
El amor ha sido, desde siempre, materia prima esencial para la cultura. No hay época ni geografía que no lo haya cantado, narrado o celebrado. Es un sentimiento que se filtra en los mitos, en las canciones populares, en las cartas íntimas y en los poemas que se convierten en patrimonio colectivo. En este Día de los Enamorados, Cubadebate comparte poesía para celebrarlo.
En América Latina, Mario Benedetti lo definió con sencillez y ternura en “Táctica y Estrategia”:
Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos
mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible
mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos
mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos
mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.
Allí se revela la paciencia del amor, su capacidad de esperar sin exigir, de acompañar sin poseer. Es una declaración que se aleja del sentimentalismo convencional para proponer una ética del vínculo: amar desde la autenticidad, sin máscaras ni simulacros.
En sus versos, Benedetti despliega una arquitectura emocional donde cada táctica es un gesto cotidiano —mirar, escuchar, hablar— y cada estrategia, una esperanza profunda: ser necesitado no por dependencia, sino por elección.
Otro de los textos más emblemáticos de la poesía amorosa del siglo XX es el “Poema 20” de Pablo Neruda, dentro de Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Su célebre verso “Es tan corto el amor, y tan largo el olvido” ha trascendido como una cita universal porque condensa la tensión entre la intensidad del sentimiento y la inevitabilidad de la pérdida. El poema no es solo una confesión íntima: es, asimismo, testimonio de cómo el amor se convierte en resistencia frente a la nostalgia.
Neruda escribe con la conciencia de que la memoria insiste en permanecer. Esa insistencia es, en sí misma, un acto de resistencia: frente al olvido, el poeta se aferra a la palabra, a la evocación, a la belleza de lo vivido. El poema se convierte en un espacio donde el amor no desaparece, sino que se transforma en recuerdo eterno.
En este sentido, la poesía funciona como un archivo cultural de la emoción, un lugar donde lo efímero se vuelve perpetuo.
La frase “Es tan corto el amor…” nos recuerda que la experiencia amorosa puede ser fugaz, pero su huella es duradera. Cada instante compartido se convierte en eternidad porque la memoria lo rescata. El poema, leído y releído por generaciones, demuestra que el amor no solo se vive: también se transmite, se canta, se escribe, se comparte. Así, el amor se convierte en resistencia frente al desencanto del tiempo, frente a la pérdida, frente a la soledad.
El francotirador de la literatura latinoamericana, Jaime Sabines, con su voz cruda y entrañable, retrató la imperfección del sentimiento en “Los amorosos”: “Los amorosos callan. Los amorosos buscan. Los amorosos son los que abandonan, los que cambian, los que olvidan”.
Su escritura nos recuerda que amar es un ejercicio contradictorio, lleno de silencios y búsquedas, pero también de verdad. En lo cotidiano —cocinar juntos, caminar bajo la lluvia, escribir un mensaje inesperado— se revela la grandeza del amor. Y es ahí donde se convierte en hecho cultural: en prácticas sociales que se transmiten de generación en generación, en símbolos que forman parte de nuestra memoria colectiva.
Amor (y verso) de mujer
En este pequeñísimo “mapa poético del amor”, con motivo de este 14 de febrero, no podrían faltar voces femeninas que han enriquecido el concepto desde su escritura.

Poetas como Storni y Belli dan voz al amor desde la resistencia y la libertad femenina. Foto: Verónica Alemán Cruz/ Cubadebate
Alfonsina Storni, desde Argentina, escribió versos que desafiaban las convenciones de su tiempo y que hoy siguen resonando con fuerza. En su poema “Tú me quieres blanca”, denuncia las exigencias patriarcales y reivindica un amor auténtico, libre de imposiciones.
(…) Y cuando las carnes
Te sean tornadas,
Y cuando hayas puesto
En ellas el alma
Que por las alcobas
Se quedó enredada,
Entonces, buen hombre,
Preténdeme blanca,
Preténdeme nívea,
Preténdeme casta.
Su obra es testimonio de cómo el amor también puede ser resistencia cultural, un espacio de emancipación y dignidad: un canto a la libertad femenina y a la autenticidad en las relaciones humanas, donde la voz de la mujer se afirma como protagonista y no como objeto de expectativas ajenas.
Gioconda Belli, poeta nicaragüense, ha cantado al amor con una mezcla de erotismo y ternura que lo vuelve profundamente humano. En su poema Esto es amor, escribe: “Lo prosaico se vuelve bello cuando el amor lo toca con sus alas de Fénix”. Sus versos nos recuerdan que el amor transforma lo cotidiano en extraordinario, que convierte los gestos simples en símbolos de eternidad.
Belli, además, enlaza el amor con la historia política y social de su país, mostrando que este sentimiento no se aísla: se vive en medio de luchas, esperanzas y memorias compartidas.
(…)Te amo y te lo grito estés donde estés,
sordo como estás
a la única palabra que puede sacarte del infierno
que estás labrando como ciego destructor
de tu íntima y reprimida ternura que yo conozco
y de cuyo conocimiento
ya nunca podrás escapar(…)
El amor: memoria viva
Octavio Paz, en La llama doble, sintetizó la trascendencia del amor: “El amor es deseo hecho eterno”. Esa definición nos invita a pensar en dicho sentir como puente entre generaciones, como memoria viva que se transmite en poemas, canciones y relatos.
El amor, en su universalidad, es patrimonio cultural: un lenguaje secreto que todos comprendemos, aunque lo expresemos de maneras distintas.
Así, el más cosmopolita de los sentimientos, ha sido descrito como táctica y estrategia, resistencia y celebración, cotidianidad y memoria. Es una emoción que se canta en las plazas y se escribe en los libros, que se vive en la intimidad y se comparte en la colectividad.
Benedetti, Neruda, Sabines, Paz, Storni, Belli y Alcides nos recuerdan que amar es el acto más humano y más trascendente: un gesto que nos salva y nos revela. La poesía, en este sentido, se convierte en periodismo del alma: un registro cultural que documenta la fuerza más universal de todas.
Y como Cuba tiene una inmensa tradición poética, este homenaje al amor abre (en su título) y cierra con un poema de Rafael Alcides:
“El amor”
El amor es un pájaro
tejiendo en la mañana;
pero el amor eres tú
debajo de mis noches.
El amor es tu lengua,
desvergonzada, culpable
del insomnio.
Y de las estrellas.

El amor es un gesto que trasciende lo privado y se inscribe en la historia de lo humano. Imagen creada con inteligencia artificial