta carta porque tengo muchas
cosas que decirte. Han pasado casi dos años desde
la última vez que nos vimos y de todos modos nunca
hemos podido conversar mucho, a excepción de los
primeros cuatro meses de tu vida en los que he de suponer
que no me prestarías mucha atención, sumergida
como estarías en ese mundo de recién nacida
del que nadie guarda memorias.
Ahora tienes ya cuatro añitos y me
han dicho que te gusta que mami te lea cuentos, así
que te podrá leer esta carta hasta que puedas hacerlo
por ti misma, lo cual espero sea pronto.
Quiero que sepas que naciste en una familia
muy feliz y en un hogar lleno de alegría, en el que
tanto tu llegada como la de tu hermana Irmita constituyeron
motivo de regocijo y celebración. Yo me enamoré
de tu mami en cuanto la conocí y muy pronto decidimos
que formaríamos una familia para toda la vida.
Pero el deber me obligó a venir a
este país donde por circunstancias de la vida había
nacido, teniendo que separarme de tu mami y de tu hermana
cuando esta última tenía seis años.
Pasado otro tiempo igual ellas vinieron, así naciste
tú en el mismo país en que había nacido
tu papi: los Estados Unidos de América.
Ese país es ahora el más poderoso
del mundo. Un imperio. Pero no siempre fue así y
hubo un tiempo en que era mucho más pequeño,
habitado por personas que huyeron de la opresión
para fundarlo; no obstante su gobierno cayó en manos
de ambiciosos con mucho dinero que fueron expandiendo sus
fronteras y su influencia a través de repetidas guerras
que han provocado la muerte a millones de seres humanos
inocentes, todo para que quienes manejan el gobierno de
este país se hagan más ricos. Nunca te dejes
engañar. El gobierno de este país es muy malo,
uno de los más malos de la historia.
Pero fíjate que siempre me refiero
al gobierno y nunca al pueblo de los Estados Unidos, que
es un pueblo noble y de buenos sentimientos como todos los
pueblos. Uno nunca debe odiar a un pueblo y el de este país
ha escrito también páginas hermosas en las
ciencias, la cultura y la historia, y algunos de sus hijos
han dado hasta la vida por Cuba.
Nosotros tenemos ancestros en este país,
norteamericanos laboriosos y trabajadores, y no debemos
sentir pesar por haber nacido aquí debiendo a su
vez respeto a sus mejores tradiciones y a sus símbolos.
Cuando leas a José Martí verás con
qué maestría fue capaz de dibujar tanto las
virtudes como las flaquezas de esta gran nación.
Ahora te hablaré del país
en que para nuestra dicha crecerás y serás
educada: Cuba.
Cuba entró a la historia moderna
como colonia de otro imperio, el cual se había apoderado
de ella muchos años antes después de haber
exterminado casi por completo a su población original
que era pacífica y noble. Localizada muy cerca de
los Estados Unidos, cuando el gobierno de este último
país comenzó a desarrollar sus instintos imperiales
vio en Cuba una presa fácil que por su tamaño
y posición geográfica les pertenecería
en el futuro.
Pero el pueblo cubano tenía otra
cosa en mente, y cuando hace más de cien años
se lanzó a la guerra que le libraría del imperio
español lo hizo para ser un país libre e independiente.
Entonces sucedió, cuando esa libertad
ya estaba bien cerca, que el gobierno norteamericano intervino
con todo su poderío militar para apoderarse de Cuba
ocupando el lugar de los españoles. Tras cuatro años
como dueños de nuestra isla el ejército de
los Estados Unidos al fin se regresó a su país
no sin antes dejar a gobernantes cubanos que les sirvieran.
Pero el pueblo cubano, que tenía
muy presente las luchas de sus antepasados por la libertad,
siguió combatiendo por varios años hasta conseguirla
aún a costa de las vidas de sus mejores hijos. Finalmente
bajo la guía de Fidel, triunfó la Revolución
para que Cuba fuera definitivamente dueña de su propio
destino, de sus recursos y de su historia.
Lo que significó la Revolución
es imposible de contar en una sola carta:
Millones de personas dejaron de vivir en
la miseria, se erradicó el analfabetismo, miles de
niños pudieron ir a la escuela en lugar de tener
que trabajar desde los seis o siete años de edad
para ayudar a la subsistencia de sus hogares, miles de personas
dejaron de morir por enfermedades curables, el país
conservó sus recursos para emplearlos en su pueblo
y se comenzó a edificar una sociedad más humana
y solidaria.
Por más de cuarenta años la
pequeña Cuba ha resistido valientemente los ataques
del coloso del norte y de los malos cubanos a su servicio
que han provocado mucho sufrimiento a su pueblo, pero este
no se ha dejado doblegar y la Revolución ha seguido
adelante gracias al valor y al sacrificio de sus hijos.
Por eso tu papi y tu mami han tenido que
sacrificar aquel sueño de estar juntos para toda
la vida, sacrificio que también les ha tocado a tu
hermana y a ti. Yo tuve que venir a este país para
evitar los siniestros planes de esos malos cubanos y luego
vino también tu mami a compartir conmigo esa tarea;
por eso tú naciste aquí casi cuatro meses
antes de que yo cayera preso.
Te esperamos con mucha alegría y
para nosotros fue como una fiesta cuando supimos que tu
mami estaba embarazada. El día antes de que nacieras
tu mamá y abuela Teté me llevaron hasta el
aeropuerto donde tenía que tomar un avión
para irme de vuelo por una semana; al despedirme tu mami
me dijo: "Te prometo que no nacerá hasta tu
regreso". Al llegar a Texas y llamar desde el hotel
supe que apenas habiéndome dejado en el aeropuerto
a tu mamá le dieron los primeros síntomas
del parto.
Cuando regresé de Texas, tras una
semana que me pareció eterna, te encontré
hecha una mota de pelo negro bajo la cual asomaban esos
dos ojazos grandes y verde azulados como luceros.
Nos hiciste muy felices a tu mami, a tu
hermana y a mí. Cuando Irmita te cargaba tenías
una forma muy peculiar de aferrarte a ella con fuerza, como
pegándote a ella, mientras la mirabas fijamente como
exigiéndole que no te soltara. Yo te daba la leche
acostado boca arriba en la cama y subiendo las rodillas,
de manera que te sentaba sobre mí con mis muslos
como tu espaldar y así estabas de lo más cómoda.
Claro que para mí era de lo más cómodo
también.
Como parte de nuestros deberes teníamos
que cargar contigo a algunas reuniones de contrarrevolucionarios
que terminabas saboteando. Una noche te dio por vomitar
y mientras todo el mundo trataba de cargarte para que no
lloraras más y se pudiera dar la dichosa reunión
terminaste por vomitar a la mitad de la concurrencia.
Para la fecha en que me arrestaron, el 12
de septiembre de 1998, tú apenas habías cumplido
los cuatro meses y medio de edad. En la noche anterior tu
mami se había ido a trabajar y yo me quedé
a tu cuidado. Cuando te di la leche te quedaste profundamente
dormida y decidí dejarte sobre mí mientras
yo permanecía boca arriba en la cama viendo la televisión.
Cuando tu mamá llegó le dio tanta gracia verte
así dormida sobre mí ‹extremidades desparramadas
y en la cara tal gesto de satisfacción‹ que
no pudo resistir la tentación de tomarnos una fotografía.
Esa es la última en la que aparecemos juntos.
Luego vendría el arresto y no pude
despedirme de ti ni con un beso. Mi último gesto
de despedida, cuando me sacaban esposado de la casa, fue
regalar una sonrisa de confianza y optimismo a tu mami.
El gobierno de este país descargó
sobre nosotros toda su bajeza y todo el odio que siente
hacia Cuba, imponiéndonos las peores condiciones
de confinamiento y castigando también a nuestras
familias; de esa manera pasaron meses antes de que pudiera
verte y todo lo que podía hacer era mirarte en la
acera frente a la cárcel, donde tu mamá te
llevaba, y donde desde mi celda en el duodécimo piso
todo lo que veía de ti era una mota de pelo negro
que a ratos avanzaba y se caía mientras daba sus
primeros pasos.
Cuando pudimos vernos nuevamente ya habíamos
visto pasar ocho meses y recién habías cumplido
un añito. Estábamos bajo custodia y cuando
notaste que me tenían esposado al brazo de la silla
habrás pensado que era un perrito, pues comenzaste
a decir "Guau, guau". Tu mami te trató
de sacar de dudas con una expresión que la indignación
hizo sarcástica: "No Ivette, aquí el
perro no es tu papá". A pesar de las circunstancias
pudimos mantener el ánimo alegre durante toda la
visita.
Pasarían otros nueve meses antes
de que el gobierno, ante las gestiones en la corte de nuestros
abogados y la posibilidad de un escándalo, accediera
a tratarnos como al resto de los presos permitiendo la visita
de nuestros hijos.
Durante unos pocos meses pudiste visitarme
en contadas ocasiones. Poco después se volvería
a manifestar todavía de una forma más baja
y cruel el odio de los representantes de este gobierno hacia
nosotros: Se trató de una carta con la que a través
de mi abogado se me sugería que me declarara culpable,
recordándome al final que tu mami estaba a merced
del gobierno en una clara amenaza de sacarla del país
si yo no me plegaba al chantaje de la fiscalía.
Como este fuera el caso los fiscales cumplieron
con su amenaza y tu mamá fue también detenida
quedando así tú en Sarasota con abuela Teté,
Irmita en Cuba y tus papás en dos cárceles
de este país. Tu mami estuvo presa durante tres meses
antes de ser deportada a Cuba y tu abuela Irma tuvo que
venir a buscarte desde allá. Con ella me hiciste
la última visita y todavía te recuerdo, perpleja
y de pie frente a la puerta que me llevaría de vuelta
a mi encierro, como preguntándote hacia dónde
se llevarían a tu papito junto a todos esos hombres
vestidos igual. Han pasado casi dos años desde la
última vez que te vi.
Dos años para un niño de tu
edad es mucho tiempo y se puede decir que apenas te conozco.
Me cuentan que eres muy despierta, ocurrente y locuaz, algo
cabecidura, cariñosa y de buenos sentimientos, un
poco intranquila y sociable.
De tus buenas cualidades de hoy nacerán
tus virtudes de mañana. Creerás en la sociedad
más justa que hasta ahora ha concebido la humanidad.
Por varios años estudiar será la principal
expectativa que esa sociedad tendrá de ti, y a cambio
podrás llegar a ser todo aquello de lo que tu esfuerzo
te haga merecedora.
Estás creciendo en un país
que no tiene que avergonzarse de su pasado, porque su paso
de la opresión a la libertad se produjo de la mano
de las tradiciones más generosas y se nutrió
de lo más puro y avanzado del pensamiento humano.
Yo no podré estar junto a ti en esta
etapa de tu vida, pero sé que creces entre una familia
y un pueblo excepcionales que sabrán suplir mi ausencia.
De ese pueblo hoy recibes diariamente manifestaciones de
cariño y de apoyo que nunca deberás permitir
se te suban a la cabeza, pues todas esas manifestaciones
son más prueba de la sensibilidad de ese pueblo que
de un mérito excepcional de tu papá. Muchos
cubanos han caído heroicamente sin tener siquiera
la oportunidad de escribir una carta como esta a sus hijos
y hay que ser muy humilde cuando un pueblo así te
honra como héroe.
Y aunque no pueda estar contigo físicamente
siempre te acompañaré a través de ese
apoyo de nuestro pueblo y de nuestra familia. Yo por mi
parte no dejo pasar un día sin pensar en ti, sin
que trate de adivinar a cada momento el lugar en que estarás,
o qué estarás haciendo o si te sentirás
feliz; así que mi pensamiento también habrá
de estar acompañándote siempre.
La felicidad y el amor son el mejor antídoto
contra el odio. Yo guardo para ti de ambas cosas. A montones.
Y cuando volvamos a estar juntos las prodigaré sin
medida sobre ti. Y serás para nosotros nuevamente
ese lucerito, manantial de alegría, que la víspera
de mi arresto se durmiera plácida y satisfecha, junto
a mi corazón, sobre mi pecho.
Mil besos y todo mi amor;
Tu papito.
Fuente:
CITMATEL