Con la presencia del General de Ejército Raúl Castro Ruz y el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, inicia en Cienfuegos el acto central por aniversario 69 del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, Día de la Rebeldía Nacional y fecha histórica que marca un despertar de la conciencia revolucionaria en la isla..

Al otorgar la sede, el Buró Político resaltó que la provincia exhibe favorables indicadores económicos, se destaca por el impulso a los polos productivos y la diversificación de sus producciones agropecuarias, entre estos enclaves agrícolas vale resaltar a Cítricos Arimao del municipio de Cumanayagua, Horquitas en Abreus, y Los Cocos en Palmira.

En Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1983, el Comandante en Jefe Fidel Castro dijo sobre esta fecha una frase que aún inspira el andar de la nación:

«En una sola cosa somos iguales al 26 de julio de 1953: la misma fe en los destinos de la patria, la misma confianza en las virtudes de nuestro pueblo, la misma seguridad en la victoria, la misma capacidad de soñar con todo aquello que serán realidades de mañana por encima de los sueños ya realizados de ayer».

Durante esta jornada especial, nuestro equipo propone la relectura de 10 artículos de quien fuera conocida como «la periodista del Moncada», nuestra querida Marta Rojas, Premio Nacional de Periodismo José Martí, fallecida el 3 de octubre de 2021, justo cuando el periódico Granma arribaba a su aniversario 56. 

1. «No se puede juzgar a un hombre así, esposado»

De pronto, luego de atravesar el amplio patio de la Audiencia, se escuchó en la Sala del Pleno la irrupción del principal acusado, vestido formalmente, de saco y corbata, y los zapatos bien lustrados.

El choque de las esposas por parte del encartado rompió el silencio aquella mañana: «No se puede juzgar a un hombre así, esposado». Era Fidel, instando a que se le quitaran las esposas. El Presidente del Tribunal suspendió momentáneamente el inicio del proceso, indicando que se le retiraran las esposas al doctor Fidel Castro Ruz. Lo apartaron por un momento de la Sala y se ejecutó el mandato. Comenzaría el juicio que aquel Tribunal había calificado como el más grande de la historia de Cuba, por la cantidad de acusados, para la Judicatura, desde luego.

2. El plan elaborado silenciosamente no pudo concretarse el 26 de julio; pero Fidel usó su magia: convertir el revés en victoria. 

¿Quién era aquel joven tan formalmente vestido, atlético y de elocuente y firme palabra, que conversaba amigablemente con los demás estudiantes, tan campante, recién llegado a la Universidad de La Habana procedente de la escuela religiosa más importante de Cuba: el famoso Colegio de Belén, donde el clericalismo era tan significativo, y al cual solo familias pudientes enviaban a sus hijos?

¿Cómo era posible que, en pocos días, ese joven llamara por el nombre a cada condiscípulo del primer año de la carrera de Derecho, y charlara con ellos en la Plaza Cadenas?

3. La composición del cuerpo insurrecto o revolucionario del contingente de 1953, fue semejante a la de las anteriores guerras grandes

Fue entre las capas mayoritarias de los cubanos: campesinos, obreros, profesionales modestos y jóvenes desempleados, o de empleos precarios y cíclicos, que prendió la chispa de una revolución cabal, con un programa político contenido en el Manifiesto del Moncada a la Nación. No se trataba de un grupo únicamente audaz. Ellos sabían y querían que su objetivo no fuera un simple cambio de gobierno usurpador.

La organización tenía un programa trazado por Fidel. Parte de este estaba enunciado en la Constitución de la República de 1940, abolida por Fulgencio Batista con el golpe de Estado. Esta, entre otros preceptos, abolía el latifundio, o tenencia excesiva de la tierra, pero las leyes complementarias nunca se aprobaron. El proyecto de Fidel tuvo ese punto como algo fundamental, además del rechazo a las empresas norteamericanas como la United Fruit Company, y numerosas compañías de toda índole, entre ellas las de Electricidad y Teléfonos, además de las gasolineras.

4. Aquella voz impresionante salía de la garganta de un joven que parecía un adolescente, sin un asomo de barba

Del centro del grupo salió una voz hasta entonces desconocida, rápida y tajante, que dijo:

«Todos los que participamos en el ataque al Moncada vamos a decirlo claramente, como vamos también a decir otras cosas; aunque el compañero Fidel ha recomendado que aquellos a los que no se les pueda probar el hecho no tienen necesidad de confesarse culpables, vamos a decir toda la verdad, pueden ir soltando a los demás, los que vinimos fuimos nosotros».

Con el índice hizo un círculo volado y señaló para el grupo que permanecía de pie. Aquella voz impresionante salía de la garganta de un joven que parecía un adolescente, sin un asomo de barba, cortado el pelo casi al rape, de ojos ligeramente oblicuos y labios delgados; vestía pantalón blanco y camisa de mangas cortas de tela transparente, y había dejado perplejos a todos: era Raúl Castro Ruz.

5. El abogado Fidel Castro les hizo saber la trascendencia de sus crímenes

Fidel tenía derecho a realizar preguntas a los testigos. Pero fue parco. El coronel Chaviano no asistió. El abogado Fidel Castro les hizo saber la trascendencia de sus crímenes, y ridiculizó al coronel Andrés Pérez Chaumont, al extremo de que las respuestas del militar hicieron reír hasta al Tribunal.

Durante dos horas, y quizá algo más, el doctor Fidel Castro logró con el interrogatorio que de 26 años que le pedían de prisión, solo fuera condenado a 15 años, ya que, jurídicamente, en exposición magistral, demostró que no podían condenarlo por violentar los Derechos Constitucionales del Estado, sencillamente, porque no había Constitución, ya que esta había sido abolida el 10 de marzo de 1952 por Fulgencio Batista, y la ley vigente era los Estatutos Constitucionales: un decreto.

La función de los periodistas era demostrar que el juicio era  oral y público, según la norma de los Tribunales de Urgencia. Los seis fuimos los primeros que llegamos aquella mañana del 16 de octubre al hospital y debíamos ocupar las seis sillas del «público».

6. Era la primera vez que podía ver juntos a gran parte de sus seguidores en el memorable 26 de julio

De nuevo Arango Alsina solicitó la palabra para preguntarle al abogado Fidel Castro si él (Arango Alsina) era, como se decía, y de lo cual se le acusaba, el autor intelectual del Moncada.

–Nadie debe preocuparse de que lo acusen de ser el autor intelectual de la Revolución, porque el único autor intelectual del asalto al Moncada es José Martí, el Apóstol de nuestra independencia– subrayó enfático Fidel.

La respuesta sorprendió a todos, y algunos de sus compañeros exteriorizaron su emoción jubilosa con aplausos que el Tribunal criticó, advirtiendo que no debían repetirse.

Al tercer día del juicio, el principal encartado se había convertido ya en el mayor acusador del régimen, aun con una dura censura de la prensa nacional, y a pesar de que con un certificado médico pretendieran excluirlo de las sesiones «por su estado de salud». Fidel hizo llegar una carta, por conducto de la doctora Melba Hernández, diciendo que no estaba enfermo.

7. Las hazañas de estas dos ­mujeres no terminaron allí

Antes de las acciones de julio de 1953, Haydée y Melba participaron en la organización clandestina del Movimiento de la Generación del Centenario, bajo la dirección de Fidel.

Ambas, quienes fungían como enfermeras, salieron el 26, en la madrugada, de la granjita Siboney, acompañadas por el doctor Mario Muñoz Monroy, los únicos tres combatientes desarmados. Junto a ellos iba también una veintena de jóvenes bajo el mando de Abel, segundo jefe del Movimiento, para ocupar el Hospital Civil Saturnino Lora y evitar que la soldadesca del Moncada lo pudiera hacer.

Las hazañas de estas dos ­mujeres no terminaron allí, ni en el juicio. Como pioneras de la lucha formaron parte indisoluble del proceso que continuó, victorioso al fin.

Las dos mujeres del Moncada serían baluartes de la Revolución durante toda su vida. Cada una desde su trabajo de entrega, valentía y originalidad, fue excepcional.

8. Escritas entre líneas con jugo de limón, las cartas dirigidas a amigos debían llegar, enseguida, a manos de Melba y Haydée

Las instrucciones de Fidel comenzaban así:

«1ro.–No se puede abandonar un minuto la propaganda porque es el alma de toda lucha. La nuestra debe tener un estilo propio, ajustarse a las circunstancias. Hay que seguir denunciando sin cesar los asesinatos».

Les hablaba también de la inmediata publicación de «un folleto de importancia decisiva por su contenido ideológico y sus tremendas acusaciones». Significaba él que le prestaran el mayor interés para conmemorar el 26 de julio, en el primer aniversario. El folleto, muy pequeño, fue publicado con gran audacia dada la persecución, que aun en libertad, había sobre ellas. Tenía en la portada un retrato de Martí.

Pero el comienzo de la gran batalla ideológica y programa de la Revolución, una vez que triunfara, no se haría esperar.

Esta sería la publicación de su alegato de defensa en el juicio del Moncada, conocido mundialmente como La historia me absolverá, que el doctor Fidel Castro reconstruyera en Isla de Pinos, escribiéndolo entre líneas con jugo de limón, en cartas dirigidas a amigos que debían llegar, enseguida, a manos de Melba y Haydée.

9. La Historia me Absolverá es un documento que no envejece entre los pueblos del mundo

Todos los crímenes fueron denunciados y se dedujeron testimonios de estos para ser juzgados.

El extraordinario alegato de Fidel vio la luz pública en un folleto, en 1954, luego de que él mismo lo reconstruyera en el presidio de Isla de Pinos.

La Historia me Absolverá le valió a Fidel varios doctorados Honoris Causa en universidades de América Latina y Europa. Es un documento que no envejece entre los pueblos del mundo que aún no han alcanzado los objetivos fundamentales de libertad y desarrollo.

 

10. Andrés García fue torturado y luego «asesinado», pero no murió; testificó en el juicio del Moncada

Imposible no recordar a aquel asaltante clave de esta historia que se dio por muerto y luego fuera conocido como «el muerto vivo», quien apareció ese día y los sucesivos entre los demás combatientes que colmaban esa histórica Sala del Pleno de la Audiencia de Oriente, en Santiago de Cuba.

El Fiscal acaba de interrogarlo y el acusado denunció el crimen, del cual fue víctima y testigo, interrogado en esa sesión del proceso por el joven Fidel Castro Ruz, que en su condición de abogado exigió que se cumplimentara el derecho que tenía de asumir su propia defensa, así como la de la Causa 37 en general.