China elevó nuevamente su voz frente a las recientes declaraciones de políticos estadounidenses que cuestionan la cooperación con Cuba y presentan los vínculos entre ambos países como una amenaza.
En un comunicado, el portavoz de la Embajada de China en Cuba denunció el empleo de «la obsoleta Doctrina Monroe» y de prejuicios ideológicos de la Guerra Fría para atacar una relación que, según Beijing, se desarrolla de manera legítima y transparente.
El pronunciamiento cuestiona la concepción estadounidense de América Latina y el Caribe como espacio reservado a los intereses de Washington y reivindica el derecho soberano de cada país a decidir con quién establece relaciones políticas, económicas y de cooperación.
En ese contexto, la respuesta china coloca el debate más allá de la relación bilateral con Cuba. Lo que está en juego, sostiene Beijing, es el derecho de los Estados latinoamericanos a definir libremente sus alianzas y prioridades de desarrollo.
El comunicado condena el uso de bloqueos, sanciones, intimidación y subversión como instrumentos de política exterior y afirma que lo que debe ser erradicado es el hegemonismo y la política de poder.
La posición coincide con pronunciamientos recientes de la Cancillería china. En julio, el portavoz Lin Jian rechazó las acusaciones estadounidenses sobre una supuesta actividad de inteligencia china en Cuba y afirmó que las relaciones entre ambos países son abiertas y transparentes. Asimismo, ratificó el respaldo de Beijing a La Habana en la defensa de su soberanía y frente a cualquier injerencia externa.
En mayo, ante el recrudecimiento de las sanciones estadounidenses contra Cuba, China manifestó su oposición a esas medidas y reclamó el cese del bloqueo y de toda forma de coerción y presión contra la Isla.
Relación de largo aliento
La posición china no constituye un pronunciamiento aislado. Beijing y La Habana han desarrollado durante décadas una relación política y económica de largo aliento que ambos Gobiernos califican de estratégica.
Durante las conversaciones sostenidas en febrero con el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla, el ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi, destacó la tradición cubana de independencia y defensa de la soberanía nacional. También reafirmó la disposición de China a continuar profundizando la cooperación bilateral.
En mayo, Wang Yi volvió a reunirse con Rodríguez Parrilla y subrayó la necesidad de defender los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas, incluido el respeto a la soberanía e independencia de todos los países y la oposición a la política de la fuerza y la intimidación.
Para La Habana, esos principios forman parte esencial de su política exterior. Cuba sostiene que ningún Estado tiene derecho a decidir qué relaciones pueden establecer otros países ni a utilizar su poder económico para imponer decisiones soberanas.
Más allá de Cuba
La controversia adquiere especial relevancia en un escenario latinoamericano marcado por una creciente diversificación de sus vínculos internacionales.
China se ha convertido en un importante socio comercial, financiero y tecnológico de numerosos países de la región. Beijing sostiene que su cooperación se basa en el respeto mutuo, la igualdad, la no injerencia y el beneficio compartido.
De ahí que el comunicado de su Embajada en La Habana trascienda la defensa de una relación bilateral. Al afirmar que los países latinoamericanos tienen derecho a elegir libremente a sus socios, Beijing cuestiona cualquier intento de establecer límites externos a esas decisiones.
La discusión enfrenta dos concepciones del sistema de relaciones internacionales: una parte del respeto a la soberanía y la pluralidad; mientras la otra pretende mirar el mundo desde una perspectiva imperialista con zonas de influencia y capacidad de veto sobre las decisiones de terceros.
La reciente declaración de defensa a Cuba ratifica el principio que Beijing repite en sus pronunciamientos diplomáticos: los asuntos de cada país deben ser resueltos por sus propios pueblos y las diferencias entre Estados deben abordarse mediante el diálogo, no mediante coerciones.
El mensaje de la Embajada china es inequívoco: América Latina no puede ser considerada propiedad de ninguna potencia. Y Cuba, como cualquier Estado soberano, tiene derecho a decidir sus amigos, sus socios y el rumbo de sus relaciones internacionales.
La Habana y Beijing coinciden en que la cooperación entre países del Sur Global no debe estar condicionada por intereses de terceros. Frente a las presiones externas, ambos reivindican la soberanía nacional, el respeto al derecho internacional y la construcción de relaciones internacionales basadas en la igualdad.