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Señor Obama, su responsabilidad es rectificar la injusticia
contra los Cinco
Palabras del abogado José Pertierra
en la presentación este jueves 9 de julio, en Washington,
de la exposición de pinturas de Antonio Guerrero Rodríguez,
uno de los Cinco cubanos prisioneros en los Estados Unidos
por luchar contra el terrorismo organizado contra Cuba desde
Miami. Tony cumple una sentencia de cadena perpetua más
10 años por crímenes que no cometió,
y un jurado prejuiciado imputó sin prueba alguna.
Mirta
Rodriguez, la mamá de Tony, en la presentación
de la exposición de su hijo en La Habana. (Foto de
Archivo)
El día que el tribunal lo sentenció a cadena
perpetua, más 10 años, en una celda de máxima
seguridad, Antonio Guerrero le explicó
a la Jueza Lenard por qué Cuba lo envió a los
Estados Unidos.
Cuba, mi pequeño país, ha sido atacado, agredido
y calumniado, década tras década, por una política
cruel, inhumana y absurda. Una guerra verdadera, voraz y abierta
de terrorismo, precursor del horror; de sabotaje, generador
de ruinas; de asesinato, causante del dolor, del dolor más
profundo, la muerte… ¿Dónde se han fraguado
y financiado tan incesantes y despiadados actos? En su gran
mayoría, en el propio territorio de los Estados Unidos
de América.
Con la tarea de infiltrar a los grupos terroristas
responsables por el asesinato de más de 3 400 cubanos
durante las últimas cuatro décadas,
Tony formaba parte del equipo de agentes que Cuba envió
a Miami para acumular información. El equipo no trató
de infiltrar a las agencias gubernamentales de Estados Unidos,
y tampoco obtuvo ningún documento clasificado. Su
único propósito era acumular las evidencias
necesarias para que el FBI arrestara a los terroristas.
En junio de 1998, el FBI realizó varias reuniones
secretas con oficiales del gobierno cubano en La Habana. Sin
revelar como había obtenido las pruebas, Cuba compartió
con el FBI 175 páginas de documentos relacionados con
31 ataques y planes terroristas que ocurrieron entre 1990
y 1998, más la ruta de los dólares (de Nueva
Jersey y Miami) que financiaron esos ataques.
Cuba también le entregó al FBI audio-cintas
de 14 conversaciones comprometedoras del autor intelectual
de la campaña de terror, Luis Posada Carriles, más
13 videos y audio-cintas de cómplices de Posada con
detalles de los crímenes. Gracias a Tony y a su equipo
en Miami, Cuba pudo compartir con el FBI los nombres, direcciones,
números de teléfonos y hasta los números
de chapas de los automóviles de los terroristas.
El FBI le agradeció a Cuba la evidencia y prometió
investigar los crímenes. La investigación ocurrió,
pero el resultado fue sorprendente. En vez de arrestar a los
terroristas, el FBI utilizó la evidencia que Cuba le
dio para arrestar a los Cinco.
¿Por qué?
Los Estados Unidos habían entrenado y dirigido
a los terroristas de Miami, quienes eran una parte
importante de la guerra encubierta contra Cuba durante la
Guerra Fría. Por cincuenta años, el gobierno
de los Estados Unidos los ha protegido y mimado, en vez de
encarcelarlos y enjuiciarlos.
Miami es su ciudad preferida, colmada de
hostilidad y prejuicios contra Cuba. No es casualidad que
los terroristas gravitan hacia sus playas. Miami los ampara
y los festeja, como si fuesen patriotas o héroes. Solamente
en Miami podía el gobierno ganar un caso contra los
Cinco.
La razón de ser para la presencia de los Cinco en
los Estados Unidos era conseguir evidencia para arrestar y
procesar a Posada Carriles y su red terrorista. Él
es el autor intelectual de gran parte del terrorismo contra
Cuba. Después de la caída del bloque socialista,
la economía cubana se iba a pique, y se abrió
al turismo en búsqueda de dinero en efectivo.
Para espantar el turismo hacia Cuba, los inescrupulosos fanáticos
de Miami lanzaron una campaña de terror contra la Isla.
Hicieron explotar bombas en los más lujosos hoteles
y restaurantes de La Habana: en el Hotel Nacional, el Meliá
Cohíba, La Bodeguita del Medio, el Chateau Miramar,
el Tropicana, y otros.
El 4 de septiembre de 1997, una de esas bombas mató
a un joven italiano llamado Fabio Di Celmo en el Hotel Copacabana,
en La Habana. Una esquirla de un cenicero de vidrio
le cortó la arteria yugular. La sangre brotó
rápidamente de la parte izquierda de su cuello, y murió
en pocos minutos.
Un año después, Luis Posada Carriles
admitió al New York Times que había sido el
autor intelectual de las bombas que explotaron en La Habana.
“Ese italiano”, le dijo a la corresponsal del
periódico Anna Louisa Bardach, “estaba en el
lugar equivocado en el momento equivocado, pero yo duermo
como un bebé”.
Cuando mató a Fabio a sangre fría,
Posada ya era un fugitivo de la justicia. Tenía
73 cargos de homicidio pendiente en Venezuela debido al derribo
de un avión de pasajeros en 1976. El siniestro acto
terrorista resultó en el asesinato de los miembros
del equipo cubano de esgrima, entre otros pasajeros. Iba también
una niñita guyanesa de 9 años llamada Sabrina
Paul.
Sin embargo, en vez de extraditarlo a Venezuela,
los Estados Unidos aún protegen a Posada y desatienden
la solicitud de Venezuela.
Fabiucho, como lo llamaban sus padres, era el hijo menor
de Giustino y Ora. Tenía solamente 22 años cuando
fue cruelmente asesinado. Le encantaba leer y jugar fútbol.
Estaba locamente enamorado de Cuba y de su pueblo. Hace dos
meses conversé con Giustino Di Celmo en La Habana.
El papá de Fabio tiene 90 años. En el restaurante
de la capital cubana que lleva el nombre de su hijo, él
me comentó que le había escrito una carta a
Antonio Guerrero, a Tony, de la cual copié estas líneas:
El primer rayo de sol de los próximos días
debería caer sobre la oscuridad tendida a la injusticia
monstruosa del encarcelamiento de ustedes.
Giustino, estos dibujos de Antonio Guerrero son rayitos de
sol que caen sobre la oscuridad tendida a la indiferencia
monstruosa del gobierno de los Estados Unidos ante el sufrimiento
de los Cinco. Nos toca a nosotros convertirlos en relámpagos
de acción.
“La vida es vida, solo si hay valor”,
dijo Tony en uno de sus preciosos poemas. Encontremos
el valor para tomar las riendas de la lucha para liberar a
los Cinco de la injusticia monstruosa de su encarcelamiento.
Recordemos hoy aquí, y repitamos sin descansar, que
Tony vino a los Estados Unidos para impedir el crimen, no
para cometerlo. Recordemos que el gobierno de los Estados
Unidos ha virado la justicia al revés y confina a prisión
a los héroes. Recordemos que protege a los criminales,
permitiéndoles que continúen su campaña
terrorista contra Cuba.
El 16 de junio, la Corte Suprema rechazó sin comentarios
la solicitud de revisar las condenas de los Cinco. El caso
está ahora en las manos del Presidente de los Estados
Unidos. Con un plumazo, el Presidente puede resolverlo. Puede
reducirles las sentencias a tiempo-cumplido, para que ellos
regresen a su patria, junto a sus familias. El Artículo
2 de la Constitución de los Estados Unidos le otorga
al Presidente el poder de Clemencia Ejecutiva. Ese poder no
tiene limitantes.
La normalización de relaciones entre Estados
Unidos y Cuba no es posible, mientras los Cinco permanezcan
injustamente encarcelados y los terroristas vivan
libres. Los terroristas tienen que estar presos y los antiterroristas,
libres.
Desde su celda en Colorado, Tony escribió:
Como el agua, pura y clara, Corre en su arroyo serena, ha
de correr la ternura, Cuando aparece una Pena… No hay
dolor que no sea tuyo. No hay sufrir sin compartir. Se ha
de tener un orgullo, Saber dar sin recibir.
Presidente Obama, nos dice que no le gusta mirar hacia el
pasado, pero, Sr. Presidente, tiene usted que comprender que
Posada y los otros cubanos de Miami fueron las herramientas
de terror que usó su gobierno contra Cuba. Por eso,
el FBI no los arrestó, y por eso arrestó a los
Cinco.
Su responsabilidad es ahora rectificar esa injusticia. Su
responsabilidad es poner fin a un bloqueo cuya premisa es
causar la hambruna para que los cubanos se rindan, y una campaña
de terror para tratar de doblegar a un pueblo honorable: esa
es la sórdida historia que usted heredó de sus
predecesores en la Casa Blanca.
Sr. Presidente, tiene que sanar estas heridas abiertas.
Estados Unidos es la nación más poderosa en
la historia de la civilización. En vez de ser la más
cruel, ¿no debiese ser la más generosa, la más
humana?
Sr. Presidente Obama, la Guerra Fría se acabó.
Por las víctimas del terrorismo, por el sufrimiento
que este ilegal e inmoral bloqueo ha causado en Cuba, por
el bien de su país, por el bien del futuro, sane las
heridas: acabe con el bloqueo, extradite a Posada y libere
a los Cinco.
(10-07-09)
Fuente:
Cubadebate |