El concierto de clausura del Longina 2026 tuvo como protagonista este domingo en Santa Clara a Tony Ávila, acompañado por invitados de la nueva trova en la sede de la Trovuntivitis La Luna Naranja, donde la música se convirtió en un abrazo colectivo y un reencuentro inolvidable.

    Ávila, acompañado por jóvenes exponentes de la nueva trova, ofreció un espectáculo que mezcló tradición y frescura, confirmando la vitalidad de este género en la ciudad que lo acoge cada año.

   Santa Clara enamora, aún en medio de las dificultades, porque siempre regala momentos cinematográficos, declaró el artista a la Agencia Cubana de Noticias.

   El trovador añadió que en este festival los abrazos son señales de complicidad, miradas que se sostienen con franqueza y canciones que se comparten como un mismo pulso: se escuchan y se entonan a la vez, convertidas en pequeñas memorias vivas. 

   Las guitarras circulan libres, sin dueño, como tampoco lo tiene el brindis que se comparte; los espacios se abren, los tiempos se conceden, se invita y se acoge, la gente se aguarda mutuamente, y cada reencuentro vibra como un instante de alegría palpable, casi con textura de celebración.

   Por su parte, el joven estudiante Daniel Alfaro Vélez, de la escuela pedagógica de Villa Clara, afirmó que nunca había estado en un concierto donde la gente cantara y escuchara al mismo tiempo con tanta entrega, fue mágico.

   La velada se extendió más allá de la medianoche, como si la ciudad se negara a despedir la música, entre aplausos y voces compartidas; el Longina cerró con la certeza de que Santa Clara sigue siendo un refugio de trova y de encuentros que se guardan en la memoria con cariño.

   Esta edición estuvo dedicado a la figura de Silvio Rodríguez, compositor e intérprete de icónicas canciones en la memoria musical de la isla, y el próximo año se dedicará al querido trovador Eduardo Sosa, quien falleciera a temprana edad dejando una fecunda obra en la nueva trova cubana.