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Mensaje de los Cinco a la Comisión de Derechos Humanos

 Magali Llort, madre de Fernando González, uno de los cinco cubanos presos en Estados Unidos por luchar contra el terrorismo, hizo uso de la palabra hoy a nombre de la Federación de Mujeres Cubanas en el 60 Período de Sesiones de la Comisión de Derechos Humanos bajo el Tema 11, para leer un mensaje enviado por los Cinco a esta Comisión.

Señoras y señores:

Soy la madre de Fernando González Llort, uno de los cinco cubanos presos actualmente en cárceles de Estados Unidos y hoy soy portadora del mensaje de ellos para esta comisión.

"Cinco patriotas cubanos, por el único crimen de proteger a nuestro pueblo del terrorismo, cumplimos actualmente en prisiones norteamericanas el sexto año de un vengativo e injustificable encarcelamiento. A nuestras irracionales condenas, derivadas de un oscuro proceso judicial en que se nos negara meticulosamente cada derecho como defendidos, se ha añadido una conducta bárbara que ha tomado como blanco a nuestros familiares más queridos, pretendiendo de tal forma quebrar nuestro espíritu y tomar despiadada retribución, en nuestras personas, contra todo lo que representamos.

La negación de nuestros derechos humanos como individuos, se usa en este caso como consagración de una violación de derechos mucho mas masiva y criminal: aquella que se comete contra un pueblo al que por no ponerse de rodillas, se le niega el derecho mas elemental a determinar su propio destino y la manera en que organiza sus instituciones y su vida.

Nuestro caso no es más que la consagración del derecho, por el más poderoso, a ejercer la violencia, a fomentar el terrorismo, a decidir quién puede defenderse y quién no puede, y a confabularse con apátridas y mercenarios para que lleven la muerte al país en que un día nacieron. En el desdén de los fiscales por sus propias leyes, en su irrespeto sistemático por los jueces, en sus abusos de poder, en sus amenazas a los testigos y en su magisterio de la hipocresía y del cinismo, se refleja la manera en que hoy, sin pudor, se quiere imponer a la humanidad, como único y supremo derecho humano, el derecho del mas fuerte.

Con la misma impunidad con que se imponen, a pura fuerza, resoluciones contra Cuba en esta Comisión, se impuso en nuestro caso un veredicto judicial que hace honor, con largueza, al concepto hipócrita del gobierno norteamericano cuando se trata de los derechos humanos o de la lucha contra el terrorismo.

Sobre nosotros y sobre nuestras familias, se vierte hoy todo el odio obsesivo que se ha vertido sobre el pueblo de Cuba en los últimos 45 años. Por cada hora que pasa sin que veamos a nuestros hijos, hay miles de cubanos que han muerto victimas del terrorismo, sin haber visto crecer a los suyos. Por cada caricia que falta a nuestros hijos, hay miles de niños cubanos que fueron condenados a no recibir una caricia de sus padres. Nuestras esposas y nuestras madres pueden considerarse dichosas en comparación con las miles de viudas y las miles de madres que han perdido a sus esposos o a sus hijos, victimas del terrorismo financiado, organizado y ejecutado contra Cuba desde los Estados Unidos.

Por tratar de evitar ese sufrimiento estamos siendo castigados nosotros y también nuestras madres, nuestras esposas y nuestros hijos. Esa es la versión de los derechos humanos con que se inaugura el siglo XXI, cuando se suponía que hubiéramos aprendido algo de tantos imperios hundidos antes en su propia barbarie, arrogancia e hipocresía.

Si el imperio que ahora padecemos no arrastra en su caída a toda la especie humana y la civilización logra sobrevivir al actual desequilibrio entre exceso de tecnología y falta de sabiduría, quienes miren a nosotros desde el futuro tendrán muy poca simpatía hacia la historia de abusos a que ha sido sometida Cuba y de la cual nuestro caso, es solo un capítulo.

Quienes hayan de escribir esa historia no habrán de escatimar tampoco, sus respetos al pueblo heroico y solidario que ha sabido resistir todas las formas de agresión y que ha tenido como único escudo la fuerza de su moral, la herencia de su historia y el legado humanista, lleno de amor y de firmeza, recibido de sus mejores hijos. De todo ello somos depositarios y no vamos a renunciar a un ápice de nuestros principios, mas allá de lo que haga o deje de hacer el imperio en relación a nuestros derechos.

Pero tampoco renunciaremos a reclamarlos por nosotros, por nuestras familias y por nuestro pueblo.

Seguiremos hasta que se nos haga justicia, convocando el apoyo y la solidaridad de todos los que aman la paz y la vida y de quienes defienden, sin mancharla con la hipocresía que sólo inspira puja intrigante tras intereses mezquinos, la noble causa de los derechos humanos.

Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Fernando González, Antonio Guerrero y René González.

Muchas gracias.

 

(01-04-2004)






Fuente: Sitio Los Cinco, Periódico Granma

 
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