Una de las biografías musicales más esperadas de los últimos años es Michael, que veremos en Arte 7, el domingo 6 de septiembre Autor: Getty Images 

Una de las biografías musicales más esperadas de los últimos años es Michael, que veremos en Arte 7, el domingo 6 de septiembre. Fue producida este mismo año, y cuenta la historia del apodado Rey del Pop, es decir, Michael Jackson, desde que se inicia su viaje a la fama, con solo cinco años, junto a sus hermanos, como voz líder del grupo The Jackson Five, hasta convertirse en una de las figuras más populares y relevantes de la industria del entretenimiento entre los años ochenta y los noventa.

Para adelantarnos a los 127 minutos que dura, y conocer su argumento, bastaría con unos cuantos teclazos, o digitaciones, remitirnos a Wikipedia y allí repasar, en detalle, la carrera musical de un artista fuera de serie, excéntrico, simpar, protagonista de incontables escándalos, y como la historia es larga, el filme también lo es, y puede abrumar a espectadores acostumbrados a los reels y los clips de Youtube y a las redes sociales con diez o quince breves fragmentos que pretenden resumir un mundo de arte.

Michael jamás se aparta de las convenciones asentadas entre las biografías musicales y decide contar, cronológicamente, y fase por fase, el ascenso a la fama del protagonista y su permanencia durante varias décadas en la cima de la popularidad. El relato asume un nivel de exactitud asombroso, pero debemos advertir que si en algo se aparta del detallismo wikipediano es que si bien se recrea el perfil escénico y musical del personaje, fueron dejados afuera su intimidad, sus conflictos, sus complejidades y traumas. A punto tal llega el impulso por lograr una imitación perfecta del artista, que algunos hablan de que este filme parece un docudrama, porque nunca se ha visto una representación tan fidedigna, por lo menos cantando y bailando, de un artista de estilo singularísimo.

Entonces, quienes busquen una recreación física perfecta pero externa, del canto y el baile del divo, esta es su película. Porque el actor Jaafar Jackson (hijo de Germaine y por lo tanto sobrino de Michael) consigue, junto con la puesta en escena dirigida por Antoine Fuqua, la ilusión completa de que estamos en presencia del Rey del Pop en tanto su imitación es casi perfecta, sobre todo en una serie de canciones icónicas como Billie Jean o Thriller, representadas de manera casi idéntica a las originales.

Respecto al director Antoine Fuqua, es preciso recordar su larga carrera en el cine de acción, y en la dirección de videos musicales, pues su carrera comenzó en los años noventa dirigiendo videos para artistas tan populares como Toni Braxton, Prince, Stevie Wonder y Coolio. Como cineasta ha trabajado más de una vez con el actor Denzel Washington en filmes tan populares como Día de entrenamiento, y El equalizador, primera y segunda partes. Fuqua también dirigió películas de otros géneros como la aventura histórica El rey Arturo y el oeste Los siete magníficos.

Fuqua adopta el tono de homenaje más acrítico. Por supuesto que algunas sombras aparecen en la primera parte, durante la etapa infantil y juvenil, pero cuando llega la fama la película se vuelve un tanto unidireccional, y el guion se atiene mayormente al conflicto de un artista atrapado en el deseo de ser el mejor, y de convertirse en el más popular del mundo. Aparecen entonces algunos problemas, tratados con bastante superficialidad, en el ámbito familiar, y en el círculo de colaboradores más cercanos a la estrella, pero el guion de John Logan prefirió recorrer los grandes hitos de una carrera brillante, y evitar a conciencia cualquier tema incómodo, escabroso o complejo.

De modo que la semblanza dibujada sobre el ser humano que fue Michael Jackson parece a ratos incompleta y demasiado ingenua, en tanto priorizaron la celebración del mito por encima de cualquier verdad más o menos incómoda. Y no es que el crítico, o el espectador exigente, necesitemos que aparezcan de todas maneras los lados negativos de un ser humano complejo y traumatizado, y mucho menos es preciso que la película le haga el juego a la publicidad negativa y escandalosa que muchas veces parecía robarle espacio al talento, pero sí nos parece justo reclarmar los claroscuros del retrato, la hondura sicológica, o el tratamiento de temas relevantes en la biografía de este artista, temas como la soledad y la incomunicación,  más allá del brillo, el griterío de los fans, y el glamour.

Sin embargo, el objetivo mayor, y tal vez único, parece ser la resurrección de la excepcional espectacularidad, y colocarlo todo en el mismo anaquel de las biografías musicales que hemos visto en la última década. Aunque en lugar de entrar en explicaciones sobre los conflictos personales del artista, como Rocket Man (sobre Elton John), o proponerse reeditar la grandeza musical del protagonista, como hace Rapsodia bohemia (sobre Freddy Mercury),  Michael solo aspira al puro entretenimiento, concebido mayormente para los admiradores del rutilante showman, y las dos horas y tanto pasan volando gracias a la interpretación casi hipnótica de Jaafar Jackson, pero también debido al muy dinámico montaje, tendiente a reproducir la estética de video clip que Michael Jackson contribuyó a definir.

Hay que mencionar por supuesto las virtudes de la banda sonora que reproduce el catálogo de sus grandes éxitos con una fidelidad casi devota. Porque las secuencias de los conciertos son tan sugestivas y grandilocuentes que el espectador puede pensar, en algún momento que se trata de un fragmento de archivo robado a Youtube, y no de una recreación, como es el caso, de un tributo afectuoso, pensado para que obtenga universal aprobación, y funcione en todas partes como una apuesta segura.

Y si bien Michael elude los traumas, el aislamiento y las ambigüedades de un artista cuya música y actuaciones están en el imaginario de millones de seres humanos, al menos están aquí, registrados en detalle, la apariencia y el show, el esplendor y los momentos icónicos de un artista descomunal.