Jusvinza. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

Jusvinza es un producto terapéutico innovador desarrollado por el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) como resultado de años de investigaciones de la institución en el proyecto de autoinmunidad e inflamación. No es una vacuna, sino un medicamento diseñado para modular la respuesta inmunitaria.

Su principio activo es un péptido de 27 aminoácidos, fragmento de una proteína intracelular de estrés celular de 60 kilodalton que, ante determinadas agresiones –como una infección viral–, se sobreexpresa y puede desencadenar procesos inflamatorios exacerbados.

La doctora María del Carmen Domínguez, líder científica del producto desde sus inicios, explicó recientemente en Desde Cuba, un espacio de Cubadebate, que el concepto terapéutico que dio origen a la molécula se aparta de los fármacos predominantes en el mercado internacional.

“Nos enmarcamos en desarrollar un medicamento para las enfermedades autoinmunes basado en la inducción de tolerancia periférica”, señaló.

La meta fue regular el sistema inmunológico cuando pierde su equilibrio y comienza a atacar tejidos propios, como ocurre en la artritis reumatoide, primera indicación hacia la cual se enfocó el proyecto.

En esta enfermedad, la inflamación persistente de las articulaciones periféricas provoca dolor, limitación funcional y discapacidad progresiva.

La propuesta científica del CIGB consistió en diseñar una molécula capaz de activar mecanismos reguladores del complejo sistema inmunitario y atenuar esa respuesta descontrolada.

“El proyecto empieza como idea científica, luego viene el diseño de la molécula y de otras variantes que intentaban lograr esa regulación”, recuerda la investigadora.

El desarrollo preclínico implicó una secuencia rigurosa de estudios en modelos animales que reproducen la inflamación observada en pacientes, acompañados de evaluaciones toxicológicas conforme a guías internacionales, para demostrar que el candidato no producía daños.

Paralelamente, se trabajó en una formulación con estándares adecuados para su uso clínico. Todo ese expediente –que incluyó diseño, ensayos experimentales y desarrollo tecnológico– fue presentado a la autoridad reguladora cubana, el Centro para el Control Estatal de Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médicos (CECMED), que autorizó el inicio de los estudios en humanos.

 

La fase I se desarrolló en el Hospital Clínico Quirúrgico 10 de Octubre, sede del centro nacional de referencia para enfermedades reumatológicas. Allí se evaluó por primera vez la seguridad del producto en pacientes con artritis reumatoide con actividad moderada.

Según los resultados, el medicamento demostró un perfil seguro y evidenció una reducción de la respuesta inflamatoria a nivel articular, con una mejoría superior al 70 % en la calidad de vida de los participantes respecto a su situación previa al tratamiento.

Estos datos permitieron avanzar hacia una fase II más amplia y controlada, donde se exploraron diferentes dosis y se incorporó un grupo placebo bajo un diseño a ciegas. Además, el producto se combinó con metotrexato, considerado el estándar terapéutico para esta patología.

Los resultados positivos condujeron a la concesión de un registro condicionado por parte del CECMED, que autoriza su uso controlado mientras se completaba el ensayo fase III en varias provincias del país. Paralelamente, se desarrolló un estudio de intervención con evidencia del mundo real; en territorios como Santiago de Cuba se reportó una mejoría del 88 % en comparación con el estado previo al tratamiento.

Mientras se avanzaba en la fase II, la pandemia de COVID-19 representó un desafío inesperado. El equipo propuso reposicionar el candidato terapéutico para tratar formas graves de la enfermedad, debido a que el mecanismo de acción –dirigido a controlar la hiperinflamación– resultaba coherente con el cuadro clínico de los pacientes críticos, caracterizado por tormenta de citocinas, distrés respiratorio y riesgo de fallo multiorgánico.

En la práctica clínica, Jusvinza se incorporó como primera opción terapéutica en el protocolo nacional para casos graves, lo que contribuyó a incrementar la sobrevida y mantener la letalidad en niveles inferiores a los reportados internacionalmente en ese momento, junto a otros medicamentos incluidos en la estrategia sanitaria.

Tras la emergencia sanitaria, las investigaciones básicas y clínicas continuaron. El equipo ha profundizado en el mecanismo de acción del péptido, con publicaciones en revistas científicas de alto impacto y presentaciones en congresos internacionales. Asimismo, se amplió el espectro de evaluación hacia enfermedades respiratorias con elevado componente inflamatorio, como la neumonía grave adquirida en la comunidad y el distrés respiratorio.

Más recientemente, ante la epidemia de chikungunya en el país, se iniciaron dos ensayos clínicos: uno en La Habana para pacientes en fase posaguda y otro en Matanzas, dirigido a casos en etapa crónica.

La doctora Domínguez subrayó la responsabilidad científica y ética que implicó este nuevo paso. Antes de buscar eficacia terapéutica, era imprescindible demostrar seguridad en una entidad donde la inflamación sistémica y la poliartritis generan daño significativo.

La hipótesis de trabajo partió de la capacidad del medicamento para restituir poblaciones de linfocitos T reguladores, células encargadas de controlar la magnitud de la respuesta inflamatoria, que en muchos pacientes se encontraban disminuidas.

En paralelo al desarrollo clínico, se logró el escalado productivo del principio activo hasta alcanzar una capacidad anual de un kilogramo, con perspectivas de ampliación a cinco.

Además, se fabricaron lotes bajo condiciones de Buenas Prácticas de Manufactura (GMP), lo que facilita la eventual realización de ensayos en otros países. Existen proyecciones para iniciar estudios clínicos en China con una de sus principales compañías farmacéuticas, así como esfuerzos para introducir el producto en Europa y otras naciones interesadas en los resultados obtenidos.

Jusvinza ha transitado desde una idea basada en bioinformática –que permitió predecir y modificar un epítopo responsable de activar la inflamación– hasta convertirse en un candidato con evidencia clínica en artritis reumatoide y experiencia de uso en contextos de emergencia sanitaria. El propósito ha sido siempre el mismo: regular el sistema inmunológico para que “deje de atacar lo propio” y ofrecer una alternativa terapéutica innovadora al sistema de salud.

 

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